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sábado, 28 de marzo de 2015

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA 2015 - ALCALÁ DE LOS GAZULES




PREGON SEMANA SANTA 2015

REINA DE LA PLAZA ALTA

A NUESTRA SEÑORA DE LAS LÁGRIMAS

Eres Señora la Reina
de la Plaza más castiza
de murallas y balcones
del barrio más soberano
donde vigila una Torre
que hasta el cielo miramos...
donde el Patrón de la tierra
hasta su puerta ha llegado
para guardar en sus muros
el mayor de los legados...

Eres Señora la Reina
de una plaza legendaria
donde la historia se funde
con los recuerdos la memoria
con las cosas de siempre
con su pueblo con su gente
que se llama Plaza Alta
es algo que está claro
porque más cerca del cielo
nadie te hubiera imaginado.

Eres Señora la Reina
de una Plaza que impaciente
quiere ver salir la Columna
con su Cristo maniatado
pues no concibe tus lágrimas
sin tu Hijo “El Cristo, El Atado”
bendito el pañuelo que te mima
consuelo de tu amor flagelado
secando tus lágrimas divinas...

Eres Señora la Reina
del corazón costalero
devoción que venero
de mi alma por entero
eres Señora la Reina
de mi sentir de mi consuelo
de mi tierra de mi cielo.

Deja que mi voz hoy te pregone
“Reina de La Plaza Alta
Reina del Martes Santo
que voy llevando tu paso
tus lágrimas benditas
sintiendo tu regazo
que orgullo pregonar
que soy tu Capataz
y de ti Madre mía
no me podía olvidar
Reina del Cielo
Reina de Alcalá...


Reverendo Señor Cura Párroco.
Ilmo. Sr. Alcalde y Miembros de la Corporación Municipal.
Reverenda Hermana Mayor y Comunidad del Beaterio de Jesús, María y José.
Hermanos Mayores de las Hermandades y Cofradías de Alcalá.
Miembros del Consejo Pastoral Parroquial.
Dignísimas e Ilustrísimas autoridades religiosas y civiles.
Familiares, cofrades y amigos todos.

Desde este púlpito quiero agradecer públicamente y en esta solemne ocasión la confianza de todos los Hermanos Mayores de las diferentes Hermandades por elegirme para realizar el Pregón de la Semana Santa de Alcalá de los Gazules. Una inesperada llamada telefónica de nuestro Párroco el sábado diez de enero me dejaron atónito ante las palabras que acaba de escuchar. Acababa de ser elegido para estar hoy ante ustedes hablando de nuestra Semana Santa.

Después de varios días de incertidumbre y de meditar los pros y los contras de ser pregonero a una edad tan temprana y de sopesar mis propios conocimientos y capacidad para este cometido, acepté la tarea que mis compañeros me ofrecían con generosidad. Una decisión que considero, a día de hoy, acertada, puesto que supone un paso importante en mi relación con la Semana Santa Alcalaína ya que supone la realización de un sueño. 

Quiero agradecer igualmente a mi familia y amigos todo el interés mostrado y el apoyo prestado en estas últimas semanas de cara a la tarea que me aguardaba para poder estar aquí frente a todos ustedes.

En este sentido, quisiera hacer mención concreta a una persona: ¡Jaime, lo hemos conseguido, aquí me tienes, y ya te has salido con la tuya!

Quisiera también dar las gracias a mi presentador, amigo y hermano  Antonio Barroso Toscano, devoto asistente en el palio de las Lágrimas, mis ojos en la trasera y mi compañero en la delantera, esa persona que, cuando se cae una vela, la agarra, y que, cuando se rompe una perinola, da ánimos para seguir hacia delante. ¡Qué haría yo sin ti! creo que no hacía falta sacarme hoy dos lágrimas, que con el amor y el cariño que nos tenemos sobra presentación alguna.
El momento para decidir quién era mi presentador, fue un momento demasiado difícil porque mis aspirantes eran tres hermanos. Sólo decirte mil gracias por todo, por ser mi costalero, mi amigo, mi hermano, gracias por estar junto a mí en los momentos más difíciles así como en los más llevaderos. También decir que, contigo, no todo son pasos y Semana Santa aunque nuestras vidas giren en torno a ella. Hoy, Antonio, persona grande donde las haya sólo te voy a recordar una cosa, “siempre de frente, con paso firme y sin dudar nada”.
Por todo eso y más, querido Antonio y que lo sepa todo el mundo, tu ilusión ya se hizo realidad, ya eres costalero de esa Hermandad de Sevilla que tanto deseabas. Ha costado su trabajo, pero ya puedo decir que la Esperanza de Triana tiene un espartano bajo su palio, que cada paso al andar llevará un poco de Alcalá.
¡Enhorabuena! y que no se le olvide a nadie:

Tus lágrimas te llevan
A tu Jesús el Moreno
Sin que se enfade Guadalupe
Pero ya eres marinero.

Recuerdo que tan sólo era un chaval con quince años cuando empecé en este oficio, el oficio de la madera, el de los pasos, el de las Hermandades. Hoy quiero agradecer sinceramente  a la persona que por aquellos años me decía que fuera a salir debajo de la Virgen de las Lágrimas, Manuel Romero Reyes. Recuerdo que, por entonces, yo le decía que no, que eso pesaba mucho, que era muy joven para empezar a cargar sabiendo él lo que me gustaba ya todo eso. ¡Cuántos vídeos habíamos visto y cuántas horas de semana santa nos tragamos los dos sentados en el sofá, mientras tu madre Fini nos observaba y se le caía la baba al vernos juntos!
Varios años después, cuando empecé  a trabajar en la Hermandad, ¿recuerdas todos los viajes que daba contigo a ver una banda o cualquier otra cosa relacionado con lo mismo y también algún que otro quebradero de cabeza, que en este mundo no faltan? Pero hoy después de veinte años en este oficio tengo que darte las gracias por todo lo que me diste a conocer y porque gracias a ti, a día de hoy, estoy donde estoy, dando un pregón de nuestra Semana Santa, la de Alcalá.
Manuel Romero Reyes, muchísimas gracias por hacer lo que hiciste por mí y espero que hoy estés orgulloso de ti y de mí, de ver hasta dónde has conseguido que  llegue.
En veinte años que llevo ligado a la Semana Santa de Alcalá de los Gazules, muchas han sido las experiencias que he tenido el orgullo de vivir, desde marchar bajo Nuestra Señora de las Lágrimas como costalero hasta, en la actualidad, ser el capataz de su palio. Recuerdo que, cuando comencé, no tenía mucha idea sobre nada referente a la Semana Santa más allá de mi experiencia como penitente, tan sólo la idea aproximada que me transmitía la televisión y los vídeos que adquiría por afinidad y devoción

Sin embargo, por aquella época, siempre había en los ensayos un jovencísimo y apasionado conocedor de los aspectos esenciales del oficio de costalero. Con él llegó a Alcalá una evolución muy marcada en la forma de cargar, de andar, cada Hermandad con su sello particular, hasta el punto de que mucha gente lo consideraba un excéntrico y dudaba de la validez de sus conocimientos para la Semana Santa Alcalaína tan sólo por proceder de Cádiz.

         En realidad, no lo sabía todo, porque en este ámbito, como en muchos otros de la vida, nunca se deja de aprender. A día de hoy, ese excéntrico, loco para los peor hablados, es mi amigo, y uno de los responsables últimos de que todo nuestro esfuerzo haya dado sus mejores frutos.

José Antonio León Jiménez, sí que estabas loco pero bendita tu locura por cambiar la Semana Santa Alcalaína con tus conocimientos y tu pasión, y por ello te agradezco haberme enseñado todo lo que sabes y aprendes día a día, año tras año. Desde este púlpito te digo José Antonio, y que se entere todo el mundo, ¡que no entiende tu locura quien no comparte tu pasión!
 
         ¡Gracias, José Antonio, gracias de corazón!



DOMINGO DE RAMOS.

El júbilo se desborda por cada rincón del pueblo. Niños y niñas vestidos de hebreo, nerviosos por salir a la calle. La Plaza de San Jorge, nuestra Plaza Alta, rebosa alegría. Un niño convertido, ese día, en Jesús en su entrada en Jerusalén a lomos de una burra impaciente por ser montada, palmas por todas partes, niños y niñas con cántaros y ramas de olivo en las manos, y una nube de incienso que nubla la vista.

Después de bendecir las palmas, sale el cortejo desde el colegio Jesús, María y José, nuestro Beaterio, hacia la Parroquia de San Jorge Mártir para iniciar la procesión desde la casa del Señor con esa alegría que caracteriza el Domingo de Ramos, el día de La Borriquita. Da comienzo el camino de la triunfal entrada en Jerusalén, y noto cómo mi hija -que lleva siendo participe desde que empezó a dar sus primeros pasos acompañándome en esta estación de penitencia- se encuentra nerviosa con su rama de olivo en la mano, lo observa todo, y yo me siento orgulloso de que me acompañe en el recorrido.

Llega el séquito a la Alameda de la Cruz, y ella me pregunta: “papá, ¿ahora qué hay que hacer?”, y yo le explico que hay que dar la vuelta a la Alameda para entrar en la casa del Señor, y que, antes de entrar, Jesús, aún montado en la burra, suelta una paloma. Ella aparenta normalidad y, sin decir más nada, sigue su camino junto a mí. No obstante, cuando todo está preparado para que Jesús suelte la paloma, ella se queda perpleja observando el vuelo del animal y, sin abandonar su expresión de asombro, me pregunta de nuevo: “papá, ¿por qué sueltan una paloma?” una vez explicadas las razones de aquel gesto, y, habiendo entendido mi pequeña las mismas, entramos en la casa del Señor a escuchar la palabra de Dios. Así terminó ese Domingo de Ramos, con la entrada triunfal de Nuestro Señor Jesús en Jerusalén, y la orgullosa entrada, tras él, de un padre de la mano de su hija.


POESÍA DOMINGO DE RAMOS

La Semana Santa llama a las puertas
Recogimiento a la algarabía, un aroma peculiar
Que la primavera preludia lo que ha de llegar
Flor de permanente presencia, pregona el azahar
Y las puertas ésta abre a una luz para abrazar...

La luz que te hace caminar hasta la gloria
Disponer el corazón a momentos intensos
Sabedor que su camino nos lleva a la victoria
Nervios, alegría, impaciencia, por mi amor confeso
Y el camino se abre para aguardarlos en la memoria...

Ay!!! Ese amor que con pasión busco y proclamo
Con la inocencia de un niño cada domingo de ramos...


LUNES SANTO
Ahora podrán pensar que voy a empezar directamente mi repaso a la Semana Santa Alcalaína por el Martes Santo. No obstante, no puedo obviar el Lunes Santo, aunque para mucha gente no haya hermandad alguna en la calle.
Para mí, si existe Lunes Santo, porque es el día de mi Hermandad, día de agobios, de prisas y carreras, de enfados, discusiones y decepciones, y por supuesto, es día de risas, besos y abrazos con tus compañeros de Hermandad. Es el día, como digo, de hermanamiento, día en que se colocan las flores para engalanar los pasos del Martes Santo. En definitiva, un día que no hay que dejar en el olvido. El lunes es el día más importante para mí, prólogo del Martes Santo, día de empezar temprano y terminar tarde, arreglos de última hora, lleno de satisfacción para un cofrade como yo, que amo este oficio y que me encanta la Semana Santa. También es el día para repartir las últimas ropas de nazarenos, lunes alguno más amargo que otro pero lleno de alegría y jubileo dentro de la Parroquia, viendo esa labor de todos los que están presentes para dejarlo todo perfecto para el día grande de nuestra Hermandad en la calle.  Día en el que se levanta el palio de la Señora con todos sus costaleros, además del reparto de camisas para ellos. Día en que algunos de esos costaleros y hermanos de la hermandad le rezan a Nuestro Señor y a la Virgen para que todo salga bien el día siguiente. Día importante que no se me podía olvidar pregonar, debido a que es ese día cuando mi alma se llena de orgullo al ver como todos trabajan con un único fin, sentirse partícipes en el día más grande de su hermandad, en el Lunes Santo.

MARTES SANTO

Mañana de Martes Santo. Reluce el sol en el campanario. Tomo camino hacia la Parroquia con mis hijos. Ellos, igual que yo, nerviosos, conscientes de que nos esperan más allá del dintel de la puerta, lágrimas en los ojos de ella y azotes en el cuerpo de él. Es un momento de recogimiento y rezo. Pido por una buena estación de penitencia. A las cinco de la tarde, mis hijos ya están preparados, vestidos con su túnica de la Hermandad y ansiosos por llegar a la Parroquia para participar en nuestro día grande.

         En mi recuerdo, los inicios en el mundo cofrade, cuando éramos cuatro amigos que empezábamos nuestra andadura debajo, en la trabajadera de Nuestra Señora. A día de hoy, el nerviosismo es el mismo, pero entonces José, Esteban y otros, éramos la cuadrilla de los niños, y ved ahora por dónde caminan los niños. Aquí seguimos, incombustibles, trabajando cada año para tener a punto los tronos, adornándolos con flores, recogiendo lentisco, aunque ya Ismael sabe cuáles son los zumos del desayuno.

         Son las siete de la tarde, reunimos a los costaleros para darles una última charla. Los nervios son evidentes en sus ojos, algunos casi se desesperan de la impaciencia, y yo con mis palabras trato de calmarlos, aunque yo mismo hay días que me arrancaría los botones de la chaqueta. Somos una legión de espartanos con un mismo fin, acudir a nuestra particular batalla porque bendito apodo nos pusiste Antonio Barroso, que hasta nuestro grito de guerra es espartano.
        
         El momento más álgido llega cuando levantamos los pasos para dejarlos a ruedas, seguido de momentos de recogimiento y silencio, la cruz de guía en la puerta, que se abre, así como se abren las puertas del cielo, el Señor que sale maniatado y azotado, pero flagelado de vítores por el pueblo y consolado por las lágrimas de su Madre, lágrimas de consuelos para hombres y mujeres.

         En veinte años me han pasado muchas cosas, pero no puedo dejar pasar algunas anécdotas como, por ejemplo, tener que sacarle de la boca un chicle a un costalero en la recogida porque lo estaba masticando con el papel, te acuerdas José, o tener que partir las perinolas del palio porque no pasábamos y Antonio y yo que nos rasgábamos las gargantas en una de las maniobras, o momentos más difíciles como capataz, aunque también puedo decir que habré sido el único que ha parado un paso sin llamador, nada menos que con la nariz, empezar a sangrar y tener el propio Antonio que hacerse cargo del llamador en ese crítico momento.

         Pero todo tiene su recompensa, y llegó el día catorce de agosto de 2011 cuando hicimos historia en Cádiz procesionando en el Vía Crucis diocesano organizado por JMJ 2011, momento que no se me pasaba por la cabeza, momentos de miedo y dudas, pero como siempre caminando de frente.

         Señora, ya estamos de recogida, el Señor se vuelve al pueblo para dar la última bendición. Cada mecida con sus izquierdos cortos y su andar elegante. Con mi Cristo presente te pedí la mano para sacarte y aún hoy no me la has soltado. No hay momento más amargo que cuando llegamos a tu casa y me veo obligado a decir “ahí queó”. Y ahora a esperar otros 364 días para verte en la calle reluciendo tu rostro con la iluminación del pueblo y los flachs de las cámaras, y que tus espartanos te sequen tus lágrimas.

         Martes Santo, día de látigos, azotes, y lágrimas, por ti, Señor, sufriré por verte otra vez, por ti, Señor, pondré la otra mejilla, pero sólo y siempre por ti, mi Señor.

La tarde se desvanece
En látigos hundidos.
El sol se esconde,
Por no ver al herido.
El corazón cofrade alcalaíno
Sangra confundido.
No quiere ver maltratado
El cuerpo del Maestro Divino.
Tambores marcando su paso,
cornetas anunciando su grito.
Al Hijo en las calles
l
e rezan con mimo.
El Divino Maestro,
está siendo azotado.
Y el sol de mi pueblo
no quiere presenciar su llanto.

Llega entonces la más hermosa luna,
escoltada de velas desvanecidas.
Sale a la calle esa Luna,
consuelo de los pecadores.
Y a la Luna acarician,
tres divinas perlas,
que ángeles colocaron
para quitarle las penas.
Penas causadas del látigo,
roja la sangre para su eterno palio,
la más hermosa luna comparte la calle
en la noche señalada cada año.
mantilla negra lo acompaña,
rosario en la mano, el Hijo en la mente.
María consoladora,
aparece de repente.
              Llega hasta la Plaza,
           consolando a su pueblo.
                Mi pueblo reza
           para que no sufra el reo.
      Camina escuchando el redoble,
       camina escuchando el llanto.
          Pero sobre todo María,
              camina consolando.
        Y el sol vendrá y marchará
otro año,
sin olvidar nunca
que aquella tarde no pudo estar a tu lado.


MIÉRCOLES SANTO
El silencio y el recogimiento dan entrada al Miércoles Santo, se apagan las luces de la calle, lo soberbio y la seriedad se apoderan de las calles de nuestro pueblo, se abre la puerta de la Parroquia y una nube de incienso se apodera de la plaza alta. Esos pasos cortos de sus costaleros van acercando al Cristo al dintel de la puerta para que salga el Señor a dar perdón a nuestro pueblo. Se levanta el Cristo a golpe de tornillo, sin fin, para empezar con su andar sereno, solo se escucha la voz del capataz y el racheo de las zapatillas de sus costaleros.
Llevo debajo de ese paso casi 4 largos años, he visto desde el capataz tener que utilizar un segundo llamador, por llamarlo de alguna forma, a andar por derecho y de frente. He tenido y tengo buenos compañeros y sobre todo, a mi mejor capataz pero si hay algo que repetiría una y otra vez sería volver al mundo de la carga después de casi 15 años, a pedir trabajo en este oficio y volver a cargar con una persona especial. Una persona con la que empecé en este oficio de la trabajadera y lo mismo aparece con una camiseta de heavy metal para la salida procesional, que te da ánimos y fuerzas para seguir trabajando hacia su recogida.
No antes sin decir que van dos locos debajo de ese paso, dos locos por la Semana Santa de su pueblo y que aman este trabajo, el cual tiene como recompensa sacar al Señor del Perdón para hacer con Él su estación de penitencia.
Voy callado disfrutando de cada paso que se da de frente y de cada levantá que hacemos todos sus costaleros.
Recogimiento y seriedad para un Miércoles Santo en el que nuestro pueblo pide perdón por nuestras calles, perdón para el hijo del padre, perdón por tantas ofensas como hacemos, perdón para tantas mentiras que decimos y perdón por crucificar a ese Nuestro Señor llamado Jesús.
Llega ese Cristo a la Plaza Alta, sólo se escucha el mando de su capataz girando hacia la casa del Señor sabiendo que todo se acaba, que todo terminó por sus calles pero sabiendo que a repartido perdón a su pueblo y un destino sobrio ser el que muera en la cruz.


AL CRISTO DEL PERDON


Clavado en una Cruz, atormentado,
y más que el cuerpo el alma dolorida,
manando redención por esa herida,
abierta por la lanza del pecado.

Te contemplo mi Dios, crucificado
ofreciendo tu muerte por mi vida
mientras tu madre de dolor transida,
te ve morir, por todos ultrajado.

Abres los brazos a la humana fiera
y amplio perdón le ofreces con ternura
sin un reproche proferir siquiera.

¡Ay¡ Si a tu ejemplo el hombre se rindiera,
mostrando así su amor y su cordura,
¡En un edén el mundo convirtiera!


JUEVES SANTO

Ese jueves, su jueves, el pueblo visita desde muy temprano la Iglesia de la Victoria para contemplar a nuestro Señor Jesús Nazareno y a La Dolores, Nuestra Señora de los Dolores, que presiden el altar engalanados ya en sus tronos con el bullicio de los hermanos y hermanas a su alrededor dando los últimos retoques para la salida procesional de la noche.

El aroma a incienso y las marchas procesionales inundan el ambiente de la iglesia. ¡Se vive ya el Jueves Santo! A las ocho de la tarde comienzan a llegar a la casa del Señor nazarenos, mantillas, cargadores, y un sin fin de personas dispuestos a hacer su estación de penitencia junto a la Hermandad. En poco tiempo, el nerviosismo es patente en el patio interior. Sólo ha pasado una hora, y todo deviene en carreras y detalles de ultimísima hora resueltos con diligencia. Personalmente, recuerdo que, con tan solo diez años o poco más, llegaba con mi ropa para vestirme de Nazareno y hacer mi estación de penitencia. En realidad, es ahora, en la madurez, cuando considero que hago estación de penitencia; en aquella época, como cualquier niño o niña  de esa edad acudía porque mi única ilusión era salir vestido de penitente.

En la memoria guardo las urgencias de fiscales y otras personas ligadas a la Hermandad, las idas y venidas de un lado para otro, nerviosismo que se contagiaba a los pequeños que, poco antes de la salir a la calle, recibíamos los enseres de la hermandad: banderas, estandartes, peronias, faroles, etc, que sólo obtendrían los más avispados, porque hasta en eso había pequeñas disputas entre nosotros y había que echar mano de picaresca y salirse de la fila para llamar la atención de los encargados, quiénes solían premiar nuestra disposición con un estandarte o una bandera con sus peronias de acompañamiento: y era raro el año que no nos salíamos con la nuestra y conseguíamos portar con orgullo infantil alguno de los símbolos representativos de la Hermandad del Nazareno por las calles de nuestro pueblo.

Años más tarde dejé de procesionar de Nazareno porque me suscitaba curiosidad juvenil poder tocar un instrumento y formar parte del renacer de una banda que llevaría el propio nombre de Jesús del Nazareno. Como anécdota, decir que recuerdo a Juan Méndez decirnos en el último ensayo antes de nuestro primer Jueves Santo que si había algo que romper, ese era el momento y no el día de la procesión, y ¡Ea pues, ahí llega un servidor y rompe el primer pellejo de un tambor de la banda de Jesús del Nazareno!

Imaginen que ya es Jueves Santo. Ya es la hora en la que el Nazareno irrumpe lenta y dolorosamente por la puerta y la Alameda, abarrotada, presencia su caminar gaditano con su Madre María de los Dolores detrás con un estilo gaditano aún más puro y su palio meciéndose de lado a lado. Al son de las horquillas en el suelo ya está en la calle de Alcalá Nuestro Señor Jesús el Nazareno.


POESIA AL NAZARENO

Esa boca,
tan seca y estremecida
de haber sorbido las culpas
de nuestra humana malicia.
Esas manos, mi Jesús,
más que atadas, recogidas,
tan delicadas, tan suaves,
tan tiernas, tan compasivas.
Esa corona, Señor,
esa corona de espinas,
porque eres rey de la verdad,
legítimo Rey,
aunque parezca mentira.
Esos hombros poderosos
de apariencia tan exigua,
capaces de soportar
lo que se les eche encima.
Ese corazón, que late
al ritmo que el Amor dicta,
porque el Amor es la esencia
de la cristiana doctrina.
Y esa sangre redentora,
que a todos nos reconcilia.
¡Ay qué dolor tan inmenso
y, a la vez, qué inmensa dicha
ver a Jesús Nazareno
mecer su artesonado de corazones
en la noche alcalaína!


VIERNES SANTO

Hoy ya se aprecia el recogimiento en el pueblo. La Plaza de San Jorge, la Plaza Alta se viste de luto para recibir a la Hermandad del Santo Entierro, Hermandad antigua y con sangre nueva y laboriosa, Hermandad seria que tiene como fin acompañar al Señor hasta su eterno descanso.

Yace el Señor, que sale alzado desde la Parroquia de San Jorge Mártir con paso renovado, antes con estilo y trono malagueño, ahora mecido desde dentro suave y de frente. Gran parte de responsabilidad de eso la tiene un servidor.  Recuerdo que, años atrás salían tres pasos, uno con Cristo, otro con la Virgen de la Soledad con su cruz y escaleras detrás y uno más pequeño con San Juan y María Magdalena, el favorito de todos los jóvenes a la hora de cargar porque queríamos imitar a los mayores e ir cogiendo forma y actitud de cargador.

Recuerdo que con 12 años nos turnábamos para ir cogiendo ese paso poco a poco. En la actualidad, no me turno con mis compañeros en el costal, ya que soy el capataz de los dos únicos tronos que procesionan, y delego en mis ayudantes. Con la Asociación “Lágrimas de Columna” fue difícil el primer año y con dudas, pero hoy sale la Hermandad a la calle con solvencia, elegancia y seriedad para hacer su estación de penitencia el Viernes Santo,  caja de caoba, Cristo de Juan de Mesa, la soledad compungida en sus lágrimas de tristeza, y ahora acompañada en el mismo trono por San Juan y la Magdalena.


POESIA AL SANTO ENTIERRO

En Una Urna De Madera,
Entre Lirios Y Azucenas,
Descansa, Muerto, El Señor,
Que, Después De Crucificado,
Su Bendita Vida Entregó.
Muerto Y Encerrado En La Urna,
Cristo La Vida Entregó,
Crucificado En La Cruz
Por Pilatos, El Traidor.
Cuatro Ángeles Del Cielo
A Jesucristo Llevaban,
Muerto Y Crucificado,
Y, Con Dolor, Lo Sepultaban.
En Una Urna De Madera
Cristo Va Por La Puerta
De Los Cielos Eternos;
Llorosa, Detrás, Su Madre,
Y Le Lloran Hasta Las Piedras.
Costaleros, Costaleros,
Llevadlo Poquito A Poco,
Que No Va Dormido, Sino Muerto,
Y Le Pueden Sangrar
Las Heridas Que Le Hicieron.
Viernes Santo En La Noche,
Noche Triste, Y En Silencio,
Por Las Calles De Mi Pueblo
Pasa Jesucristo Muerto.

EPÍLOGO.

Para culminar con mi pregón, y con la Semana Mayor, no podía olvidarme del día más importante de la semana, Domingo de Resurrección. Después de la Semana Santa con más riqueza escultural por los alrededores, creo que sería injusto no acabar con el Señor Resucitado porque, de lo contrario, no sería pasión, muerte y resurrección del Señor, y desde aquí opino que, para terminar la Semana Mayor en lo más álgido, sería ideal que existiera en nuestra localidad una Imagen de un Cristo Resucitado que procesionara por nuestras calles como colofón a nuestra Semana Mayor.

Y también recordar a todas las hermandades presentes que deberíamos luchar todos a una, como hermanos, siempre con paso firme por el mismo camino, porque las imágenes son iguales aunque representativas de diferentes momentos de la pasión de Jesús. Desde aquí deciros que siempre he sentido que Dios va delante de nosotros y que por mucho que dudemos o sea difícil, si creemos en Él, nunca nos equivocaremos, porque Dios siempre quiere lo mejor para nosotros, nuestra felicidad y la de todos los hermanos. Tenemos que apoyarnos unas a otras para que el camino sea llano y apacible, siempre andando de frente con pasos cortos pero firmes, todos por igual mis valientes, la misma levantá que se hace hoy para empezar nuestra semana santa.

¡¡¡A esta es!!!!

He dicho.
                  


                   Vicente Cabrera del Valle
Parroquia de San Jorge Mártir
Alcalá de los Gazules

22 de Marzo de 2015







El tiempo que hará...