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martes, 27 de enero de 2015

UNA IMAGEN CON HISTORIA



  
La historia, grande o pequeña, merece ser contada. Por ello me permito adentrar en el tiempo, ya que lo viví en primera persona, unos hechos, con anécdotas incluidas, acaecido en la desaparecida plaza de toros de Cádiz, donde un torero, aunque nacido en Granada, pero alcalaíno de adopción, se impuso ante las presiones e incluso los engaños, de la que fue víctima, tras ganar justamente, jugándose la vida, un preciado capote de paseo, de auténtico lujo y de alto valor.

En la foto aparecen los entonces novilleros, de muy buen cartel entre los aficionados, Chano Rodríguez, que frecuentaba la finca alcalaína “La Capitana” y amigo de aquel buen ganadero que se llamó Agustín Pérez y de su hija Cristobalina Pérez. Y Curro Montenegro, torero con oficio y buen gusto, casado con la guapa y simpática alcalaína Pili Sánchez. Justamente en medio de los dos, aparece la figura de Manuel Irigoyen, entonces banderillero de Chano y de Rafael Ortega, y más tarde, tras colgar el traje de luces con que aparece en la fotografía, tuvo negocios de construcción y luego ejerció de Presidente del Cádiz, C.F., un buen gestor que llevó a primera división al club amarillo, en unas temporadas inolvidables, aparte de su importante influencia en la Federación Española de Fútbol.

Por aquella época la plaza gaditana acogía numerosos festejos. Veintidós fueron en esa temporada de 1961, desde corridas, novilladas, boxeo, lucha libre y espectáculos circenses. Todo un equipamiento multiusos. La tarde del 3 de septiembre de ese año, se celebró una novillada en la plaza gaditana, lidiándose un novillo de Manuel Camacho, para la rejoneadora Amina Assis, una guapa morena colombiana, que frecuentaba la finca “Gómez Cardeña”, de Juan Belmonte. Su actuación resultó lucida, por su destreza y colocación de rejones y banderillas, aunque no tuvo suerte con el novillo, que resultó manso. Volvió un mes después a actuar en Cádiz junto a otras tres rejoneadoras, donde tuvo mejor suerte.

A pie actuó, junto a Chano y Curro, un novillero con mucho porvenir, que se llamaba Luis Parra Jerezano, hoy matador de toros al que apoderaba Paco Ortega, mozo de espadas que fue del maestro Rafael Ortega. Años más tarde Luis pasó a ser apoderado por Antonio Ordoñez. Paco Ortega lo fue de Paquirri y Ruiz Miguel. La novillada había despertado bastante interés, cubriéndose casi tres cuartos de plaza. Para ayudar a incentivar el ambiente, se anunció que al triunfador de la novillada, sería premiado con un “lujoso capote de paseo”. Los novillos de María Luisa Pallarés de Benítez Cubero, no dieron buen juego, resultaron mansos y algunos con peligro, a diferencia de la corrida lidiada dos semanas antes en el festejo de la prensa con Curro Romero, Miguelín y Limeño. A Chano, gaditano y exquisito en su toreo, lo mandaron a la enfermería con una cornada grave. El Jerezano no consiguió cortar oreja y su actuación resultó voluntariosa.

En cambio, Curro Montenegro, se la jugó en el único que se dejó. Estuvo colosal con un toreo de verdad y clásico, llevando la emoción a los tendidos, cortando las orejas. Resultó claramente el triunfador de la tarde. Lo bueno vino después. Terminado el festejo Montenegro esperó que le entregaran el capote de paseo, que se había ganado en el ruedo. Idas y venidas entre barrera. El capote sin aparecer. Diodoro Canorea, que era el empresario, le pedía explicaciones a Paco Ortega, que era el que había ofrecido el capote como tirón de la novillada, convencido de que su poderdante el Jerezano resultaría triunfador. Mientras, Curro no se movía de la plaza hasta que se lo entregaran, que legítimamente le pertenecía. Le dijeron que ya se lo entregarían más adelante. El torero granadino no tragaba. Parte del público esperaba y empezaron las protestas, hasta que finalmente los organizadores cedieron y Curro se llevó el preciado capote verde y oro bajo el brazo, que hoy guarda en su domicilio como recuerdo.

La jugosa anécdota completa esta historia, ya que el capote resultó ser de Rafael Ortega, que a ruego de su primo y mozo de espadas Paco, se lo prestó para que sirviera de “escaparate”, con el convencimiento de que se lo llevaría Luis Parra Jerezano, que luego lo devolvería, pero no contó con el dicho de que “el hombre dispone y el toro descompone”. Años más tarde el propio maestro Rafael Ortega, confirmó a quien esto escribe el disgusto que le supuso perder un capote por culpa de su primo. En una charla que organizamos en el Instituto Sáinz de Andino, donde participó el propio Rafael Ortega, Emilio Oliva y Curro Montenegro, salió a relucir la historia y todavía le duraba el cabreo al maestro de La Isla. Su viuda, Pepita Camacho, con frecuencia todavía, me comenta el disgusto que supuso. Curro lo ganó en el ruedo, con todo merecimiento y le pertenecía por los siglos de los siglos. Amén.





Luis Rivas

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