domingo 22 de noviembre de 2009

Jornadas de Homenaje al Maletilla

Hemos recibido una nota de agradecimiento del coordinador de las jornadas y un vídeo sobre el acto de la presentación de estas jornadas que yo os dejo aquí para que lo veáis.


Una vez finalizadas la jornadas del evento "Homenaje Nacional a los Maletillas", celebradas del 30 de octubre al 1 de noviembre con gran éxito, queremos expresarles nuestro agradecimiento por el tratamiento que le han dispensado a todos los actos del Homenaje en el magnífico Blog de Mi Alcalá.
Saludos cordiales.
Rafael Crespo Camacho, Presidente" Peña Amigos del Camino"
Juan M. Rodríguez González (Juan Ulloa)Coordinador "Homenaje a los Maletillas"




Este otro vídeo con fotografías de las jornadas me lo he encontrado por ahí. Gracias a Pedro Gutiérrez por subirlo.

El tiempo en Alcalá

A partir de ahora ya no te hará falta cargarte las noticias de la tele para enterarte del tiempo que hace y que hará en nuestro pueblo. Nosotros te daremos los datos en el Blog. Solo tienes que mirar en la parte de abajo de la página y verás algo así como esto:


El tiempo de hoy y de los días siguiente. Ya sé que el de hoy no te hace falta que te lo diga nadie, con levantar la vista y mirar el cielo es suficiente, pero como hace bonito...

Ya sabes, en la parte de abajo de la página... información actualizada todos los días (aunque si no acierta, no me eches las culpas a mí, yo solo lo he puesto)

sábado 21 de noviembre de 2009

Memories of Alcalá 13: The Black Market

Spanish original


The shortages of the postwar era couldn't have hit Alcalá at a worse time: the fields had been abandoned; the able-bodied workforce had been recruited intoto the Civil War - many young men were recruited twice over; essential goods were scarce; certain measures were imposed by Franco's regime to relieve the famine; and many other misfortunes all landed on a large part of the population. Not only was there unemployment and a shortage of work, but basic foodstuffs were in short supply. As a consequence, many people turned to the "black market".

The word for black market, estraperlo, had its origin in a game of foreign invention, a type of roulette, which permitted the banker to manipulate the game [by pressing a secret button] in order to win. It was invented in the 1930s by a Dutch Jew (Strauss) and his colleague (Perlo), and from a combination of their abbreviated names came the word "Straperlo". In Spain, in 1934, some public personalities wanted to introduce it into the Casino of San Sebastian, although the police closed it after a few hours because the game was prohibited. Subsequently the name was used metaphorically to describe the black economy and clandestine trading of essential goods for financial gain.

Food producers and sharp-witted businessmen made a killing on the black market in the postwar period. This was a hard, cruel era of Spanish history. According to some historians it lasted ten years, from 1940 to 1950; according to others, fifteen years from 1940 to 1955, and yet others claimed twenty years, up to 1960, although in a more moderate form. In Alcalá it was as bad as everywhere else. Franco's regime wanted to control the situation with three measures: an autarchic political economy, ration cards, and foreign aid from friendly countries.

The first measure was to demand from millers the maquila, that is, the portion of grain, flour or oil which they got in exchange for the milling. This failed to be applied to all the wheat, oil and cereals harvested during the year, because an unspecified part was hidden and sold on the black market. The ration cards also ended up on the black market, because many people sold them to the highest bidder. And the goods sent by friendly countries hardly ever reached their destination, because certain bureaucrats and distributors offered them to the black marketeers.

Within this world of famine and the black market, nobody could control the fraud and trickery. Everybody knew full well where they could get their basic goods, but it must be noted too that Alcalá was on the contraband route between Gibraltar and Jerez. It was like a gateway, through which the finest foodstuffs passed on their way from the countryside and the mountains. That world belonged to a more ancient practice, of which we will speak on another occasion – smuggling.

I remember, in this respect, that there was a food made from flour, water, oil and sugar which relieved much hunger. It was called poleadas or gachas, but we children called it espoleá [from the verb espolear, to spur on]. We hated it desperately, but it quelled a lot of hunger in Alcalá. One day I went with Father Manuel to visit a sick old woman. When we arrived at the house, we found a pathetic scene. The old woman and her son were embroiled in a violent argument, the two of them fighting over who was eating more spoonfuls. Father Manuel restored order, making them each eat a spoonful in turn instead of two at a time. These scenes were repeated frequently, provoked by the hysteria of starvation. It wasn't unusual to see children in the streets with their bellies swollen with malnutrition. There were cases of children who died of hunger.

JUAN LEIVA
Translated by Claire Lloyd

jueves 19 de noviembre de 2009

EVOCACIONES ALCALAÍNAS

19.- Pan, chacina y queso

Hay tres cosas que un alcalaíno nunca olvidará fuera de su tierra: el pan, la chacina y el queso. El pan de Alcalá tenía fama en toda la comarca. Lo llevaban a Cádiz, a Jerez, a Algeciras...Había un molino de trigo en el “Prao” y allí iban a adquirir la harina todas las tahonas del pueblo. El molino era de Julio Romero y estaba poco después de finalizar la bajada de la cuesta de “La Salá”, a mano izquierda. Julio Romero era compadre de su padre, porque había sido padrino en el bautizo de Salvador, el más pequeño de los 11 hijos por aquellas fechas. Después fueron trece.

Gracias a ese detalle, a ellos no les faltaba el pan ni la harina para las “poleás”. Y cree que aquel molino se movía con el agua del río Barbate. Había otro molino que se ve todavía desde San Antonio, situado sobre un cerro y que sus aspas se movían con el viento que continuamente soplaba en el lugar. Era una estampa muy bonita que gustaba ver cuando se entraba en Alcalá por San Antonio. Lo que no recuerda es si era de harina o de aceite. Todavía se ve entero y airoso como si fuera obra de romanos o de moros.

Había varias tahonas donde se hacía un pan exquisito en hornos de leña. Una estaba en la Alameda y era de Pileta el municipal. Cuando sacaba las teleras del horno, olía a pan y a roscas benditas por toda la Alameda. Otra era la de Agustín Pérez, que estaba a mano izquierda de la cuesta que baja desde la calle Real hasta la Playa. Y la otra estaba en el callejón de Bernardino, el horno de Luna, todavía en activo en el mismo lugar. Cuando va a Alcalá sube por la calle Real y se mete por el callejón de Luna para comprar pan, tortas de aceite y molletes.

La otra elaboración artesana de Alcalá era la chacina. Antes de Navidad se hacía “la matanza” y era un auténtico rito. El matarife era un hombre experto que le daba espectáculo y ambiente a la faena. Pero toda la familia se veía involucrada en las tareas de la elaboración de las morcillas, chorizos y chicharrones. Desde el principio, había una garrafa de media arroba para los hombres de la matanza. La matanza se hacía en el patio de la casa, a hora temprana, para que diera tiempo de recoger toda la carne, el tocino y los embutidos. A mediodía, un olor seductor se extendía por toda la calle. La gente lo captaba al vuelo y decía: “Ahí están de matanza”. Eran cerdos ibéricos criados con bellotas de los Alcornocales, pero hoy es difícil saber con qué piensos se crían los cerdos.

Muy cerca de su casa de la calle la Amiga, Manuel Romero, “el de Trinidad”, tenía una tienda, junto al bar de Vicente, donde vendía habitualmente chacina hecha por él. Manuel era muy amigo de su padre y se sentaban los dos a tomar café en el bar de Vicente Jiménez, al comenzar la calle la Amiga. Los aromas de los adobos cocidos con la carne llegaban hasta la Playa. Cuando volvían de la Escuela de don Manuel, por la tarde, cogían una rebanada de pan caliente con manteca “colorá” y un trozo de lomo o chorizo enmantecado. Con aquellas calorías aguantaban jugando hasta la hora de la cena. Pero el producto insuperable, que nadie podía plagiar, eran los chicharrones y la asadura de Alcalá. El morcón, la morcilla, el chorizo y los chicharrones eran también sabores imperecederos. Nunca se habló del colesterol en Alcalá, porque los animales eran sanos y sus productos hechos por gente sabia.

Cuando se fueron a Jerez y, poco después, llegaron Manuel y Trinidad con los hijos, se reunían por Navidad, compraban unos kilos de carne y Manuel hacía la chacina al estilo de Alcalá. Era riquísima, pero el mismo Manuel nos decía que no podía ser como las de Alcalá, porque la materia prima de los cerdos era distinta. Había mucha distancia entre los cerdos de los Alcornocales de Alcalá y los que se vendían en las carnicerías de Jerez. Los chavales estaban fuertes, pero no espelotados, porque era un alimento ideal para los niños, adolescentes y jóvenes..

El otro producto artesano era el queso. Éste exigía una elaboración especial y no todo el mundo lo sabía hacer. Pero había familias que lo hacían por tradición y conservaba su estilo de generación en generación. Frente a la cutiduría de Antonio Mansilla, en la calle Real, había una viejecita que se llamaba Vicenta. Tenían una tiendecita donde vendía queso emborrado. Era un queso especial, curado en borra, de fuerte olor y un sabor exquisito para comerlo con pan de Alcalá. En las épocas de verano y otoño, los chavales merendaban pan con queso. Los chavales ya decíamos: “Pan y queso saben a beso”; y “Pan, queso y uva, saben a beso de cura.” Yo no sé de dónde salían esos apotegmas.

Ahora sigue habiendo queso en Alcalá y muchas personas van a comprarlo allí. Yo no sé si es aquel queso que se comía de niño, porque las evocaciones infantiles del color, olor y sabor no engañan. Pero lo compran porque Alcalá vive de sus rentas y de aquel dicho que dice: “El que tuvo, retuvo”.



JUAN LEIVA

miércoles 18 de noviembre de 2009

Memories of Alcalá 18: The Levante

Spanish original

Every year without fail the Levante would make an appearance. It came out of nowhere, with no warning, but people said it wouldn't stop until after a certain number of days – always an odd number, one, three, five … I didn't know of anything to support this theory, but it never failed. It was one of those things the older people said.

The Levante is the wind which blows from the East, from the Mediterranean, from where the sun rises each morning. It would come tearing through the ravines and river valleys until it crashed into the mountains with their high peaks. From there it reached at full blast the bastions of Alcalá and Medina. For the older people it was a nuisance, disorientating, a real pain. For the children it was a party, liberating, a game with the forces of nature.

At school, when we heard the roaring of the air in the windows, we knew the Levante had arrived. After school we went up through the steep winding streets to play in the archway on the Plaza Alta. We dumped our satchels, unbuttoned our school overalls and opened our arms in the form of a cross. The wind raged round the entrance to the old Town Hall and we made bets as to how long we could stand there without moving, challenging the Levante. The Levante always won in the end, dragging us over to the wall opposite.

Another game was to play football against the Levante. We kicked the ball with as much force as we could, but the Levante always returned it with still greater force. Each time the Levante got the ball into the doorway, it was a goal. Sometimes the ball took off at top speed down the street until it almost reached the Alameda.

Since then I have only once seen a force more powerful than the Levante; that of the sea at the Atunara de La Linea. The waves reached seven or eight metres high and dragged the fishing boats from their moorings. Big ships were wrecked beyond repair.

Another game was to shout and shout until we couldn't hear the roar of the wind. It was impossible, and though we yelled ourselves hoarse we couldn't get on the same sonic wavelength. We went home exhausted and weak, with no voice left, and starving hungry. Our parents knew what we had been up to and said nothing, as if remembering the happier days of their own childhood. When the Levante lasted more than three days, people despaired because it would drive them crazy. But there was always some child playing ball in the street.

They say the Levante originates from a depression over the Mediterranean. Then, a mass of warm, moist air swirls up from the sea and produces black clouds, which end up depositing heavy rainfall when they hit the mountains. The environment which this creates is not good either for mankind or for the crops, because it encourages pests in the countryside, like the aphids which eat the leaves and tender parts of the plants.

One night, the Levante became even fiercer than usual. It started off as a high-pitched wail and ended up a menacing roar. The windows could barely withstand the battering and the windowpanes shook. We children hid under the blankets to escape the roaring of the wind, and managed to get to sleep. But the grown-ups got up to fasten the doors and the shutters because they were so worried by the strength of the wind. The next morning, it was said that the Levante had blown down trees and destroyed the crops, and the weather-vane on La Victoria had been shattered. On the third day, it stopped. What a force!

JUAN LEIVA
Translated by Claire Lloyd


martes 17 de noviembre de 2009

ALCALÁ DE LOS GAZULES VISTO DESDE UNA VENTANA

Nuestro agradecimiento a Andrés Romero Torres, por hacernos gozar de esta maravillosa vista desde una ventana.

jueves 12 de noviembre de 2009

REGRESO DE UN ALCALAÍNO


Ha pasado mucho tiempo. Por circunstancias de la vida, nuestro amigo y antiguo alumno de la Sa.Fa. de Alcalá de los Gazules, Manuel Gómez Romero, ha vuelto después de 53 años. Se marchó con 10 años pero siempre tuvo en su mente y en su corazón el regreso a su tierra, a la que tanto deseaba volver. Cuando se creó la Asociación de Antiguos Alumnos de la Sa.Fa. lo buscamos mucho, pues creimos que debía pertenecer a la Asociación. Una vez localizado en tierras catalanas, hablamos con él y se unió a nosotros. Lo curioso de esta historia es que cuando se abrió el "Convento", Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia, el primer niño que se apuntó era él, el primero que consta en el libro de registro del colegio.
Fuimos recibidos por la Directora del Centro Isabel Mansilla Romero y la Jefa de Estudios María del Rosario Puerto Nieto, que obsequieron al visitante con un detalle.
Coincidió con su antiguo maestro, Juan Coca Visglerio, en la puerta de la Farmacia de Galán y ahí queda esta foto para el recuerdo.

En su visita a las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia, quiso hacerse esta fotografía en su antigua clase.

Don Ángel, profesor de la Sa.Fa. le estuvo enseñando el colegio, las clases de arriba, el patio de recreo, el principal y el del magnolio y donde estamos ahora, la antigua capilla, habilitada como lugar de juego para los más pequeños cuando está el tiempo lluvioso.

ALCALÁ DE LOS GAZULES - II CONCURSO DE ACOSO Y DERRIBO

Nuestro agradecimiento a Francisca Romero Fernández, por hacernos llegar este cartel.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Memories of Alcalá 16: Stallions in San Antonio

Spanish original

In San Antonio, one of the old roads leading into Alcalá, there was a big courtyard and a stable. Once a year, stud-horses were brought from the Cartuja de Jerez to cover the mares of the town. This event had two announcements: one official, for the breeders who had stables and wanted to get pure-bred foals; the other clandestine, for the children, communicated via their friends, to go and watch the spectacle of the covering of the mares.

Four soldiers from the cavalry breeding stables brought them from Jerez in a lorry the day before, and put them in the stable to rest and get a good feed. It was a mystery how the kids found out about the arrival of the stallions, but however it happened the word soon got round, and the next day after school a little group of us went through the Plazuela and down the hill to San Antonio without telling anyone where we were going.

As if up to no good, we silently approached the half-open gate to the yard where the stud-horses were. In the middle of the yard were two formidable equine examples; alert, well-endowed, skittish, ready to accomplish the mission that had been entrusted to them. The owners of the mares waited in the entrance. The mares were cleaned, bare-backed, and held only by the bridle. The stallions appeared to be conscious of what they had to do, but the mares were distracted, haughty, looking out of the corner of their eye as if suspicious of the encounter.

A soldier ordered the men to bring in the mares. They told us children we could not come in but they left the door ajar so as not to deprive us of the spectacle. The mares were led to one corner to await their turn. We did not miss a single detail. They brought out a sorrel, the colour of cinnamon, well-groomed, handsome and raring to go, as if it were his wedding night. They gave the signal for a mare to be brought over. The soldier started to tease the stallion's organ to bring it to a state of readiness. The stallion gave a snort and started to tremble.

When he saw the mare, his erection grew enormous, he raised his front legs violently and placed himself on top of her. After a few seconds, he suddenly thrust his penis into the mare's vulva and flooded it with semen, doing honour to his name [stallion in Spanish is semental]. You could have heard a pin drop; it was like a sacred ritual. The spectacle lasted several minutes. The horse withdrew, satisfied, and we children watched every move. The soldiers closed the gate and off we went, going over the details of everything we had seen. It was a masterly lesson, honest and educational, which we would never forget.

We went back through the Calle Centeno, the Callejón del Gato and the Calle las Brozas to the Calle Real. We were pleased with ourselves, we had learned a good lesson, much better than those conversations we'd had so many times and which never left you any the wiser. From then on, we would feel ourselves one grade up from our companions who hadn't been there.

And now, when we see fine horses going through the streets of Alcalá or on the Romeria to Los Santos, we say to each other: “That's the son of a stud-horse”. In those days there were indeed some fine equine specimens in Alcalá, and good riders. I recall that during the 1940s in Alcalá there were only three or four cars, a couple of lorries, and the buses that passed through on the way to Cádiz and Algeciras. Horses, carriages and carts were the norm.

Every morning the men rode off on a horse, a mule or a donkey and came back at dusk. The animals were left tied to rings at the entrances to the bars while the men drank a few glasses of wine. Some, having drunk more than they could pay for, would appeal to friendship and exchange their packets of tobacco, their flint lighters or even their donkeys. But that night, the children dreamed of the wonders of nature and the stallions.

JUAN LEIVA
Translated by Claire Lloyd


martes 10 de noviembre de 2009

6ª EXPOSICIÓN AVÍCOLA GADITANA

Organiza esta Exposición la Asociación "Los Alcornocales, Asociación de Criadores Gaditanos de Gallinas Andaluzas", con sede en Alcalá de los Gazules. De los 12 socios fundadores, 10 son nacidos en Alcalá de los Gazules. Nuestro agradecimiento a Francisco Manuel Gallego Puerto por todo el interés que se toma para fomentar la crianza de estas gallinas.

Memories of Alcalá 15: Edible Wild Plants

Spanish original

In Alcalá there existed a rich variety of edible wild plants. They were eaten as wild vegetable produce or as seasonal fruit, much appreciated especially by the children. Nobody cultivated them and they appeared punctually each year on the commons and wasteland. The children knew them all, and on Thursday afternoons, when there was no school, we would go out into the countryside in search of its fruits. They were the plants which God gave to the poor and to the children, without anyone having planted them. In the postwar era there were many families who made a living from wild asparagus and edible thistles.


The most popular wild plant was always the asparagus [Asparagus acutifolius]. The asparagus plants of Alcalá were so famous that people came from far and wide to search for them or to eat them in the local restaurants. It has still not lost its prestigious reputation. It is a plant from the lily family, very common in the whole province, but the best plants were found in the interior triangle between Medina, Alcalá and Paterna. They called it espárrago triguero [wheat asparagus] because it was said that the best plants grew alongside wheat-fields. The plants produced their stems with the first rains and the sunshine of our region. There was a place between Alcalá and Paterna known as “Mesa del Esparragal”, i.e. a place full of asparagus. It was used in many incomparable home-made dishes; in stews, fried, mixed with scrambled eggs, served with hot gazpacho, made into omelettes ...

Another plant of well-deserved fame was the tagarnina [Scolymus hispanicus - golden thistle or Spanish oyster thistle]. It was given its name by the Moors: “ta-karnin” or milky thistle. It is a species of edible thistle belonging to the family Compositae. The stems of its leaves, stripped of their spines when still tender, are much enjoyed sautéed with other components of the famous berza alcaláina [a type of stew]. But it was also used in combination with asparagus-based dishes. It couldn't be used on its own, because it was a tough, wild plant which grew in the most difficult places. It was the cookery of Alcalá which made the most use of the tagarnina. In other places they didn't know how to combine it with the other ingredients of the berza.


The cardo [artichoke thistle] is similar to the tagarnina, but with more diverse uses. It has spiny leaves and round blue heads. It is scraped to obtain the clean fleshy parts and the tender, edible part is cut into pieces. It too is exquisite in the berza, but the fleshy parts are also fried at Christmas. The smallest ones are called cardillos and are also much used in home-made stews. There are many other types of cardo: borriquero, with curly, spiny leaves and purple flowers; corredor, with thorns on the edge of its leaves and spiny fruit; estrellado, with hairy stems, leaves and flowers with white spines; lechar, with a woody stem covered in sticky fluid, and orange flowers; and santo, which has a furry quadrangular stem, veined leaves and yellow flowers, and is used as a medicinal plant.


The palmicha, or fruit of the palmito [European fan palm] was much enjoyed, a type of sour berry which became sweet when ripe. They started off green, turned yellow and ended up red. The stems and hearts of the same plant were delicious too; today they are cultivated and I have seen them used in restaurants in mixed salads. But the cultivated palms never have that pure, wild flavour of the palmitos of Alcalá. With their leaves, the country folk made tomizas, plaited threads used to make ropes to tie up sacks or animals, or slings to throw stones. This was taught to us by the Romans and the name tomiza is Latin. The Roman soldiers used the slingshots as arms against the enemy.

The mirto [myrtle], a type of shrub, looked very similar to brezos [heathers], agracejos [berberis] or lentiscos [mastic]. It produced a small, round fruit with an agreeable flavour; they were deep blue covered by a whitish bloom. We ate them by the handful and our mouths would be dyed blue.

The majoleta or majuela was the fruit of the white hawthorn, a plant from from the rose family with white thorns, wedge-shaped toothed leaves, white flowers and a very sweet fruit. They released a sweet juice which made your hands sticky. In some places they are called wild plums. They are generally associated with the worm of the olive tree. In some zones they are grafted with the nispero [medlar].

The zarzamora or zarza [bramble or blackberry] was abundant in the gulleys, riverbanks and other damp places. It is a thorny plant of the rose family. The children liked it because it provided two edible products: one was the tender stems, before they hardened and became spiny. When the skin was stripped off they provided a pleasant but indefinable mouthful. But more precious were the berries, known as moras, shaped like little pine-cones composed of clusters of tiny fruit, with a delicious flavour.

Among the most popular fruits were those of the madroño [arbutus or strawberry tree], an evergreen shrub belonging to the Ericaceae family. It was very common in the shady mountains around Alcalá. It was associated with espino [hawthorn], [wild laurel], agracejo [berberis], and lentisco [mastic]. It was also found on the riverbanks with the adelfas [oleanders] and ojaranzos [rhododendrons].

This is a topic which deserves much more space, but I want to limit myself to what I personally remember from my childhood in Alcalá. There is much more to the local flora than all this. Another day we will devote some space to the trees and shrubs of Alcalá.

JUAN LEIVA
Translated by Claire Lloyd

sábado 7 de noviembre de 2009

HOMENAJE NACIONAL A LOS MALETILLAS EN ALCALÁ DE LOS GAZULES

EL ESPÍRITU DEL MALETILLA PARA SIEMPRE EN ALCALÁ
El Homenaje Nacional al Maletilla, celebrado este pasado fin de semana en Alcalá de los Gazules, toma tintes de irrepetible en la historia de la tauromaquia. De éxito rotundo se podría calificar lo acaecido en estos multitudinarios actos a los que han acudido antiguos maletillas, unos previstos y otros imprevistos llamados al conocer el evento por distintos medios de comunicación. Dos jornadas emotivas protagonizadas por personajes más o menos conocidos, en cualquier caso unidos por un nombre propio y a la vez común a todos que fue el Maletilla.
Los actos dieron comienzo en la tarde del viernes con la inauguración de la Exposición “Homenaje Nacional al Maletilla” en el Centro Cultural Santo Domingo con carteles, prendas cuadros relacionados con ellos, esculturas de quien fue maletilla como José Yáñez “Figurita”, fotos de ganaderías de la zona y de la Plaza de toros de Alcalá.
En este magnífico recinto polivalente, en su nave central, tuvieron lugar las ponencias que dieron comienzo en la mañana del sábado con seguimiento absoluto por parte de todos los participantes, intervinientes y no. Lo actos dieron comienzo con la bienvenida por parte de D. Gabriel Almagro, Delegado del Gobierno en Cádiz, D. Arsenio Cordero, Alcalde de la localidad, D. Rafael Crespo y D. Juan Ulloa máximos organizadores del Homenaje, presentados por D. Luís Rivas del Grupo Información. En este saludo se escucharon palabras como “todos lo que estamos aquí tenemos un torero dentro”, “Alcalá posada de hospitalidad” o “fue el maletilla parte indispensable de este paisaje”.
El primer coloquio fue “Del Maletilla a las Escuelas” moderado por D. Juan M. García Candón, Presidente de la Tertulia Cambio de Tercio y fundador de la primera Escuela de Tauromaquia Gaditana. Contó con Eduardo Ordóñez, Presidente de la Asociación de Escuelas Taurinas de Andalucía, quien dijo haberle llegado este homenaje al corazón, y pidió mantenerse el apoyo de las instituciones a las Escuelas. El matador de toros Andrés Vázquez, durante 12 años maletilla, dijo haber llegado a sentir la muerte muy cerca en aquellos tiempos por la dureza de las circunstancias y relacionó el conocimiento de España con el conocimiento de la fiesta. Juan Antonio Ruiz “Espartaco” apuntó que los maletillas habían sido grande héroes que en muchos casos entendían mejor el ganado que las propias figuras, por último agradeció este homenaje “a un personaje quien en mucho casos dejó su propia vida por cumplir un sueño”. Juan Cabañas Rojas, Jefe del Servicio de Juegos y Espectáculos de la Delegación del Gobierno de Cádiz, apoyó a las Escuelas como ayuda fundamental para enseñar la técnica del toreo, desarrollando cada joven sus innatas cualidades. Cerraría Antonio Márquez, exmaletilla quien embargado por la emoción reconoció haber sido maletilla entres los 12 y 17 años, compartir momentos malos y buenos conservando en el recuerdo estos últimos, agradeciendo a Alcalá aquellos años que marcaron su vida.
“El Toro Bravo” fue la segunda de las conferencias a cargo de D. Álvaro Domecq Romero. El ganadero dijo de Alcalá ser un pueblo brillante como la cal, recordó como los maletillas dormían en piña y observaban las faenas de las grandes figuras. Reconoció ser una maravillosa escuela de la vida, la que él compartió en algún momento cuando quiso ser torero. Apenas pudo articular palabra el matador sanluqueño José Martínez “Limeño”, sus palabras siempre fueron de agradecimiento en especial a Diego Romero. Sus palabras entrecortadas recordando aquellos arroces y calderetas de les hacía Pizarro, en aquel ambiente de humanidad especial, levantó al público de los asientos. También intervinieron los ganaderos Lucas Carrasco y Marcos Núñez quienes dieron a conocer valores de estos personajes en la ganadería como el respeto entre todos. El acto fue moderado por Jerónimo Roldán de Onda Jerez.
“El Reglamento Taurino y su Aplicación Práctica” cerraría los actos matinales. Moderado por Francisco Orgambides de Diario de Cádiz intervinieron Anabel Moreno, Presidenta plaza de toros de la Maestranza, quien reconoció como grandes aciertos del reglamento los reconocimientos en el campo, el privilegio que es ser presidenta en virtud a él, ser una norma consensuada por todas las parte de la fiesta en la que todas tuvieron que ceder y ejemplo para otras comunidades autónomas. Macarena Bazán, Directora General de Juego y Espectáculos, abogó por un reglamento consensuado para todas las comunidades en su parte central que difiera sólo en tareas administrativas, también dijo debe recoger lo que demande la sociedad y pidió en su aplicación el sentido común en muchos casos. Por su parte el veterinario Agustín Díaz Pérez, afirmó que este reglamento dejaba muy claras las funciones de su gremio. Fue invitado a participar Rafael Sestelo, presidente de la plaza Real del Puerto, para admitir como un gran acierto el permitir la asistencia de los aficionados a los reconocimientos, por los que estos se hacen “con luz y taquígrafos”.
Finalizada la jornada todos los participantes con el Consejero de Gobernación de la Junta a la cabeza Luís Pizarro, se desplazaron al patio interior de la casa que aún alberga parte del tendido de lo que fue la plaza de toros de Alcalá en el Paseo de Mochales, hoy la Playa, donde se respiró la torería que aún alberga y donde tuvo lugar la foto de familia.
En el magnífico local propiedad de los Amigos del Camino tuvo lugar una comida que además de cordial contó con detalles como el de titular las mesas con nombres de añejas ganaderías de la zona en el recuerdo de los protagonistas de estas jornadas, los Maletillas. Sin duda, el momento más álgido y emociónate fue el descubrimiento de la maqueta del futuro monumento obra del artista local Jesús Cuesta Arana. En este singular grupo escultórico quedará perpetuado lo que para su autor es símbolo y ejemplo para posteriores generaciones del “Espíritu del Maletilla”.
En los actos de cierre de este brillante sábado, durante una cena-buffet-baile, a todos los maletillas se les entregó una reproducción de este excepcional Monumento. Algunos de estos fueron: Curro Montenegro, Limeño, Andrés Vázquez, Antonio Pérez, Juan Garcia “Casereño”, Manuel Rosado, José Tocino, José Pérez Guerra, Monedero, El Platero, Ricardo de Fabra, Felipe Romero, Rebujina, Chano Rodríguez, Antonio Lozano, Sacromonte, Manolo Aibar, José Osuna, Riverita, José Aragón, Juan Arias, José Yáñez “Figurita”, Diego Moreno, Jesús Manso, Sevillita, Eduardo Ordóñez, Pepín Vázquez, entre muchos otros.
Las palabras del Consejero de Gobernación D. Luís Pizarro, apostando por la fiesta como bien cultural, además de generar economía y ayudar al ecosistema, pusieron broche con el compromiso verbal para que todos los presenten quedaran perpetuados en esta obra culmen de Cuesta Arana.
En la jornada dominical fueron los maletillas los principales protagonista en un tentadero que tuvo lugar en la Finca Montebajo de los Hermanos Núñez Coronel. A la vieja usanza, por riguroso orden de llegada fueron cogiendo turno para disfrutar frente a unas vacas que dieron excepcional juego y donde actuaron desde el más veterano hasta el más joven. En la tienta estuvo siempre atento el novillero Fran Gómez, quien estuvo presente en ambas jornadas.
Llegada la noche, los hatillos de los veteranos maletillas fueron recorriendo nuestra geografía y algunos hasta Francia de vuelta a casa. Allí, entre amigos y familiares, recordaran estos días de ensueño, entre sonrisas y lágrimas, entremezclando sentimientos que fueron forja de hombres buenos. Pronto su deseo de volver para inaugurar este monumento será una realidad. Una obra nacida de las manos y el corazón de un artista donde son ellos los únicos y principales protagonistas.
Ya sólo queda felicitar a todo el personal que ha colaborado en tan emblemático evento: Rafael Crespo, Juan Ulloa, Luís Rivas, a la comisión técnica, al comité organizador, asesores, colaboradores, comité de honor, a todos los miembros de la Peña Amigos del Camino y por supuesto al Pueblo de Alcalá de los Gazules con Arsenio Cordero como máximo representante. Gracias por ver lo que nadie vio, gracias por ser la voz de lo que nada fueron, gracias por hacer grandes a modestos personajes. Gracias amigos.
Sergio Pérez Aragón

HOMENAJE NACIONAL A LOS MALETILLAS EN ALCALÁ DE LOS GAZULES






























Nuestro agradecimiento a Juan Rodríguez González "Juan Ulloa", por habernos facilitado estas magníficas fotos para su publicación.

viernes 6 de noviembre de 2009

EVOCACIONES ALCALAÍNAS

18.- El levante

Todos los años, invariablemente, hacía su aparición el levante. Llegaba de improviso, sin avisar, pero la gente decía que no se iba hasta después de varios días, siempre impar: uno, tres, cinco...No sabía en qué se apoyaba la teoría, pero no fallaba. Eran dichos de los mayores. El levante es el viento que sopla de Oriente, del Mediterráneo, por donde se levanta el sol cada mañana. Viene sorteando quebradas, valles, ríos, hasta chocar con los montes, con las altitudes y las cumbres. De ahí que llegaba enfurecido a los bastiones de Alcalá y Medina. Para las personas mayores era una lata, un desconcierto, un palizón. Para los chavales, una fiesta, una libertad, un juego con las fuerzas de la Naturaleza..

Cuando en la Escuela se oía el rugido del aire en las ventanas, sabían que ya estaba allí el levante. Al salir, se iban a través de los vericuetos empinados de las calles y se dirigían a jugar a la arcada de la plaza Alta. Dejaban los portalibros, se desabrochaban el babi y abrían los brazos en forma de cruz. El levante se ponía furioso en la bocana del Ayuntamiento viejo y se apostaban sin moverse retando al levante a ver quién podía más. Al final, siempre ganaba el levante arrastrándolos hasta la pared de enfrente..

Otro juego era el de la pelota contra el levante. Le daban patadas con toda la potencia, pero el levante las devolvía con más fuerza aún. Cada vez que el levante conseguía que la pelota atravesara la bocana, era un gol. A veces cogía la calle abajo a toda velocidad y llegaba casi hasta la Alameda. Sólo ha visto, después, una fuerza más poderosa que el levante, la del mar en el mar de la Atunara de La Línea. Se levantaban olas de siete y ocho metros de altura y arrastraban las naves amarradas de los pescadores. Grandes buques naufragaron allí sin remedio.

Otro juego era gritar y gritar para acallar el rugido del levante. Era imposible y quedaban afónicos sin haber conseguido que los sonidos fueran trasladados por las ondas hercianas. Volvían agotados, sin fuerzas, sin voz y muertos de hambre. Los padres ya sabían de dónde venían y no decían nada, como evocando tiempos mejores de la niñez. Cuando el levante duraba más de tres días, la gente se lamentaba porque la cabeza se ponía tarumba. Pero siempre había un niño jugando a la pelota con la calle.

Dicen que el levante está originado por una depresión que existe en el Mediterráneo. Entonces, las masas de aire húmedo y templadas alborotan el mar y provocan nubes negras que acaban en lluvias abundantes al chocar con las montañas. El ambiente que se crea es poco agradable para el hombre y para los sembrados, pues favorece plagas en el campo, como el pulgón, que se come las hojas y las partes tiernas de las plantas.

Una noche, el levante se puso más furioso que de costumbre. Era un sonido agudo en un principio, que terminaba en rugido amenazador. Las ventanas no resistían el embate y los cristales temblaban. Los niños se escondían bajo las mantas para no oír el rugido del aire y poder dormir. Pero los mayores se levantaban para asegurar las puertas y las maderas de las ventanas, porque sonaban inquietadas por la fuerza del aire. A la mañana siguiente, se comentaba que el levante había caído árboles, había arrasado los sembrados y la veleta de la Victoria se había derrumbado. A los tres días, se marchó. ¡Qué fuerza!



JUAN LEIVA

miércoles 4 de noviembre de 2009

HOMENAJE NACIONAL A LOS MALETILLAS EN ALCALÁ DE LOS GAZULES









































Nuestro agradecimiento a José María Gómez Reyes, autor de las fotografías.

lunes 2 de noviembre de 2009

Memories of Alcalá 9: The Virgin and the Sanctuary

Spanish original


"On Saturday morning we're going to Los Santos”, Father Manuel said to me, elated, “so you'll need to get your parents' permission. We'll leave early and come back in the evening." Father Manuel loved to visit the Sanctuary. It was an act of devotion which he held dear, as did all Alcaláinos and also others further afield. I went home brimming with excitement and announced the news. “Tomorrow we're going to Los Santos” - just as Father Manuel had said - “We're going to say a Mass that a family has asked for.” I said this with the conviction that my father would not oppose anything coming from the priest of La Victoria.

That news had filled me with joy. At nearly ten years old, I still hadn't been allowed to visit the Sanctuary. My father would only let the older children go on the Romería1; to the little ones he would say “you can go next year”. Those days there were very few cars but plenty of horses. The horsemen would go crazy, with the girls up behind them on the saddle, galloping through the lanes and the olive groves of the Virgin. Hardly a year went by without some sort of accident.

To go to the Sanctuary in the month of May, when the days were long and luminous, was a privilege not extended to the other children. In the Postwar era – 1941 or 1942 – there was very little to look forward to. But that night I could hardly sleep for the excitement. I got up at 7, had a wash and went whistling to La Victoria. The family was already there with the horses. There were about fifteen of them and there were two people on each horse, a man and a woman. Father Manuel had been allocated a splendid white horse; I had a little donkey with the equipment for the Mass, the vestments, wafers and communion wine.

From Alcalá to Los Santos, as everyone knew, was one league – five kilometres. There was only a cart-track, but the cars and lorries used it to get to the Sanctuary on the day of the Romería. Nothing united the people of Alcalá more than the Virgin and the Sanctuary. They symbolised the faith in the spirit over the trials of life, the enduring hope, the principles which the mothers inculcated in their children, and the love of the Mother of Jesus, which provided a model to follow in between life's joys and sorrows. Nobody challenged the symbolism, because their mothers had been the best teachers. The fathers kept a respectful silence and never discussed it either.

When we arrived at the crossroads of Los Santos and the Jerez-Algeciras road, I discovered the first cross of the humilladero indicating the way to the Sanctuary. Then after several bends in the road we came across the second, the one on the hill with views of the Sanctuary, and eventually, coming down the gentle slope which led to the holy place itself, the third, situated right in the entrance. The humilladeros were the crosses where the pilgrims stopped to pray and ask forgiveness for their sins, in order to approach the Virgin with a clear conscience.

The May sunshine was already making itself felt when the cavalcade went down to the Sanctuary gate. They tied the horses' bridles to the rail in the entrance, in the protective shade of a large tree. I didn't miss a single detail. The front courtyard looked like an Andalucian country house, surrounded by doors and rooms. I saw for real everything that the other children had fantasised about. Father Manuel told me that the church was very old, from the 17th century, but that previously there had been another one, of which only the front door remained, leading into the olive grove. On the stone steps of the entrance was the mark of a hand, which according to legend belonged to a thief who wanted to steal the Virgin's jewels in the small hours of 12 September, the eve of the festival of the Sweet Name of Mary, when the statue had already been bejewelled ready for the procession next day. When the thief slipped, he put his hand on the step and remained stuck to it, unable to free himself. The next morning they found him weeping and repenting. Naturally, this is just one of many legends attributed to the Virgin.

From the courtyard we went up some stone steps to the church. On entering, on the left hand side, I was caught unawares by the famous Andalucian shepherd boy, who they say had met with the Virgin, dressed like an altar-boy in preparation for Mass. At his feet was a large plate, for alms. As he turned towards the shrine of the Virgin of the Saints, a ray of light penetrated a window and illuminated his face. The image of that simple, friendly, beautiful face stayed with me for life. I would be able to recognise it amongst thousands of images. The walls on both sides of the church were hung with pictures and devotions dedicated to the Virgin by people asking for favours.

Father Manuel was very pious, and said Mass in a pure trance in front of the image of the Virgin. Forty years later, when I was a teacher in the Campo de Gibraltar, I met him one day in a popular restaurant in La Linea. It was owned by a woman from Alcalá called Dolores, and was situated opposite the market square. I went in to eat, and found Father Manuel there with Dolores. They told me that now and again the two of them would meet to talk about Alcalá and the Virgin. Dolores assured me that whenever Father Manuel spoke about the Virgin of the Saints, tears would fall from his eyes.

When the Mass at the Sanctuary was over, we sang the Salve and went to the olive grove to eat platefuls of splendid Alcalá food. Ever since then my favourite food has been fried asparagus. Afterwards the older ones sat round for an agreeable social gathering. The horses were relaxing by the fence, and a mischievous idea came to me. I untied the harness of the horse that Father Manuel had been riding, led it to a stone, and mounted it in one jump. I took hold of the bridle, shook it, gave the animal a kick in the sides and it shot off like a bullet. The horse went crazy, jumped for joy and headed for the gulley at the nearby cortijo. From there it returned to the Sanctuary. In the entrance everybody was waiting for us, afraid that there might had been an accident.

When we got back to the town, I was full of life and had the feeling that I had passed though the barrier of pre-adolescence. In La Victoria, Father Manuel scolded me for my naughtiness, but the men laughed, knowing that it was a good horse and wouldn't ever harm a child.

JUAN LEIVA
Translated by Claire Lloyd

Note
1. A religious procession, with a party atmosphere, that takes place each September from Alcalá de los Gazules to the Sanctuario de Nuestra Señora de los Santos, 5 km away.

miércoles 28 de octubre de 2009

Memories of Alcalá 8: “You'll end up like Almendrita”

Spanish original

This Memory of Alcalá is not about my childhood, but it came to mind when I was recalling those years in the 1940s when I was an altar-boy in La Victoria, with Father Manuel. This article commemorates two of the most relevant professions of those times, especially at burials and in the funeral services of San Jorge: the sochantre [chanter], and the organist.

The sochantre was a type of singer who chanted the motets and psalms at Mass and the Divine Offices. In the 1940s the choir had almost disappeared, only performing at Christmas and the celebrations of the Virgin of the Saints. At that time the sochantre was Don Antonio Cobos, who had a deep, rich bass voice. His voice was more powerful than those of all the priests combined. The organist was Don Arsenio, an educated man, knowledgeable about music, who produced unforgettable sounds from the organ of San Jorge, and was a very good singer as well.

The parish of Alcalá had a tradition of excellent singers and organists, I can bring to mind at least thirty, whose duty it was to turn up each day and sing the Divine Office in the choir stalls of San Jorge. The construction of that choir is an excellent example of 18th century choral seating, made by Agustin de Medina y Flores. The organ is a formidable musical instrument, made by Francisco Pérez of Valladolid. No-one could deny that the chanters and organists of San Jorge did justice to their surroundings.

At the end of the 19th century, one of those chanters was Antonio Periáñez Lagos, married to Gertrudis del Manzano, both from Alcalá de los Gazules. In 1879 they arrived in El Puerto de Santa Maria with a nephew, Manuel Almendra Periáñez, an 18-year-old orphan, his sister Maria, one year younger, and a great-uncle, Francisco Periáñez Salcedo. They were all natives of Alcalá. Uncle Antonio sang all his life, and made a good living for his family acting as chanter in the Mayor Prioral Church in El Puerto. The Prioral was at that time among the ten richest parishes in the archdiocese of Seville. It also had a flourishing choir of clerics who sang the Divine Office every day.

On 2 June 1897, at 9 o'clock at night, Manuel Almendra Periáñez, 23 years old and suffering from pulmonary tuberculosis, was certified dead by the medic Don Lorenzo Barrios after a dreadful attack of asthma which not even inhaling eucalyptus vapours could alleviate. The illness had prevented him from being able to lie down, so he had spent the hours and the days seated in the front bay window of the house, No 9, Calle de Santa Clara in El Puerto, on the left-hand side as seen from Calle Cielos.

On 24 November 1996, Enrique Pérez Fernández from Jerez, a teacher and writer in El Puerto de Santa Maria, published in the Diario de Cádiz a curious anecdote which he had dug out from the old periodical Revista Portuense. It was entitled “A Ghost in Santa Clara” and the sub-title was “You'll end up like Almendrita”.

Two weeks after the death of Manuel Almendra, the Revista Portuense, under the heading “Appearance of a Dead Man”, reported the following item: “Popular fantasy, which is so given to exaggeration, has led to a large crowd of people gathering every day in Calle Santa Clara to see imprinted, so they say, on a pane of glass in a bay window, the face of a young man who passed away a short time ago. The old wives of the neighbourhood mentioned this to the people of the town, and unfortunately it spread to people outside the town, giving an air of credibility to what was just an amusing fiction.”

Incredulous, the journalist went that afternoon of 16 June 1897 to the place of the supposed apparition and the following day published a report on the event with the facts he had been able to gather there. It turned out that a little girl from that street, accustomed to seeing Almendra sitting in the window, believed that she could still see his face on a window-pane even after his death. The news ran through the whole city and in no time at all, many of the townsfolk turned up to take a look at the apparition.

The journalist reported that half the city had lined up opposite the window, until the point at which the window-frame had been removed, but people said they could still see it in the glass in the other window-frame. There were even some who said they could see it in one of the glass sides of a nearby gas-lamp, and had stayed there looking at it until well into the early hours. Señor Periáñez had complained bitterly about what was going on, because his wife had become gravely ill, and on top of the pain of his nephew's death was now added the commotion caused by these people. He had asked the Mayor to send a couple of civil guards to put a stop to what was going on.

The lawyer and writer Luis Suárez, who learned the story from his maternal grandmother, Doña Candelaria Leal, gave another version of the events in a later journal called Cruzados, in the early 1960s, under the title “Characters by Word of Mouth”. He was sure that this event gave rise to the popular saying in El Puerto, “You'll end up like Almendrita”.

JUAN LEIVA
Translated by Claire Lloyd

martes 27 de octubre de 2009

EVOCACIONES ALCALAÍNAS

16.- Los sementales en San Antonio

En San Antonio, una de las entradas clásicas de Alcalá, había un gran patio y una cuadra. Una vez al año, traían sementales de la Cartuja de Jerez, para cubrir a las yeguas del pueblo. El acontecimiento tenía dos convocatorias: una, oficial, para los ganaderos que tenían cuadras y querían conseguir potros de raza; la otra, clandestina, para los chavales, comunicadas por los amigos, para asomarse al lugar y contemplar el acontecimiento de cubrir a las yeguas.

Cuatro soldados de la remonta los traían de Jerez en un camión el día antes y los metían en la cuadra, para que descansaran y se alimentaran bien. Era un misterio saber cómo se enteraban los chavales de la llegada de los sementales. El caso es que se corrió la voz entre los amigachos. Y, al día siguiente, a la salida del Colegio, un grupito se fue por la plazuela para coger la cuesta de San Antonio sin decir adónde iban..

Como si fueran a cometer una pillería, se acercaron silenciosos al portalón del patio de los sementales, que estaba entreabierto. En medio del terrizo había dos formidables ejemplares, caballos sorprendentes, muy bien dotados, nerviosos, dispuestos a cumplir la misión que se le encomendaba. Los dueños de las yeguas esperaban en la entrada. Yeguas limpias, desnudas, cogidas sólo por la brida. Los caballos parecían conscientes de lo que tenían que hacer, pero las yeguas estaban distraídas, con pundonor, aunque miraban de reojo como sospechando el encuentro.

Un soldado mandó a los hombres que entraran las yeguas. A los chavales les dijeron que no podían entrar, pero dejaron la puerta entreabierta para no privarles del espectáculo. Las yeguas las llevaron a un rincón a esperar su turno. Los chavales no perdían detalle. Sacaron un caballo alazán, limpio, del color de la canela, apuesto y lanzado como para una noche de bodas. Dieron señal de que acercaran una yegua. El soldado comenzó a toquetear al caballo excitándole el sexo. El caballo lanzó un relincho y se echó a temblar.

Cuando vio a la yegua, sacó una verga exagerada, levantó violentamente las patas delanteras y se echó sobre ella. En unos segundos, colocó precipitadamente la verga sobre la matriz de la yegua y la inundó de semen, haciendo honor a su nombre de semental. No se oía una mosca, como si se tratara de un rito sagrado. El espectáculo duró unos minutos. El caballo se retiró satisfecho y los chavales no perdían ningún gesto. Los soldados cerraron la puerta y los chavales se retiraron y se desataron comentando los detalles que habían observado. Fue una lección magistral, limpia y pedagógica, que no olvidarían nunca.

Volvieron por la calle Centeno, el callejón del Gato y la calle Las Brozas hasta la calle Real. Venían orgullosos, bien aleccionados, mucho mejor que con las conversaciones que habían mantenido muchas veces y de las que no sacaban nada en claro. Desde entonces, sugerían lo de los sementales como un grado que no tenían los compañeros.

Y ahora, cuando veían buenos caballos por las calles de Alcalá o en la romería de los Santos, se decían unos a otros: “Ese es hijo de un semental”. Efectivamente, en aquellos tiempos había buenas muestras equinas en Alcalá y buenos jinetes. Recuerdo que en la década de los 40 sólo había en Alcalá tres o cuatro coches, un par de camiones y los dos autobuses de línea, el de Cádiz y el de Algeciras. Lo normal eran los caballos, los carruajes y las carretas.

Cada mañana salían los hombres a caballo, en mulo o en burro y volvían al atardecer. Los animales quedaban atados a unas argollas que había en las puertas de los bares, mientras los hombres se tomaban unos vinos. Algunos, cuando bebían más de la cuenta, se les salía la amistad y se cambiaban el paquete de tabaco, el mechero de yesca y hasta la burra. Pero aquella noche los chavales soñaron con el espectáculo naturista de los sementales.


JUAN LEIVA

lunes 26 de octubre de 2009

Memories of Alcalá 7: Liría at dawn

Spanish original

One of the first pastimes the children of Alcalá learned was the hunting of small birds. At dawn, songbirds swarmed over the riverbank and the animal pens of La Coracha. On La Coracha many people raised a couple of pigs for slaughter and had a hen-house for domestic consumption. The birds came to get their first feed of the day, and created a great commotion. At daybreak they could satisfy their needs, because the fields provided plenty of seeds of all types. The flocks rose in a perfectly ordered group to fall upon the grasses and eat their fill. This took place very early, at the hour when the nuns of the Order of St Clare were getting up for Mass.

It was difficult to get up at that hour without waking the family. Francisco Almagro had two brothers, Juan and Pepe; his friend Gaspar had five brothers and five sisters. On Sundays they went to help the nuns with Mass and afterwards went down to El “Prao” to trap songbirds. They devised a rudimentary home-made alarm system. Francisco lived on the corner of Callejón Osorio and had an alarm clock. Gaspar had no alarm clock and lived on the other corner of the Calle la Amiga, right opposite Francisco. Gaspar tied one end of a cord round his ankle. The other end Francisco had in his bed. At exactly half past five, Francisco pulled the string and Gaspar jumped out of bed. They both went off together to help with Mass at the convent of the nuns of St Clare, which was at six in the morning.

The sun had not yet reached the Lario by the time they were putting out the liría at El “Prao”. They kept it in a tin; a natural glue, made of a sticky white substance and tree resin. Any bird which set foot on it could not get away and flapped its wings desperately trying to free itself. They also used various sorts of traps, but they preferred the liría. The traps broke the birds' legs or necks, whereas with the liría they could catch the birds without harming them and put them in cages. There, alongside another singing bird, the canaries, goldfinches, greenfinches and other songbirds would very quickly learn to sing. All the houses had songbirds in cages.

The early hours of the morning were the best for hunting. Vast flocks of small birds invaded the banks of the Barbate and the other rivers. The birds ate, drank and carried off seeds to their nests. All this coming and going took place before the heat of day impregnated the shady corners. They did a fair bit of damage in the sown fields. Insecticides, herbicides and fungicides had not yet made their merciless appearance. At the break of day, the birds had already begun their morning chorus.

The children knew inside out the flying species which crossed the skies of Alcalá. There were those of certain proportions, like partridges, geese, ducks, common pigeons and wood-pigeons, thrushes, turtle doves, starlings. And then there were the smaller ones, like siskins, greenfinches, goldfinches, crested larks, whitethroats, linnets, hummingbirds1, skylarks, nightingales, lapwings, cuckoos … Round about noon, when the heat was threatening, the trapped birds were collected and tied into a bundle. Then the boys would take a last look round at the liria traps and put the live birds into a cage.

They would return home very pleased with themselves. Their mothers would pluck the birds and daub them with aromatic herbs. The smell went right up the Callejón Osorio and the Calle la Amiga. From the kitchens of the bars, Dominguitos and Los Panaderos, came indescribable smells that the old folks could not resist. That flavour has remained forever in my childhood memories. Sometimes I return to Alcalá with the hope of finding it again. And on occasions it might waft from some house – I can smell it, remember it, crave it, but I cannot taste it.

Fortunately the little birds are coming back again to the Alcalá countryside, but not in the great flocks of the old days. And, equally fortunately, they are not slaughtered as they were then, because it is banned, although they are still under threat from herbicides. Modern hunting legislation has succeeded in eradicating it almost completely. These days children don't co-exist with the birds and animals of the countryside. Ordinary people can't go hunting any more because it is a hobby for the wealthy. Even the deer, wild boar and rabbits have to abide by the law in the Alcornocales.

JUAN LEIVA
Translated by Claire Lloyd

Note
1. Hummingbirds are not found in Spain, but there is a large moth, the mariposa esfinge colibri, that looks like a hummingbird and behaves in a very similar manner.

viernes 23 de octubre de 2009

Memories of Alcalá 6: Death in White Boxes

Spanish original

I was about eight years old. It was the postwar era, those years of famine, the 1940s. Alcalá at that time had around 12,000 inhabitants. But many people died, especially children, and many young men never came back from the war. The ravages of hunger showed no mercy to the weak. The basic foodstuffs were in short supply. People made a fortune from contraband and the black market. Earnings from wild asparagus, tagarninas [edible thistles] and poached game were the salvation of many families. Others were forced to emigrate.

One day my father said to me: “ Father Manuel has asked me if you would like to be an altar-boy at La Victoria, with Manolo Mancilla”. “Of course!” I answered. “I would go anywhere with Manolo, and I'd like to be an altar-boy too.” Father Manuel knew what he was proposing. We would have to present ourselves, therefore, at the Victoria that afternoon at the Rosary Hour. La Victoria was just a stone's throw from the Calle la Amiga, where I lived, and from the Calle Real, where Manolo lived.

The priest was a good man and young, although he was overweight which made him look older. He managed the Church of La Victoria, the old monastery of the Padres Minimos, founded by San Francisco de Paula, a 15th-century Italian hermit. Father Manuel was very shy and people said that he wouldn't preach because he was afraid of getting it wrong. Once he was obliged to preach to the Brotherhood of the Nazarenes and the good priest, before getting up into the pulpit, trembled and perspired like a condemned man.



His name was Manuel Cid Benitez and he lived in the rooms of the 'upper cloister' of La Victoria, with his brother Pepe Cid and his sister-in-law. I think he was a native of Alcalá, because people had great trust in him. The rooms of the 'lower cloister' were used for meetings of Acción Católica. The arches of the cloister were covered in honeysuckle and creepers. In almost all towns in Andalucia there was a monastery of victorian monks. Tit was said that in the 19th century, the monastery of La Victoria in Alcalá had nearly thirty monks. The fame of their founding saint had spread throughout Italy, France and Spain and many young men had followed him. But the Ecclesiastical Confiscations of Mendizábal1 closed all monasteries with less than eleven monks.

At the Rosary Hour we were there waiting. Father Manuel gave us a little book so we could learn the responses of the mass in Latin. Introibo ad alterem Dei / Ad Deum qui laetificat juventutem meam. It was difficult for us, but we kept asking Father Manuel about the pronunciation, and after a week we almost knew it. A few days later, he told us that at 6 o'clock that afternoon there would be a funeral. It was a big event for us. We put on our red cassocks, white surplices and coloured capes, and Father Manuel wore a black cassock, white surplice, stole and black cape. Manolo carried the sprinkler and a bowl of holy water, and I the incense burner and boat. We waited in the doorway of La Victoria.

Soon we saw a procession coming down Calle Los Pozos. A man was carrying in his arms a white coffin, no more than a metre long, accompanied by a group of neighbours. He was weeping and sorrowfully calling out the child's name. The crowd accompanied him in complete silence. Women did not attend funerals, they stayed at home accompanied by female neighbours and prayed. It was a paradoxical image to see a man of the land, strong and tough, crying like a child, with a white coffin in his arms.

From that day on I noticed that children's funerals were very common. Just the opposite to what happens today. Some children died at birth; others of hunger; the rest from tuberculosis. Treatment with penicillin, discovered by Alexander Fleming in 1929, had not yet reached Spain. The children's funerals surprised me, because I couldn't work out how a child could die of hunger or TB or how a man could cry.

Father Manuel gave a blessing and led the procession with the cross and the altar-boys. From time to time I sang in my poor Latin, while we climbed up to the Church of San Jorge. In the Plaza Alta the clergy and the mourners departed. They took the path that led to the cemetery. It was a dirt track indicated by two rows of mulberry trees. The relatives attended the burial and the deceased was placed in a niche or in the ground, according to the means of the family. It was said that the coffin remained there but that the soul of the child went off to glory.

JUAN LEIVA
Translated by Claire Lloyd

1. A set of decrees in the 1830s that resulted in the expropriation of monasteries in Spain, promulgated by Prime Minister Juan Alvarez Mendizábal, in an attempt to redistribute under-used monastic lands to enterprising land-owners.

jueves 22 de octubre de 2009

LOS VUELOS DE CUESTA ARANA

VIGESIMO SEGUNDO VUELO. Los Toros.

La huella mítica del toro bravo ha impregnado siempre –desde que el campo es campo- al paisaje alcalaíno de un tono de misteriosa presencia. No en vano, ahí al lado, al pie de Sanlúcar se fraguó la leyenda tartésica de los toros colorados de Gerión tan bien cantados por Fernando Villalón, el ganadero poeta de Andalucía la Baja. El hombre que se hizo enterrar con el reloj puesto en marcha.
Alcalá ha sido –y es- acandelado foco de ganadería brava. Un paisaje propicio de dehesa y monte ofrece al fiero animal unas condiciones de vida únicas. Por los cuatro costados de la geografía alcalaína, el toro bravo ha ido escribiendo a golpe de la libretilla de campo del ganadero o el conocedor, su historia universal. Desde Las Cobatillas (Ana Romero) a Vega Blanquilla (Gavira) pasando por el Monte Bajo (Marcos Núñez) hasta El Pradillo (Diego Romero) y Luis Pérez Pacheco, se puede ver el moteado bravo calando la hierba y el cielo. La milenaria visión del toro bravo corneando el aire por entre el gamonal, es estampa acostumbrada en los confines del campo gazuleño. El silencio roto por el reburdeo o el bramido celoso del toro, esa pesadilla que ronda a los caminantes de día y de noche, como una gotera trágica.
La negrura del toro al contraste con las garcillas blancas (los garrapateros) sobrevolando el aura brava, es mirada antigua que enciende la ley abierta del campo. Por eso no es de extrañar que la luna engordara por la noche ilusiones de gloria a un puñado de alcalaínos. El vientecillo trágico y alborotador de la afición a los toros, se hizo alma y carne. Y aunque la historia o la memoria taurina no se escribiera nunca en Alcalá en grandes caracteres, sí hubo al martilleo del tiempo un veneno, el caño de la Salada de vocaciones toreras para el buen recuerdo. A la sombra del toro brillaron muchos sueños de luces.
Aquella memorable plaza de toros del Paseo de Mochales (hoy La Playa), sanctasanctórum de vigilia torera, que abrió y cerró unos episodios sin olvido de la voz y la presencia taurina en Alcalá.
Aquella película en tecnicolor se ha reducido hoy a un puñado de fotografías en sepia, varadas en la memoria, que sólo el soplo o el vuelo de la imaginación las puede animar. Desde aquellas estampas costumbristas de una función de toros, en la Alcalá retardía y decimonónica en la lidia y muerte de seis novillos de Don Pedro Mariscal, para los valientes espadas El Pollo y El Primito de Medina (en pequeño cartel de seda que tengo a la vista), ha descargado mucho agua el cielo –y muchas levanteras-. Y muy pocos son ya los viejos que se acuerdan de cuando los cabestros traían por el Valle arriba, a los toros de media sangre, que se iban a lidiar en la feria. Los cencerros en la punta de la madrugada parecían campanadas a media noche y la gente se despertaba.
Al abrigo de aquel santuario taurino de la taberna La Taurina, de Pepe Crespo “Cerrajerito”, frente al Cine Andalucía, los niños nos acercábamos entre el asombro y la curiosidad, para contemplar aquel sinfín de exvotos paganos (recuerdos) que colmaban las paredes de la taberna del viejo torero alcalaíno. Aquellos impresionantes carteles de toros, bordados en seda -¡un primor!- con los ídolos locales más señeros: los hermanos Crespo (Pepe y Manolo) o los hermanos “Cerrajerito”, el Grande y el Chico, que venían a ser lo mismo. He oído decir a la gente de edad que eran canela pura. La juncia y el cante de fragua juntos. El valor vestido con el terno de luces de la elegancia. En la taberna de Pepe Crespo con el recuerdo eterno de Manolo presidiendo el festejo principal, se esparcía toda una suerte de cartelería torera con los nombres afiligranados de Niño del Matadero, Rebujina, Reolina, Venturita y hasta el niño de Juan Belmonte que vistió de luces por primera vez en Alcalá. Aquella flama de carteles y fotografías castigadas por el vaho tabernario, más que una colección, retrataba, detenía el momento de un época dorada de la Fiesta en Alcalá. El aroma de la taberna-museo confundido con el rancio olor del vino de la nostalgia. La taberna La Taurina marcaba el norte de una época, el rescoldo de un candelorio que se fue. Cuando cerraron la taberna se cerró para siempre el testimonio de un sueño romántico vestido de luces. Calló para siempre la oración del recuerdo vivo y palpitante. Al socaire del mostrador-burladero ya no se oiría más la épica, la lírica y la dramática de José Alvarez “Niño de la Tenería”, toda la ciencia y la esencia torera que pueda caber en un cuerpo moreno. El duende alcalaíno, por encima del arte, retratado de torero. Por una revolera de “Tenería”, dicen que suspiraban las mocitas. Hasta el final de su vida –uno lo vio- aquel hombre lució el perfume torero. Irrepetible estampa de torero antiguo con descomunal pañuelo blanco aflorándole sobre el bolsillo de la chaqueta. El pañuelo blanco de Tenería marcó el último vuelo de sueño torero de un tiempo, de un calendario bravo y multicolor con la grisalla histórica de fondo. Era la posguerra.

Fíjate si “Tenería”
es buen torero
que es capaz de torear
con un pañuelo.

Rezaba el caletre popular. El pañuelo de “Tenería” fue más allá de un adorno coqueto. Era el vuelo quieto –quieta la planta- de la añoranza, del tiempo agarrado por el ala. El símbolo perfumado de un torero de Alcalá. La sombra del torero es alargada.
Entre el clareo del sol entre la nube negra, del nubarrón trágico de la posguerra, seguía el espectáculo. Y la afición, entre el poquito pan fue dándole capotazos a la bravura del paisaje. El traje de luces refulgía entre el alboroto pardo de los tendidos. El borbotón de sangre del toro de cada feria era solo el intento de aventar la historia dramática más reciente. Con la olla vacía el tendido hasta los topes que así lo canta la fotografía amarillenta. Una fotografía sonriente. A pesar de todo. Aunque se moliera poco el pan y el aceite.
De aquellos tiempos, en la República y después del Movimiento, se quedaron clavados en la memoria una maceta de toreros que el oleaje calmo del recuerdo nos devuelve: Juanito Jiménez, torero alegre, guapetón, con pizca sevillana. Antonio Sánchez “Alcalá”, que sólo le dio tiempo a esbozar sus sueños. Jamás se supe de él. Antonio Muñoz, valiente y con la majeza del torero arquetipo, muerto absurdamente en un incidente y de recuerdo perdurable en la vieja afición. La espada su fuerte. Antonio Galán, una promesa torera que llegó a ser general de la Guardia Civil. Y luego amparo de muchos toreros en agraz. Pico del Campo, torero de “cachondeo”. Torero aviador, más tiempo en el aire que en el suelo de tantos revolcones como recibía. Un monstruo: un torero cómico que se tomaba el toreo en serio. Eso no podía ser. Batata un charlot alcalaíno, el torero más bufo que parió la tierra. Se disfrazaba de “hombre hierba” y el becerro se lo comía de hambre que tenía el animal. Y Potoco en la antípoda de la gracia. Era Ildefonso Delgado Chacón el torero más trágico entre los trágicos. Un quijotillo local que se tomó el drama de su vida de un solo trago. Y la locura aliada con el esperpento lo emborrachó para siempre. Un loco divino que toreaba los coches como si fueran toros. Una fábula de gorriones escapados de la cabeza, molinos y gigantes. Su gloria se la llevó el cuerpo del hambre por delante.
Potoco, confirmó el dicho de “Espartero” que más cornadas daba el hambre. Y Lagartijilla, más atrás en el tiempo, banderillero de Gaona, muerto en Madrid por un toro de Concha y Sierra, el mismo día que el maestro Martín Domingo estrenara un pasodoble dedicado a él. Negra casualidad. Lagartijilla, el único torero alcalaíno –triste privilegio-, muerto por un toro en la flor de la edad.
Y pian piando la fiesta la Fiesta de los Toros en Alcalá se fue acallando. Varios lustros de silencio. La plaza de toros cerrada a cal y canto. El macetón de la afición sin riego. El laurel se quedó mustio. La afición alcalaína pregonaba el silencio. Mientras que el coso taurino iba criando hierba. Ya solo quedaba echar la vista atrás. De vestir a la nostalgia con el terno rojo de luces.
Pero como la nostalgia es la sumisión ante la apasionante aventura de vivir. A la otra orilla de cualquier tiempo pasado, tarde o temprano, el laurel seco tenía que retoñar por el ánimo de las raíces ocultas en la tierra. El destino suele ser tornadizo, lunero. Al arribo de los años sesenta se vivió en Alcalá una calentura taurina sin precedentes. El cante de una furia taurina que pasaba a recordar y que uno –el que escribe- vio discurrir en carne y hueso (y alma también). No se me destiñe de la memoria la primera vez que fui a los toros. Fue en una charlotada celebrada en la plaza de talanquera que había en el Prado, en el molino de Jara (“la Canasta”, -bautizo del pueblo-). Un espectáculo insólito de payasos toreros.
El primer torero que uno se terció, en persona, al natural fue Curro Montenegro en un tentadero en el Lario. Un ídolo. Estampa y gracia torera a repartir. Lo recuerdo sereno y sonriente acariciando mi testa de niño. Era novillero que venía ya en los periódicos. Poco después, lo vi vestido de luces en una novillada picada celebrada en Alcalá con motivo de la Velada de la Virgen. En una plaza portátil en el Hoyo (donde está el Parque).
A principio de los años sesenta. Sus compañeros de cartel: el chiclanero Nino Vilaplana, que había alfombrado las paredes del pueblo con un desplante suyo arrodillado de espalda a un novillo con la leyenda o reclamo: “¿Quién más se pone así?”. Y Rafaelín Valencia, el otro espada, un zagalillo. Con aquella vocecita de colegial citando al novillo desde el centro del ruedo que enternecía y sobrecogía el ánimo a la concurrencia. Aquel niño torero nos pegó el sarampión a más de un zangolino con pantalones cortos y sandalias. El ganado aquella tarde era de Agustín Pérez Pacheco. Los novillos fetén. La puerta se abrió triunfal para los tres toreros. Apoteosis taurina con el manto de Alcalá al fondo. En la presidencia un hombre con gafas oscuras: José Crespo “Cerrajerito”, el torero antiguo. Por el paseo de La Playa se llevaron en volandas a los tres toreros.
Vestía Currito Montenegro aquella tarde un terno azul purísima y oro. Roja la pañoleta y blanco los remates. Uno de los novillos se lo brindó a una muchacha alcalaína: Pili Sánchez.
El toreo alegre con arreboles de la Alhambra de Currito, entusiasmó aquella soleada tarde a la afición renacida de Alcalá. Lo mismo con el compás abierto que con los pies juntos el novillero granadino abrió de nuevo el sueño perdido de la torería alcalaína. Al día siguiente en las tabernas, en los andamios, al pie del escoplo, en las barberías y por las veredas del campo, por toda la bola del mundo del pueblo no se hablaba de otra cosa: de aquel finísimo torero granadino que ya era medio alcalaíno.
Al rescoldo de Isabelita la de Lucas y Tere la de la Carne, aquel joven torero fue echando raíces y su vuelo hacia la tierra del Albaicín se fue espaciando cada vez más. Y su vida se fue repartiendo entre dos lágrimas de ausencia: Granada y Alcalá.
Casó con la chica del brindis y vio crecer a tres hijos. Y la luz transparente de Alcala se fue tragando, poquito a poco, a un gran torero que canjeó decididamente la calma de un pueblo alto por el bullicio de los tendidos. Cambió el vuelo voluble de la fama por ese otro vuelo más interior de torear para él solo en la tranquilidad del campo.
Atraídos por el paisaje cuajado de toros bravos, en la década de los sesenta, fueron muchos los toreros que retrataron su presencia en Alcalá. Antonio Poveda, Manolo Segura, Antonio Medina, Emilio Oliva (que vino a recuperarse de aquella gravísima cornada que a punto estuvo de decir adiós), el venezolano Oswaldo Sarmiento, una negrura vestida de luces de hondo calado popular por su abierto carácter. Eran toreros que ya venían sonando en los carteles. Y para más colorido local se dejó caer por aquí hasta un torero italiano Salvatore Romano.
Tiempos aquellos en que los zagaletes, al correr la noticia, nos acercábamos expectantes al bar La Parada para ver de cerca de las figuras de la torería reinante que iban o venían, de paso, de las ferias de Algeciras o La Línea. La majestad de Antonio Ordoñez bromeando con Juan Panera. La torería sonriente de Antonio Bienvenida bebiendo a sorbito el café. Julio Aparicio mirando serio. La majeza de Paco Camino bromeando con los chiquillos y dándole motete. La estampa soberbia de Miguelín, una sortija grande de pelo negro... A los niños se nos alborotaba el semblante ante la visión real de ver tanta mitología junta. Al día siguiente, cambiábamos el repertorio de los juegos por un trapillo o saco de “churra” con que emular a los dioses que habíamos visto fresquitos, de carne y hueso. La fama era para nosotros nido de colibrí de tan chica y cercana como se pintaba. Todos queríamos ser toreros, hasta los regordetes. Para darle más tronío a la cosa, recortábamos una varita de mimbre que portábamos como cetrillos a la vista de las niñas limonares. Sin probar un pitón nos sentíamos toreros con solo tres pases al viento. Si no, que se lo pregunten a Francisco Vara Gil y a Miguel del Cerro, (hijos de guardias civiles), y a Rafael Acedo y a Diego Mateos y a Dieguichi –y yo que sé-; había más toreros que gente en la calle.
Bajo la columnata romana del bar de Bernal, los niños aficionados nos extasiábamos escuchando las aventuras y desventuras de El Melleto, la bíblia en pasta de revolcones, y los mil y un cuentos de calleja de episodios imaginarios. Nunca supimos si El Melleto era un héroe o un perdedor, porque delante de las vaquillas se llevaba la peor parte. Melleto era un torero a la “remanguillé”.
El cuadro siempre memorable de aquellos improvisados sanfermines alcalaínos, de cuando por las calles, enmaromadas llevaban las reses, de media casta, camino del matadero que estaba en la calle la Salada. La gente se ponía alas en los pies a la busca desesperada de un boquete. Las calles semejaban el fin del mundo de lo limpias que quedaban. Y las tiendas cerraban con postigo y todo igual que cuando venía la fiscalía.
En el centro de la Alameda, albero de piedra, aguardaban el momento, los torerillos de ocasión armados con saquillos, alguna telilla roja, y palillos de adelfa. Botones, el hijo del municipal, era la figura y norte de los aficionados locales, de los torerillos callejeros que ensayaban, cada día, las suertes ante el temido toro ensogado que dejaba la calle sin un alma. Uno recuerda, desde un balcón, aquellas faenas aliñadas de Botones, al pie del mudo reloj de hierro, y el ánimo y el aplauso de la gente que colmaba la Cervecería, (donde está Radio Hogar), y los refugios aledaños. Y Juanito Rarro con la risa gargajosa aplaudiendo entre el racimo de la gente.
Botones y Melleto fueron las figuras, sin sombra, de la torería callejera. Toreros domésticos. Toreros jornaleros sin sueldo. Ninguno de los dos se vistieron nunca de luces. Parece que estoy viendo a Anita Pérez, un monumento a la gracia alcalaína, aplaudiendo, todo risa y entusiasmo, a la fábula cotidiana de aquellos torerillos callejeros. Cuando mudaron el matadero se voló para siempre, se lo tragó para siempre el aire, la fantasía de aquel sueño torero alcalaíno pan de cada día.
En medio de tanta torería forastera, emergió en un suspiro un torero local con tintes de mayor gloria: Diego Ortega. El hijo del ciego. De aquel hombre enjuto y cano con lazarillo que cada día iba pregonando el jornal de la suerte: “¡Iguales para hoy!”. Sabor melodramático con fondo alcalaíno para el guión rancio de una película. El hijo de un pobre ciego que quiere ser torero. Apuntó Diego Ortega buen trazo y oficio en eso de las suertes del torero.
No quiso el destino que ese otro cupón de la fama –tan distinto del que pregonara su padre- nunca le tocara. No quiso la Divina Providencia. Y eso que hasta la parroquia alcalaína fue a verle a Algeciras en autobús reventando con pancartas en la popa.
“Diego Ortega, el torero de Alcalá”. Pero todo aquello fue un espejismo, humo al viento. El aburrimiento le llenó la maleta a aquel torero, en el camino, y se fue silencioso, a pasarse por la faja –retirado de la tierra- las cornadas del alma, del hambre del alma (y del cuerpo también) a un paisaje distinto donde ya no oiría más bramido del toro, si no fuera más que en la pesadilla de los sueños testarudos de haber querido coger por el rabo el milagro de ser torero. No pudo ser. Por más que el padre ciego pregonara cada día la suerte. Tiene que tener el hombre algún dolor interior, que nunca viene por aquí, a buscar el tiempo perdido.
Pero la noria de agüita fresca de los sueños taurinos seguía y seguía dándole marcha a los cangilones, con el frenesí de un tiovivo, de los caballitos de la feria. La suerte se siguió repartiendo con otra ilusión local: Pepe Ramírez. Esta nueva revelación local encendió otra vez el rayo de la afición. Torero de mucho, arte y por ende, de valor justito, eran los rasgos principales que definían al hijo torero del maestro de obra Juan Ramírez. Su retrato sereno, la tez pálida, en vivo contraste con el ondulado negro del pelo le daban a Ramírez un encanto de pasión meridional. Su toreo era un trasunto de su personalidad. Su muleta un vuelo etéreo que iba y venía. Se le transparentaba a Joselillo su temple interior. Como el hombre que sonríe a la vera del peligro. El recuerdo a fuego de la presentación torera de Pepe Ramírez en Alcalá. Vestido de luces con su gente. Mano a mano con el Estudiante. Lucía Pepe Ramírez aquella tarde, un terno negro bordado en plata. Apoteosis. En medio de una colmena de gente se lo llevaron a hombros, en un vuelo, entre el ruido de la feria, los voladores, las cunitas, los caballitos, la noria. Y la zagalería local detrás del nuevo ídolo. Y El Terremoto, el corredor, diciendo: “Ese sí que va a ser un terremoto y no yo”. Se perfilaba Ramírez como carne de gloria. Después de un manojo de novilladas económicas, se anuncia como Ramírez Puerto con caballos. Llegó a torear con las promesas gaditanas del momento. Pero vino una mala tarde en San Fernando. Estuvo el torero mal. A la deriva. La afición alcalaína en vez de darle ánimo, le echó el perro. Poco a poco se fue apagando el entusiasmo. La moral del torero se fue resquebrajando y caminó a probar suerte por otros vientos lejanos. En Palma se doctoró para una sola corrida y anduvo algún tiempo de sobresaliente con una rejoneadora francesa (La Princesa). La biografía de Ramírez Puerto, se escribió así de sucinta en la obra Los Toros de Cossío: “Matador de novillos que durante la temporada de 1964 actuó en un par de corridas picadas, una de ellas la celebrada en San Fernando (Cádiz), el 14 de Agosto donde estoqueó discretamente ganado de Manuel Camacho en presencia de Manuel Aibar y Antonio Pérez”. Cinco líneas cierran la larga lucha de una promesa eterna del toreo en Alcalá, que pudo haber sido y no fue ¿Porqué? Alcalá y el torero tienen la respuesta.
Pero la baraja taurina no se rompió con Ramírez y la historia siguió “echando la pata adelante” al conjuro del reparto de la suerte. Dos espadas nuevos en los carteles, en el eje de los años sesenta: Vicente y Rafael Gallego Benítez. A la sombra de Carlos Corbacho, estos dos hermanos, criados en la finca “El Torero” (¡sugerente paisaje!) fueron aprendiendo el “con que” de la Tauromaquia. Prontamente se vistieron de luces. Uno, vio a los dos hermanos torear. Dos espigas morenas. Estoicismo alcalaíno a raudales. Los dos tenían una concepción clásica y grave del toreo en su línea vertical. Aunque abrían más el compás evidenciaban ciertos rasgos manoletistas. Se me viene a la menta a Vicente en Vega Blanquilla, en un tentadero, donde estuvo sensacional ante una vaca playera de mucha leña en la cabeza.
Después de la escuela en el campo, los hermanos Gallego, vistieron el terno de luces en un puñado de ocasiones. La olla del oficio se iba calentando cada vez más. Tenían buen acento personal que imprimían a sus faenas. Toreo serio sin alharacas, ni falsos desplantes, como el toreo bravío del campo. Dicho esto no quiero decir que los hermanos Gallego fueran dos almas siamesas del toreo, no. Se bañaban en el mismo río pero con distinta corriente. Andaban en una misma preocupación estética; pero con entendimientos distintos. Vicente era más “arrondeñado” y Rafael “acordobesado!.
Pero el terco destino, tampoco se iba a bajar esta vez del burro de los imponderables, de la adversidad. El mal lucero dio al traste de nuevo con estas dos porvenidas glorias del arte de Belmonte. El pájaro de la ilusión remontó el aire y cualquiera lo atrapaba ya.
Los dos hermanos toreros se hicieron cazadores de recuerdos, cada vez que retornan al campo abierto del sueño perdido.
La llamada fiebre de los sesenta tuvo también su fiel reflejo en los Toros. Manuel Benítez “El Cordobés”, vino a ser en el Toreo como los Beatles en la música. Cuando llegó el torero del flequillo, el toreo andaba adormecido, de capa caída. Las nuevas formas –casi delirantes- concitaron el aplauso mayoritario de la afición. Aquella vida de novela, de la nada; de mal raterillo a la fama, al dinero, llenó la cabeza a pájaros a toda una generación de aficionados a la greña. Hervía la afición en Alcalá. Como se ponía el San Antonio, una riada de gente, para ver la corrida televisada en el bar Cristóbal. Toreaba El Cordobés. Al terminar la corrida, la gente salía como si fuera de una plaza de toros, con sus discusiones y todo.
Pues bien, la irrupción del fenómeno cordobesista, fue soplando una gata de jóvenes seguidores, mimétricos, emuladores de la vida y prodigios del mito paradigmático. La legión de maletillas no dejaron de crecer las broza del camino. La oruga y la marabunta.
Mucha gente joven recorre caminos con la barriga vacía. La fama ganadera de Alcalá atrajo a un enjambre de torerillos venidos desde todos los vientos que canta la veleta. Alcalá por aquellas calendas, era terreno abonado para “orientarse” (en la jerga maletilla) en eso de los tentaderos. Las tapias de Las Cobatillas, Vega Blanquilla, La Capitana, El Lario, El Pradillo o en Monte Bajo se ponían a tente bonete a la espera del turno. Y los ganaderos de cabeza con tanta torería andante. Era digno de ver como se ponía el paseo –que entonces se acostumbraba en la calle Real- de torerillos de todo pelaje y condición. Los más afortunados andaban en “jechares” con las preciosidades locales. Los demás se tenían que conformar con los requiebros bien plantados o los exabruptos.
Aquella algarabía de muchachos impregnaba la atmósfera alcalaína de un fuerte colorido, de un gallo colorido local. La diversidad de sus atuendos: botos camperos y zapatos de gamuza. Una síntesis bien expresiva.
La taberna de José Gutiérrez (Bigornia) un punto de encuentro y referencia de muchos torerillos, que encontraron allí filón cálido de hospitalidad ventajosa. Fue José Gutiérrez, aficionado antes de que el tiempo le plateara la cabeza. Se sabía el percal. Sabía templar la vida y era generoso a más no poder. Buena conversación y una torre de erudición. Fue tanta la afición que pasó por la taberna, que vio el dueño a figuras renombradas en los carteles, como Miguel Márquez y Ricardo de Fabra, y una tanda de novilleros de buena cosecha. Tenía la taberna de José Gutiérrez un aroma intemporal, fuera del tiempo, o quizás, fuera más bien, el tiempo detenido. Ese espacio castizo donde la albahaca le presta el olor a la solemnidad de un cuadro viejo y ennegrecido por el humo. Y la sabiduría natural bendiciendo los cuatro rincones de la estancia. La emoción me embiste por dentro recordando aquella taberna, con viento antiguo, que tanto sopló los sueños de una juventud torera (con toro o sin toro) entre el chato de vino y el aliño de la aceituna. Y de vez en cuando, el pajarillo a la brasa de carbón. Lo que se come se cría, reza el tópico popular. De comer tanto pájaro a más de uno le crecieron las alas, o le revolotearon en la cabeza. Por eso en las noches de vino y pájaros se nos abrían más las alas de los sueños, seguramente.
Hubo un tiempo, que en Alcalá, se desató una corriente de gente soñadora. Un canto general entre la majeza y lo desarrapado. Entre la pelambrera y la brillantina. El retrato de un hatillo y una gorrilla a cuadros con Alcalá de fondo. De la memoria me vienen saliendo los nombres de Antonio Maldonado, Morenito de Brenes, José Luis Morales, Cabrerito (de gran parecido con Belmonte), Rafael de Rosario, José Lozano, Jesús Manso “Monedero”, Quinito (que recibió una grave cornada en El Pradillo), José Yañez “Figurita” (el maletilla escultor), Pepe Ortega, Fontiveros, “El te diré” de Algeciras, Juan Arias (desertor de la jábega), Platerito de Cádiz (el más loco), “El Piojo” (tartamudo), José Julio (el terror de las niñas), El Madrileñito (torerillo con gabardina). El Chiclanero (inventor de suertes), y un tal Paquetillo (torerillo de matute que nunca fue a dar un pase). Y José Jiménez “El Águila” (antes Pepete) que fue capaz de subirse a lo más alto del edificio Fénix en las Tendillas de Córdoba, para pedir una oportunidad con una pancarta extendida donde se leía: “O toreo o me tiro”. El suceso echó tinta en toda la prensa nacional. Le dieron la oportunidad en Granada, pero ya no fue necesario de que se subiera a ninguna torre más, de lo mal que estuvo. En fin, y muchos y muchos torerillos más cuyos nombres se lo ha llevado la neblina de mi olvido.
Entre tanto torerillo suelto se veía venir, tarde o temprano, la epidemia, o mejor dicho: alentó la pandemia latente iba a remover el espíritu torero de la tierra. Fernando Rengel “El Piconero”, torero solanesco, casi un ganapán del toreo. Un gladiador que se volcaba sobre el morrillo de los toros a cara de perro. Como queriendo estoquear la estrechura de su vida que no se presentaba rosa precisamente. Al final, otra vez, perros para arriba perros para abajo, como si no hubiera pasado nada.
Y Paquito Riveriego (el que esto escribe bautizó como Paquito de Larios y así se le quedó). Paquito, nacido en Cortes de la Frontera, con la ternura de la edad, vino a posarse en Alcalá, en la finca Vega Blanquilla, destino de su padre como encargado del ganadero José Quesada. En medio de la ganadería de Juan Belmonte, recién adquirida, Paquito, un “soplido” rubio, de lo endeblito que era, fue fijándose en el misterio cotidiano de los toros bravos. Y sin levantar un palmo del suelo, se hizo diestro, a lomos del caballo “Ropero”, en el manejo de la garrocha en los días del recogida del ganado, junto al “conoseó” Diego Mateos y Manuel Toro. Así que el niño, pronto echó pié a tierra. Los primeros pases a una becerra le trastocaron el sueño. La idea de ser torero era hurón que se le estiraba por día. Y llegó la hora. Un niño todavía, en que alborearan de verdad ilusiones ocultas.
Por primera vez en su Cortes natal, se vistió Paquito de luces. Lucía un terno rosa pálido y plata alquilado (más bien descolorido que pálido). En un colegio del pueblo vistióse para la ceremonia. La historia resultó a pedir de boca. Orejas y salida en hombros. Y los amigos celebrando.
Entendía Paquito el toreo abiertamente ortodoxo, rondeño, de “pata adelante” y chaquetilla abierta al aire del viaje, al son de cada pase. Sembrado justito de valor, era sin embargo, en tarde encendida, capaz de esperar al novillo a “porta gayola” o iniciar la faena con una tanda de hinojos, al hilo de las tablas. Se embraguetaba con el capote y en tardes de inspiración era un portento corriendo la mano. Lo mismo alegraba que dramatizaba la faena. Era un ecléctico, ponía las reglas al servicio de los sentimientos. Lo que mejor se le daba –lo más difícil- era la suerte suprema: la espada. Parece que lo estuviera viendo, altanero, parsimonioso, pasitos cortos, la mano despegada al aire del cuerpo, envuelto en el capotillo de paseo, al son del pasodoble “Amparito Roca”. Y la niña enamorada en el tendido para que nada falte.
Toreó Paquito de Larios, catorce novilladas, con buen balance, aunque con algunos aperreos, como con aquel toro cinqueño que le echaron en San Roque. Tarde de espanto, donde la tragedia se paseaba viciosa por el ruedo. Al final, una estocada de potra abrió las puertas de la Providencia. ¡Cuántas noches de pesadilla vivió uno junto al amigo torero!. Oí de cerca el latido pálido del miedo. Y hasta le apreté la pañoleta y los machos para que saliera bonito a la plaza. Con traje tabaco y oro salió Paquito de luces, por última vez, en Alcalá en una plaza portátil, en el llanete de Pico del Campo. Y desde entonces, a la estrella de la ilusión, le vino para siempre el día. Toreaba aquella tarde con Paquito otro torerillo local: Lázaro Jiménez. Imprimía Lazarillo al toreo una extraña belleza de flor bravía. De tez retostada entre la seda más que al novillo toreaba el peligro. Un “tabarro” (como decimos por aquí) vestido de luces. Pero salió virgen del trance porque antes, por una y mil razones, como le sucediera a todos, se le enfrió el caldo de la afición, y se fue a su oficio de siempre. Lazarillo Jiménez fue el epígono, la última ilusión alcalaína vestida de luces.
Acaba aquí, este breve paseo, esta crónica sentimental, a través de la torería alcalaína. Un vuelo mágico por la suerte escrita del sueño eterno del hombre y el toro entre la luna y el sol.

“Un toro malo en la vida
no le temo aunque derrote
yo le daré la salida
con el vuelo del capote”.

Cantábamos, a dúo, Paquito de Larios y yo en los días de juventud y rosa. Luego, lo que son las cosas, el toro se convirtió en pájaro y se fue volando por la raya del aire. Uno nunca ha visto a nadie –si no es en los sueños- pegarle un capotazo a un pájaro. Si acaso, si acaso, al dulce pájaro de la juventud, pero ese hace ya algún tiempo que se escapó de la jaula. Pero queda la conformidad de que vendrán los días, vendrán otros, a los que se le llenaran la cabeza de gorriones y le abrirán el capote a la gloria, a la fama tornadiza. Y la fábula del toro volador seguirá vigente, mientras sigo asomando por encima del Lario, el lucero del alba.

Jesús Cuesta Arana

Memories of Alcalá 5: The Rivers and the Bathing

Spanish original

Alcalá could have been called “the Mesopotamia of Cádiz”. In the same way as in Iraq the term Mesopotamia, or “land between rivers” is used to define the region between the Tigris and the Euphrates, Alcalá could be designated “town or hill between rivers” because it is surrounded by five rivers and a rich network of springs, streams, sources and waterfalls. Its moist earth sustains an impressive range of vegetation. Federico Garcia Lorca fell in love with Alcalá and cited it as an Andalucian town par excellence. When in The House of Bernarda Alba he said that towns with no river or sea were cursed, he recalled Alcalá as a town that was blessed.

Alcalá has no sea, but it is surrounded by five rivers: therefore it doesn't meet Lorca's qualification for being cursed. The most important is the Barbate, which maintains its waters the whole year round and is the only one which runs into the sea, over on the coast at the town of the same name. The other four are the Fraja and the Alamo which join it on the right, on the way to Benalup, and the Rocinejo and Alberite which do so on the left, on the way to Algeciras. Thus, Alcalá has no coastline but it has abundant rivers.

In the decade of the 1940s, the Barbate maintained its waters even in the driest years. It went through the "Prao" [el Prado] and in summer left big ponds and pools of crystalline water. It was the only place where the youngsters could go and bathe. There were no swimming pools or beaches, even though the Paseo was called “La Playa” [the beach]. It seems to have been called that because on rainy days the water streamed down from the top square converting the streets into rivers and the Paseo into a beach. However this didn't last long, because the water found its way down the hills of “La Salá” [now C/ Nuestra Señora de los Santos] and San Antonio, and the streams of the Ortega hill, ending up in the rivers.

In summer the pools of the Barbate presented no danger, but the hollows created whirlpools and the smallest children didn't have the strength to escape them, and had to be helped. Our parents didn't want us to go down to the "Prao" to bathe. They shouted warnings that the river had swallowed up too many children, but we were not convinced because never in those years was there a serious accident. They said that some child was always drowned in the Barbate in summer. They were exaggerating and we did not believe them.

The banks of the river were a garden clothed in oleanders, reeds, rushes, small palms and lentiscos … We left our clothes piled in a heap and swam completely naked; a swimming costume was a luxury item in those days. We jumped into the water from some round rocks, which the river itself had shaped in its passing, and then we stretched out to dry ourselves on those wonderful platforms. We filled ourselves with the pure joys of Nature. We went home newly restored, our legs whitened by the limestone dragged along by the water, and in fear of our parents' reprimands. It left scratches on our legs, and if we had been swimming we were left with tell-tale marks.

One day my father found out that we had been bathing in the river. Immediately he sent a policeman to the "Prao" to take away our clothes without us noticing. He took the clothes and waited by the chapel of the Virgin of the Saints, halfway up the hill on the Calle La Salá. The policeman did the job as my father had asked him to. When we children noticed that our clothes had gone, we were full of fear and shame. We waited until dusk to go back up, running like criminals. At the chapel the policeman was waiting for us and gave us back our clothes.

We were able to enter the town with our shameful bits covered, but with our tails between our legs. In our respective houses they were waiting for us with the strap ready. We stayed away from the river for several days, but once we had got over the fright, we got back into our old habits. The Rio Barbate in the "Prao" was the place where we could be free and let off steam. The older lads had already started smoking, because it was the first act of manhood. They found it difficult to go up and down the hill of La Salá, but the younger ones went down flying and came up running.

JUAN LEIVA

Translated by Claire Lloyd

miércoles 21 de octubre de 2009

Homenaje al maletilla

Ha pasado ya casi medio siglo, cuando un puñado de chavales con su hatillo al hombro y una afición desmedida, caminaban cargados de ilusiones en busca de la gloria del toreo, por estas tierras sureñas. La mayoría deambulaban por cortijos y dehesas de la llamada ruta del toro bravo, siendo su epicentro Alcalá de los Gazules. Unos no llegaron y otros menos consiguieron lo que buscaban. A pesar de los años estos chavales de ayer, hoy hombres peinando canas, no olvidan sus vivencias, aventuras y desventuras, ni tampoco el bocadillo oportuno, que les proporcionaba cualquier lugareño, como bien recordaba el alcalde de Alcalá de los Gazules, Arsenio Cordero,en la presentación del cartel y programa de actos, en la Diputación provincial. Acompañando al Alcalde estaban el presidente de la entusiasta Peña alcalaína “Amigos del Camino”, Rafael Crespo, el coordinador del comité de organización Juan Rodríguez Ulloa y un puñado de buenos aficionados socios de la Peña que han hecho un enorme esfuerzo par a que sea una realidad este reencuentro.Un extenso y programa que se inicia el viernes 30 de octubre con la inauguración de la exposición Homenaje Nacional al Maletilla, para seguir los días siguientes con coloquios y conferencias y la participación de toreros, rejoneadores, ganaderos, periodistas y aficionados y un tentadero. En la gala de clausura se presentará la maqueta del conjunto escultórico al Maletilla, obra del artista Jesús Cuesta Arana y que ha causado impacto en cuantos la han visto y que se considera como objetivo prioritario de este homenaje.

La prensa se está haciendo eco del homenaje al maletilla que, organizado por la Peña Amigos del Camino, tendrá lugar en Alcalá de los Gazules entre el día 30 de Octubre y el 1 de Noviembre próximos y que tendrá ámbito estatal.

Este texto anterior pertenece al Andalucía Información, pero también encontraras más datos en la Guía de Cádiz , La plaza.net y en la Voz Digital.

Programa:

  • Viernes 30, a las 20.00 horas: inauguración de la exposición.
  • Sábado 31, a las 10.30 horas: saludo del cronista Luis Rivas.
  • A las 11.00 horas, coloquio “Del Maletilla a las Escuelas Taurinas”, con la presencia anunciada entre otros de los matadores Andrés Vázquez y José Antonio Ruiz Espartaco. Moderará Juan Manuel García Candón, presidente de la tertulia “Cambio de Tercio”.
  • A las 12.00 horas,  conferencia de Álvaro Domecq Romero sobre  'El Toro Bravo'. Coloquio posterior con la presencia del matador Francisco Ruiz Miguel y de los ganaderos Lucas Carrasco Romero y Marcos Núñez Coronel.
  • A las 13.30 horas, coloquio sobre  'El Reglamento Taurino y su aplicación práctica'. Intervendrán Macarena Bazán, Anabel Moreno y Agustín Díaz Pérez. Estará moderado por Francisco Orgambides.

Todas las actividades anteriores se realizarán en el Centro Cultural Santo Domingo.

  • Sábado, a las 21 horas: Gala de clausura presidida por el Consejero de Gobernación, Luis Pizarro en la sede de la Peña Amigos del Camino. Se presentará la maqueta del monumento al maletilla, obra del artista alcalaíno Jesús Cuesta Arana.
  • Domingo, a partir de las 12 horas:  Tendadero a la antigua usanza en la finca Montebajo, propiedad de los hermanos Núñez Coronel. A su finalización tendrá lugar un almuerzo campero

ENTREGA DE UNA PLACA AL HOTEL SAN JORGE, DE ALCALÁ DE LOS GAZULES









El pasado sábado día 17 de Octubre, la Asociación de Antiguos Alumnos de las Escuelas Sa.Fa., de Alcalá de los Gazules, con la colaboración de la Excma. Diputación Provincial de Cádiz, hizo entrega al Hotel San Jorge, en especial a José Ángel Pizarro Moreno y Julio Moreno Macías, de una placa como agradecimiento por las atenciones recibidas en la cena de Agosto, que como cada año organiza la Asociación.

EL SACERDOTE MARCO ANTONIO HUELGA DE LA LUZ, PREGONERO DE LA ESPERANZA DE TRIANA 2010

En días pasados se procedió a la elección del pregonero de la Hermandad de la Esperanza de Triana para el próximo año de 2010, recayendo dicho nombramiento finalmente sobre el hermano Marco Antonio Huelga de la Luz, joven sacerdote de 33 años de edad que actualmente es párroco en la gaditana localidad de Alcalá de los Gazules. En 2007 pronunció el Pregón de la Semana Santa de Cádiz en el Gran Teatro Falla, además de haber tenido a su cargo numerosas disertaciones, si bien esta será la primera vez que se posicione tras un atril en nuestra ciudad.
Así mismo, cabe recordar que Marco Antonio Huelga predicó el solemne septenario en honor de Nuestra Señora de la Esperanza en la Cuaresma de 2007. El pregón, que alcanza ya su XXI edición, tendrá lugar en la Real Parroquia de la Señora Santa Ana la noche del viernes 5 de marzo de 2010. Vaya desde aquí nuestra más sincera enhorabuena y felicitación al próximo pregonero.

http://www.artesacro.org

Foto y sitio relacionado: http://www.esperanza-de-triana.org/