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viernes, 12 de diciembre de 2008

HOMENAJE A DOÑA ELENA TOSCANO SÁNCHEZ






Sr. Director del I.B. Sáinz de Andino.
Sra. Presidenta y Junta Directiva de la Asociación de Padres de Alumnos.
Queridos Elena y Diego.
Antiguos compañeros, alumnos, profesores, señoras y señores


¡Buenas noches!


Hace unas semanas doña María Rosa Mozo, en nombre de la Asociación de Padres de Alumnos de este Centro, me comentó el proyecto de celebración del 25 aniversario de la puesta en funcionamiento del Instituto. En concreto me habló sobre un homenaje que se tenía pensado realizar a doña Elena Toscano Sánchez. Me invitó, a continuación, a colaborar en él y me hizo partícipe de que se había pensado en mí para hacer la exposición de motivos de dicho acto.
La verdad es que no me tuvo que insistir. Acepté inmediatamente. Y lo hice porque además de no tener motivos para negarme, sí tengo razones, muchas razones para decir que sí.
La primera razón es mi profunda vinculación a este centro, seis como alumno y nueve como profesor, es decir, quince años, por lo que difícilmente puedo decir que no a cualquier cosa que se me pida, máxime cuando mi sueño educativo se concreta en tener algún día plaza definitiva en este instituto y poderme dedicar a ejercer mi trabajo entre mis paisanos y entre los hijos de nuestro común Alcalá.
En segundo lugar porque este centro ha sido el trampolín posible sin el cual a muchos de los aquí presentes se nos hubiese hecho difícil habernos preparado para iniciar luego nuestras carreras, profesiones o trabajos.
Y en tercer lugar por tratarse del motivo que nos ocupa. Homenajear a doña Elena Toscano de Márquez, pues pocas veces tiene uno la oportunidad de mostrar públicamente su agradecimiento, en este caso a una persona concreta, que por el ejercicio de su vocación, su celo profesional y su continua preocupación por este centro de enseñanza, ha adquirido para los que hemos convivido con ella y para el pueblo de Alcalá, la consideración de una categoría superior. Así nuestra Homenajeada es toda una institución y hablar del instituto es evidentemente hablar de doña Elena.
Pero hagamos un poco de historia. La historia de nuestro instituto, como cualquier proyecto que se pone en marcha implica siempre un proceso de preparación desde que surge la idea hasta su materialización. En nuestro pueblo era un anhelo que venía persiguiéndose casi desde mediado de siglo, en el que tuvieron que emplearse a fondo algunos de nuestros munícipes y paisanos ilustres para que pudiera concretarse, en especial el alcalde Miguel Puelles.
Las ideas habían ido surgiendo pero no cuajaban definitivamente. Es más, en un principio, se barajaron varias posibilidades. Se planteó a mediados de 1963 crear en las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia (El Convento) una Escuela de Enseñanza Media, y posteriormente un Colegio libre adoptado. Incluso el Rector de la SAFA, el Padre Bermudo, mantuvo una reunión en el Cine Andalucía a comienzos de 1964 pensando en un Instituto Laboral.
Sin embargo ese mismo año de 1964 las dudas comenzaron a disiparse y en agosto el Pleno Municipal acordaba ubicar el Instituto en el local del Pico del Campo, cuya finca había adquirido el ayuntamiento diez años antes.
Comenzaba entonces el largo camino para conseguir subvenciones y créditos para construir el edificio, y la autorización para la creación de un Colegio Libre Adoptado, que pendía en lo económico del ayuntamiento y de las cuotas del alumnado y en lo académico del Instituto Padre Luis Coloma primero e Isla Verde de Algeciras después, quedando bajo la tutela intelectual del más ilustre hombre de nuestras letras D. Pedro Sáinz de Andino.
Aprobado el colegio era necesario llevar la idea al público conocimiento. Se hizo la presentación en un acto en el Patio de la Iglesia de la Victoria y allí mismo se apuntaron los primeros alumnos. Previamente se había contratado a doña Elena Toscano, Licenciada en Geografía e Historia y a doña Carmen de Mera, Licenciada en Farmacia, para cubrir el mínimo exigido para este tipo de centros. Luego el resto del profesorado se concretaría con los maestros o profesionales de carrera que había en la localidad. Todo un reto. Pero había ganas, deseos de sacar el proyecto adelante y la cosa funcionó.
Así una mañana de otoño de 1968, histórica para la enseñanza alcalaína y por ende para el desarrollo de nuestro pueblo, un grupo de muchachos y muchachas, vestidos con sus mejores galas, esperaban impacientes y nerviosos la apertura del antiguo edificio de la OJE, donde comenzarían las clases. En todos también ilusiones y sueños con sus flamantes bolígrafos y libretas. En realidad todo era a estrenar. Algunos de los aquí presentes podrían describir con detalles aquellos momentos.
Se abría con la puerta del Instituto la puerta de la posibilidad de estudiar para muchos, aunque bien es verdad que la nota que hoy parecería ridícula entonces comparativamente no estaba a la altura de todas las familias. Sin embargo correspondió a aquellos padres de alumnos aportar parte de la cuantía para el pago de los profesores y confiar en que la enseñanza aquí impartida era de tanta calidad como en otros sitios. Bien es verdad que la colaboración de los maestros, entonces de Enseñanza Primaria, fue excepcional y entregaron con redoblados esfuerzos sus conocimientos para que la labor siguiera adelante. Y todo ello por un sueldo que hoy también nos parecería ridículo.
Nuestro recuerdo para don Jaime Cordero, don Manuel Mansilla, don Francisco Lozano, don Isidro Mateo, don Bartolo Gallego, don Francisco Almagro, don José Díaz, don Eladio Garzón, doña Juana María Estudillo, doña Lucía Tizón, don José Sánchez, don Manuel Ahumada, don Francisco Muñoz, don José Palomino, don Gabriel Camacho, don Diego Márquez, don Manuel Mañez, don Manuel Hermida...
Fue por tanto una labor de conjunto (Ayuntamiento, padres y profesores) los que hicieron posible el sueño. En nombres de los que hemos tenido la oportunidad de estudiar aquí, gracias a todos.
Bien es verdad que en sus comienzos abundaba la precariedad, pero de alguna manera había que empezar. Y aunque faltaban medios, la calidad humana, el trabajo y la ilusión hicieron posible seguir adelante.
Tras una breve estancia en el edificio de la antigua OJE se pasó a la Casa Cultural, mejor habilitada y acondicionada, para en el curso 69/70 inaugurarse el edificio, que después de múltiples reformas y mejoras es el que tenemos hoy.
En un principio se concibió como un Colegio Libre Adoptado que cubría sólo el bachillerato elemental, para pasar en 1974, con el esfuerzo del Ilmo. Ayuntamiento a Centro Homologado de Bachillerato, autorizándose a impartir el Bachiller Superior, que se completaría años después con la enseñanza del C.O.U.
Hoy, acogido a la Reforma, el centro mantiene viva la apuesta educativa que nuestro pueblo ha hecho siempre.
En todo este proceso, en lo tocante a la cuestión académica destacó pronto nuestra homenajeada: Doña Elena Toscano Sánchez.
Elena Toscano nació en la sevillana calle Virgen de la Oliva, en el seno de una familia de catorce hermanos de la que ella hacía el número cinco. No hay quinto malo, reza el dicho.
Hija de don Francisco Toscano de Puelles, natural de Alcalá y de doña María Isabel Sánchez Montes, ha heredado del ambiente familiar los valores que la acompañan siempre.
Cursó sus primeros estudios y el Bachillerato en el Colegio religioso de “Las Esclavas” de Sevilla, obteniendo la licenciatura en Geografía e Historia por la Universidad Hispalense y alcanzando las oposiciones a la agregaduría por la rama de Lengua y Literatura en el año 1979.
La condición de alcalaíno de su padre y el gozar aquí de familia, le hacían visitar Alcalá anualmente durante las vacaciones de verano. En uno de ellos, en concreto en Agosto de 1966, en el Santuario de Nuestra Señora de los Santos, conoce a Diego Márquez Gil. Tres años después, en julio de 1969 contraen matrimonio, como no, en la Ermita de Nuestra Patrona, fruto del cual han formado una familia numerosa que constituye la razón primera de sus existencias, y aunque la suerte os jugó una mala pasada, la vida os tiene que seguir dando lo que os merecéis, que no es poco.
Su labor profesional comienza el 22 de noviembre de 1968, con la apertura del Instituto. Como profesora ha permanecido en el centro durante veintidós años, es decir desde 1968 a 1981, salvo un breve paréntesis correspondiente al periodo comprendido entre octubre de 1979, cuando obtuvo las oposiciones, hasta julio de 1980 y se notó su ausencia ¡vaya si se notó!.
Es directora desde el 22 de diciembre de 1968, pues aunque el Instituto había comenzado dos meses antes, bajo la responsabilidad del Ayuntamiento, hasta esa fecha no recibió carácter oficial, hasta el 1 de octubre de 1979, y desde julio de 1980 al 1 de julio de 1987, dieciocho años, fecha en la que presenta su dimisión por motivos personales. Sus hijos comenzaron a entrar en el centro y prefiere no dar xxxx a consideraciones especiales o tratos de favor. Todo un ejemplo.
Ha impartido prácticamente todas las asignaturas de letras, y puede que incluso algunas de ciencias: Historia, Latines, Griegos, Lengua, Literatura, Inglés, Francés, Filosofía y un millar de alumnos la avalan.
En la actualidad es profesora de IES VISTAZUL de Dos Hermanas (Sevilla), aunque sueña algún día con volver, porque la tierra en la que han sembrados sus frutos junto con su marido, espera impaciente para devolverle el ciento por uno.
Hoy que vemos las cosas en la distancia, una vez mesurado el ardor juvenil, y cuando en su inmensa mayoría somos padres y madres, algunas con hijos estudiando aquí, observamos con mayor mérito tu tarea, Elena, y comprendemos el sentido familiar que tu le distes a este centro, actuando como una matriarca, porque hasta en eso quiso el destino premiar a la mujer en el instituto. Tú, junto con Carmen de Mera, fuisteis los timones en los primeros compases. Luego tuviste que apechar sola, amainando o soltando velas, en definitiva campeando muchos temporales, eso sí, y es justo decirlo, con el apoyo de tu marido. Porque si el dicho es que detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer, en este caso, detrás de una gran mujer, yo diría a su lado, se ha encontrado siempre un gran hombre, Diego Márquez, dotado, como no, del hondo sentimiento familiar que juntos habéis difundidos.
Yo por cuestiones personales podría dar testimonio de tu celo por este instituto sin horas ni vacaciones.
Podría describir tu diplomacia a la hora de tratar a aquellos catedráticos (entre comillas) que venían de fuera de Algeciras y que nosotros esperábamos todos los años con un sentido de sumisión tremendo, como corderillos que fuéramos al matadero. Nuestra única esperanza era desear que el hijo que solías esperar por esas fechas se retrasara lo necesario para que tu pudieras estar con nosotros. Yo creo que llevamos la cuenta mejor que tu. Y es que si hubieras fallado nos hubiéramos quedado sin nuestro talismán.
Podría describir tus paseos por aquel largo pasillo de arriba ¿te acuerdas?, donde solíamos examinarnos llevando y trayendo, apuntando el ablativo absoluto o el infinitivo de futuro, el verbo polinzo o el autor del comentario de texto, incluso hasta la fórmula química que había que emplear en la resolución del problema, que ya previamente le habías encargado de sacar al mismo que la había puesto. Distraías a los examinantes como fuera y eso en nuestro subconsciente vive perpetuamente, si quieres como anécdota, pero cuántos salvábamos el examen por ello.
Podría recordar el vozarrón que invadía los pasillos cuando impartías tus clases, llenando el ambiente. Entrar por la puerta del centro cuando uno llegaba tarde, sobre el hueco silencio, percibíamos tu voz, invadiendo la estancia, como el olor del pan. Lógicamente como siempre habías comenzado con la frase: “Vamos a ver”.
Podría señalar aquí a aquellas acusetitas niñas que se refugiaban en tu despacho después de algunos recreos en los que los varones, emulando a Puskas o Gento, las acribillábamos a balonazos. Ellas consentían un poco, pero luego, poniendo caras de mártires, iban corriendo a pedir auxilio donde sabían que lo encontrarían seguro. Se lo vamos a decir a doña Elena. Ahí, evidentemente, tenía que parar la batalla.
Podría rememorar tus largas conversaciones intentando resolver algún problema sin límite de tiempo hasta agotar al contrario, con la única convicción de que el resultado era lo importante. Y pocas veces fallabas. Podría ensalzar tu fórmula sencilla para comentar los temas, sin la suficiencia de saberse por encima de sus discípulos.
Podría seguir enumerando hechos, acontecimientos, batallas que has librado por teléfono o en despachos de la Delegación por este centro, de algunas de las cuales fui testigo.
Podría hacer partícipe de ello a los aquí presentes y el cúmulo de acontecimientos y anécdotas serían interminables.
Porque en definitiva fuiste una maestra para tus alumnos y una gran compañera para tus compañeros.
Pero con ser todo ello importante, nosotros esta noche te queremos agradecer Elena, una cosa especialmente, y lo queremos hacer con el corazón porque hay cosas que no se olvidan.
Te queremos agradecer sobre todo el cariño con que lo has hecho. Yo diría más el sentido maternal que ponías en cada gesto y en cada actuación. El resultado final siempre tenía –supongo- como recompensa, la satisfacción del deber cumplido.
Por eso hoy nos hemos congregado aquí en representación de aquellos que tuvimos la fortuna de contar con tu magisterio. Y lo hacemos felices y orgullosos de haber tenido la ocasión de ser y sentirnos tus discípulos. Los que nos dedicamos hoy a la enseñanza sabemos cuanto cuesta despertar interés por nuestros alumnos. Por eso es casi un sueño pensar que algún día sientan por nosotros el afecto, el reconocimiento y el cariño que tu persona nos provoca.
Estar hoy aquí es volver a sentir la juventud corriendo por nuestras venas, es volver el tiempo atrás con nuestros anhelos y sueños. Es en definitiva rememorar la historia de algunos de nuestros mejores años, aquellos en los que empezamos a poner las primeras piedras de nuestro porvenir, aquellos en los que aprendimos a amar, aquellos en definitiva en los que comenzamos a comprender la razón de nuestra existencia. Haber tenido la oportunidad de haber gozado de tus diálogos, de tus anécdotas, de tus historias, e insisto siempre con sentido familiar nos dejó la honda huella de una semilla bien plantada.
Por tanto nuestro agradecimiento, Elena, es unánime. Y en este aspecto tiene sentido este homenaje. Pero no sólo es el homenaje de reconocimiento a tu persona, aunque tú lo simbolizas a todos; es el homenaje también a todos nosotros, Ayuntamiento, padres, profesores, alumnos, a los que hoy forman el timón de la Asociación de Padres. En definitiva es un homenaje que no surge de una necesidad, sino de un sentimiento compartido, porque sé que nosotros para ti éramos los que contábamos, no los números, las estadísticas, los resultados. El valor éramos los alumnos como personas, como hijos de la gran familia educativa que tu supiste crear.
No sé si mis palabras recogen bien todo lo que mereces que se diga de ti, pero de todas formas tienes que saber que cuando las he escrito, lo he hecho con el sentimiento a flor de piel. Pero sí sé lo que nos embarga hoy a los aquí congregados: la emoción del reencuentro, después de muchos años, con una parte de nuestras raíces.
Esperamos que cuando el tiempo pase y cumplas las obligaciones familiares que te han llevado fuera, tengas la posibilidad de volver a estar de nuevo aquí, para que nuestros hijos puedan tener la misma oportunidad que tuvimos nosotros. Te lo agradecemos de antemano.
En nombre de la Asociación de Padres, a cuya presidenta doña Rosario Puerto y a su Junta Directiva, agradezco su confianza, y en nombre de los antiguos alumnos, nuestros mejores deseos para ti y tu familia, y que Dios, Elena, te pague lo que nosotros sólo te podemos agradecer.


Muchísimas gracias.



Jaime Guerra Martínez
Alcalá de los Gazules, mayo de 1995
Hotel San Jorge
25 Aniversario de la creación del Instituto

El tiempo que hará...