jueves, 19 de octubre de 2017

II CONCENTRACIÓN DE VEHÍCULOS CLÁSICOS EN ALCALÁ DE LOS GAZULES


viernes, 13 de octubre de 2017

FRUSTACIÓN

Admito que la ansiedad que me producen los pregones que anuncian a bombo y platillo los fastos conmemorativos de episodios importantes esté provocada por mi fragilidad psicológica. Pero sostengo que, en gran medida, esa inquietud también se debe a la serena constatación del abismo que suele mediar entre el horizonte de expectativas que esos anuncios nos abren y el pobre panorama que contemplamos tras su celebración. Reconozco que el recuerdo de los sucesos del ayer rescata valores dignos de ser cultivados y que el homenaje a personajes nobles exalta virtudes que estimulan nuestras conductas ciudadanas actuales, pero también tengo en cuenta la frecuencia y la intensidad con la que se aprovechan estos “eventos” como simples proclamas propagandísticas.

Aunque, efectivamente, una de las funciones de los agentes políticos, sociales y religiosos es proponer planes atractivos y elaborar proyectos halagüeños que nos generen expectativas de progreso, nos estimulen ilusiones de crecimiento y nos mantengan esperanzas de una vida más confortable, hemos de reconocer también que es frecuente que los líderes carismáticos, empujados por su afán de entusiasmar, inflen en exceso el globo de los delirios y que, en consecuencia, se les escape al cielo de la fantasía o, incluso, les explote en las propias manos. Todos conocemos el disgusto profundo que generan las promesas incumplidas y el dolor intenso que nos causan los desengaños. El porrazo que sufrimos por la frustración de las expectativas, cuando se descubre su vaciedad o su inconsistencia, es notablemente más agudo que la atonía de una vida sin planes utópicos.
  
Si es mala la apatía en la que caemos cuando carecemos de metas estimulantes, peor es el golpe que genera la frustración, ese sentimiento de fracaso, de desencanto íntimo, de profunda desilusión, de intensa tristeza por no alcanzar un objetivo, por comprobar que los resultados no corresponden a las promesas. Pero, a mi juicio, todavía más descorazonador nos resulta comprobar que esos proyectos en los que habíamos cifrado todas nuestras esperanzas, cuando se hacen realidad, ni sacian los deseos ni resuelven nuestros problemas. El valor de las efemérides estriba en la capacidad de mejorar el presente: el recuerdo de los grandes episodios nos estimulan para que luchando por conseguir nuevas metas reviviéndolos de una manera nueva, mejoremos los niveles culturales, económicos y sociales. Recordar es una manera de actualizar y de revivir los hechos.

Los ciudadanos esperamos, una vez más, que la celebración de los diferentes centenarios que celebramos este año 2017 deje de ser un motivo de discusiones entre los principales partidos políticos y entre las instituciones presididas por ellos. El consenso es el único camino para lograr que, mediante una programación ambiciosa se reúnan todas las fuerzas y se orienten a la solución de los graves problemas endémicos de esta zona; la convocatoria integradora de un proyecto global se ha de dirigir a todas las instituciones públicas y a las empresas privadas Hemos de convencernos de que para resolver los problemas económicos, sociales y culturales, es necesario que, de manera coordinada, colaboremos todos.

La celebración de estos Centenarios ha de servir, al menos, para proporcionar “visibilidad” a nuestros recursos, para consolidar, a partir de ellos, una imagen de marca y una denominación de origen, para que, en última instancia, Cádiz encuentre su sitio en los circuitos nacionales. Sólo de esta manera se favorecerá la afluencia de turismo cultural y será exportable a nuevas franjas del mercado.


José Antonio Hernández Guerrero
Catedrático de Teoría de la Literatura

Universidad de Cádiz

MODELOS EJEMPLARES

En la actualidad escasean los líderes. En la política, abundan los eficientes dirigentes; en la enseñanza, competentes profesores; en el periodismo, agudos redactores; en los negocios, sagaces empresarios y, en la Iglesia, piadosos sacerdotes, pero sin embargo, nos faltan esos seres humanos que, como por ejemplo, Martin Luther King, Nelson Mandela, Vicente Ferrer, la Madre Teresa de Calcuta o, en la actualidad, Francisco, sean capaces de devolvernos fundadas esperanzas y de abrirnos nuevos horizontes a tantos ciudadanos pertenecientes a esta sociedad desencantada y en ruinas.

¿Dónde reside el fundamento de ese atractivo carismático de estos conciudadanos tan diferentes en cualidades personales, tan distintos en ideologías políticas y tan diversos en comportamientos profesionales? En mi opinión, el denominador común reside en su decisión por “apostar” por los desheredados de la Tierra, por la escoria del mundo, por los desahuciados, no sólo para consolarlos, sino también para elevarlos social y culturalmente, para despertar en ellos la fuerza de su dignidad como personas, para que defiendan sus derechos y para que desarrollen su espíritu crítico.

Ésta es la clave -a mi juicio- del atractivo generalizado que ellos despiertan y el secreto de la revolución cultural, social y económica que ni los políticos, ni los intelectuales, ni los economistas son capaces de efectuar. Hemos de reconocer que estos comportamientos –verdaderamente humanos- definen unos modelos teóricos y unas sendas prácticas totalmente opuestas a las que inspiran las recetas de sacrificios y de recortes a los más débiles, y que estos ejemplos dibujan unas “ideologías” que, apoyadas en los valores de la dignidad, de la justicia, de la solidaridad y –digámoslo sin miedo- del amor, son incompatibles con esa cizaña maligna tan extendida como la corrupción de políticos y de banqueros.

Aunque es cierto que estas ideas y estas prácticas pueden generar serios temores a algunos poderosos, también estoy convencido de que sólo de esta manera será posible crear esperanzas en la mayoría de los ciudadanos y sacar a la sociedad de ese peligroso y mortal anquilosamiento. Necesitamos, efectivamente, líderes mundiales y locales que, viviendo humildemente los valores universales en cualquiera de las profesiones, cargos u oficios, nos sirvan de referencias vitales.



José Antonio Hernández Guerrero
Catedrático de Teoría de la Literatura

Universidad de Cádiz

jueves, 5 de octubre de 2017

ENCUENTRO GRUPO DE MAYORES DE TELEFÓNICA DE CÁDIZ



















































































El tiempo que hará...