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martes, 27 de enero de 2015

UNA IMAGEN CON HISTORIA



  
La historia, grande o pequeña, merece ser contada. Por ello me permito adentrar en el tiempo, ya que lo viví en primera persona, unos hechos, con anécdotas incluidas, acaecido en la desaparecida plaza de toros de Cádiz, donde un torero, aunque nacido en Granada, pero alcalaíno de adopción, se impuso ante las presiones e incluso los engaños, de la que fue víctima, tras ganar justamente, jugándose la vida, un preciado capote de paseo, de auténtico lujo y de alto valor.

En la foto aparecen los entonces novilleros, de muy buen cartel entre los aficionados, Chano Rodríguez, que frecuentaba la finca alcalaína “La Capitana” y amigo de aquel buen ganadero que se llamó Agustín Pérez y de su hija Cristobalina Pérez. Y Curro Montenegro, torero con oficio y buen gusto, casado con la guapa y simpática alcalaína Pili Sánchez. Justamente en medio de los dos, aparece la figura de Manuel Irigoyen, entonces banderillero de Chano y de Rafael Ortega, y más tarde, tras colgar el traje de luces con que aparece en la fotografía, tuvo negocios de construcción y luego ejerció de Presidente del Cádiz, C.F., un buen gestor que llevó a primera división al club amarillo, en unas temporadas inolvidables, aparte de su importante influencia en la Federación Española de Fútbol.

Por aquella época la plaza gaditana acogía numerosos festejos. Veintidós fueron en esa temporada de 1961, desde corridas, novilladas, boxeo, lucha libre y espectáculos circenses. Todo un equipamiento multiusos. La tarde del 3 de septiembre de ese año, se celebró una novillada en la plaza gaditana, lidiándose un novillo de Manuel Camacho, para la rejoneadora Amina Assis, una guapa morena colombiana, que frecuentaba la finca “Gómez Cardeña”, de Juan Belmonte. Su actuación resultó lucida, por su destreza y colocación de rejones y banderillas, aunque no tuvo suerte con el novillo, que resultó manso. Volvió un mes después a actuar en Cádiz junto a otras tres rejoneadoras, donde tuvo mejor suerte.

A pie actuó, junto a Chano y Curro, un novillero con mucho porvenir, que se llamaba Luis Parra Jerezano, hoy matador de toros al que apoderaba Paco Ortega, mozo de espadas que fue del maestro Rafael Ortega. Años más tarde Luis pasó a ser apoderado por Antonio Ordoñez. Paco Ortega lo fue de Paquirri y Ruiz Miguel. La novillada había despertado bastante interés, cubriéndose casi tres cuartos de plaza. Para ayudar a incentivar el ambiente, se anunció que al triunfador de la novillada, sería premiado con un “lujoso capote de paseo”. Los novillos de María Luisa Pallarés de Benítez Cubero, no dieron buen juego, resultaron mansos y algunos con peligro, a diferencia de la corrida lidiada dos semanas antes en el festejo de la prensa con Curro Romero, Miguelín y Limeño. A Chano, gaditano y exquisito en su toreo, lo mandaron a la enfermería con una cornada grave. El Jerezano no consiguió cortar oreja y su actuación resultó voluntariosa.

En cambio, Curro Montenegro, se la jugó en el único que se dejó. Estuvo colosal con un toreo de verdad y clásico, llevando la emoción a los tendidos, cortando las orejas. Resultó claramente el triunfador de la tarde. Lo bueno vino después. Terminado el festejo Montenegro esperó que le entregaran el capote de paseo, que se había ganado en el ruedo. Idas y venidas entre barrera. El capote sin aparecer. Diodoro Canorea, que era el empresario, le pedía explicaciones a Paco Ortega, que era el que había ofrecido el capote como tirón de la novillada, convencido de que su poderdante el Jerezano resultaría triunfador. Mientras, Curro no se movía de la plaza hasta que se lo entregaran, que legítimamente le pertenecía. Le dijeron que ya se lo entregarían más adelante. El torero granadino no tragaba. Parte del público esperaba y empezaron las protestas, hasta que finalmente los organizadores cedieron y Curro se llevó el preciado capote verde y oro bajo el brazo, que hoy guarda en su domicilio como recuerdo.

La jugosa anécdota completa esta historia, ya que el capote resultó ser de Rafael Ortega, que a ruego de su primo y mozo de espadas Paco, se lo prestó para que sirviera de “escaparate”, con el convencimiento de que se lo llevaría Luis Parra Jerezano, que luego lo devolvería, pero no contó con el dicho de que “el hombre dispone y el toro descompone”. Años más tarde el propio maestro Rafael Ortega, confirmó a quien esto escribe el disgusto que le supuso perder un capote por culpa de su primo. En una charla que organizamos en el Instituto Sáinz de Andino, donde participó el propio Rafael Ortega, Emilio Oliva y Curro Montenegro, salió a relucir la historia y todavía le duraba el cabreo al maestro de La Isla. Su viuda, Pepita Camacho, con frecuencia todavía, me comenta el disgusto que supuso. Curro lo ganó en el ruedo, con todo merecimiento y le pertenecía por los siglos de los siglos. Amén.





Luis Rivas

lunes, 26 de enero de 2015

HACIA UN NUEVO HUMANISMO -VIVIR EL TIEMPO

                                            
En nuestra sociedad hipercompetitiva, el tiempo excesivamente repleto y la vida demasiado vacía son las consecuencias de ese excesivo afán lucro de unos pocos que amenaza gravemente el razonable deseo de bienestar de unos muchos. Este hecho tan generalizado debería despertar nuestras conciencias para que estemos vigilantes y para que luchemos por evitar que, expropiados de la vida -es decir, desprovistos de serenidad, de esperanza, de solidaridad y de amor,- las horas muertas o demasiado agitadas nos ahoguen en unos espacios saturados o en unos vacíos enfermizos. En mi opinión, para lograr que estos desvíos nos arrastren al agobio, a la desesperanza o a la tristeza, además de exigir derechos, deberíamos aprender a saborear con detenimiento cada uno de los instantes presentes y los que nos quedan por  vivir en esta tierra.
Si leemos detenidamente los Evangelios y nos despojamos de los prejuicios pseudoteológicos, podemos llegar a la conclusión de que, frente a las religiones que sólo proponen la felicidad en un cielo futuro, Jesús nos invita a una salvación que empieza aquí y ahora, y que siembra un bienestar que dura para siempre. Por eso pienso que el creyente debería vivir el presente de una forma plena, asentándolo sobre los dos pilares firmes de un pasado analizado críticamente y de un futuro seriamente cimentado. El sentido temporal de la existencia humana exige que apoyemos nuestros diferentes momentos, por un lado, en la contemplación agradecida de los episodios saludables de nuestros antepasados y de nuestra propia biografía y, por el otro lado, en la elaboración de un panorama futuro que nos oriente y nos estimule hacia nuevos horizontes. El recuerdo nos hacer renacer sólo cuando nos genera unos propósitos transformadores. Si prescindimos de cualquiera de estos dos apoyos y nos quedamos sin memoria o sin proyectos, perderemos el equilibrio y el puente del presente se derrumbará irremisiblemente.

José Antonio Hernández Guerrero


miércoles, 21 de enero de 2015

15º CICLO DE MÚSICA EN CÁDIZ - "THE SOLOISTS OF LONDON"




Queridos amigos:

Os animamos a venir a nuestro nuevo festival en Cádiz la semana que viene, con un excelente elenco de artistas y the Soloists of London. ¡Nos vemos pronto! Más información en el teléfono 617276161

Dear friends, 

We encourage you please to come to our latest festival in Cadiz, next week.We have a fantastic line up of musicians, including the Solists of London. Looking forward to seeing you there. More info at 617276161


Matthiw Coman

lunes, 19 de enero de 2015

UNA FERIA DE TRIUNFOS TEÑIDA DE SANGRE TORERA


  
Se celebraba  en los primeros días de 1963, la Feria y Fiestas con motivo de la Velada de Ntra. Señora de Los Santos, patrona de Alcalá de los Gazules. Por las esquinas carteles anunciando tres interesantes novilladas, con una baraja de toreros locales y provinciales, organizadas por el  empresario Francisco Gago Romero, siendo alcalde Roque Fernández Gallego. En pleno corazón de la Ruta del toro bravo, no podía faltar en la programación festiva, la cita con la tauromaquia. Por aquella época  el turismo como motor económico empezaba a despegar, con Fraga Iribarne al volante, siendo la ciudad alicantina de Benidorm, un claro exponente. Llegaron las suecas, los bikinis,  las playas se animaban, mirones empedernidos no perdían ojos.


Los Beatles hacían furor. Llegaron a España y se colocaron la montera por sombrero en la mismísima plaza de Las Ventas. Mientras otros conjuntos como Los Bravos, Brincos, Pekeniques, convivían con los primeros años gloriosos de Manolo Escobar, Dúo Dinámico. El recordado Cortijo Los Rosales, un jardín romántico en pleno Parque de Genovés de Cádiz, se convertía en un referente por obra de Antonio Martín de Mora un empresario gaditano polivalente, sabio y serio, con las actuaciones de Antonio Machín, Los 5 Latinos, Los 3 Sudamericanos, Raphael, Miguel Ríos, Joan Manuel Serrat y los comienzos de Massiel y Rocío Jurado entre otros. De Martín de Mora tengo muy buenos recuerdos, aparte de invitarme a la sala, fue empresario unos años de la desaparecida plaza de toros de Cádiz. Cuando el maestro Ruiz Miguel se tiró de espontáneo a un festival que toreaba Paquirri siendo detenido. Antonio pagó la multa que le impusieron al torero y le dio 100 pesetas para que regresara a San Fernando. Ese gesto jamás lo olvidará el isleño, quien años más tarde fue figura del toreo. Además Martín de Mora, antes de actuar el artista pagaba en un sobre el contrato acordado sin firmar. La mayoría que viven pueden dar fe de ello. 

La juventud algo encorsetada por la censura, empezaba a bailar el Twist, Rock&Roll.  La minifalda se hacía notar y bien, en las jóvenes. Los utilitarios como el 600 y otros modelos de la gama Seat, como el 1400-C y 1500 se dejaban ver en las carreteras. El Real Madrid, empezaba a ganar copas de Europa y llenar los estadios. Decían que era el equipo del régimen. Apareció como un huracán un joven novillero, mas listo que el hambre, que se anunciaba El Cordobés y había nacido en Palma del Río, con su leyenda de roba gallinas. Empezó con fuerza poniendo el cartel de “no hay entradas” por donde actuaba. Los billetes se los llevaba, ganando más que nadie y así empezó a forjarse el mito del “melena”,  para más tarde mandar en el toreo. Llegaba pronto a las masas por su personal estilo, entrega y valor, con un juego de muñeca dominador y poderoso. Acudía a las cacerías de Franco, consiguiendo hacerse una fotografía, que recorrió todas las redacciones de periódicos y revistas de la época, y hasta toreó un festival benéfico en El Pardo. Su primer apoderado, el popular Rafael Sánchez “El Pipo”, sabia tocar bien las teclas. Las plazas se llenaban, logrando hacer volver a muchos aficionados algunos retirados. La confirmación de alternativa en Madrid y su grave cornada de ese día, con las cámaras de TVE por testigo, hizo aumentar su popularidad. Ganó dinero y los que estaban a su alrededor. En esos momentos el país necesitaba de un genio como el Benítez. Un fenómeno sociológico en toda regla.

En Alcalá,  la feria y Romería tenían, como siempre su tirón. Había público para todo y además aficionados a los toros, por ello la empresa arriesgó montando esa miniferia taurina de tres espectáculos, instalándose la plaza portátil, sin callejón, en el “Hoyo de la Fábrica”. Las tabernas solían estar llenas, especialmente Casa Pizarro y La Parada, en pleno paseo La Playa, epicentro de la feria. La caseta Municipal con su sello personal acogía las mejores orquestas y atracciones. La mujer alcalaína con su inigualable belleza y elegancia, lucían sus mejores galas.

El primer festejo se verificó el día 8 de septiembre de 1963 con una novillada con picadores. En cartel tres novilleros con ambiente. Curro Montenegro, a punto de la alternativa, estaba en los primeros puestos del escalafón, triunfando en plazas de importancia como Sevilla, Madrid, Barcelona, Valencia y además se le consideraba torero de la tierra. Su exquisito toreo gustaba por su pureza y firmeza. El chiclanero Nino Vilaplana,  arrastraba muchos seguidores por  su valor y excelente maneras. El linense Rafaelín Valencia, un chaval despierto y con buenas cualidades, buscaba el triunfo a toda costa.

Al día siguiente se llenó la plaza.  El mano a mano entre El Trueno y el local Diego Ortega, despertó mucho interés. Antonio Sánchez apodado “El Trueno”, porque su madre lo parió en lo alto de un caballo,  en una noche de relámpagos, tormentas, truenos, al no poder llegar a tiempo a la partera, ya que vivían en el campo. Tenía un gran parecido con Manolete, era su vivo retrato y toreaba muy derecho y firme. Había puesto boca abajo, llenando  la plaza de Cádiz y San Fernando. El Dígame un periódico nacional taurino y teatral además de el Ruedo, titularon así “La reencarnación de un torero de época”, en clara referencia al monstruo cordobés. Estuvo a punto de ser protagonista de una película sobre Manolete, pero doña Angustias madre del torero cordobés no la autorizó.

Aquella tarde feriada del 9 de septiembre se lidiaron novillos de Mariano Romero Toscano, bien presentados y astifinos. Por delante actuó el rejoneador malagueño Francisco Mancebo. El Trueno recibió una fuerte ovación en su primero, tras una excelente faena de entrega, que no tuvo remate con la espada, Con el segundo llegó el triunfo y la cornada. Antonio salió a cortar las orejas y así sucedió. La gente entusiasmada con su toreo serio dominador, pisando terrenos comprometidos y quedándose quieto como un palo, no cesó de aclamarle. Se entregó en la suerte de matar, recibiendo una voltereta, que al principio no le dio importancia. Cuando se acercó a la barrera, por la taleguilla manaba sangre. Sin inmutarse y tras dar la vuelta al ruedo, fue atendido por las asistencias en un local cerca de la plaza, en una cura de urgencia. Rápidamente fue trasladado a Chiclana y un Land Rover de la Guardia Civil, le sirvió de escolta .En vista de  que la hemorragia no cesaba,  fue trasladado con toda urgencia a la Clínica La Salud, donde el cirujano Dr. Juliá, abrió la herida, presentando una terrible cornada en el esfínter anal de pronóstico gravísimo, necesitando 16 puntos de sutura. Mas de dos meses lo tuvo en la cama y aún a pesar del tiempo transcurrido le han  quedado dolorosas secuelas. Un grupo de amigos acompañamos al torero a Alcalá, por aquella carretera incómoda y de mal estado. Al salir de Medina, tuvimos un pinchazo en un Seat 1400 siete plazas que alquiló mi hermano Antonio y otros compañeros del Banco donde trabajaban. Teníamos  una fe enorme en este torero de Conil, que revolucionó la provincia.

Se había hospedado en la recordada Fonda Parra, donde Catalina cuidaba al máximo esa casa tan acogedora. Daba gusto quedarse allí. Años más tarde fui con más frecuencia, cuando era novio de la que hoy es mi mujer. Recuerdo que El Trueno hizo tal faenón, que la gente le arrojaron sombreros y flores. Horas después nos decía que había realizado unas de las faenas mejores de su vida y desde que se vistió de luces  sólo pensaba triunfar. La verdad es  que salió a jugársela. Días antes había triunfado en Córdoba y en otras poblaciones como Lucena y Cabra. Años más tarde se convirtió en un próspero comerciante, gracias a su esfuerzo, tenacidad y sabiduría. Vive en Cádiz donde tiene muchos amigos que le recuerdan y admiran y mantiene el recuerdo de Alcalá de los Gazules, por el afecto de sus gentes.
La otra cara de la fiesta fue para Diego Ortega, que sustituyó Al Trueno, cortando cuatro orejas y dos rabos, siendo llevado a hombros hasta la Posada de la Alameda, ya que no encontró otra pensión para vestirse. Estuvo colosal, llevando a cabo un toreo de verdad, quieto y firme, con sabor añejo. Sus paisanos vieron en él un torero de muchos kilates. El Trueno estaba anunciado al día siguiente, junto a Pepe Ramírez, Vicente Gallego, dos buenos toreros alcalaínos, junto a Manolito Alcántara de Chiclana, Alejandro Aguilar, de La Línea y Manolo Salas, de El Puerto. Exigió el dinero que le correspondía por haber sido el triunfador de la novillada del día anterior Se lo dieron y los  novillos de Manuel Ucha, de Jerez, no ayudaron, pero volvió a jugársela, recibiendo un puntazo. Con el dinero que ganó le pagó a sus banderilleros, los invitó a una buena cena y todavía le quedó dinero para comprarle a su madre un hornillo de gas, ya que tenía uno de carbón, y a un hombre que paraba  por la Veredilla le dio el dinero para que se comprará una silla de ruedas, ya que el pobre se había quedado inválido y no tenía recursos. Así es este hombre de generoso y bueno que hoy es feliz rodeado de su familia en Sevilla.
Con estos dos casos quiero rendirle un modesto homenaje a los toreros nacidos en Alcalá, que buscaron la gloria del toreo, como Lagartijilla, los hermanos Cerrajerito,  Pepe Álvarez Rodríguez “Tenería”, su hermano  Paco,  Juan Fernández, Rafael y Vicente Gallego, Pepe Ramírez, Lázaro Jiménez, El Piconero, El Melleto y  Paquito Riveriego. Que me disculpen si olvido alguno. Todos han sido buenos toreros y gentes de bien. Ojalá algún día no muy lejano vuelvan los toros a uno de los pueblos mas bonitos de España, aunque gracias a Cristobalina Pérez y familia, mantienen aún el testimonio de una plaza que tuvo su historia, donde estuvo uno de los toreros mas grande que ha dado la Tauromaquia: Juan Belmonte El Pasmo de Triana y actuó su hijo del  mismo hombre y apellido, como nos recuerda en esa magnifica obra en dos tomos su biógrafo el escritor, escultor y pintor Jesús Cuesta Arana.


Luis Rivas
Cronista y Locutor Taurino
Radio Cádiz Cadena SER


                                        

sábado, 17 de enero de 2015

HACIA UN NUEVO HUMANISMO - EL TIEMPO


                                                       
Medimos mejor el tiempo cuando notamos que se aproxima el final de un trayecto. ¿Recuerdan con qué intensidad vivimos, por ejemplo, los minutos añadidos en un partido de fútbol o de baloncesto?  A medida en que comprobamos que se acorta la longitud del hilo vital, lo ensanchamos y, cuando advertimos que sólo nos queda una copa, la paladeamos con mayor fruición. Por el contrario, hay que ver cómo desperdiciamos el tiempo cuando creemos que vamos a ser eternos, cuando desconocemos los bordes, cuando ignoramos dónde están las orillas del océano -ese vasto espejo del ser humano- que, ingenuamente, creíamos infinito. Y es que el éxito estriba, más que en poseer mucho, en administrar adecuadamente las pertenencias por muy exiguas que nos parezcan. Hemos de desarrollar la difícil habilidad de extraer todo el jugo a los episodios por muy insignificantes que, a primera vista, aparenten ser. Si sabemos que pronto se esfumarán, unas palabras amables, una sonrisa complaciente, un día de sol o una conversación distendida nos parecerán regalos inmerecidos.
La marcha imparable de la edad, el cercano aliento de la enfermedad o la proximidad siempre inmediata de la muerte nos inducen a deleitarnos con una simple bocanada de aire puro, con la lectura reposada de un libro interesante o con la escucha relajada de una melodía. El paso imparable del tiempo nos enseña a leer la vida con nuevos ojos y a comprobar cómo, simplemente, respirar con libertad puede ser un ansia suprema y un placer intenso. Lo malo es que, sin apenas advertirlo, despilfarramos el enorme caudal y dejamos que se fugue el misterioso regalo que nos proporcionan las heterogéneas experiencias cotidianas y los múltiples quehaceres habituales.

José Antonio Hernández Guerrero


SEIS AÑOS EN SA.FA (1.977-1.983)

                                    

En el año setenta y dos
yo me hice a la mar
en una barca con rumbo
a la tarea de educar.

Y en el año setenta y siete,
después de mucho navegar,
tuve la mayor fortuna
que jamás pudiera soñar.

Pues guiado por el faro
que a las naves suele orientar,
hice escala con mi barca
en la SAFA de Alcalá.

Era el Puerto mejor
al que se podía llegar
pues el origen de la misma
allí conocí de verdad.

Y es que esta  Institución 
se creó con la misión
más generosa y más noble
de acoger entre sus aulas
a los alumnos más pobres.

Y me embarga la alegría,
y mi ilusión se desboca,
pues se traslada a Sevilla
el buen director Juan Coca.

Y no es que fuera mi deseo,
pero en el fondo me alegro
porque su marcha es voluntaria
y puedo trabajar en el Centro.

Y así llego a este Convento,
otro tiempo de Clarisas,
y ahora reconvertido
en Escuelas Profesionales
de la Sagrada Familia.



LOS   MAESTROS.

Y coincide mi entrada
con un nuevo Director,
que, como experto marinero,
sabrá llevar el timón.

Será, sin duda, el mejor
y excelente compañero,
y no hace falta decir 
que fue Don Jaime Cordero.

Allí estaba también
un Equipo de docentes
que lo hacía de maravilla:
Pepe Arjona, Ana María
y el recordado Manuel Mansilla.
 
Manolo Chica, Agustín Cuello,
Pepe Gallego y Andrés Agüera,
si buenos como maestros
como personas, de bandera.

Algo más tarde arribaron
un grupo de buena gente,
que no por llegar después
eran menos competentes.

Pedro Castellano y “El Santo”,
que no es que alcanzase los Cielos
y que regresó a Benalup
de donde era el compañero.

Al poco tiempo llegaron
Mari Pepa y Moisés,
un joven lleno de ideas,
Carlos, Manoli e Isabel.

El joven de quien les hablo
era de tierra marinera,
tímido y cándido a la vez
y procedía de Cartagena.

En el Centro y en el pueblo
enseguida se integró,
se llamaba Paco López
y llegó a ser Director.

EL   COMEDOR


 
Funcionaba el Comedor
de una manera eficiente,
pues del mismo se encargaba
un grupo de buena gente.

Y en la cocina era Juana
la más sabia y  soberana,
a veces más discutida
y siempre más alabada.

Preparaba buenos menús
y tenía por  compañeras
a su sobrina Antonia,
a María y a María Cabrera.

Se turnaban con frecuencia
el huevo frito y la mortadela,
las lentejas y salchichas
tagarninas y habichuelas.

Pero a la hora de comer
conseguían el milagro
Juana y sus ayudantes,
pues los alumnos terminaban
con lo que tuvieran delante.

La limpieza y la higiene
estaban aseguradas
por este equipo de mujeres,
pues con entrega y esmero
realizaban sus deberes.

FORMACIÓN     PROFESIONAL.

En el Patio de los Naranjos,
entre el Colegio y la Escuela Hogar,
se encontraban los Talleres
de Formación Profesional.

Ahí se sembró la semilla
que habría de germinar,
y que sería la salida
hacia el mundo laboral.

Chavales muy preparados
que llegarían a ocupar
puestos de relevancia
a la hora de trabajar.

Y eran los responsables
de dirigir bien la labor
Diego Mateo Visglerio
y Gabriel Camacho Candón.

Ambos fueron discípulos
de la “Escuela Sevillana”,
de alguien que dejó huella
en el quehacer de la SAFA.

Vaya desde estas líneas,
al Maestro y Persona sencilla,
el recuerdo agradecido
hacia el amigo Juan Sevilla.

ESCUELA   HOGAR

Anexa al Convento estaba
por entonces la Escuela Hogar,
donde convivían los alumnos
de los alrededores de Alcalá.

En este tiempo sus plazas
estaban tan solicitadas
que era lo normal que siempre
estuviesen ocupadas.

Desde el lunes hasta el viernes
ahí estaban los alumnos
y hasta en fines de semana
también lo hacían algunos.

Era duro presenciar,
los lunes por la mañana,
a algún chico que llegaba
y al despedir a sus padres
con cuánta pena lloraba.

Pero ahí los recibían
aquellos que se ocupaban
de atenderles y educarles
y se sintieran como en casa.

A las clases asistían,
y ya una vez acabadas,
los Maestros de Escuela Hogar
a estos niños se entregaban.

Destacaron en esta labor
gente paciente y humana,
Maestros de Escuela Hogar
que siempre dieron la talla.

Entre ellos, José Luis Castillo,
Isi, Mari Tere y Genaro,
Toñi, Chari y Andrés Pastor,
Andrés López y Pedro el de Los Barrios.

Fue un trabajo ilusionante,
lleno de entrega y vocación,
para unos niños necesitados
de recibir lo mejor.

En este tiempo vivieron
emociones y experiencias
aprendieron a ser responsables
y a ejercer la convivencia.

LOS   ALUMNOS.

Aquellos alumnos de entonces,
alumnos de este Convento,
aunque pasaron los años
todavía yo los recuerdo.

Llevando su  babi azul
y la alegría en la cara,
orgullosos de su Centro
y de lo que representaba.

Y es que aquellos alumnos,
comparados con los de hoy,
no eran mejores ni peores,
pero tenían más respeto
a maestros y a mayores.

En ese Patio de Mármol
los recuerdo cada día,
en filas para la entrada
o rezando en el mes de María.

Y jugando en los recreos
en suelos de arena y piedras,
o “luchar” contra el Levante
ahí en la calle Carrera.

O disfrutando del deporte
potenciado por el Centro,
y de otras actividades
a las que imprimía su sello.

O quizás con resignación
aceptando los errores
que, como humanos que somos,
cometemos los mayores.

Aquellos niños de entonces,
alumnos de este Colegio,
nunca discutían con  niñas
ni en clases ni en los recreos.

Jamás un problema surgió
por diferencias de sexo,
y lo digo muy en serio,
pero es que las niñas estaban…
¡unas en el Juan Armario
y otras en el Beaterio!

AGRADECIMIENTO

Y como de bien nacidos
es el ser agradecidos,
reconozcamos la labor
de todos los que por SAFA
trabajaron con ilusión.

A todos los que impulsaron
el caminar de la Institución,
agradezcamos su esfuerzo
y llevémosle en el corazón.

Y aquí en la Plaza Alta,
a los pies de nuestro Patrón,
junto al Castillo Gazul,
junto a la Puerta del Sol,
cual la más hermosa estrella
que siga alumbrando la SAFA
desde la calle Carrera.

Que siga brillando la SAFA
y esparciendo la semilla
del SABER y del AMOR
a los niños y a las niñas.
                                                      



Francisco Gil García. 
Enero 2.015.

                      60 Aniversario de la Fundación SAFA en
Alcalá de los Gazules.


martes, 13 de enero de 2015

GRACIAS A DON JESÚS MELERO PUEDEN VIVIR OTRAS SIETE PERSONAS

En el "Diario de Cádiz" de hoy martes 13 de Enero de 2015, en su página 3, aparece un artículo firmado por F.M. Cádiz, titulado: 

"La repercusión de una donación multiorgánica en la provincia"

Jesús Melero Mora, vecino de San Fernando, falleció repentinamente el pasado 5 de junio con casi 58 años a causa de una hemorragia cerebral masiva. Su generosidad y la de su esposa, Mari Paz Sebastián Clavaín, fue clave para que donara sus órganos con el fin de que otros pudieran seguir viviendo.

Así, Jesús, médico de profesión, aportó vida a siete donantes tras las extracciones de sus riñones, hígados, córneas y pulmones. Su esposa recuerda que no le fue fácil dar la autorización para que se procediera a la donación. "Todo fue muy complicado, era una decisión difícil", recuerda. No obstante, mostró su convencimiento de que su marido era partidario de este tipo de acciones, sobre todo cuando rememoró una historia que un día le contó Jesús sobre un paciente que estaba a la espera de una donación. "Cuando mi esposo se enteró de que por fin había llegado el órgano que esperaba esa persona, se alegró muchísimo y hablamos sobre la gran generosidad de algunas personas en un momento de enorme dolor. Aquello le llenó de satisfacción".

Por ello, Mari Paz echó mano de sus recuerdos en mitad de un mar de angustias. De esta manera, optó por decidir que los órganos de su marido tenían que ir a parar a otros enfermos en lista de espera. "Gracias a él pueden vivir otras siete personas", dijo.

De hecho, al mes del fallecimiento de Jesús, recibió una carta de la unidad de trasplantes en la que le comunicaba que todos los receptores evolucionaban bien. Jesús Melero trabajó en centros médicos de San Fernando, Cádiz y Alcalá de los Gazules, población ésta última en la que falleció en la misma clínica mientras atendía a sus pacientes, una muerte que reactivó la esperanza en donantes a la espera de un órgano para poder seguir adelante.

ANÁLISIS DEL DOMINGO - "LO DICE LA GENTE"

      
Una de las abominaciones más detestable de la sociedad actual es la abstracción. Se trata de una cobardía, de un tirar la piedra y esconder la mano, de hacer daño sin responsabilidad alguna, de ensimismarse en justicierismos imposibles. Frecuentemente, solemos oír insultos, abominaciones, corrupciones, rumores falsos, bulos y un largo etcétera…sin que nadie se haga cargo de lo dicho. Desgraciadamente, la gente está invadida de noticias falsas, de rumores, de fábulas, de trolas volanderas…  

Si a alguien se le ocurre preguntar “¿quién ha dicho eso?”, se contesta con la mayor osadía: “Lo dice la gente”. Y nos  quedamos tan pancho, porque la gente no es nadie, es una abstracción  que quiere decir demasiado y, jurídicamente, lo que prueba demasiado no prueba nada. Otra de las afirmaciones sin garantías de verdad son los rumores. El rumor es un runrún, un tole tole, un murmullo o susurro que se deja caer al oído, sin contrastar la fuente de donde se ha tomado; una noticia inconsistente, sin garantías de realidad. A final de año, algunas cadenas mediáticas se alimentan de lo que “dice la gente”.

Así encontramos noticias que  se extienden como la mancha de aceite, propagando que todos los políticos son corruptos. La corrupción es una descomposición, una putrefacción, una depravación o perversión.  Se achaca sobre todo a los políticos que tienen que administrar con estricta justicia  un dinero público aportado por el pueblo para un bien del colectivo.

La usura o granjería es otro lucro injusto, un producto o fruto del dinero entregado o de joyas valiosas  como préstamo, con intención de recuperarlo en el tiempo fijado, aportando al usurero un interés excesivo. En general, los prestamistas son confundidos con los usureros, por conseguir  fruto o ganancia de las personas menos afortunadas.

Las hipotecas bancarias conseguidas para adquirir una vivienda o un terreno huelen, asimismo, a usura, por la cantidad de plazos impuestos o  por el tiempo excesivo establecido para conseguir la propiedad.  Se dice, con mala intención, que los banqueros son todos usureros, porque abusan de la pobreza y de la debilidad económica de los más necesitados. Pero también es verdad que algunos bancos han sacado a muchas personas de situaciones difíciles para conseguir una vivienda. Sería injusto tacharlos a todos de usura.

Otra mala-intención que se utiliza por algunas personas, para hacer daño, es el insulto. Son malhablados de lengua larga que disfrutan insultando para desprestigiar al prójimo. El insulto es un agravio, una ofensa, un ultraje, una injuria que puede ser de palabra o de obra, un atropello o aplicar la ley del embudo a todo el mundo sin más. Y hay  personas difamadoras, que no les importa quitar la fama a otros, con tal de hacerles daño. Lo justifican diciendo: “Lo digo, porque sé de buena tinta que es verdad.” Pero nadie tiene derecho a quitar la fama a otro, aunque sea verdad. Si fuera mentira, sería difamar; si es verdad, es criticar y desacreditar sin motivo a personas por pura complacencia.

Actualmente, la ley exige la presunción de inocencia, es decir, que hay que respetar el tiempo que los jueces necesitan para dar la sentencia. Muchos creen que, por el mero hecho de ser imputada una persona, ya es culpable. Pero eso es difamar, denigrar, señalar a alguien con el dedo, sin tener pruebas.  Los mayores  deberíamos ser más justos al hablar del prójimo delante de los hijos, porque podemos estar enseñándoles a criticar, a difamar y a ser chafarero.
                                                                                                                                                
                                                                                                                                 
 Juan Leiva
  

viernes, 9 de enero de 2015

HACIA UN NUEVO HUMANISMO - UN AÑO NUEVO


Es posible que uno de los mayores beneficios que nos proporciona la celebración cíclica de un nuevo año tras el fin del anterior sea la de advertirnos machaconamente un hecho que, a pesar de su evidencia, nos pasa desapercibido a la mayoría de los mortales: que todos los tiempos que empiezan se acaban y que todas las realidades humanas tienen límites inaplazables.
Para valorar adecuadamente nuestras cosas, sobre todo, las más importantes, es necesario que, previamente, hayamos experimentado su carencia o que, al menos, tengamos conciencia de que, irremisiblemente, las vamos a perder. Paradójicamente, el conocimiento de los límites y de los finales proporciona unos alicientes halagüeños a los contenidos, y a nosotros nos estimula para que aprovechemos las múltiples oportunidades que la vida nos procura; nos anima para que disfrutemos de los momentos de bienestar que, aunque sean esencialmente efímeros, podemos lograr que sean intensos, confortables y profundos.
Todos tenemos experiencias múltiples de que saboreamos mejor las comidas cuando hemos sentido hambre y de que un vaso de agua fresca nos sabe a gloria bendita cuando, tras una larga caminata bajo el sol inclemente del mes de agosto, experimentamos una ardiente sed. Es lamentable, por ejemplo, que no comprendamos plenamente la importancia de una madre, de un amigo o de un compañero, hasta que -siempre demasiado tarde- calibramos las enormes dimensiones del irrellenable hueco que nos ha dejado.

José Antonio Hernández Guerrero



AQUEL CUMPLEAÑOS



Escritor  de  tragedias  y  toreros,
andaluz  de  los  más  universales,
cantaor  de  gitanos  pintureros
y  de  patios  con  flores  y  frutales.

Poeta  García  Lorca, granadino,
lírico  de  pureza  inigualable,
¡ay  que  pena  que  el  maldito  destino
cegara  tu  fontana  inagotable!

Nuestra  mente  sedienta  de  cultura
te   recuerda  con  gozo  cada  día
admirando  tu  pluma  de  dulzura.

Orgullosa  se  siente  Andalucía
de   la  luz  de  tus  versos  de  ternura
que  nos  llenan  el  alma  de  alegría.

He  querido  comenzar  mi  relato,  con  este  soneto  que  escribí  al  gran  poeta  y  andaluz  universal:  Federico  García  Lorca,  nacido  en  Fuente  Vaqueros (Granada).

La  historia  de  este  escrito  empieza  un  día  catorce  de  febrero  de  mil  novecientos  cincuenta  y  ocho.  Día  de  mi  treceavo  cumpleaños.  Nunca  olvidaré  esa  fecha, la  retengo  en  la  memoria  de  una  manera  especial; forma  parte  de  mi  estancia, como  alumno  interno, en  el  colegio  salesiano  de  Alcalá  de  Guadaira  en  Sevilla, donde  cursé  mis  estudios  de  bachillerato.

Aquel  día  sonó  la  campana  a  las  siete  de  la  mañana,  como  todas  las  mañanas , despertando  al  alumnado.  Era  una  mañana  fría  de  invierno.  Aún  no  apuntaba  el  alba, el  sol  tardaría  todavía  en  descubrir  su  brillo. El  dormitorio  era  una  enorme  sala  rectangular,  ocupada  totalmente  por  mesillas  de  noche  y  camas  metálicas  alineadas  en  dos  hileras  pegadas  a  las  paredes  laterales; unas  tras  otra,  sin  ninguna  separación  entre  ellas,  sin  nada  que  ofreciera  a  los  alumnos  cierto  espacio  de  intimidad.  Tras  levantarme,  abrí  la  maleta,  asentada  sobre  una  mesilla  de  noche  de  vieja  madera  repintada, y  busqué  mi  ropa  limpia.   Por  sorpresa,  me  encontré  con  un  libro  que  alguien había  dejado  para  mí, encima  de  la  ropa.  Me  sorprendí.  Lo  abrí  y  en  la  primera  hoja,  alguien  me  felicitaba  el  cumpleaños.  Utilizaba  una  letra  trucada  que,  entre  las  de  mis  amigos, no  reconocía. Firmaba  un  garabato  sin  apellidos, mal  hecho  a  propósito.  Un  misterio  que  nunca  conseguí  resolver. ¿Por  qué  actuó  así? No  lo  sé.

El  libro  era  una  edición  de  bolsillo  barata, que  conservé  durante  muchos  años  y  que  desgraciadamente  perdí  en  uno  de  mis  numerosos  traslados  domiciliarios.  Una  gran  pérdida.  Era  un  libro  de  poesía  y  lo  escribía  un  tal  Federico  García  Lorca.  Lo  sostuve  entre  las  manos;   y   mientras,  observaba  de  reojo  a  mis  compañeros, por  si  hallaba  algo,  alguna  sonrisa  sospechosa, que  me  indicara  la  identidad  del  que  me  había  hecho  el  obsequio.  Pero  no  percibí  nada  especial  en  las  caras  de  mis  amigos.  Miré  el  libro  y  leí  su  título: “El  Romancero  Gitano”.  Era  la  primera  vez  que  lo  leía.  No  lo  conocía.  Tampoco  conocía  a  su  autor.  No  lo  había  estudiado  hasta  entonces  Aquellos  eran    tiempos  opacos  y  oscuros, llenos  de  noches  de  lunas  negras.

La  lectura  de  aquel  pequeño  libro  me  subyugó.  Se  me  abrieron  los   sentidos.  Esperaba  con  ansia  que  llegara  la  noche  para  exprimirlo, encerrado  en  un  lavabo  o  en  la  cama,  debajo  de  la  manta,  alumbrando  con  una  pequeña  linterna  en  la  intensa  oscuridad  del  gran  dormitorio silencioso.  Una  noche  conocí  a  Antonio  Torres  Heredia, un  legítimo  Camborio, que  con  su  vara  de  mimbre  iba  a  Sevilla  a  los  toros. Otra  noche  apareció  Ignacio  Sánchez  Mejías,  al  que  un  toro  en  Manzanares,  a  traición  quitó  la  vida  siendo  las  cinco  en  la  tarde.   Otra  noche  estuve  en  El  Café  de  Chinitas  donde  conocí  a  Paquiro,  un  torero  de  cartel.   Y  el  duende  del  cante  jondo  palpitó  en  mi  corazón,  la  noche  que  Manuel  Torre (Niño  de  Jerez) , encontró  en  sus  soleares  el  tronco  negro,  tronco  del  Gran  Faraón.  Luego  apareció  Jaén  con  sus  tres  bellas  moritas: Aixa,  Fátima  y  Marién,  cautivas  en  un  barquito  de  velas  verdes  y  blancas,  surcando  el  Guadalquivir.  Y  la  noche  que  en  el  Darro  bordó  la  monja  gitana,  pañuelos  llenos  de  sangre  que  asombraron  a  Granada. También  llegó  el  erotismo, y  no  quise  enamorarme,  tras  galopar  junto  al  río, porque  no  estaba  soltera, en  sus  noches  no  había  frío.

Alguien  me  dijo  que  Lorca  había  muerto  asesinado,  y  escribí  en  aquellos  días :

Federico,  Federico,
¡ay  Federico  García,
tu  sangre  tiñó  los  mares
y  la  luz  de  Andalucía!

Cada  noche  releía  los  versos  del  granadino,  y  cada  noche, bien  noche, aumentaba  mi  alegría.  Sus  poemas  llenaban  mi  corazón  y  gravaban  en  mi  conciencia  que  la  vida  es  poesía.  La  lectura  de  aquellos  versos  tan  tiernos, llenos  de  belleza,  de  luz  y  de  color,  me  hicieron  amar  la  poesía.  Yo  quería  ser  un  poeta. Y  quería  ser  un  poeta  de  Andalucía  la  Baja.  Ser  un  poeta  alcalaíno.

El  nombre  de  nuestro amado pueblo le  gustaba  mucho  a  Federico.  Lo  refirió  en  varias  ocasiones,  como,  por  ejemplo  el  año  1924, cuando  en  una  carta  que  envió  a  su  paisano  y  amigo,  el  historiador  y  periodista,  Melchor  Fernández  Almagro,  le  decía:  “Granada  es  horrible. Esto  no  es  Andalucía. Andalucía  es  otra  cosa…  yo, que  soy  andaluz  y  requeteandaluz,  suspiro  por  Málaga, por  Córdoba, por  Sanlúcar  la  Mayor,  por  Algeciras,  por  Cádiz  auténtico  y  entonado, por  Alcalá  de  los  Gazules, por  lo  que  es  íntimamente  ANDALUZ”.

Si  nací  de  buena  cuna  en  el  sur  de  Andalucía,  en  Alcalá  de  los  Gazules,  debo  ser  agradecido  y  dedicarle  este  escrito  al  hombre  desconocido  y  sensible  que  el  destino  me  mandó.   Un  amante  de  versos  que  consiguió  con  su  regalo  que  se  metiera  en  mis  venas  el  culto  a  la  poesía.  Después  ya  devoré  a  Antonio  Machado, a  Juan  Ramón  Jiménez . . . hoy  sigo  leyendo  cada  día  poesía.

Una  vez  terminado  mi  relato  sobre  esta  experiencia  que  tuve  hace ya  muchos  años (57),  tengo  la  impresión,  que  puedo  cansar  a  mis  amigos  con  este  asunto  que  es  absolutamente  personal,  y  que  quizás,  les  pueda  importar  poco  su  lectura.  Por  ello,  voy  a  terminar  con  unas  gotas  de  humor.  Lo  que  les  voy  a  contar  tiene  conexión  con  el  fondo  de  este  escrito.

Me  contaron  esta  anécdota,  que  después  quedó  como  chiste,  y  que  es  una  muestra  más  de  la  desbordante  gracia  gaditana :  “Un  día  actuaba  en  el  Gran  Teatro  Falla  de  Cádiz, la  gran  rapsoda  sevillana  Gabriela  Ortega.  Gabriela  era  sobrina  de  los  toreros Joselito  y  Rafael  El  Gallo,  prima  hermana  de  Manolo  Caracol  y  “sobrina  política”  de  Ignacio  Sánchez  Mejías.  El  teatro  estaba totalmente  lleno.  Todas  las  luces  apagadas. Sólo  un  foco, iluminaba  en  el  escenario  la  figura  de  Gabriela  envuelta  en  un  precioso  mantón  de  Manila.  Empezó  a  recitar  el  poema  de  Federico  García  Lorca  “Llanto  por  la  muerte  de  Ignacio  Sánchez  Mejías”. En  la  primera  parte  del  poema  que  se  titula , La  cogida  y  la  muerte, empieza  Lorca  diciendo : “Eran  las  cinco  de  la  tarde/las  cinco  en  punto  de  la  tarde”.  Pues  bien  en  el  poema  Federico  repite  y  repite  lo  de  la  hora  una  treintena  de  veces. “Eran  las  cinco  de  la  tarde . . . eran  las  cinco  de  la  tarde . . . las  cinco  en  punto  de  la  tarde … un  toro  mató  a  Ignacio  a  las  cinco  de  la  tarde”. Estaba  todo  el  Teatro  atrapado  por  el  embrujo  de  la  voz  clara  y  profunda  de  la  rapsoda  gitana,  recitando  los  preciosos  versos  del  inmortal  García  Lorca. Todo  el Teatro  sumido  en  el  más  absoluto  de  los  silencios . . . cuando  de  pronto,  de  un  palco  ocupado  por  un  grupo  de  mariquitas,  salió  una  voz  atiplada  preguntando: “ ¿Oye  Gabriela, a  qué  hora  dices  que  fue? “.  Tras  unos  instantes  de  estupor,  el  Falla  estalló  en  una  carcajada  generalizada.  Esto  es  Cádiz.  Me  contaron  que  la  propia  Gabriela  Ortega  no pudo  reprimir  la  risa  y  se  unió  al  jolgorio  general.



Francisco  Teodoro  Sánchez  Vera
Enero  2015



El tiempo que hará...