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sábado, 10 de marzo de 2007

Molino de viento

Seguro que más de uno ha jugado dentro y fuera de nuestro molino de viento. El acebuche sigue donde mismo estaba, no ha desaparecido.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenos recuerdos me trae el viejo Molino de Viento. Los recuerdos, a esta edad mía, cuando acuden, acuden a borbotones, sin explicación. Recuerdo el Molino porque un pariente de mis primos los Herrera -casi hermanos, hermanos en definitiva-, hacia experimentos desde su altura con un avión hecho a mano que ríete tú de Leroy Merling. Recuerdo la ilusión que me hacía escaparme por las tardes –mi madre y mi tía Ramona nunca supieron donde estaba- para ir al Molino porque, en sus alrededores, encontraba cuarzo y feldespato –D. Fernando me dijo que era feldespato- y unas piedras muy bonitas, no solamente por su rareza, sino por sus formas. Alguna tenía un agujero muy bien hecho. Alguien me dijo que este tipo de piedra se le amarraba a algunos animales. He intentado imaginarlo y no lo consigo. Me gustaba ir al Molino porque me sentía libre, me sentía mayor, me sentía feliz. Y no me cansaba de ir. Cuando nos fuimos a Cádiz, en alguna ocasión que volvía de vacaciones, volví, pero no se porqué ya no fue lo mismo. Seguramente porque ya no volví a encontrar, en aquellas ocasiones, ni cuarzo, ni feldespato, ni piedras raras.

Francisco Jiménez

El tiempo que hará...