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miércoles, 22 de marzo de 2017

LAS PALABRAS VACÍAS

Incluso en nuestras conversaciones cotidianas podemos comprobar cómo las palabras son unos recipientes amplios que, como si fueran cocteleras trasparentes, cada interlocutor, al pronunciarlas o al escucharlas, las llenan y las vacían permanentemente de diversos significados personales. El valor de las palabras depende, en gran medida, de la huella afectiva que le produce al que la emplea, al que la pronuncia o a que la escucha. Nuestras múltiples experiencias como hablantes y las diferentes circunstancias que concurren en nuestras vidas determinan que los objetos, los sucesos y las palabras se tiñan de colores, adquieran sabores y provoquen resonancias sentimentales que, no lo olvidemos, constituyen el fundamento más profundo de nuestros juicios, de nuestras actitudes y de nuestros comportamientos. Las palabras las vivimos o las malvivimos, nos nutren o nos enferman.

Las palabras poseen un fondo permanente, que es el que figura en los diccionarios, pero, además, se llenan de esos otros significados emocionales que son mucho más importantes y más poderosos. Son valores que los enriquecen o los empobrecen y los convierten en eficaces instrumentos de la construcción y de la destrucción del cada ser humano y de cada sociedad.

¿Qué sentidos tienen, por ejemplo, las  palabras “mar”, “río”, “montaña”, “valle”, “hombre”, “mujer”, “niño”, “anciano”, “amor” u “odio”? ¿No es cierto que las palabras, poseen unos sentidos diferentes que les damos los hablantes y los oyentes cuando establecemos la comunicación, cuando, integrándolas en la cadena de un discurso, las usamos como vehículos para transmitir nuestras ideas, nuestras sensaciones o nuestros sentimientos, como vínculos para unirnos, como látigos para agredir o como pistolas para matar? La palabra “mar” no significa lo mismo pronunciada por un pescador de Barbate, por un pasajero de un trasatlántico de lujo, por un cordobés que veranea en Conil de la Frontera o por un emigrante que atraviesa en patera el Estrecho de Gibraltar.

Los vocablos, efectivamente, no están completamente llenos hasta que los pronunciamos y los escuchamos. Es entonces cuando las palabras adquieren sustancia humana, calor vital y vibración emocional, de la misma manera que las cuerdas de una guitarra sólo expresan sensaciones, sólo transmiten sentimientos, cuando unos dedos maestros las acarician.

Pero también es verdad que algunas palabras pueden estar vacías, son las que carecen de contenido humano: no nos hieren, no nos envenenan ni nos matan, pero nos aburren, nos hastían y pueden hartarnos, enojarnos e irritarnos. Son canales de meras flatulencias que, quizás, desahogan a los que las emiten, pero nos aburren a quienes las escuchamos. Las palabras, para que sean humanas, han de estar vivas, han de latir y tener temperatura. Hablamos y escribimos con experiencias y con imágenes, más que con gramáticas y con diccionarios por muy importantes que éstos sean.



José Antonio Hernández Guerrero
Catedrático de Teoría de la Literatura

Universidad de Cádiz

lunes, 20 de marzo de 2017

VÍA CRUCIS DEL CRISTO DEL PERDÓN






EL TIEMPO AJENO

      
¿Se han fijado ustedes –queridos amigos- la facilidad con la que, cuando un ciudadano cualquiera accede a un puesto de poder, por muy insignificante que sea, se siente capacitado para disponer del tiempo de los demás? Si,  por ejemplo, un director, un delegado o un concejal pretenden entrevistarse con usted para pedirle una colaboración, es posible que lo cite en su despacho a la una de la tarde y es probable, incluso, que él no comparezca o que lo haga media hora más tarde. Si usted, simplemente, le muestra su extrañeza, la “autoridad” se sorprenderá de que no comprenda que él tiene otros muchos asuntos más importantes que resolver. Este comportamiento constituye, a mi juicio, un serio desconocimiento del valor del tiempo de los otros, una grave irresponsabilidad y, sobre todo, una permanente fuente de tropiezos y de desencuentros. Algunos despistados aún no se han dado cuenta de que, si, tradicionalmente, el objeto de las luchas eran los espacios, en la actualidad, la mayoría de los conflictos familiares, sociales y políticos tiene su origen en el empleo del tiempo, el capital más importantes de la vida humana.

Opino que, si aceptamos este principio, deberíamos redefinir varios de los conceptos referidos a la vida comunitaria como, por ejemplo, los de “convivencia”, “colaboración” y “dominio”. Desde esta perspectiva, podemos afirmar que convivir significa acompasar razonablemente el propio tiempo con los tiempos de los demás. La educación y la maduración humanas consistirán, en consecuencia, en desarrollar esta destreza, sobre todo, cuando pretendemos ofrecer hospitalidad o solicitar colaboración. La hospitalidad y la colaboración son dos cuestiones estrechamente vinculadas al respeto del tiempo de los demás; más, incluso, que al respeto de sus espacios y de sus objetos.

Los que pretenden llegar a acuerdos de colaboración, ofrecer servicios y pedir ayudas a otros han de tener muy claro que, de la misma manera que los rasgos físicos y los caracteres psíquicos son diferentes -todos ellos respetables- cada uno de nosotros posee su propia medida del tiempo que, en la mayoría de los casos, no coincide con el de los demás. Por eso los que cambian nuestra velocidad particular, los que adelantan o retrasan el ritmo de nuestras vidas nos resultan molestos e inoportunos. La convivencia y la colaboración se hacen difíciles entre quienes se interponen múltiples disonancias temporales. Nos suenan ya a tópicas las discusiones entre los miembros de una pareja que, por ejemplo, poseen diferentes temperaturas, pero mucho más incómodo es convivir con quien es más lento o más rápido, con quienes habitan una temporalidad que nos resulta extraña o nos parece impropia. En la actualidad, hemos de demostrar el respeto a las otras personas -sea cual sea su categoría profesional o social- mediante el ejercicio de las virtudes temporales como la paciencia, la sincronía y la puntualidad. Imponer nuestros tiempos a los demás es, no sólo una falta de respeto, sino también un modo de despreciar, de aprovecharse o de jugar con sus patrimonios más valiosos.



José Antonio Hernández Guerrero
Catedrático de Teoría de la Literatura

Universidad de Cádiz

viernes, 17 de marzo de 2017

IV ENCUENTRO DE ALCALAÍNOS EN CATALUÑA / 12 DE MARZO DE 2017










ASI  EMPEZO  LO  DE  LOS  ENCUENTROS  DE  ALCALAINOS  DE  CATALUÑA

Sobre  las  diez  de  la  mañana  del  sábado  26  de  octubre  de  2013,  con  mi  esposa  Pepita, subíamos  a  un  tren  de  cercanías  en  la  estación  del  Paseo  de  Gracia  de  Barcelona  con  destino  a  Pineda  de  Mar, un  bonito  pueblo  de  la  costa  norte  barcelonesa.  El  motivo  del  viaje  era  asistir  a  una  comida  con  mi  amigo  de  la  infancia  Paco  Morilla  Chaves  y  su  encantadora  esposa  Pilar  Gómez;  y  en  la  que  estarían  presentes otros  alcalaínos  a  los  que  no  tenía  el  gusto  de  conocer,  con  los  que  había  contactado  Morilla telefónicamente. Ahora  hace  cuatro  años  de  aquella  primera  reunión en  Pineda  de  Mar.

En  la  estación  nos  esperaban  Paco  y  Pilar,  que  nos  recibieron  con  su  conocida  simpatía  y  cariño  y  nos  llevaron  al  restaurante  “Los  Jamones”,  propiedad  de  Antonio  Valenzuela  y  Francis  Perales, ella  alcalaína  y  el  un  granadino enamorado  de  nuestro  pueblo. Nos  acogieron  con  suma   amabilidad  y  cariño  y   nos  trataron  de  tal  forma, que  nos  sentimos  al  momento, como  en  nuestra  propia  casa. Después  apareció  Ana, hermana  de  Francis, la  magnífica  chef   del  restaurante. Buen  ambiente  buena  comida  y  buena  compañía. 

A  los  pocos  minutos  apareció  otro  de  los  paisano  con  los  que  Paco  Morilla  había  hablado. Paco  me  lo  presentó  como :  Rafael  Angel  Acedo. Yo  conocía  a  su  familia  y  unos  cuantos  años  antes  había  estado  en  su  casa  de  Mataró  con  Antonio  Pizarro  y  Currito  Romero. Un  hombre  fornido, agradable  y  extrovertido  al  que  acompañaba  su  bella  esposa  Lola.  Esperamos  un  rato  la  llegada  de  más  paisanos  y  dado  que  no  se  presentó  ninguno  más (Paco Morilla nos  informó  de  que  a  algunos  de  los  que  habían  prometido  su  asistencia  al  encuentro  de  alcalaínos, les  había  resultado  imposible  realizar  el  desplazamiento  hasta  Pineda), decidimos  sentarnos  a  la  mesa  y  comenzar  la  comida  y  hablar  del  tema  que  nos  reunía. Comimos  de  maravilla. Eramos  seis  los  asistentes  a  la  cita:  Paco  Morilla,  Rafael A, Acedo  y  yo,  con  nuestras  respectivas  esposas.

La  historia  y  el  motivo  de  esta  comida  había  comenzado  en  Alcalá  de  los  Gazules, nuestro  querido  pueblo  gaditano,  unos  meses  antes.

En  una  visita  que  hice  a  Alcalá,  acompañado por mi  querido  “hermano”  Antonio  Lozano  Coca (q.e.d.), nos  encontramos  con  Andrés  Moreno  Camacho,  al  que  había  tratado  poco  hasta  entonces; hoy  un  gran  amigo  y  un  grandísimo  alcalaíno.  Tras  saludarnos,  hablamos  del  pueblo  y  sus  gentes.  Dos  alcalaínos, se  encuentren  donde  se  encuentren, siempre  acaban  hablando  de  Alcalá  y  de  Los  Santos.  Me  confesé , como  lo  que  soy,  un   enamorado  total  de  mi  pueblo  y  de  sus  cosas.  Le  dije  que  me  gustaba  escribir  y  que  lo  hacía  principalmente  sobre  temas  relacionados  con  nuestro  querido  rincón  serrano  y  sobre  nuestra  Señora  de  los  Santos  Coronada.  Me  comunicó  que  el  disponía  de  una  página web  en  la  que  publicaba  trabajos  de  escritores  de  Alcalá  ó  simpatizantes  de  nuestro  pueblo.  Me  ofreció  que  le  enviara  mis  escritos  con  la  promesa  de  publicarlos  inmediatamente. A  partir  de  ahí  fue  creciendo  nuestra  amistad  y  nuestros  contactos. Hace  casi  cuatro  años  que  Andrés  es  mi  editor  local.  Me  ha  publicado  muchos  trabajos  en  verso  y  prosa,  que  han  servido  para  contactar  y  conocer  a  mucha  personas  del  pueblo, a  las  que  no  hubiera  podido  conocer  sin  su  ayuda. 

Marché  muy  niño  de  Alcalá  y  conozco  solo  a  las  personas  de  edad,  a  la  juventud, salvo  la  de  la  familia  y  algún  viejo  amigo, me  resultaba  y  me  resulta  desconocida  en  su  gran  mayoría.   Son  más  de  sesenta,  los  años  que  llevo  fuera  de  Alcalá.  El  refrescar  a  los  viejos  amigos  y  el  trato  con  los  nuevos,  me  producen  una  alegría  y  una  satisfacción  sin  medida. Declaro  mi  amor  por  mi  pueblo  y   por  su  gente,  sin  reservas.

Como  yo  para  vivir  necesito,  de  cuando  en  cuando,  respirar  el  aire  de  este  cielo  azul  inmaculado, regresé  al  poco  tiempo  a  mi  cuna  gaditana.  Estuve  en  el  Santuario  despidiendo  a  la  imagen  de  nuestra  Patrona,  a  la  que  iban  a  someter  a  un  trabajo  de  restauración, según  me  dijeron,  en  unos  talleres  sevillanos.  Fue  un  día  que  recordaré  siempre.  Como  siempre  me  acompañaba  Antonio  Lozano  Coca  y  allí  nos  encontramos  con  un  grupo  de  viejos  amigos  alcalaínos  inolvidables :  D. Francisco  Almagro,  Manolo  Caro,  Jesús  Cuesta  Arana  que  acababa  de  ser  nombrado  Hijo  Predilecto  de  Alcalá, Juanito  Ulloa  otro  de  mis  hermanos,  Paco  Gil  García  y  su  cuñado  Jesús con su esposa, mi  primo  Alfredo  Romero, Paco Álvarez Blanco  y  algunos  más  que  no  recuerdo  en  este  momento. Allí  estaba  también  Andrés  Moreno  Camacho  con  su  inseparable  máquina  fotográfica. En  un  aparte  me  explicó  Andrés  Moreno,  que  él  organizaba  cada  año  una  comida  de  la  Asociación  de  Antiguos  Alumnos  de  la  SAFA, de  la  que  era  Presidente,  y  en  aquel  momento  me  sugirió  que  organizara  yo  una  comida  de  hermandad  de  los  alcalaínos  de  Cataluña.  Me  dijo  que  lo  había  hablado con  algunos  de  los  paisanos  que  veraneaban  en  el  pueblo,  pero  que  hasta  el  momento,  no  se  había  podido  hacer.

La  idea  me  pareció  bonita, aunque  un  poco  complicada  y  difícil,  porque  los  alcalaínos  estábamos  muy  desperdigados  por  todo  el  territorio  catalán.  Le  dije  que  aunque  llevaba  viviendo  cincuenta  años  en  la  ciudad  de  Barcelona, conocía  a  muy  pocos  alcalaínos.  Yo  he  vivido  siempre  en  el  centro  de  la  Ciudad  Condal,  y  en  esa  zona  había  residiendo  pocos  paisanos.  El  me  animó  diciéndome  que  tenía  muchas  direcciones   de  los  nuestros  en  tierras  catalanas  y  que  me  mandaría  sus  teléfonos. Yo  nunca  me  he  negado  a  colaborar  en  algo  que  tenga  relación  con  Andalucía  o  con  nuestro  pueblo.  Me  pareció  muy  interesante  su  idea  y  acepté  su  sugerencia. (Hay  que  reconocer  que  Andrés  Moreno  Camacho  fue  el  padre  de  la  idea  y  nuestro  infatigable  representante  en  el  pueblo,  aunque  últimamente  y  por  desgracia,  parece  que  se  le  quiere  olvidar,  ya  que  ni  siquiera  es  nombrado  en  los  actos  públicos  que  organizan  los  miembros  del  Comité).   Le  dije  que  haría  un  sondeo  y  que  llamaría  a  los  paisanos  que  conocía.  Pensé  inmediatamente  en  Paco Morilla  que  vive  en  Blanes (Gerona), amigo  de  siempre  y  un  alcalaíno  practicante,  que  seguro  que  conocería  el  paradero  de  muchos  de  los  nuestros. Llamé  a  Morilla,  al  que  le  encantó  la  idea  del  encuentro  que  tratábamos  de  realizar   y  sin  dudarlo, se  mostró  dispuesto  a  participar.  De  esta  llamada  salió  la  primera  reunión  en  Pineda  de  Mar.  Fuimos  pocos  ese  día, es  cierto,  pero  salimos  de  aquella  comida  con  la  fuerza  necesaria  para  seguir  con  el  proyecto  de  reunir  a  los  alcalaínos  en  una  comida  de  hermandad.

Ya  no  paró  la  cosa,  y  convoqué  una  segunda  reunión  en  Barcelona  a  mediados  del  mes  de  diciembre,  después  de  localizar  a  muchos  paisanos.  Nos  reunimos  en  el  bar  de  unos  alcalaínos, Manuel  Fernández  y  Nuria  Cuesta, “El  café  del  Rei  Gazul”.   Fue  un  éxito  total.  Asistimos  una  veintena  de  alcalaínos.  Allí  conocí  a  los  Muñiz,  los  Gallego  Salazar,  los  Diego  y  alguno  más  Fue  un  día  inolvidable.  Hay  un  folio  en  el  que  cada  uno  de  los  asistentes  reseñó  de  su  puño  y  letra  sus  datos  personales.  De  allí  salió  el  primer  Comité  Organizador,  conmigo  de  Coordinador,  Diego  Puerto  de  secretario, Rafael Acedo, Paco  Morilla,  Diego  Lozano  y  Juan  Tizón.  Todos, menos yo, eran y son miembros de la Asociación de Antiguos Alumnos de la SaFa alcalaína. Durante  la  semana  siguiente,  le  pedí  a  Manuel  Gallego  Salazar  que  aceptara  el  cargo  de  tesorero.  Se  consideró  muy  honrado  por  trabajar  por  Alcalá  y  aceptó  el  cargo  encantado. Ya  estábamos  seguros  que  la  idea  del  Encuentro  era  posible.  Los  alcalaínos  respondían  muy  bien  y  les  gustaba  la  idea.  Los  miembros  del  Comité  Organizador  trabajamos  unidos,  en  contacto  permanente  y  con  mucho  entusiasmo  en  la  tarea  de  localizar  a  los  paisanos  que  viven  en  Cataluña.  Por  ello  preparamos  para  el  mes  de  enero  un  tercer  encuentro.  El  local  anterior  resultaba  muy  pequeño  para  albergar  a  los  que  sabíamos  que  asistirían  al  evento.  Mi  amigo  José Vicente Muñoz Gómez, entonces  diputado  en  el  Congreso  español, me  ofreció, gratuitamente, el  local  de  la  agrupación  socialista  de  Hospitalet  de  Llobregat,  en  cuyo  salón  de  actos  nos  encontramos casi cincuenta  alcalaínos, cómodamente sentados. 

Estábamos  entusiasmados.  Les  hablé  de  realizar  definitivamente  el  Primer  Encuentro  de  Alcalaínos  en  Cataluña,  y  todos  estuvieron  de  acuerdo  en  realizarlo.  Ya  solo  faltaba  encontrar  una  fecha  y  un  local  adecuado.  Para  ello  pensé  en  el  restaurante  que  tienen  en  Santa  Margarita  y  los  Monjos (Barcelona),  la  alcalaína  Paquita  Velázquez   y  su  esposo  Paco,  ella  de  los  Quintana  del  Pozo  de  Arriba.  Yo  solía  comer  allí  con  frecuencia  en  mis  viajes  de  trabajo.  Gente  encantadora  y  muy  alcalaína.  Los  miembros  del  Comité, del  que  entró  a  formar  parte  mi  amigo  Diego  Gutiérrez  Casas,  que  aportaba  fervor  alcalaíno, apoyo  económico  y  energía  juvenil, nos  desplazamos  hasta  el  “Restaurante  Paco”,  que  así  se  llama  el  local  de  Santa  Margarita.  Tras  aprobar  menús  y  precios, el  Comité acordó  celebrar  el  Primer  Encuentro  en  el  citado  restaurante  el  día  30  de  marzo  de  2014,  lo  que  se  comunicó  por  carta  a  todos  los  alcalaínos  que  ya  habíamos  localizado  y  teníamos  censados  En  este  Primer  Encuentro  estuvieron  presentes  el  entonces  Alcalde  de  Alcalá,  D.  Julio  Toscano  y  su  distinguida  esposa, y  la  alcaldesa  de  Santa  Margarita  y  los  Monjos,  Dª  Inma  Ferret. En  el  Encuentro  se  le  rindió  un  merecido  homenaje  a  D. Andrés  Moreno  Camacho, por  su  tarea  informativa  a  los  emigrantes  alcalaínos,  de  los  sucesos  que  ocurren  en  nuestro  pueblo. Las  previsiones  que  teníamos,  nos  rebasaron.  Nos  sentamos  a  la  mesa  268  alcalaínos  o  simpatizantes.  Nunca  pensamos  que  seriamos  tantos  y  algunos  llegados  a  última  hora,  lo  que  provocó  problemas  de  ubicación  y  algún  pequeño  fallo, principalmente  por  falta  de  servicio  suficiente.  De  todas  formas  la  gente  perdonaba  estas  pequeñas  deficiencias  y  se  mostraban  contentas  y  llenas  de  entusiasmo. Lo  importante  era  que  los  alcalaínos  estábamos  juntos  y  hablando  de  nuestras  cosas  y  de  nuestros  recuerdos  del  pueblo. Los  paisanos  al  despedirse, nos  solicitaban  encarecidamente  que  se  repitiera  el evento  en  los  próximos  años, que  no  dejáramos  de  reunirnos.

Así  se  ha  hecho, ya  que  se  han  celebrado  el  2º y  el  3º  Encuentro  de  Alcalaínos  con  el  mismo  éxito  y  el  beneplácito  de  los  alcalaínos  de  Cataluña. En  el    Encuentro  cambiamos  de  lugar  de  la  celebración.  Ya  no  tenemos  problemas  de  espacio  y  comodidad. En  el    Encuentro,  nos  honraron  con  su  asistencia  el  actual  Alcalde  alcalaíno, D. Javier  Pizarro Ruiz, acompañado  del  Teniente  de  Alcalde D. Jesús  Barrera Román. Un  día  maravilloso  lleno  de  alegría  y  de  promesas  cumplidas.

Por  motivos  de  edad,  de  salud  y  cambio  de  residencia, tras  el  segundo  Encuentro,  y  después  de  agradecer  de  corazón  a  mis  compañeros  del  Comité,  su  entrega  y  su  entusiasta  trabajo  desinteresado  en  defensa  de  nuestras  raíces,  les  presenté  mi  renuncia  al  cargo  de  Coordinador.  Ellos  ya  no  me  necesitan.  Lo  están  haciendo  bien  y  yo  colaboro  en  lo  que  me  piden.  Ahora  vamos  por  el  4º  Encuentro,  y  ya  no  hay  quien  pare  a  este  tren.  Nos  volveremos  a  encontrar  los  alcalaínos  y  volveremos  a  disfrutar  con  el  encuentro.  Somos  el  ejemplo  y  la  envidia  de  otros  pueblos.  Ellos  no  tienen  el  entusiasmo  y  el  cariño  que  tenemos  nosotros  por  nuestro  Alcalá  y  nuestra  Virgen  de  los  Santos.  Está  claro  que  los  gazules  somos  diferentes.

Con  este  escrito  pretendo  satisfacer  la  curiosidad  de  muchos  amigos  que  me  preguntan  por  nuestras  comidas  de  hermandad.  Vivimos  en  Cataluña,  pero  nos  sentimos  muy  alcalaínos.  Añoramos  y  soñamos  con  nuestro  pueblo  y  sus  gentes,  todos  los  días  del  año.  Por  eso  disfrutamos  tanto  cuando  estamos  reunidos.
           


¡¡¡¡  VIVA  ALCALA  DE  LOS  GAZULES  !!!
¡¡¡  VIVA  LA  VIRGEN  DE  LOS  SANTOS  !!!


Francisco  Teodoro  Sánchez  Vera
Marzo de 2017







lunes, 13 de marzo de 2017

¿DÓNDE ESTÁN LAS MANOS DE DIOS?



            Cuando observo el campo sin arar, cuando los aperos de labranza están olvidados, cuando la tierra está quebrada y abandonada me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

            Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; cuando veo al prepotente pedante enriquecerse del ignorante y del pobre, del obrero y del campesino carentes de recursos para defender sus derechos, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

            Cuando contemplo a esa anciana olvidada; cuando su mirada es nostalgia y balbucea todavía algunas palabras de amor por el hijo que la abandonó, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

            Cuando veo al moribundo en su agonía llena de dolor; cuando observo a su pareja y a sus hijos deseando no verle sufrir; cuando el sufrimiento es intolerable y su lecho se convierte en un grito de súplica de paz, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

            Cuando miro a ese joven antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la droga y el alcohol, cuando veo titubeante lo que antes era una inteligencia brillante y ahora harapos sin rumbo ni destino me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

            Cuando a esa chiquilla que debería soñar en fantasías, la veo arrastrar su existencia y en su rostro se refleja ya el hastío de vivir, y buscando sobrevivir se pinta la boca y se ciñe el vestido y sale a vender su cuerpo, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

            Cuando aquel pequeño a las tres de la madrugada me ofrece su periódico, su miserable cajita de dulces sin vender, cuando lo veo dormir en la puerta de un zaguán tiritando de frío con unos cuantos periódicos que cubren su frágil cuerpecito, cuando su mirada me reclama una caricia, cuando lo veo sin esperanzas vagar con la única compañía de un perro callejero, me pregunto: ¿dónde están las manos de Dios?

            Y me enfrento a Él y le pregunto: ¿dónde están tus manos Señor? para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados. Después de un largo silencio escuché su voz que me reclamó, “no te das cuenta que tú eres mis manos, atrévete a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar estrellas”.

            Y comprendí que las manos de Dios somos “TÚ Y YO”, los que tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje para luchar por un mundo más humano y justo, aquellos cuyos ideales sean tan altos que no puedan dejar de acudir a la llamada del destino, aquellos que desafiando el dolor, la crítica y la blasfemia se reten a si mismos para ser las manos de Dios.

            Señor, ahora me doy cuenta que mis manos están sin llenar, que no han dado lo que deberían dar, te pido perdón por el amor que me diste y que no he sabido compartir, las debo de usar para amar y conquistar la grandeza de la creación.

            El mundo necesita esas manos, llenas de ideales y estrellas, cuya obra magna sea contribuir día a día, a forjar una nueva civilización, que busquen valores superiores, que compartan generosamente lo que Dios nos ha dado y puedan al final llegar vacías, porque entregaron todo el amor, para lo que fueron creadas y Dios seguramente dirá:

¡ESAS SON MIS MANOS!






Miguel Ángel Cornejo y Rosado

CARTEL DEL PREGÓN DE LA SEMANA SANTA 2017 DE ALCALÁ DE LOS GAZULES


LOS PIRATAS DEL RÍO BARBATE - ALCALÁ DE LOS GAZULES


DOMINGO DE CARNAVAL 2017 EN ALCALÁ DE LOS GAZULES














El tiempo que hará...