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miércoles, 14 de septiembre de 2016

APOTEOSIS

                                         



Dedicado a todos los alcalaínos en
especial a:
Don Gregorio Fernández Saborido,
escritor  enamorado de su pueblo.

                                                                             
Dice un conocido refrán que “nunca segundas partes son buenas”, mientras  que otro más o menos acertado confirma que “el hombre es el único animal de la Tierra que tropieza dos veces en la misma piedra”. Pues ¡¡Bendito tropezón el que dieron LOS RANGERS en la noche veraniega del 9 de Septiembre en nuestro Alcalá de los Gazules!! Fue un tropezón que hizo que, también a la 2ª, el amplio y hermoso Paseo de La Playa estuviese a rebosar, de bote en bote y donde no cabía un alma. Fue una asistencia masiva  de seguidores  venidos desde distintos lugares y que se hicieron notar desde las primeras horas de la tarde. Habían querido estar ahí para vivirlo en vivo y en directo. Nuestro pueblo se preparaba para una gran Noche de Fiesta: El esperado CONCIERTO del Conjunto Musical alcalaíno.   La noche, espléndida, el marco, maravilloso, el ambiente, festivo, las ganas… enormes. Entre nosotros también, un nutrido grupo de alcalaínos y alcalaínas que sufrieron en sus carnes el drama de la emigración. Ahora viven en Cataluña y este año han querido pasar unos días en Alcalá para disfrutar con nosotros y nosotros con ellos. A medida que se va acercando la hora de comienzo, va llegando más gente. Mayores, jóvenes y menos jóvenes. Es un espectáculo para todos los públicos, del pueblo y para el pueblo, Y, además, gratis total, aunque si se hubiera tenido que pagar también se habría pagado, pues hay cosas que no tienen precioso.

Los ensayos se acabaron. El escenario, preparado. Afinados los instrumentos y los nervios…desbocados. La expectación en lo alto, la nostalgia, los recuerdos, la añoranza, las emociones, en fin…un cúmulo de sensaciones.
         
Nuestros RANGERS (Juan, Manolo y Carlos), componentes del  originario Conjunto, complementados con la savia nueva de las últimas incorporaciones, fueron desgranando los recordados temas de siempre, los más conocidos para sus fans y otros no menos exitosos: Apache, Mi limón, mi limonero, La Motocicleta, Cazachok, la presentación del Pasodoble a Alcalá (compuesto por Manolo Caro y  a quien Inmaculada se encargó de poner su portentosa voz), Somos Los Rangers, Ahí viene La Plaga, Los ejes de mi carreta, La Chica yé-yé…  Dos horas de espectáculo, de la mejor música, de entrega total, entre el aplauso unánime de la multitud que seguía las letras y el ritmo de las canciones que traían a nuestra memoria recuerdos del pasado. Las cámaras de fotos y de vídeo “echando humo”, mientras sus dueños intentaban no perderse detalle y  tomaban las mejores instantáneas. 

Más que atentos, todos embelesados, apenas sin creer lo que sus ojos veían, entregados también, en su salsa. Tenían ante ellos al Grupo Musical de su juventud. ¡Cuántas vivencias de aquella época! Los bares y terrazas de la zona (alrededor de veinte) a tope, haciendo su “agosto” en septiembre. Con frecuencia la atención se ve interrumpida por algún familiar, amigo o conocido que se acerca a saludarles. Ya se sabe cómo de efusivos somos por aquí: ¡apretones de mano, abrazos cariñosos, besos infinitos, buen rollo… alegría, caras de felicidad por todos lados! Pero, claro, es que a veces es necesario que exista un vínculo capaz de conseguir el milagro: La Virgen, la Romería, San Jorge… Pues bien, en nuestro pueblo y desde hace tres años, los Conciertos de LOS RANGERS han conseguido ese milagro: unir aún más a los alcalaínos, tanto a los que viven fuera como a los que aquí permanecemos. Y eso ha sido posible gracias a este Grupo que inició su andadura en el mundo de la música a principios de los años sesenta en Alcalá. A ellos nunca les hemos olvidado ni ellos tampoco a nosotros. Siempre ha sido un cariño mutuo, fiel y desinteresado.


¡Qué gozo el poder presenciar en el escenario a tres de los primitivos componentes y que, por cierto, están en su mejor momento. Bueno, yo diría que hasta se rejuvenecen cada vez que se organiza un Concierto suyo, a pesar de los duros días de ensayo previos y de todas las dificultades que entraña su puesta en escena. Eso, amigos, no tiene precio. Y lo de Carlos, qué decir, pa quitarse el sombrero. Él debe venir desde nuestras Islas Canarias, desde Tenerife, ¡casi ná! Y, para colmo, el viaje lo ha hecho en barco habiendo tardado dos días. Eso tiene un nombre que se llama “AMOR  A  ALCALÁ  DE  LOS GAZULES”. Claro, que él es de los que dice que “se jubiló para hacer lo que le gusta y ser feliz”. No es mala filosofía la suya. Yo también añadiría que te jubilaste, Carlos, para hacer feliz a los demás. Te podría decir con humor calé: “¡Que Dios te lo pague con muchos hijos!”, pero lo mismo si llego a decírtelo… pierdo a un amigo. Y qué decir de tu mujer, “Santa” Esther, que te comprende y permite volar a ese “canario” amistoso y aventurero hasta Alcalá muchos días antes del Concierto para ensayar, en la confianza de que sabe que va a buen lugar y se encontrará como en su propio “nido”.

          Bueno, nos hemos detenido un poco en los tres “maestros”, pero alrededor de los buenos toreros va siempre una buena “cuadrilla”, un grupo de personas de su confianza que conocen el oficio, que se entregan, que se apoyan entre ellos, que están siempre ahí para realizar un buen “quite” y para que la “faena” sea la mejor para todos. Ya sabéis a quienes me refiero. También a ellos los pudimos ver disfrutando y haciéndonos disfrutar: Los hermanos Víctor y  Javi Caro, Chus Coca y Juan Antonio Lobato, contando con la actuación especial, como invitado, de Paco Delgado que dio muestras de su gran categoría musical.

También hacían su buen y vistoso Trabajo en Coros y Coreografía las guapas Eva, Yolanda, Isabel y Noelia.

         Por allí atiné a ver a Matías Muñiz, componente de nuestro Conjunto en sus principios, que se encontraba feliz como un niño chico y no perdía “puntá”. A Beli Viaga y a Ana Jesús Rodríguez, también recordadas vocalistas en sus comienzos.  Algunos viven lejos pero llevan, como todos, a Alcalá en sus corazones. En el recuerdo, Juan Romero y su hijo Pepe en la batería y Paco Álvarez al teclado. Echamos de menos a muchos paisanos que, estando fuera de nuestro pueblo, no han podido estar aquí esta noche por diversas circunstancias. Otra vez será.

Destacar el buen hacer de todos aquellos que intervinieron como responsables del Equipo de Sonido, así como el personal de Organización y Montaje. Del mismo modo, la colaboración de nuestro Ilustre Ayuntamiento que sabemos que se implicó para que todo saliese como se esperaba.

         Después de dos horas ininterrumpidas, que se pasaron volando, LOS  RANGERS daban por terminada su triunfal actuación. Sudorosos pero contentos y satisfechos de su actuación. Así su público se lo demostraba con felicitaciones y agradecían su generosidad y su esfuerzo. ¡Qué felicidad en la gente! Solamente por eso, “hay cosas en la vida que no se pagan con dinero”. Durante un buen rato “La Playa” sigue inundada de alcalaínos y forasteros que comentan el grato espectáculo vivido. La Luna, en lo más alto, asiste incrédula y disfruta también del momento.

Ha llegado la hora de irse a descansar. Al día siguiente es sábado y hay que relajarse un poco porque el domingo es el día grande: ¡La Romería!  
  
      Todo lo acaecido durante estos días en Alcalá de los Gazules me hace sentir feliz y orgulloso como alcalaíno. Pero esta felicidad es aún mayor al haberla compartido con nuestros paisanos Emigrantes y demás visitantes que nos han acompañado estos días.

           Y RECORDAD, AMIGOS  RANGERS:

Un concierto de Los Rangers
es medicina indicada
para cualquier sexo o edad
en justa dosis tomada.

Contraindicada no está,
sin efectos secundarios,                                 
se debe tomar en verano
en La Playa de Alcalá
al menos cada dos años.                           

Y ésta crónica termino
Lo mismo que la empecé,
Con otro refrán que dice
“que no hay dos sin tres”

Francisco Gil García


    Alcalá de los Gazules

Septiembre de 2016

El tiempo que hará...