Paco Teodoro me dice que hace unos cuarenta años estaba una mañana de primavera en una taberna del barrio de La Viña de Cádiz. Durante su estancia en el establecimiento, un hombre entraba y salía continuamente; mostraba síntomas como de poca cordura, hablaba solo y se movía compulsivamente. Ante ello preguntó a los parroquianos viñeros y vinateros: ¿Qué le pasa a este pobre hombre?. Uno de ellos le contestó: "Ná, la mujé que ha cogío una depre de esas y sá tirao ar má". Aquel hombre todavía joven le dio mucha pena. Después de tantos años se sigue acordando de él. De aquel recuerdo nace este poema. Nunca más supo nada de aquel pobre pescador, ni siquiera su nombre. Ojalá que aquel hombre, con la ayuda del tiempo que todo lo cura, lograra encontrar el equilibrio perdido y la paz del alma.
A LOS MARES POR TI
Barquita caletera
llévame al mar
que la luna me espera,
me quiere hablar.
Tengo que ver su cara,
blanca y serena,
antes que se le ponga
la tez morena.
Y quiero verla a solas
mientras le pido
que entre las suaves olas
demos contigo.
Le contaré con pena
que ayer mi amor
se perdió por la arena,
¡qué gran dolor!.
Porque la quiero tanto
que es que no vivo
y le rezo a mi Santo
que dé contigo.
Pues quiero verte viva
sobre un madero
que a las olas esquiva
firme y certero.
Por eso voy al mar
y con la luna
a las olas mirar
una por una.
Me moriré de pena
si en mi paseo
encuentro por la arena
tu camafeo,
tu camafeo de oro
con perla y piedra
tu preciado tesoro
entre la hiedra...
con tu rostro grabado
tu cutis rosa,
tu pelo ensortijado,
tu boca hermosa.
Te fuiste de repente,
sin decir nada,
con el vientre caliente,
de madrugada...
La luna te vio andando
sobre la playa
con el alba brillando
sobre la raya.
Te busco entre la bruma...
¿ vendrás amor ?,
¿ surgirás de la espuma
con tu candor ?.
La luna está en poniente
y no te encuentro,
una inquietud creciente
nace muy dentro.
Le pregunto a los mares
si pueden verte,
y los rayos lunares
responden : ¡ muerte !.
Agarrado a los remos
me sangra el alma,
sufrimientos extremos
rompen mi calma.
¡ Nunca te olvidaré !
¡ Maldita suerte...
jamás abrazaré
tu cuerpo inerte !
¡ Después de tanto llanto
se secó el lagrimal !
¡ Qué dolor, qué quebranto
qué manera de amar !
¡ Ni la luna ni el Santo
te pudieron salvar !.
Tengo el alma vacía...
Con tu buen navegar
llévame barca mía
a la orilla del mar
que la noche está fría...
y avisa temporal.
Fco. Teodoro Sánchez Vera, 12-2020
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