miércoles, 15 de abril de 2026

LAS SINRAZONES DE LOS DISCURSOS POLÍTICOS ACTUALES

 

Las sinrazones de los discursos políticos actuales

                                     

En mi reflexión sobre los discursos políticos parto de dos supuestos fundamentales en teoría aceptadas por todos: La actividad democrática se debe apoyar en la racionalidad de las argumentaciones, pero los hechos nos demuestran que unos y otros sólo pretenden desacreditar al contrario mediante ataques demoledores. En la situación actual es impensable que un político de cualquier ideología pretenda construir un discurso con la intención de “persuadir generosamente” al adversario de la bondad política, social, ética o, incluso, económica de sus propuestas. Se da por supuesto que su función no es comunicativa sino defensiva y, sobre todo, ofensiva.

Lo peor a mi juicio es que, con estas prácticas, nos han convencido a los demás ciudadanos de que los mejores discursos no son los que se apoyan en los argumentos más racionales, sino los más contundentes en el sentido más agresivo, más bruto y más grosero de esta palabra. La oratoria política se entiende, por lo tanto, como una técnica de dominio y no como una vía de entendimiento racional. Por eso, a veces los oyentes aplauden con entusiasmo los discursos “desaforados” que, en vez de llegar a acuerdos, pretenden vencer incluso a través de la manipulación, de la irracionalidad de la mentira y de la agresión.

Con estos comportamientos logran que una notable mayoría de ciudadanos vea con buenos ojos y escuche con buenos oídos esas intervenciones adoptando unas actitudes parecidas a los que asisten, por ejemplo, a un combate de boxeo o de lucha libre. No tenemos en cuenta que un buen discurso –incluso político- es el que, tras escuchar al adversario, propone en vez de imponer, y el que apoya su legitimidad no en la estridencia de sus gritos sino en la fuerza de sus razones y de sus razonamientos desapasionados.

Si olvidamos que la legitimidad nace del mejor argumento y si, por el contrario, la apoyamos en la sinrazón, en el poder bruto, en los debates distorsionados y, en lugar de la razón y de las razones, se utilizan “oráculos tecnológicos”, en vez de argumentar, profetizan y, en lugar de debatir, lo que consiguen es acumular fanáticos seguidores. Quizás nos suene a temores exagerados, pero me permito preguntar si ese uso de la fuerza desenfrenada de las palabras puede desembocar actualmente en las brutalidades físicas de otros tiempos o de otros lugares. Recuerdo que “quien siembra vientos, recoge tempestades".

 

José Antonio Hernández Guerrero

Catedrático de Teoría de la Literatura

EL SENTIDO ACTUAL DE NUESTRA SEMANA SANTA

 

         El sentido actual de nuestra Semana Santa

                                                       

La Semana Santa actual cobra sentido cuando, además de evocar el pasado histórico proponiendo una diferente concepción religiosa, también ilumina el dolor que hoy generan las guerras en el corazón de las madres que pierden a sus hijos y se convierte en un grito que reclama la paz como el camino indispensable para vivir humanamente. Cuando nos invita a mirar las heridas de cualquier ser humano como hermanos, cuando nos explica que las armas son herramientas destinadas a cavar zanjas de división, a vaciar las casas de familias, a destruir escuelas y a demoler hospitales.

         Nuestros Cristos crucificados son llamadas para que prestemos atención a los pueblos humillados, a las ciudades devastadas y a los cuerpos sin nombre que el mar devuelve. Estos cuerpos desnudos denuncian a quienes tratan de engañarnos llamando “estrategia”, “conversaciones” o “diplomacia” a lo que es escándalo, mentira o chantaje. El ritmo de estos tambores cofradieros son los ecos tenebrosos del rugido feroz de las armas que, construidas, vendidas y almacenadas, a veces, son bendecidas cínicamente.

         Mientras siguen las guerras con armas y con palabras mortíferas que a todos nos amenazan, es posible que nos estemos acostumbrando a no sentir el grito de los refugiados, el miedo de los ancianos, el temblor de quienes no tienen hogar ni siquiera un idioma para expresar su dolor. Lo peor es que el sufrimiento se está convirtiendo en meras estadísticas y que las masacres se reducen a repetidos comentarios periodísticos.

Hasta que no reconozcamos que la vida humana –cualquier vida- es SAGRADA, será imposible impedir el tráfico de las armas y el mercado de las muertes. Las doctrinas militares, las alianzas oportunistas, las justificaciones geopolíticas y el lenguaje con el que se oculta la vergüenza se desmoronan de manera generalizada. No tenemos en cuenta que la guerra no comienza cuando cae la primera bomba, sino cuando el hermano se convierte en un obstáculo, cuando el pobre se vuelve irrelevante, cuando la compasión se considera ingenua, cuando la economía deja de servir a la vida y se decide usarla para destruir. No hay paz sin el desarme del corazón, y no hay desarme del corazón mientras sigamos aferrados al lucro, al poder, a la fuerza, a la mentira, y mientras el metal, en vez de en cañón, no se convierta en arado, hasta que la Palabra y las palabras, en vez de agudizar la ofensa, protejan la vida sanando, educando, reconstruyendo, acogiendo y amando.

 

 

José Antonio Hernández Guerrero

Catedrático de Teoría de la Literatura

DOS SOMBRAS Y UN SOMBRERO

 

El arte de sintonizar los sentimientos y de sincronizar los ritmos vitales

Carmen Mateos y Juan Silva, Dos sombras y un sombrero, Era Literaria, 2026

El procedimiento más eficiente y más difícil para valorar una obra artística y para definir su singularidad y el valor de sus mensajes es preguntarnos si nos ayuda a ver el mundo y a nosotros de forma nueva, si nos hace pensar, sentir y disfrutar de la vida. En mi opinión, las creaciones son artísticas cuando estimulan convergentemente las fantasías, las emociones y las ideas o, en resumen, cuando expresan armónicamente la apasionante originalidad de nuestra vida personal.

Ahí reside, a mi juicio, el valor estético de este dúo literario que entona “a compás” unos cantes hondos, medidos y vividos. En Dos sombras y un sombrero, Carmen y Juan nos cuentan y nos explican las “perlas mágicas” que ellos han cultivado para regalarnos una interpretación profunda y renovadora del arte, de la poesía y del cante flamenco. Gracias al acercamiento a la vida real y, sobre todo, a sus habilidades para sintonizar con los ecos hondos de episodios vividos, disfrutados o sufridos por sus familiares, paisanos y convecinos, entre los dos han creado una serie de microrrelatos y de relatos que nos cuentan y nos cantan unos hechos que –como los buenos cantes- nos hacen sentir sensorial y sentimentalmente el acercamiento físico y emocional a las actividades vitales.

Son unos asuntos que, contados con esa aparente sencillez, nos hacen reaccionar con sorpresa y nos enriquecen revelándonos el sentido original de las cosas y descubriéndonos que es posible satisfacer el ansia de disfrutar del tiempo presente integrándonos en los espacios cercanos: en el ahora y en el aquí, y conviviendo con las personas sencillas y, por lo tanto, importantes con las que disfrutamos y sufrimos. Uno de los valores más originales de estos cantes/cuentos es la difícil habilidad con la que conectan con nosotros, los lectores, y nos transmiten los mensajes de que el arte y la literatura, la música y el cante, pueden ser experiencias humanas habitadas y vividas, capaces de crear y de recrear el bienestar de nuestras vidas individuales, familiares, sociales.

 

José Antonio Hernández Guerrero

Catedrático de Teoría de la Literatura

REPTANTE

 Escribir es cuestionar la realidad


Para valorar y disfrutar con los relatos de Antonio Díaz González en su obra titulada Reptante, publicada en Jarabe de Arte, 2025, es imprescindible tener en cuenta que las narraciones de comportamientos irreales beben en episodios y en pensamientos realmente humanos. El punto de partida y la meta de la creación literaria es explicar cómo las actividades de la vida real se orientan consciente o inconsciente por ideas y por fantasías, y cómo las aventuras imaginarias expresan sensaciones y emociones originadas en episodios de nuestros quehaceres cotidianos.

Antonio Díaz González, en esta colección “antológica” de relatos, con su escritura concisa, inquietante e irónica, explica la fuerza expresiva de las paradojas, de las hipérboles e, incluso, de la narración de comportamientos considerados absurdos. Demuestra así su capacidad para extraer sustancias literarias de su complejo y rico mundo interior.

Muestra su pensamiento existencialista, su estilo expresionista y su capacidad literaria para interpretar racionalmente los sueños por muy absurdos que a primera vista nos parezcan. Con su manera crítica, ingeniosa e incisiva de contemplar los comportamientos humanos, demuestra la lucidez de sus sueños y la coherencia con la que vive los pensamientos que guían la renovación de convenciones sociales, estéticas y literarias ya trasnochadas.

Explica que, realmente, somos seres contradictorios y que, aunque pensamos y hablamos, al mismo tiempo nos comportamos como, aves y como reptiles, como seres independientes y dependientes de los demás, como racionales e imaginarios, generosos y egoístas, serios y frívolos, cuerdos y locos. Sus relatos nos orientan y estimulan para que observemos la vida con atención y con humor para que reflexionemos sobre esas formas incruentas –quijotescas- de aprender y de disfrutar, de extraer con elegancia, corrección y gracia, las enseñanzas más importantes. Relativiza unas actitudes y conductas que habitualmente consideramos como naturales y eternas. Y es que él escribe sobre las pasiones vividas, sobre aquellos asuntos y de esa manera que le permiten mirarse con tranquilidad en el espejo de su propia conciencia. Parte del supuesto de que escribir es poner en cuestión la realidad. Les aconsejo que lean también con atención el agudo prólogo de David Verdugo Abad.  

 

José Antonio Hernández Guerrero

Catedrático de Teoría de la Literatura

domingo, 12 de abril de 2026

DOMINGO II DE PASCUA - EL TOMÁS INCRÉDULO...

 

El Tomás incrédulo y las comunidades creyentes

Domingo 2º de Pascua. Ciclo A. 

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé), y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes, y diverso de los otros, es el del próximo domingo.

Un relato con dos partes y un epílogo (Jn 20,19-31)

            Lo que cuenta Juan se divide en dos partes, separadas por ocho días, y el final de su evangelio (al que más tarde se añadió otro final, el c.21).

            Lo que ocurre al anochecer del primer día de la semana contiene un clímax y un anticlímax. El clímax lo representa la aparición de Jesús, que transforma el miedo de los discípulos en alegría, y el don del Espíritu Santo. El anticlímax, la reacción incrédula de Tomás, que no estaba presente en aquel momento, y su exigencia de unas pruebas claras para creer en la resurrección de Jesús. No olvidemos que Tomás fue el que dijo, cuando Jesús decidió ir a curar a Lázaro: «Vamos también nosotros y muramos con él». Tomás quiere mucho a Jesús, pero la otra vida no entra en su perspectiva.

            Al cabo de ocho días se presenta de nuevo Jesús y se dirige especialmente a Tomás, que nos representa a todos nosotros, para darle y darnos la gran lección: «Dichosos los que creen sin haber visto».

            El epílogo insiste en la finalidad del evangelio. Todo lo escrito, que podría haber sido mucho más, pretende que creamos «que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y con esta fe tengáis vida gracias a él».

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

–Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

– Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

– Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

– Hemos visto al Señor.

Pero él les contestó:

– Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

– Paz a vosotros.

Luego dijo a Tomás:

– Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Contestó Tomás:

– ¡Señor Mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

– ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Las peculiaridades de este relato de Juan

1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2. El saludo de Jesús: «Paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Aunque parezca extraño, este saludo sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos, les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo, para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente, se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas físicas y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6. El don del Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que, en Juan, perdonar o retener los pecados significa admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

Dos lecturas contra Tomás

Las dos primeras lecturas le quitan la razón a Tomás cuando piensa que para creer hace falta una demostración personal y científica. Las dos hablan de personas que creen en Jesús resucitado, y viven de acuerdo con esta fe sin pruebas de ningún tipo.

La primera, de Hechos, ofrece un cuadro espléndido, quizá demasiado idílico, de la primitiva comunidad cristiana. Que en medio de numerosas críticas y persecuciones un grupo de gente sencilla desee formarse en la enseñanza de los apóstoles, comparta la oración, los sentimientos y los bienes, es algo que supera todo expectativa. Estas personas creen, sin necesidad de prueba alguna, que Jesús ha resucitado y las salva.

Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

La segunda, tomada de la Primera carta de Pedro, alaba a Dios por su gran misericordia y destaca la fe de la comunidad en medio de diversas pruebas. Para terminar con unas palabras, las que indico en rojo, que son el mejor comentario a lo que dice Jesús a Tomas:

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe –de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego– llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

 

Padre José Luis Sicre Diaz, S.J.

Doctor en Sagrada Escritura por el

Pontificio Instituto Bíblico de Roma

sábado, 11 de abril de 2026

¿POR QUÉ NOS CREEMOS LA DESINFORMACIÓN?

 ¿Por qué nos creemos la desinformación?

Dan Ariely, en La espiral de la razón[1], Barcelona, Ariel, explica cómo los seres humanos, incluso los estudiosos de las Ciencias Humanas, somos bastante irracionales. Nos responde a preguntas que, quizás, muchos nos hemos hecho: ¿Por qué nos creemos la desinformación, por qué la buscamos y la difundimos de forma activa? ¿Cuál es el proceso que siguen quienes, en apariencia racionales, adoptan y defienden convicciones irracionales? ¿Por qué somos tan susceptibles?  

La constatación de este hecho posee una importancia mayor en estos tiempos en los que se generaliza la desinformación, la polarización, la “indignación de gatillo fácil” y la accesibilidad en las redes a hechos que nos afectan a todos y con los que justificamos nuestras convicciones previas.

La lectura de los periódicos, la escucha de las radios y la visión de los telediarios confirman que, más que información, buscamos la “confirmación” de nuestras convicciones previas y el rechazo de las que las contradicen. Quizás los políticos, los religiosos y los hinchas deportivos necesitemos pensar más y mejor para evitar alimentar y difundir convicciones infundadas e irracionales, esas que, de hecho, son las que orientan y alientan nuestras actitudes y conductas.

A mi juicio, resultan especialmente claras y oportunas las explicaciones sobre la desconfianza, la incredulidad y la sospecha que, aunque sean reacciones racionales, cuando están mezcladas con el estrés, con problemas económicos o, sobre todo, con algunos rasgos de nuestra personalidad, hacen posible que nos aferremos a teorías disparatadas que nada tienen que ver con la realidad.

Con explicaciones claras y detalladas, Dan Ariely ofrece una amplia diversidad de hechos que nos llevan a aceptar fenómenos irracionales y, de manera especial, nos previene para que seamos conscientes de esos “altavoces” que permanentemente difunden desinformaciones. Insiste en la necesidad de profundizar en las raíces que, en contra de los tópicos repetidos, no es la tecnología, la inteligencia artificial o la incapacidad de los gobiernos para “controlar” y “silenciar” esos mensajes ingenuos y peligrosos, sino las semillas enterradas en nuestras consciencias o inconsciencias. 

 

 

José Antonio Hernández Guerrero

Catedrático de Teoría de la Literatura



[1] Dan Ariely, 2025, La espiral de la razón,.

EL SUEÑO DE TITRIT

 Mirar a los otros para valorar nuestras vidas

Guadalupe Pereira

El sueño de Titrit

CON M DE MUJER

                                            

Este relato sobre la joven marroquí Titrit nos muestra cómo los comportamientos de la vida real se orientan consciente o inconscientemente por fantasías, y cómo las aventuras imaginarias beben en las sensaciones, en las emociones y en las ideas que tienen su origen en los episodios cotidianos. La habilidad literaria de Guadalupe Pereira reside en su peculiar manera de observar la naturaleza humana, en su forma crítica, ingeniosa e incisiva, de contemplar los comportamientos de los seres próximos o lejanos, y en la lucidez con la que cuestiona las ideas y las conductas que, en otras culturas, son aceptadas como “normales”: al mostrarnos un mundo alejado, nos proporciona claves para que valoraremos algunos sentidos de nuestras vidas.

La fusión de autora, narradora y personaje en Titrit, además de verosimilitud, proporciona al relato un singular poder para sorprendernos, para valorar nuestra peculiar cultura y para vivir nuestras vidas. Guadalupe Pereira, mediante el empleo del género ameno, eficaz y difícil de la ficción narrativa, nos cuenta, de manera sencilla e interesante, una historia que encierra importantes mensajes de actualidad y que, por muy ingenuos que a simple vista parezcan, transmiten ideas que remiten a un determinado concepto de la realidad humana. Este relato, elaborado con las palabras de nuestras conversaciones cotidianas, está condimentado con trozos de episodios verosímiles que reflejan conceptos y juicios de una cultura distante de la nuestra.

Además de ser copia de una `realidad´ posible, es una amable invitación para que reflexionemos y para que valoremos nuestras vidas. Mantiene la atención, suscita interrogantes, genera expectativas y, sobre todo, nos sorprende. Al contarnos unas pasiones vividas por una adolescente alejada culturalmente de nosotros, nos hace pensar sobre asuntos y sobre maneras nuestras que, por muy normales que nos parezcan, también hunden sus raíces, en pasiones no siempre identificadas. La lectura de estos comportamientos nos invita a mirarnos con tranquilidad en el espejo de nuestra propia conciencia y a poner en cuestión la realidad menuda y cambiante de nuestra propia vida.

Imprescindible es, a mi juicio, el oportuno y profundo prólogo que, elaborado por la profesora Yolanda Izar, acreditada especialista, nos proporciona las claves para que interpretemos, valoremos y disfrutemos con esta creación literaria.

 

José Antonio Hernández Guerrero

Catedrático de Teoría de la Literatura

LAS COSAS SON COMO SON...

 Pensar teniendo en cuenta la cambiante realidad

Las cosas son como son, los hechos son los hechos y la vida de cada uno de nosotros es compleja. Estas afirmaciones, repetidas por quienes no somos filósofos muestran nuestra convicción de que las teorías filosóficas a veces no tienen en cuenta la complejidad de la vida real.  Ésta puede ser una de las explicaciones de la orientación que ha seguido el existencialismo propuesto por Søren Kierkegaard y que ha influido en la ética, en la psicología, en la literatura, en las artes y en los comportamientos de muchos ciudadanos. Es una reacción al Idealismo que formula principios abstractos sin aplicarlos a los detalles de la realidad “finita, transitoria y cambiante” de nuestras vidas cotidianas.

En Apoteosis de lo infundado el filósofo ruso Lev Shestov (1866 – 1938) explica su identificación con el pensamiento existencialista de Kierkegaard, su rechazo del idealismo y su defensa de la subjetividad como método para cultivar el conocimiento. En contra de los idealistas que defienden la “verdad inmutable”, él concede especial importancia a la subjetividad en la ética, en el arte y en la literatura.

Apoyado en los principios básicos de la tradición judía, Shestov critica el pensamiento de los filósofos clásicos y o contemporáneos que, a su juicio, encierran la realidad en unas estructuras excesivamente rígidas. Para él, la verdad, más que en el rigor de la razón, está contenida en creencias transmitidas culturalmente y en datos suministrados por las experiencias personales.  Defiende que, en vez de limitarnos a las respuestas lógicas, deberíamos asumir que la incertidumbre es un estímulo para alcanzar una verdad personal que desborda las limitaciones del pensamiento racional. Reivindica la importancia de los descubrimientos de las experiencias subjetivas y de los encuentros individuales con la trascendencia frente a las verdades absolutas, generales e inmutables de la razón.

Esta obra es una estimulante invitación para que asumamos que razonar no es la panacea infalible para apoyar y orientar nuestros comportamientos. Si observamos las actitudes y los procedimientos de algunos intelectuales profesionales llegamos a la conclusión de que, a veces, sus reflexiones, por muy lógicas que sean, poco tienen que ver con la realidad de nuestras vidas y con el crecimiento moral de la sociedad. Los hechos demuestran que frecuentemente benefician a los más fuertes, a los más listos y a los más poderosos.

 

Los “razonamientos” de Shestov, enraizados en las teorías de Platón, Nietzsche, Pascal, Schopenhauer, Dostoievski y Kierkegaard, son –pueden ser- orientadores para profesores de Filosofía, Teología, Psicología, Ética e Historia, y nos pueden ayudar a todos para identificar nuestras maneras de razonar, de elaborar juicios y de calibrar nuestros prejuicios.

Aunque es comprensible que experimentemos temores cuando advertimos que quien pilota el barco de nuestros asuntos comunes es un inepto, también, a veces, deberíamos desconfiar de los listos, de esas personas que poseen una elevada capacidad para razonar, para explicar sus convicciones y para demostrar sus decisiones. En mi opinión, con independencia de los conocimientos que posean los líderes y sean cuales sean sus capacidades mentales, si, por ejemplo, son excesivamente categóricos, dogmáticos y tajantes, pueden desviarnos del rumbo que nos acerque al puerto prometido por ellos mismos. Muchos de los dictadores, como es sabido, están adornados de esas destrezas intelectuales: son inteligentes y, quizás, “demasiado” listos.

 

José Antonio Hernández Guerrero

Catedrático de Teoría de la Literatura

miércoles, 31 de diciembre de 2025

FIESTA DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS


Fiesta de Santa María, Madre de Dios 

Hacía el año 500 comenzó a celebrarse en las iglesias orientales una fiesta de Santa María, Madre de Dios. La iglesia católica romana la aceptó, y fijo su celebración el 11 de octubre; pero en 1970 la trasladó al 1 de enero, para relacionarla más estrictamente con la Navidad y comenzar el año poniéndolo bajo la protección de María. Pero el 1 de enero se cumplen los ocho días desde el nacimiento; por eso el evangelio termina haciendo referencia a la circuncisión de Jesús.

¡Feliz Año Nuevo! (Números 6,22-27)

            A pesar de lo dicho sobre la Virgen, el saludo que más se repetirá el 1 de enero será: ¡Feliz Año Nuevo! ¿Qué nos deseamos? ¿Salud, dinero y amor, como dice la canción? ¿Quién nos va a garantizar algo de eso? ¿Y si ocurre algo muy distinto, incluso lo contrario? La primera lectura de hoy, tomada del libro de los Números (en hebreo tiene un título más bonito: “En el desierto”), ofrece unas pistas muy buenas:

            Ante todo, hay alguien que garantiza lo bueno que deseamos: el Señor. Dos veces se lo nombra, y los seis verbos de la bendición lo tienen como sujeto. Podemos agrupar las peticiones en dos bloques: 1) El Señor te bendiga, ilumine su rostro sobre ti, se fije en ti. 2) Te proteja, te conceda su favor, te conceda la paz.

            El primer bloque se refiere a la actitud de Dios con cada uno de nosotros. Cabrían tres posibilidades: que nos bendijera, que nos mostrase un rostro airado, que se desinteresase de nosotros. Se pide su bendición, su actitud benévola, su interés.

El segundo bloque indica los tres grandes regalos: no son salud, dinero y amor, sino protección, favor y paz. A alguno le resultará demasiado etéreo. Preferirá cosas más concretas. Pero, en la práctica, cuando el año nos enfrente a situaciones difíciles, no habrá nada mejor que la protección, el favor y la paz de Dios.

De esclavos a hijos (Gálatas 4,4-7)

            El texto se ha elegido porque es el único de las cartas de Pablo que hace referencia a María («nacido de una mujer»). Pero se relaciona perfectamente con el anterior del libro de los Números. Pedía la bendición de Dios, su benevolencia, y el Señor responde enviando a su Hijo para liberarnos de la esclavitud y convertirnos en hijos suyos y herederos.

Tres actitudes para el nuevo año (Lucas 2,16-21)

            El texto relaciona dos acontecimientos muy distintos, separados por ocho días de distancia. El primero, la visita de los pastores, es lo mismo que leímos el 25 de diciembre en la segunda misa, la del alba. En la escena se distinguen diversos personajes:

ü  Empieza y termina con los pastores, que corren a Belén y vuelven alabando y dando gloria a Dios. Los pastores simbolizan la “política incorrecta” de Dios. El gran anuncio del nacimiento del Mesías no se comunica al Sumo Sacerdote de Jerusalén, ni a los sacerdotes y levitas, ni a los estudiosos escribas, ni a los piadosos fariseos. Se comunica a unos pastores que, en la escala social de aquel tiempo, ocupan el penúltimo lugar, el de las clases impuras, porque su oficio se equipara al de los ladrones. Sin embargo, esta gente tan poco digna socialmente, corre hacia Jesús, cree que un niño envuelto en pañales y en un pesebre puede ser el futuro salvador, aunque ellos no se beneficiarán de nada, porque, cuando ese niño crezca, ellos ya habrán muerto. La visita de los pastores simboliza lo que dirá Jesús más tarde: “Te alabo Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla.”

ü  Está también presente un grupo anónimo, que podría entenderse como referencia a la demás gente de la posada, pero que probablemente nos representa a todos los cristianos, que se admiran de lo que cuentan los pastores.

ü  Finalmente, el personaje más importante, María, que conserva lo escuchado y medita sobre ello. En los relatos de la infancia, Lucas ofrece dos imágenes muy distintas de María. En la anunciación, Gabriel le comunica que será la madre del Mesías, y ella termina alabando en el Magnificat las maravillas que Dios ha hecho en ella. Pero, cuando Jesús nace, Lucas habla de María de forma muy distinta. A partir de ese momento, todo lo relacionado con Jesús le resulta nuevo y desconcertante: lo que dicen los pastores, lo que dirá Simeón, lo que le dirá Jesús a los doce años cuando se quede en Jerusalén. En esas circunstancias, María no repite “proclama mi alma la grandeza del Señor”. Se limita a callar y meditar, igual que hará a lo largo de toda la vida pública de Jesús.

            Estas tres actitudes se complementan: la admiración lleva a la meditación y termina en la alabanza de Dios. Tres actitudes muy recomendables para el próximo año.

            La segunda escena tiene lugar ocho días más tarde. Algo tan importante y querido para nosotros como el nombre de Jesús lo cuenta Lucas en poquísimas palabras. Su sobriedad nos invita a reflexionar y dar gracias por todo lo que ha supuesto Jesús en nuestra vida.

En vez de propósitos y buenos deseos, una buena compañía

            El comienzo de año es un momento ideal para hacer promesas que casi nunca se cumplen. La liturgia abre el año ofreciéndonos la compañía de Dios Padre, que nos bendice y protege, de Jesús, que nos salva, de María, que medita en todo lo ocurrido.

 

Padre José Luis Sicre Díaz, S.J.

Doctor en Sagrada Escritura por el

Pontificio Instituto Bíblico de Roma

UNA NUEVA ETAPA


Una nueva etapa        

Sea cual sea nuestra edad no tenemos más remedio que tratar de reanimarnos y de ilusionarnos inventando un horizonte esperanzador. Con una mirada realista y lo más positiva posible, deberíamos iniciar esta nueva etapa abriendo cauces de diálogo y de colaboración con quienes tengan ganas, ilusiones e ideas para seguir viviendo y creciendo. Ésta es una nueva oportunidad para hacer realidad nuestros irrenunciables deseos de aprender del pasado, de disfrutar del presente y construir un futuro mejor.

Para acercarnos al bienestar individual, familiar y social es más importante el cultivo de los sentimientos positivos que la acumulación de pensamientos derrotistas. Los problemas humanos se plantean y se resuelven mejor con la compañía, la comprensión, la solidaridad y con la amistad de las personas próximas porque, como todos sabemos, lo que de verdad proporciona sentido humano a la vida es el amor, el trabajo y el servicio a los demás.

Aunque no podamos alargar nuestras vidas, sí podremos dilatar y ahondar cada uno de nuestros minutos administrando las experiencias que hemos acumulado a lo largo de nuestras vidas: las alegrías y las penas, los sufrimientos y los placeres, el trabajo y el ocio, y, sobre todo, los amores y los desamores. Con realismo, con esperanza y con ilusión, deberíamos hacer planes para que el Nuevo Año nos proporcione oportunidades para seguir trabajando, descansando, amando, y disfrutando.

Podemos renunciar a vivir y abandonarnos a la apatía, pero, si nos empeñamos, cada momento de este Nuevo Año puede ser el más largo, el más importante y el más agradable de nuestras vidas. Estoy seguro de que encontraremos ocasiones para recuperar y disfrutar de nuestro pasado, y para inventar un futuro ilusionante siguiendo nuevos derroteros. ¿Cómo? Examinando nuestros aciertos y nuestros errores, considerando que son los legados más importantes para elaborar unos proyectos realmente personales. Las experiencias que nos proporciona el amor, en las distintas épocas de nuestras vidas y en los ámbitos de la familia y de la amistad, son hechos que, como nos dice Iris Murdoch en La soberanía del bien, nos descubren que "alguien o algo diferente a nosotros existe" -que es real y que es valioso- y que, a mi juicio, debería ser la clave suprema para interpretar el sentido humano de nuestras vidas. El amor, presente en nuestras actividades, proyectos y recuerdos, debería ser el motor de nuestros gestos por muy superficiales que, a primera vista, nos parezcan. Amar es la mejor y la más inteligente inversión para la persona humana, como sostiene Gabriel María Otalora en su libro Radiografía del amor.

 

José Antonio Hernández Guerrero

Catedrático de Teoría de la Literatura

 

FELICIDADES

 

Felicidades

                                              

Tras dudarlo durante unos breves segundos –queridas amigas y queridos amigos- he decidido enviaros una felicitación con idénticas palabras que repito a quienes me cruzo por las calles estos días. “Te deseo muchas felicidades”. Ya sé que, de tanto repetirlas, nos suenan a “música celestial” o a “tópicos vacíos”, pero también estoy convencido de que tú también las interpretarás como la expresión de mi sincera voluntad de valorar y de agradecerte tu respeto, tu comprensión y tu paciencia al mirar y, quizás, al leer, algunos de mis comentarios en estas páginas.

Con independencia de los contenidos de mis escritos, mi intención principal es mantener una relación, una compañía y una amistad que, desde hace ya muchos –demasiados- años, me estimulan y me ayudan a sobrevivir. Más que los contenidos de mis reflexiones, lo más importante es el lazo que nos une: es ahí donde reside la razón de mis escritos. Hoy te lo digo de manera descarada: tú atención y tu comprensión es para mí el mayor regalo. Por eso te repito que te deseo “felicidad” y “felicidades”, con minúsculas, en singular y en plural. Tú las llenas de los significados más importantes en estos momentos de tu vida y de la mía.

A ti -querida amiga y querido amigo, querida compañera y querido compañero, querida paisana y querido paisano, te deseo felicidad y felicidades, y que disfrutes modeadamente. Vosotros sois mis mejores regalos.  

 

 

José Antonio Hernández Guerrero

sábado, 27 de diciembre de 2025

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

 

Una Sagrada Familia dos veces refugiada.

Ciclo A 

Suele decirse que la familia está en crisis. Los matrimonios por la Iglesia, y también los civiles, disminuyen de forma notable; los divorcios y las separaciones crecen. ¿Qué mensaje puede esperar el cristiano que acude a misa el día de la Sagrada Familia? Sea lo que sea, se puede llevar una gran sorpresa.

Hijos adultos y padres ancianos (Eclesiástico 3,3-7.14-17a)

Curiosamente, la primera lectura no se dirige a los padres, sino a los hijos. Pero no se trata de hijos pequeños, sino de personas adultas, casadas, que conviven con sus padres ancianos (cosa frecuente en el siglo I). El texto de Jesús ben Sira (autor del libro del Eclesiástico) da por supuesto que esos hijos tienen suficientes recursos económicos y, al mismo tiempo, vivencia religiosa. Son personas que rezan y piden perdón a Dios por sus pecados. Pero, según ben Sira, el éxito a todos los niveles, humano y religioso, dependerá de cómo trate a sus padres ancianos. En una época en la que no existía la Seguridad Social, “honrar padre y madre” implicaba también la ayuda económica a los progenitores. Pero no se trata sólo de eso. Hay también otros consejos de enorme actualidad: “Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras viva; aunque flaquee su mente, ten indulgencia, no lo abochornes”. Esta actitud de respeto y cariño hacia el padre y la madre es lo único que garantiza que su oración sea escuchada y que sus pecados “se deshagan como la escarcha bajo el calor”.

Maridos, mujeres, hijos y padres (Colosenses 3,12-21) 

El texto de la carta a los Colosenses comienza con una serie de consejos válidos para toda la comunidad cristiana, entre los que destacan el amor mutuo y el agradecimiento a Dios. Pero ha sido elegido para esta fiesta por los breves consejos finales a las mujeres, los maridos, los hijos y los padres.

El que resulta más problemático en la cultura actual es el que se dirige a las mujeres. En una época de igualdad, desentona decirles: “Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor.” Pero en la situación del imperio romano durante el siglo I, cuando sobre todo las mujeres de clase alta presumían de independencia y organizaban su vida al margen del marido, no es raro que el autor de la carta pida a la esposa cristiana un comportamiento distinto. El consejo a los maridos, amar a sus mujeres y no ser ásperos con ellas sigue siendo válido en una época donde abunda la violencia de género. Los consejos finales a padres e hijos sugieren el ideal de las relaciones entre ambos: un hijo que obedece con gusto, un padre que no se impone a gritos e insultos.

Una familia de refugiados y emigrantes (Mateo 2,13-15.19-23)

            Las dos primeras lecturas se adaptan bien a la situación de las familias del Primer Mundo. El evangelio nos hace pensar en los miles de familias de refugiados y desplazados del mundo entero. Padres que emigran con su familia y sus pocos bienes, no por miedo a Herodes, sino a la guerra, las bombas o el hambre. Sin ningún ángel que les avise ni les proteja. En el relato de Mateo, el principal protagonista es José. “El niño y su madre” son personajes pasivos, que se dejan llevar a Egipto en mitad de la noche y terminan estableciéndose en Nazaret sin que nadie les consulte. Alguien podrá acusar a este evangelio de “patriarcal”, de centrarse en el padre. Pero no es un tarea agradable la que se encomienda a José: refugiarse en un país extranjero para que no maten a su hijo. La continuación de la historia es significativa. Hasta ahora, José se ha limitado a obedecer, Al morir Herodes, toma la iniciativa e interpreta la orden del ángel como considera más oportuno. Siente miedo a Arquelao y no vuelve a Belén; decide trasladarse mucho más al norte, a una aldea miserable, “de la que no sale nada bueno”, Nazaret. Pero así, sin que él lo sepa, se cumplirá lo dicho por los profetas, “que se llamaría Nazareno”.

            El matrimonio del Primer Mundo, aunque no haya tenido que huir ni emigrar, puede sacar también una buena enseñanza de este evangelio. Las dificultades siempre existen, y es raro el que no ha debido enfrentarse a situaciones imprevisibles (enfermedades, problemas económicos o laborales, tensiones con los hijos…). Pocas veces, o nunca, habrá sido Dios el que mande un ángel a decir lo que se debe hacer. La reflexión, la oración, el diálogo habrán ayudado a tomar la decisión más justo. Y aunque pueda parecer un fracaso humano, como la ida a Nazaret, así se cumple también la voluntad de Dios.

Tres apéndices: el miedo a Arquelao, Nazaret y Nazareno

            1. ¿En qué basa Mateo el temor de José? No lo dice. Podemos imaginarlo basándonos en lo que cuenta Flavio Josefo. En primer lugar, por los disturbios que siguieron a la muerte de Herodes. Al principio la gente se limitó a pedir disminución de las tasas, abolición de los impuestos, liberación de los prisioneros y castigo de los favoritos de Herodes (Guerra II 4-7). Muy pronto, mientras Arquelao se encuentra en Roma, de las peticiones se pasa a las armas. El día de Pentecostés se produce una revuelta en Jerusalén que causó muchos muertos (Guerra II 39-54).

            En segundo lugar, por la conducta tiránica y cruel de Arquelao. Este hijo de Herodes el Grande y de Maltace, fue constituido etnarca por César Augusto, «prometiéndole que lo honraría con el título de rey si demostraba ser merecedor de esta dignidad». Pero solo gobernó diez años (del 4 a.C. al 6 d.C.), debido a la crueldad con que trataba a sus súbditos. «En el año décimo del gobierno de Arquelao, los principales de los judíos y de los samaritanos, no pudiendo soportar más su crueldad y su tiranía, lo acusaron ante el César, especialmente porque creían que procedía contra las órdenes del César, que le había mandado tratarlos con moderación.» El César, una vez que hubo oído la acusación, lo obligó a ir a Roma, lo condenó y desterró a Viena, en la Galia, y le confiscó sus bienes. En Mateo 2,22 se lo llama, inadecuadamente, «rey de Judá». El César solo le concedió el título de etnarca. 

            2. Nazaret. Al turista moderno le resulta difícil hacerse una idea de cómo era Nazaret en tiempos de Jesús. Hoy día es una ciudad de más de setenta mil habitantes, extendida a lo alto y a lo bajo de numerosas colinas, animada por un flujo continuo de visitantes. La Nazaret de tiempos de Jesús era muy distinta. Cuando se viene del lago de Tiberíades, tras contemplar las hermosas llanuras de Genesaret y de Bet Netofa, impresiona el contexto tan árido y agreste de la aldea primitiva. Encerrada entre tres colinas, en la falda de una de ellas, carecía de horizonte. Ni siquiera se veían la cercana llanura de Esdrelón o el monte Tabor, si bien era posible divisarlos desde un elevado monte situado al sureste. La aldea en cuanto tal la conocemos bien gracias a la espléndida labor arqueológica de los franciscanos: unos doscientos habitantes, con las casas excavadas en ligera pendiente, recordando las cuevas del Sacromonte granadino o de Guadix. Nazaret nunca es mencionada en el Antiguo Testamento, ni en las obras de Flavio Josefo, que conocía muy bien Galilea. No es raro que sus vecinos de Caná dijesen con desprecio: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?». Aquí se desarrolló durante años la vida de Jesús.

3. Nazoreo o Nazareno. La idea de refugiarse en Nazaret es propia de Mateo. Según Lucas, la familia era originaria de esa aldea. Pero Mateo ve aquí el cumplimiento de la profecía anunciada por diversos profetas (¡en plural!): «se llamará nazoreo» (Nazwrai/oj klhqh,setai).

«Jesús el nazoreo» (VIhsou/j o` Nazwrai/oj) lo llaman en Lc 18,37; Hch 6,14; es el título que figura en la cruz (Jn 19,19), y el que él mismo se aplica en la aparición a Pablo (Hch 22,8). Generalmente se traduce «nazareno», considerándolo equivalente al «Jesús nazareno» (VIhsou/j o` Nazarhno,j) que aparece en Mc 1,24; 10,47; 14,67; 16,6; Lc 4,34; 24,19; pero ninguna profecía dice el Mesías fuese de Nazaret. Otros lo relacionan con Sansón, «consagrado (nazirai/on) a Dios» (Jue 13,5.7). Más adecuado resultaría, recordando el texto hebreo, no el griego, ver una alusión a Is 11,1: «retoñará el tocón de Jesé, de su cepa brotará un vástago (nëcer)». De todos modos, también Esd 9,10ss alude a la profecía de varios profetas que no se encuentra en ningún libro del AT.

Los apéndices están tomados de J. L. Sicre, El evangelio de Mateo. Un drama con final feliz. Verbo Divino, Estella 2019, pp. 63-65,

 

 

Padre José Luis Sicre Díaz, S.J.

Doctor en Sagrada Escritura por el

Pontificio Instituto Bíblico de Roma

El tiempo que hará...