martes, 1 de abril de 2025

MERECIÓ LA PENA

 Relatos e imágenes transidos de poesía, ternura y generosidad

Adelaida Bordés Benítez

Mereció la pena

Retrato de tres cuartos de José Carlos Fernández

2025, Cádiz, Ediciones Mayi

                                              

Aunque reconozco que la vida de José Carlos Fernández, gracias a las experiencias vividas en su familia, en sus trabajos y en su ciudad, es especialmente “fotogénica”, me permito aplaudir su acierto al acudir a una “fotógrafa” capaz de captar los latidos íntimos de su apasionante recorrido humano. Este relato biográfico, fuente inagotable de importantes informaciones, nos transmite intensas sensaciones, hondas emociones e, incluso, sorprendentes y estimulantes pensamientos. Y es que Adelaida Bordés Benítez ha captado hábilmente la singular destreza de José Carlos para conjugar su fidelidad al Evangelio con una profunda pasión por su familia, por su trabajo y por su decisiva colaboración en el progreso cultural y social de su “Isla”.

En esta biografía muestra su habilidad estética para atinar con unos momentos preñados de resonancias personales y colectivas, su delicadeza para acercarnos y alejarnos de la realidad isleña, para que nosotros, los lectores, pensemos y reflexionemos, nos emocionemos y disfrutemos. Y es que, además de explicarnos la fecundidad de su capacidad creativa, registra con fidelidad las huellas de los latidos íntimos de los episodios que José Carlos ha protagonizado en esta Ciudad privilegiada.

Gracias a su narrativa fluida y atractiva, clara y envolvente, nosotros, los lectores, además de comprender la importancia de su protagonismo en los eventos y contextos históricos y culturales, podemos valorar las circunstancias vitales que han influido en su vida intensa y en sus acertadas decisiones. Me ha llamado especialmente la atención su habilidad para identificar ese permanente equilibrio entre aspectos personales, familiares, profesionales y ciudadanos, unos ámbitos que, entrelazados, definen la riqueza de su imagen humana.

Gracias a este “retrato” comprobamos cómo la “retratista” es también una escritora capaz de identificar los sentimientos de la persona y del personaje a través de sus ojos limpios y de su espíritu generoso, disfrutando con esos episodios de una rica biografía. Sus relatos y sus imágenes, transidas de ternura y de generosidad, sirven, además, para ilustrar la vida de esta “Isla”, que en la actualidad y en el futuro nos servirán a muchos para que reconozcamos -en el doble sentido de esta palabra- a un conciudadano que, dotado de tino, de acierto y de talento, constituirá un capítulo imborrable de nuestra intrahistoria, de esa trama que nos ha ido uniendo y reuniendo a los compases de ilusiones y, a veces, de inevitables frustraciones.

 

José Antonio Hernández Guerrero

Catedrático de Teoría de la Literatura

viernes, 28 de marzo de 2025

DOMINGO IV DE CUARESMA - CUATRO HISTORIAS DE PADRES E HIJOS

 

Cuatro historias de padres e hijos

Domingo 4º de Cuaresma. Ciclo C.

 

El domingo pasado, a propósito de la conversión, Jesús contaba cómo un viñador intenta salvar a la higuera infructuosa pidiendo un año de plazo al propietario. Nosotros debíamos identificarnos con la higuera y agradecer los esfuerzos del viñador por impedir que nos cortasen. El evangelio de este domingo sigue centrado en la conversión, pero con un enfoque muy distinto: el propietario se convierte en padre, y no tiene una higuera sino dos hijos. Conociendo la historia de la parábola y teniendo en cuenta la lectura de la carta de Pablo podemos hablar de cuatro padres y distintos hijos.

1. El hijo rebelde y el padre irascible que perdona (Oseas)

         La idea de presentar las relaciones entre Dios y el pueblo de Israel como las de un padre con su hijo se le ocurrió por vez primera, que sepamos, al profeta Oseas en el siglo VIII a.C. En uno de sus poemas presenta a Dios como un padre totalmente entregado a su hijo: le enseña a andar, lo lleva en brazos, se inclina para darle de comer; pasando de la metáfora a la realidad, cuando era niño lo liberó de la esclavitud de Egipto. Pero la reacción de Israel, el hijo, no es la que cabía esperar: cuanto más lo llama su padre, más se aleja de él; prefiere la compañía de los dioses cananeos, los baales. De acuerdo con la ley, un hijo rebelde, que no respeta a su padre ni a su madre, debe ser juzgado y apedreado. Dios se plantea castigar a su hijo de otro modo: devolviéndolo a Egipto, a la esclavitud. Pero no puede. “¿Cómo podré dejarte, Efraín, entregarte a ti, Israel? Me da un vuelco el corazón, se me conmueven las entrañas. No ejecutaré mi condena, no te volveré a destruir, que soy Dios y no hombre, el Santo en medio de ti y no enemigo devastador” (Oseas 11,1-9).

         El hijo que presenta Oseas se parece bastante al de la parábola de Lucas: los dos se alejan de su padre, aunque por motivos muy distintos: el de Oseas para practicar cultos paganos, el de Lucas para vivir como un libertino.

         Mayor diferencia hay entre los padres. El de Oseas reacciona dejándose llevar por la indignación y el deseo de castigar, como le ocurriría a la mayoría de los padres. Si no lo hace es “porque soy Dios, y no hombre”, y lo típico de Dios es perdonar. Lucas no dice qué siente el padre cuando el hijo le comunica que ha decidido irse de casa y le pide su parte de la herencia; se la da sin poner objeción, ni siquiera le dirige un discurso lleno de buenos consejos.

2. El hijo arrepentido y el padre que lo acoge (Jeremías)

         La gran diferencia entre Oseas y Lucas radica en el final de la historia: Oseas no dice cómo termina, aunque se supone que bien. Lucas se detiene en contar el cambio de fortuna del hijo: arruinado y malviviendo de porquerizo, se le ocurre una solución: volver a su padre, pedirle perdón y trabajo.

         ¿Cómo se le ocurrió a Lucas hablar de la conversión del hijo? Oseas no dice nada de ello, pero sí lo dice Jeremías. A este profeta de finales del siglo VII a.C. le gustaban mucho los poemas de Oseas y a veces los adaptaba en su predicación. Para entonces, el Reino Norte ha sufrido el terrible castigo de la invasión asiria. El pueblo lo atribuye a sus pecados y decide convertirse, diciendo a Dios: “Vuélveme y me volveré, que tú eres mi Señor, mi Dios; si me alejé, después me arrepentí, y al comprenderlo me di golpes de pecho; me sentía corrido y avergonzado de soportar el oprobio de mi juventud”. Y Dios responde: “Si es mi hijo querido Efraín, mi niño, mi encanto. Cada vez que le reprendo me acuerdo de ello, se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión” (Jeremías 31,18-28). En estas palabras, que reflejan el arrepentimiento del pueblo y su confesión de los pecados, se basa la reacción del hijo en Lucas.

3. El padre con dos hijos muy distintos (evangelio)

         Sin embargo, cuando leemos lo que precede a la parábola, advertimos que el problema no es de Dios sino de ciertos hombres. A Dios no le cuesta perdonar, pero hay personas que no quieren que perdone. Condenan a Jesús porque trata con recaudadores de impuestos y prostitutas y come con ellos.

         Entonces Lucas saca un as de la manga y depara la mayor sorpresa. Introduce en la parábola un nuevo personaje que no estaba en Oseas ni Jeremías: un hermano mayor, que nunca ha abandonado a su padre y ha sido modelo de buena conducta. Representa a los escribas y fariseos, a los buenos. Y se permite dirigirse a su padre como ellos se dirigen a Jesús: con insolencia, reprochándole su conducta.

         El padre responde con suavidad, haciéndole caer en la cuenta de que ese a quien condena es hermano suyo. “Estaba muerto y ha revivido. Estaba perdido y ha sido encontrado”. La mayoría de los escribas y fariseos responderían: “Bien muerto estaba, ¡qué pena que haya vuelto!” Y no podríamos condenar su reacción porque sería la de la mayoría de nosotros ante las personas que no se comportan como nosotros consideramos adecuado. El mundo sería mucho mejor sin ladrones, asesinos, terroristas, adúlteros, abortistas, gais, lesbianas, transexuales, bisexuales, banqueros, políticos… y cada cual puede completar la lista según sus gustos e ideología.

         La diferencia entre el padre y el hermano mayor es que el hermano mayor solo se fija en la conducta de su hermano pequeño: “se ha comido tu fortuna con prostitutas”. En cambio, el padre se fija en lo profundo: “este hermano tuyo”. Cuando Jesús come con publicanos y pecadores no los ve como personas de mala conducta, los ve como hijos de Dios y hermanos suyos. Pero esto es muy difícil. Para llegar ahí hace falta mucha fe y mucho amor.

4. El padre con un hijo y multitud de adoptados (2ª lectura)

         Lo que dice Pablo a los corintios permite proponer una historia en línea con lo anterior. Este padre tiene un hijo y una multitud de adoptados que dejan mucho que desear. Pero no se queda en la casa esperando que vuelvan. Les manda a su hijo para que intente traerlos de vuelta. No debe portarse como el hermano mayor de la parábola, no debe reprocharles nada ni “pedirles cuenta de sus pecados”. Sin embargo, para conseguir convencerlos, deberá morir, cosa que acepta gustoso. ¿Cómo termina la historia? “En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios”. De nosotros depende. Podemos seguir lejos o volver a nuestro padre.

Nota sobre la 1ª lectura

         La primera lectura de los domingos de Cuaresma recoge momentos capitales de la Historia de la Salvación. Después de Abraham (2º domingo) y Moisés (3º), se recuerda el momento en que el pueblo celebra por primera vez la Pascua desde que salió de Egipto y goza de los frutos de la Tierra Prometida.

LOS TEXTOS DE LA LITURGIA

Lectura del libro de Josué 5, 9a. 10-12

En aquellos días, el Señor dijo a Josué: «Hoy os he despojado del oprobio de Egipto». Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó. El día siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas. Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 17-21

Hermanos: El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo reconciliando consigo y nos encargó el ministerio de reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.

Lectura del evangelio según san Lucas 15,1-3. 11-32.

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publícanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: Ése acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: 

-Un hombre tenía dos hijos; el menos de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca de la fortuna. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».

Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado». Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud». Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y el replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado».

El padre le dijo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».

 

 

Padre José Luis Sicre Díaz, S.J.

Doctor en Sagrada Escritura por el

Pontificio Instituto Bíblico de Roma

RAQUEL REYES GARRIDO O EL ARTE DE DISTINGUIR LOS SONIDOS Y LOS RUIDOS.

 Raquel Reyes Garrido o el arte de distinguir los sonidos y los ruidos

Raquel, autora y actora de su vida, nos demuestra que la audiología es una ciencia, una técnica y un arte. Por eso ella elabora e interpreta su guion profesional de manera rigurosa y, al mismo tiempo, libre. Desde pequeña se percibió a sí misma como un ser responsable de elaborar un proyecto vital propio y, aplicando su clave personal, se esfuerza en cultivar una peculiar visión del mundo y una interpretación inédita de la vida individual, familiar y profesional. Expresa y transmite su concepción de la vida a través de su mirada, siempre alertas, y de sus oídos, siempre atentos a los sonidos a los silencios todos ellos imprescindibles para nutrir y paladear los jugos nutritivos de las experiencias compartidas, el reflejo de un alma sencilla que disfruta cuando saborea la vida.

Ella, que está decidida a vivir su vida de una manera plena, es consciente de que vivir es aprovechar una oportunidad única y una aventura personal dirigida hacia el descubrimiento de un mundo más humano, más justo y más grato.

Inquieta, emprendedora e impaciente, nos proyecta sus certeras reflexiones y nos formula sus múltiples propuestas, que están elaboradas siempre tras análisis minuciosos, desde una crítica incisiva y desde una serena autocrítica. Alentada por el rigor y por el trabajo, es posible que una de las claves de su amable escepticismo resida en su peculiar manera de escuchar los sonidos y los ruidos, con el fin de examinar y digerir la vida, y de distinguir lo esencial de lo accidental o, mejor dicho, de separar los valores auténticos de los envoltorios ilusorios.

Estoy convencido de que, en el fondo íntimo de esa manera lúcida, desenfadada y espontánea de encarar la vida, late su convicción de que la mejor forma de resolver los problemas es mezclando, con habilidad, una dosis de sentido común y otra de cordialidad. Ella demuestra con sus actitudes, mejor que con sus palabras, que muchos de los problemas se solucionan por sí solos; otros, con un poco de imaginación, y, los más difíciles, poniendo algo de corazón.

 

José Antonio Hernández Guerrero

Catedrático de Teoría de la Literatura

sábado, 22 de marzo de 2025

DOMINGO 3º DE CUARESMA - TRES MANERAS DE MORIR Y UNA SOLA DE SALVARSE.

 

Tres maneras de morir y una sola de salvarse

Domingo 3º de Cuaresma. Ciclo C.

 

El evangelio de hoy es exclusivo de Lucas, sin correspondencias en Mateo y Marcos. Y las tres breves partes en que podemos dividirlo se centran en el mismo tema, muy apropiado a la Cuaresma: la conversión.

Lectura del evangelio según Lucas 13, 1-9

 

En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió:

- ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pareceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceareis de la misma manera.

Y les dijo esta parábola:

- Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?». Pero el viñador respondió: «Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar».

Tres maneras de morir

1) Asesinado por Pilato; 2) Aplastado por una torre; 3) Negándonos a convertirnos.

Todo comienza con el aparente deseo de informar a Jesús, galileo, de lo que ha hecho el procurador romano a otros galileos: matarlos mientras ofrecían sacrificios en el templo. Parece un informe imparcial, pero es una trampa muy astuta: nadie le pregunta qué piensa de este hecho; se limitan a contarle el caso. Si responde airadamente, se enemistará con las autoridades; si se calla la boca, se revelará como un mal galileo y un mal israelita.

Para quienes han venido a contarle el caso, todo se juega entre unos galileos muertos, Pilato y Jesús. Ellos se limitan a informar, como la prensa; el caso no les afecta personalmente. Y aquí es donde Jesús va a cazarlos en su propia trampa. Con una ironía muy sutil da por supuesto que sus informadores no le piden una declaración de tipo político (Pilato es un asesino, ¡muerte a los romanos!) sino de tipo religioso (esos galileos han muerto por ser pecadores). De hecho, la mayoría de los judíos de la época (y muchos cristianos actuales), consideran que una desgracia es consecuencia de un pecado.

Pero Jesús toma un rumbo distinto. Los importantes no son los galileos muertos, Pilato y Jesús. Los importantes son ellos, los que preguntan, que no pueden considerarse al margen de los acontecimientos. Si piensan que esos galileos eran más pecadores que ellos, se equivocan. También se equivocaron quienes pensaron que los dieciocho aplastados por el derrumbe de la torre de Siloé eran más pecadores que los demás.

La muerte no solo la provocan políticos injustos y criminales (Pilato) o desgracias naturales evitables (la torre). Hay otra amenaza mucho más grave: la que tramamos contra nosotros mismos cuando nos negamos a convertirnos.

Dios pide higos a la higuera, no pide peras al olmo

 La historia de los galileos y de la torre la ha utilizado Jesús para avisar seriamente, y por dos veces: «Si no os convertís, todos pereceréis». Pero esta exhortación no debe interpretarse de forma equivocada. Dios no va a caer sobre nosotros como una torre ni va a mandar a sus ángeles con espadas desenvainadas. Mediante un breve parábola Lucas cuenta cómo nos va a tratar: como un agricultor sensato, realista y paciente.

Sensato, porque solo nos pide lo que podemos dar naturalmente, sin especial esfuerzo. De la higuera solo espera que dé higos, no plátanos ni melones. Lo que espera de nosotros es algo que cada uno debe pensar teniendo en cuenta sus circunstancias familiares y laborales, pero nunca esperará nada que exceda nuestra capacidad.

Realista, porque no se deja engañar. La higuera lleva tres años sin dar fruto. Con él no valen las excusas del mal estudiante que asegura haber trabajado mucho cuando no ha dado golpe en todo el curso. A nosotros podemos engañarnos diciendo que damos fruto; a Dios, no.

Paciente, porque ha esperado ya tres años, y todavía está dispuesto a conceder uno más. Según el Levítico, cuando se planta un árbol frutal, los tres primeros años no se pueden cortar sus frutos; el cuarto año, se consagran al Señor; al quinto se pueden comer (Lv 19,23-25). El propietario lleva tres años viniendo a buscar fruta en ella, lo cual significa que ha sido improductiva durante siete. Su decisión de cortarla es comprensible, ya que la higuera absorbe mucho alimento y quita las sustancias nutritivas a las cepas que la rodean.

Pero la parábola no habla solo del dueño de la viña. El gran protagonista es el viñador, el que intercede por la higuera y se compromete a cavarla y echarle estiércol. Ya que la higuera nos representa a cada uno de nosotros, el viñador tiene que ser Jesús. Se espera que la higuera produzca fruto no solo por ella misma sino también gracias a su acción.

En definitiva, la parabolita final matiza bastante la dureza de la primera parte del evangelio. Pero matizar no significa anular. Si nos empeñamos en no dar fruto, si no mejora nuestra relación con Dios y con el prójimo, por más que Jesús cave y trabaje, la higuera será cortada.

Nosotros no somos distintos ni mejores (1 Cor 10,1-6.10-12)

  En el evangelio, Jesús advierte a los presentes que no deben considerarse mejores que los asesinados por Pilato o muertos por el derrumbe de la torre. La segunda lectura nos recuerdan que nosotros no somos mejores que el pueblo de Israel. A pesar de tantos beneficios divinos (paso del Mar, maná, agua que brota de la roca), muchos israelitas no agradaron a Dios y terminaron pereciendo en el desierto. Esto debe servirnos de ejemplo y escarmiento. Nos puede ocurrir lo mismo si nos comportamos igual que ellos. Dicho con las palabras del evangelio. «Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo».


No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento, espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.

Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron aquéllos. No protestéis, como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador.

Todo esto les sucedía como un ejemplo y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se crea seguro, cuídese de no caer.

Historia de la salvación (II): vocación de Moisés (Ex 3,1-8.13-15)

La primera lectura de los domingos de Cuaresma se dedica a recordar grandes personajes o momentos de la Historia de la Salvación, para sugerir que la Pascua es el culmen de dicha historia. Tras recordar a Abrahán el domingo pasado, hoy se cuenta la vocación de Moisés.

La lectura del Éxodo nos habla de la preocupación de Dios por su pueblo esclavizado en Egipto. La vocación de Moisés será el primer acto de su liberación. Por eso, el estribillo del Salmo repite: «El Señor es compasivo y misericordioso». Pero igual de importante, o más, es la revelación del nombre de Yahvé. Los judíos, para evitar el uso indebido del nombre de Dios, nunca usan Yahvé, sino «el Señor» (adonay), «el nombre» (ha-shem), «los cielos» u otro circunloquio. El Concilio Vaticano II pidió evitar la forma hebrea para no herir la sensibilidad de los judíos. Por eso, siempre que aparece, las traducciones españolas usan «el Señor», igual que hicieron los judíos de lengua griega al traducir la Septuaginta. Esta decisión, válida para la liturgia, significa un empobrecimiento horrible a la hora de entender muchos textos del Antiguo Testamento.

 

En aquellos días, Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó, la zarza ardía sin consumirse.

Moisés se dijo: «Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza». Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:

- Moisés, Moisés.

Respondió él: 

- Aquí estoy.

Dijo Dios:

- No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.

Y añadió:

- Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.

Moisés se tapó la cara, porque temía ver a Dios.

El Señor le dijo:

- He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel.

Moisés replicó a Dios:

- Mira, yo iré a los hijos de Israel y les diré: «El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros». Si ellos me preguntan: «¿Cuál es su nombre?», qué les respondo?

Dios dijo a Moisés:

- Yo soy el que soy. Esto dirás a los hijos de Israel: «Yo-soy me envía a vosotros».

Dios añadió:

- Esto dirás a los hijos de Israel: El Señor, Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación».

 

Apéndice sobre el nombre de Yahvé

[Tomo los datos siguientes de mis apuntes sobre el Pentateuco, no publicados.]

Para el autor Yahvista (J), este nombre es conocido desde los comienzos de la humanidad: lo pronuncia Eva (Gn 4,1) y lo invoca Set (Gn 4,26). Sin embargo, según el autor sacerdotal (P), es ahora cuando Dios se revela con este nombre. A propósito de él se ha escrito mucho, como si la pregunta del faraón: “¿Quién es Yahvé?”, siguiese resonando en los oídos de los comentaristas. De los problemas tratados en torno al tema selecciono tres: 1) los orígenes del nombre; 2) sentido del nombre; 3) rasgos de Yahvé.

¿Se da el nombre fuera de Israel?

Se ha pretendido encontrar el nombre de este dios en lugares muy distintos: Babilonia, Ugarit, Egipto... Pero las dos hipótesis más en boga son la quenita y, sobre todo, la madianita.

Hipótesis quenita. Aduce que Caín, epónimo de los quenitas, llevaba el signo de Yahvé (Gn 4,15). Y que los recabitas, yahvistas fervientes (2 Re 10,15-27; Jr 35,1-11) descendían de los quenitas según 1 Crónicas 2,55. Por consiguiente, el nombre y el culto a Yahvé les habrían llegado a los israelitas a través de estas tribus del sur. Pero Gn 4,15 no prueba nada. Es un texto J (yahvista), y este autor introduce a Yahvé desde el comienzo de la humanidad. Por otra parte, la genealogía de Crónicas es tardía y no basta para demostrar una relación entre recabitas y quenitas. No hay indicio alguno de que los quenitas adorasen a un dios Yahvé.

Hipótesis madianita. Se basa en el relato de Ex 18. Moisés y su suegro, sacerdote de Madián, se encuentran en la montaña de Dios. El sacerdote de Madián ofrece un sacrificio y preside un banquete. Bendice a Yahvé y proclama que es superior a otros dioses. Por consiguiente, es un sacerdote de Yahvé, y la montaña de Dios es un santuario madianita. Moisés, al entrar en contacto con esta tribu, habría conocido a Yahvé y lo habría convertido en su dios. Aun reconociendo cierto valor a esta teoría, se aducen en contra los siguientes argumentos:

a) La confesión de Jetró puede entenderse de otras formas: como conversión al yahvismo, o como reconocimiento de que Yahvé, el dios de Moisés, es más poderoso que los otros dioses. Por sí misma no obliga a pensar que Yahvé es el dios de Jetró.

b) La montaña de Elohim no es el sitio donde Jetró reside. Va a ella y vuelve de ella a su casa (18,27); según 3,1 está lejos de su residencia habitual. No se puede decir que dicha montaña era el santuario madianita donde oficiaba Jetró como sacerdote. 

c) Ex 18 no conserva la tradición primitiva. Se ofrecen holocaustos y sacrificios de comunión, que son sacrificios posteriores, típicos de Canaán, no del desierto. Por otra parte, el v.12 no habla de Moisés y sí de Aarón y los ancianos. Al tener una historia compleja, no podemos basar fácilmente en este capítulo una hipótesis sobre el origen de Yahvé.

Etimología y sentido del nombre

1) A partir de la interjección ya y del pronombre personal huwa, algunos lo entienden como exclamación cultual: Ya-huwa, “¡Oh, él!”.

2) A partir del árabe hwh/hwy, que significa “caer”, “arrojar de arriba abajo”, se explica el nombre de Yahvé como divinidad de la tormenta, del trueno y del relámpago.

3) Otros se basan en el árabe hwy, “amar, actuar con pasión” para interpretar Yahvé como “el Apasionado”.

4) A partir del semítico del norte, hwy, “ser” (en hebreo, hyh). Dentro de esta etimología caben distintas posibilidades:

- como participio: “el que sostiene, mantiene, establece”.

- como sustantivo descriptivo formado con el prefijo ya: “El Ser, el Existente”. 

 como imperfecto verbal sustantivado: “Él es”, “él hace ser”. 

El cuarto apartado es el que ofrece las mayores posibilidades. Pero queda claro que la cuestión es muy debatida.

Rasgos de Yahvé

La imagen global que ofrece la Biblia podemos resumirla en los siguientes puntos:

Dios único. No pertenece a un panteón ni tampoco lo tiene. Carece de esposa, hijos o hijas. (Aunque entre los judíos de Elefantina aparece una esposa de Yahvé, esto no representa la fe judía oficial, sino una deformación herética) .

En relación con lo anterior, no tolera competidores, es celoso.

No está vinculado al ciclo de la naturaleza; no muere ni resucita con ella, como le ocurre a Baal, Osiris y otros dioses.

No está vinculado a un lugar ni a un territorio, sino a un grupo humano, al que defiende como guerrero y lo salva de los enemigos. 

Es concebido antropomórficamente, no con figura de astros, animales o plantas. Con rasgos humanos −como amor, odio, alegría−, aunque sin las debilidades y defectos de los dioses homéricos. Pero no podemos negar ciertos rasgos “demoníacos” (Volz), que, según Fohrer, expresan más bien lo irracional en Yahvé. Dentro de los capítulos iniciales del Éxodo, este aspecto se advierte sobre todo en el misterioso relato de 4,24-26, donde Yahvé está a punto de dar muerte a Moisés después de haberle encomendado la misión.

Es un dios ético, que exige confianza y obediencia. El aspecto ético, tan marcado en el Éxodo, donde se niega a admitir la opresión, adquirirá gran relieve en el mensaje de los profetas. 

Lo anterior no impide que sea también el Dios del amor y del perdón. La única “autodefinición” de Yahvé, la de Ex 34,6-8 (que se repite en diversos Salmos y otros textos), subraya este matiz.

 

Padre José Luis Sicre Díaz, S.J.

Doctor en Sagrada Escritura por el

Pontificio Instituto Bíblico de Roma

INTERSECCIONES LETALES

 Los gérmenes de la violencia con “los otros”

Patricia Hill Collins

Intersecciones letales

Barcelona, Paidós, 2025                                             

 

Partiendo del hecho comprobado por todos nosotros de que la violencia personal, social y política, es una lacra que, extendida por todas partes, arruina e impide la vida individual y colectiva, Patricia Hill Collins nos explica con detalle, claridad y rigor la estrecha relación que vincula la violencia con los poderes. Su análisis histórico le permite llegar a la conclusión de que los distintos sistemas de poder se entrelazan y de que el racismo cobra significado a través del sexismo, del capitalismo y del nacionalismo. Sus conclusiones responden a las preguntas fundamentales planteadas al comienzo de su estudio: qué entendemos por violencia, porqué existe la violencia, cómo está organizada y qué podemos hacer para frenarla.

Demuestra cómo estos sistemas de poder convergen de manera especial, por ejemplo, en los negros, en los pueblos nativos, en las mujeres, en los jóvenes, en los pobres, en los inmigrantes y en las personas LGTBQ, y cómo la raza y el género, la clase y la nación dan forma a las desigualdades sociales y están apoyados en la violencia. Ejemplos claros de estas intersecciones son el racismo sistémico, la violencia sufrida por las mujeres de color en los Estado Unidos y en el resto del mundo, el esclavismo, los genocidios y las políticas restrictivas de inmigración.

Partiendo del supuesto de que constituye un problema social provocado por acciones humanas, plantea una visión amplia de la violencia como fenómeno que cala en las normas y en los códigos de la sociedad, fomenta las desigualdades sociales y económicas, y origina sufrimientos y muertes prematuras. Tras sus detallados análisis sobre la relación determinante de la violencia y de las ideas, de la identidad nacional y de la violencia invisible encerrada en el capitalismo y en colonialismo, llega a la conclusión de que las relaciones de poder se apoyan en la violencia como mecanismo fundamental para administrar la desigualdad social y en ideas y en prácticas que es imprescindible frenar.  

A mi juicio la violencia constituye una de las cuestiones que deberían ser tratadas en las diferentes ciencias humanas y explicada en los análisis críticos de los medios de comunicación. Estoy convencido de que la gravedad de la aceptación pasiva de estos comportamientos tan generalizados es moralmente inadmisible. La claridad y solidez con la que Patricia Hill Collins constata, demuestra y denuncia este grave problema planteado en las comunidades pequeñas y en la geopolítica mundial contemporánea debería hacernos pensar a todos los ciudadanos de buena voluntad.

 

José Antonio Hernández Guerrero

Catedrático de Teoría de la Literatura

El tiempo que hará...