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jueves, 7 de junio de 2012

RECORDANDO A ANTONIO PIZARRO MEDINA


U N     D I A     E N     M A T A R O

          En  el  otoño  del  año  1987 , me  telefoneó  mi  amigo  y  paisano Antonio  Pizarro  Medina , diciéndome  que  se  encuentra  en  Barcelona  con  su  esposa  Mercedes . Me  dice  que  viene  a  hacerse  una  revisión  médica  en  la  Clínica  Quirón  y  estará  unos  días  en  la  ciudad; que  le  gustaría  saludarme .
          Contento  de  oír  su  voz,  le  pregunté por  el  hotel  en  el  que  se  alojaba, y  me dirigí con Pepita  a  buscarles. Antes  llamé  a  Currito Romero y su esposa Silveria Pacheco, que por aquel tiempo  vivían en  Barcelona; ciudad a la que Seat, de la que Curro era  directivo, había trasladado la dirección general. Los cité en el  hotel,  y nos encontramos en la recepción a los pocos minutos. Tras los  saludos cariñosos de Antonio y Mercedes, salimos a pasear por la  Ciudad Condal.
          Cenamos en el Restaurante Oliveta; ubicado en mi barrio del  Pueblo Seco, junto al  Paralelo; propiedad de un paisano de Medina  Sidonia.  Después de cenar estuvimos viendo el espectáculo de “El  Molino”. 
          Mientras cenábamos, les pregunté qué querían hacer el día  siguiente, sábado. Antonio nos dijo que le haría ilusión ir a Mataró, donde vive Juan  Llaves, su amigo de la infancia al que hacía  muchos años que no veía. Contaba de Juan que era muy buena  persona y que además había jugado muy bien al fútbol, junto a  Curro y el  mismo. Yo lo recordaba muy  vagamente,  no así a  sus hermanos  Paca  y  Pepe  el  ciego,  a  los  que  tenía  frescos  en la  memoria .
          Con  aquella capacidad que tenía para recabar la atención de  las gentes, nos hizo pasar un rato delicioso hablándonos del Regina  CF y otras cosas que contaba. Han pasado los años y aún lo  recuerdan en el restaurante. Montó una gorda. Todas las mesas  pendientes de él. Afirmaba que el Regina había sido lo más grande  que existió en la historia futbolística de nuestro  pueblo.  Explicaba  innumerables hazañas inventadas (¿te acuerdas Curro cuando. . .? )  del club que presidía Juanito Parra y en el que había jugado junto a   Curro. Lo mejor de lo mejor de los años cincuenta. Nombraba la  alineación completa del equipo, que bajo la batuta del gran Mena, la  pulga de Jerez; Paco de portero, Gabriel Puerto, Jorgito Armario, Carlos Cordero y Fernández, Velázquez y otros más que no  recuerdo;  quizás Bellido; habían deleitado a los aficionados al  fútbol de la época. Con el recordado don Arsenio y su  paraguas,  vigilando la actuación arbitral desde la banda. No faltó el recuerdo  de El  Remache.
          Sabía que estaba gravemente enfermo, pero eso no mermaba  su enorme sentido del humor y su simpatía; siempre gesticulante y  exagerado, pero con una mímica graciosísima y entrañable.
         Juan Llaves vivía en Mataró, pero no teníamos más datos. Conduciendo Curro, nos dirigimos Antonio, Mercedes y  yo hasta la capital del Maresme.  Por aquel tiempo yo era responsable de la Casa de Andalucía de Barcelona,  y tenía a muchos conocidos que eran directivos de peñas y hermandades andaluzas de los pueblos  barceloneses; por lo que sugerí acercarnos a una de estas  entidades  a preguntar por socios alcalaínos. Al llegar a la ciudad Antonio Pizarro recordó que tenía la dirección de Diego Acedo Puerto, un  querido paisano que vive en Mataró con su  familia.
          Encontramos con facilidad el domicilio de Diego. Quiero recordar, el  tiempo difumina las cosas, que era una planta baja,  amplia, limpia y ordenada, con losas blancas y negras en el suelo.   Me encontré con una simpática familia que olía a Alcalá. Estaban en  la casa Diego y dos señoras, una de ellas su esposa y la otra creo  que sería la hermana de ella por el gran parecido físico que tenían; a  los tres los recordaba de la calle de Los Pozos de mi infancia. Estaban también sus hijos, simpáticos y guapos, reconocí también a  la hija mayor de mi etapa en el pueblo. No sé por qué, me pareció  aquella familia muy nuestra; aquella casa parecía un trocito de  Alcalá en Cataluña.
          Tras el hallazgo del paisano Diego, ya fue fácil encontrar la  pista de Juan Llaves. Nos marcaron en un plano la plaza del Molino, en la que estaba el bar Ceuta; centro de encuentro de nuestros  paisanos en las horas de descanso. Al entrar en el establecimiento,  dos personas que reconocieron a mis acompañantes se levantaron y vinieron a saludarnos. Al parecer Juan Llaves se encuentra enfermo  e ingresado. Pero se corrió la noticia de nuestra llegada y en pocos  minutos había más de cincuenta personas nacidas en Alcalá, llenando el bar hasta los topes; a rebozar que diría un castizo.
          Buen ambiente. Yo no conocía a nadie, pero traté de saber  quienes eran. Se empezó a  oír  algún  ¡viva  Alcalá!,  mezclado con  los vivas a la Señora de los Santos, nuestra patrona bendita.
          Antonio estaba contento y quiso que su visita fuera  recordada. Empezó a cantar canciones futboleras, y otras propias de  nuestro pueblo. Después pidió que le trajeran una botella de anís y  un cuchillo metálico; y tras subirse encima de una mesa, empezó a  dirigir al coro improvisado que cada vez se hacía más numeroso,  con la participación entusiasta de los vecinos del barrio.
          Ante la cantidad de público, no se cabía en el local, decidimos
trasladar la mesa-escenario a la plaza .
         Recuerdo a Pizarro subido a la  mesa, con la botella de anís y  el cuchillo percutor en las manos, dirigiendo al personal, desde su  altura. Artista completo. El lo hacía todo, dirigía, tocaba, cantaba y  ponía orden. Todos los alcalaínos rodeando a la figura; como una aguerrida cohorte romana protegiendo a su César. Detrás los  vecinos del  barrio, que se encontraron, sin esperarlo, con un  espectáculo de Fiesta Mayor. Y de verdad, aquello era una  espléndida  fiesta.
          Se solicitó silencio y Antonio anunció que iba a recitar un  poema que había escrito para homenajear  al  gran torero Paquirri,   que había muerto en Pozoblanco pocos años antes. Con una voz  trágica, y potente, que le salía del estómago; encogiéndose de  dolor su cuerpo alto mientras recitaba sus versos; en la noche se  oía  volar un eco lúgubre y sentido por la muerte del  maestro entre los  cuernos de Avispado. Alargaba los versos atrayendo al  numeroso  público con gestos y golpes rítmicos en la botella de anís  (Fran--cis--co Riverassssssss, Paquirriiiissssssssss) lo que provocaba un  intenso  murmullo y afirmativos gestos de cabeza, de una audiencia totalmente entregada y compungida; triste por la muerte del torero,  y por la soledad de la cupletista que quedaba viuda y sola en  la  vida. Hasta tres veces tuvo que repetir el poema a petición popular.  Con la plaza llena de devotos seguidores e iluminada ya  eléctricamente. En medio de una ovación unánime; que Antonio,  con los brazos en alto y aplaudiendo a su vez a los paisanos y   audiencia en general; agradecía complacido y feliz, desde su mesa-escenario. Más de una lágrima rodó sobre las caras de hombres y  mujeres, que reaccionaron con nuevos vítores a Alcalá y la Virgen  de los Santos. Triunfo apoteósico de Antonio Pizarro Medina en la  Plaza del Molino de Mataró.
          No hay carteles que lo atestigüen, ni videos que ofrezcan las  imágenes; pero está en la memoria de muchos alcalaínos, yo  uno  de  ellos, la tarde que una  plaza catalana fue un enclave gaditano.  Allí se olía a churros de Joaquín, a los molletes calentitos de Juan  Panera y a los  ricos gazpachos calientes de mi querido Manolito  Jara en el  pozo antiguo, del patio de la ermita. Esas cosas que son  nuestras, y solo nuestras; aunque nos guste compartirlas con todo  aquel que se acerca  a  nosotros como hombre decente y solidario.
          El tiempo que viva, recordaré siempre aquella tarde que  Antonio Pizarro Medina, de Alcalá de los Gazules; como reza en su  tarjeta de visita, que conservo; salió a hombros de una plaza bonita catalana. Era otoño, tiempo de vendimia y de octava en la ermita de  los Santos; cuando el “duende” caprichoso, se quiso pasear por esa  placita de un pueblo del litoral catalán barcelonés.



Francisco  Teodoro  Sánchez  Vera
Cuaderno “Gente  que  yo  conocí” - 2006 


El tiempo que hará...