Pregón
San Jorge 2022
21 de abril de 2022
Iglesia Mayor Mártir San Jorge
Alcalá de los Gazules
JUAN FRANCISCO PEREIRA CASAS
"A mis tíos: Gonzalo, Kiko y Tere,
mi madrina.
Los que mis ecos estarán esparciendo
por toda la Casa Celestial."
Dimos el último suspiro y nos quedamos en pause, la
situación nos generó un temor desconocido; dudas, incertidumbre e inseguridades
nos invadían la mente, el pueblo se apagaba y nuestra saludable forma de vida
amenazaba con ser eliminada.
Deseos y miedos comenzaban a fluir, una avalancha de pensamientos nos acompañaban
cada atardecer cuando salíamos a nuestras ventanas, terrazas y balcones, para
aplaudir a aquellos héroes de batas blancas y uniformes con tricornios, gorras
azules y cascos, que portando tu lanza y luchando contra un horrible dragón,
derribaban a un microbio dominante y pavoroso que germinaba detrás de una
sincera sonrisa, un fraternal abrazo o un poderoso beso.
Inevitablemente tuvimos que despedir, en su ida, a una poblada
infantería, que mientras luchaba y luchaba, incansablemente, fue abatida y
apiolada por este virus maligno, que les ganó la batalla. Ellos, se marcharon con tu lanza en la mano y
la seguirán utilizando para protegernos siempre a todos.
Días grises, envolvieron nuestra riqueza natural, nuestra cultura y
nuestras fiestas y costumbres. Avanzaba el negro sobre el blanco y parecía
perderse la luz ocultándose detrás de la belleza de los rostros, de nuestros
sentimientos e intenciones.
Durante estos dos años nos hemos acordado de ti, patrón, más que nunca.
Te pedíamos diariamente que no bajaras tu lanza y que junto a tu caballo
trotaras y galoparas para que guardaras aquellos hogares donde la pandemia hizo
estragos, provocando el desorden que generan las carencias de nuestras
necesidades vitales, provocando un vacío que nada llena.
Fue a través de tu lanza, con la que nos inyectaron tres dosis de
soldados, fuertes y poderosos, para inhibirnos de este virus que nos amenaza.
Poco a poco, bajo tu lanza, le comenzó a ganar terreno el blanco al negro y desde una luz fugaz comenzó a
encenderse la vida en nuestro pueblo. Poco a poco nos vamos reconociendo,
comenzamos a visualizar nuestros rostros. Necesitábamos ver el sentido de la
expresión para disolver las angustias causadas.
Tu lanza nos protegió, Tu lanza nos protege y Tu lanza, San Jorge,
nos protegerá.
Santo patrón, no abandones nunca a los que se fueron y continúa protegiendo,
siempre, a los que aún quedamos y ayúdanos para que no olvidemos lo vivido y
así convertirnos en seres más humanos.
Que así sea.
AHORA, tengo el momento para convertir un sueño en algo
tangible. La magia ha inundado mi mente, convirtiendo las utopías que hilan mis
pensamientos en realidad.
Como ya hiciera Alfonso X “El Sabio” un 23 de abril, coincidiendo con la
onomástica de San Jorge Mártir, he partido desde Al-Yazira Al Jadra dirección a
Qalat at Yazula.
Con mi familia por ejército, el amor por munición, la paz y perdón por
bandera.
Comienza la contienda, por el borde sudoccidental de la cordillera
bética, entre areniscas y calizas con la singularidad de la confluencia que
genera un clima mediterráneo y atlántico; por un bosque frondoso de Alcornoques.
Avanzando entre quejigos, musgos, helechos y acebuches, mi tensión
comienza a estabilizarse. La furia y nerviosismos de mis quehaceres diarios se
van disipando por unos senderos donde se crían toros bravos y una raza
autóctona retinta.
Pasado Charco Redondo, Las Navas de Gibraltar y El Castaño; las
palpitaciones de mi corazón se agudizan mientras desciendo El Jautor.
Cuando diviso el Torero, el Peso y Alberite y el cortijo Visglerio; los
músculos de mi cara se relajan expresando una saludable sonrisa.
Ya estoy más cerca.
La Dehesa de las Yeguas, Rocinejo; mis ojos brillan invadidos por el
recuerdo de mis aprendizajes y vivencias, cuando cruzo los Llanos de la Pelea.
La Palmosa. En mi casa ya estoy.
Las curvas de subida dirección a la Pastoriza se convierten en rectas
que me colman de felicidad.
La Peña la Negra, el Ventorrillo Ortega; ya diviso las tres Torres y el
color inmaculado de Alcalá.
Tras un receso simbólico en el control, dejando al margen derecho el
Lario, de frente el Picacho y el Aljibe, me adentro en un tramado de revueltas
y calles; que la vida me da.
Me sumerjo en un río de aguas verdes en el que mi olfato nada sobre
olores a leña, horno, pan y pueblo.
La esquina del guardia, una vuelta a la alameda, ya encaro mi calle: la
calle Real.
Ya estoy en la plazuela que recuerda a los emigrantes que partimos de
Alcalá, asciendo por Ildefonso Romero, la temperatura empieza a menguar.
Me adentro en intramuros, Paseo San Juan de Ribera, en la cima del monte
de la Coracha me encuentro ya.
Presidida por seis arcos
gemelos, colores cremas y rojos, la Casa del Cabildo, de la muy Noble, Leal e
Ilustre Ciudad.
Por testigos una poderosa torre y una portada gótica, dobles pilastras y
columnas adosadas de orden corintio, el dintel de la puerta de San Juan acabo
de atravesar.
En la Iglesia del Mártir San Jorge, en su altar mayor, bajo este sublime retablo que preside magistral obra del Dios de la madera, Juan Martínez Montañés, me encuentro para pregonar sus fiestas y a San Jorge Mártir patrono de mi pueblo natal.
Sr. Alcalde -Presidente del Ilmo. Ayuntamiento de la muy Noble, Leal e
Ilustre Ciudad de Alcalá de los Gazules.
Rvdo. Padre Párroco de la Iglesia Mayor del Mártir San Jorge.
Hermana Mayor del Beaterio Jesús, María y José.
Sres. Tenientes de Alcalde y Sres. Concejales de la Ilustrísima
Corporación Municipal.
Sr. Presidente del Consejo Local de HH y CC del municipio.
Sres. Hermanos Mayores y miembros de las Juntas de Gobiernos de las
distintas Hermandades y Cofradías de la localidad.
Sres. Presidentes y representantes de las distintas entidades civiles de
Alcalá.
Sres. Pregoneros de San Jorge Mártir.
Sr. Presidente de mi Asociación Cultural Ecuestre Jinetes de San Jorge.
Querido pueblo de Alcalá y amigos “especiales”, amigos todos.
Buenas Tardes.
Son los derroches de gratitud y cariño con los que más y mayores
riquezas atesoramos. Riqueza que se pondera al alza cuanto más la consumimos;
sin saberlo, sin darnos cuenta, somos ricos y privilegiados.
Hoy quiero convertirme en un gran capitalista, multiplicar junto a
ustedes el lucro sentimental de mi nombramiento como anunciador de nuestras
inminentes fiestas patronales, así como el privilegio concedido de poder
pregonar a San Jorge Mártir, nuestro patrón.
No presumo de mayor opulencia que manifestar mi gentilicio de alcalaíno
y que mi nombre sea Juan Francisco Jorgino de los Santos.
A mi presentador:
Muchas Gracias Isidro, por tu clara y elegante presentación, cargadas de
inmerecidas palabras hacia mi persona y mi familia.
En mi corazón permanecerán siempre incrustados todos y cada uno de los
grafemas interpretados, al igual que perduran en el tiempo aquellas marcas de
tintas, que tras aprenderlas de la mano de tu mentor, D. Manuel Marchante,
traspasaste con cariño y esmero a las partidas de bautismos, matrimonios y
defunciones, engrosando con ello el archivo de nuestra parroquia y, por ende,
participando en la redacción de una parte importante de nuestra historia más
reciente.
Te vuelvo a reiterar, Isidro, mis mayores y sinceras muestras de
agradecimiento.
La confluencia de los hechos, guiados por nuestro patrón, San Jorge
Mártir, han encauzado nuestra afectuosa relación; en adelante Isidro, aquí
tienes un amigo de vereda y capacha, de sentimiento y corazón.
Gracias, paisano y amigo Isidro. Enormemente agradecido.
La vida pasa. Sumamos acontecimientos irrepetibles en el plano familiar,
muchos momentos en el plano social y trienios en nuestro mundo laboral. De
todas estas vidas, que se viven dentro de una única vida, emana algo
fundamental e imprescindible para engarzarlas todas: la amistad.
Cuando a esa amistad, la decoran pelusas blancas en el mostacho o
mentón, la acompañan la condición de padre, esposo, munícipe, regidor o
diputado es cuando realmente me paro y pienso, el tiempo ha pasado; me hago
mayor junto a mis amigos.
A mi proponente como pregonero:
Gracias Alcalde, por tu apuesta hacia mi persona para pregonar nuestro
patrón y sus fiestas.
Gracias Javier por hacerme participe, en primera línea y en primera
persona, de las Fiestas de San Jorge en esta edición tan especial como deseada,
en la que cumplo el segundo año de las cuatro décadas de mi vida.
Gracias, amigo mío, por concederme la oportunidad de leer en voz alta
mis pensamientos, aquellos que noche tras noches me envuelven, recordándome de
dónde vengo, a donde pertenezco y quien soy.
Vaya paralelamente, junto a cada muestra de agradecimiento realizada a
mi Alcalde y Amigo Javier, otra muestra de gratitud a todos y cada uno de los
concejales que componen el Ilmo. Ayuntamiento Pleno de mi pueblo.
Con la notificación de nombramiento de pregonero a nuestro patrón, San
Jorge, y nuestras fiestas patronales, me habéis despertado de un sueño que me
rumiaba y arañaba desde mi niñez. Un sueño de tal envergadura, que le asigné la
etiqueta de imposible.
Despierto del sueño, os confesaré que nunca me dio miedo afrontar este
pregón, ya que las críticas que reciba siempre serán infinitamente menores a
las muestras de cariño que yo derrocharé sobre ellas.
Muchas Gracias.
Porque el que se olvida de dónde viene, no sabe a dónde va. Os daré unas
breves pinceladas:
Provengo de los aledaños al Río Rocinejo y de la ladrillería del puente
del Prao.
Nieto del Kiki “El Ladrillero”, de Juan Capilla, de Eduarda la de los
pollos y de Ángeles, hermana de Herminia, mi tía abuela, la esposa de Juan
Ríos, mi querido tío abuelo y padrino.
Hijo de Eduardo el del Bar Florida
y La Venta La Liebre, de Mari, hermana de Joaquina y sobrina de Herminia.
Hermano de Marián.
Marido de Mariló y padre de dos soles. Lola, Dolores como la Titular de
mi Hermandad Nazarena Madre y María Palma de los Santos, por Ntra. Sra. de los
Santos, mi patrona de nacimiento y Ntra. Sra. Santa María de la Palma, mi
patrona de adopción.
Sobrino de Mari Santos, Kiko, Juan Antonio, Mercedes, Sofía, Joaquina y
de mi querida madrina mi tía Tere.
Primo de Isabel María, Maite, Mayka, Laura, José, Francisco Daniel, Juan
Pablo, Leonardo, Gonzalo, Ana Rosa y Sandra.
Compadre del hijo de Pepe el Cura, mi hermano José Ángel Córdoba Barea y
del hijo de Gil y de Paca Caro, Manolo Alconchel. Tengo que confesaros que con
ellos tengo seguridad y seguros.
Amigo desde el pupitre de preescolar del político chico, José Ramón,
cuantas vueltas dimos con el triciclo en la azotea de tu casa. De Fran Cordero,
cuantas, anécdotas, vivencias e historias, aún bajo secreto de sumario os
podría yo contar. De Juan Pahíno, trabajador incansable que convierte su
trabajo en aromas y recuerdos de Alcalá. Del Chiquillo chico del Tofi, mi querido
amigo Raúl, siempre con cobertura y al teléfono. Amigo de mi hermana, Gema
Pizarro, cuántas veces discutimos, e hicimos las paces para volver a discutir
otra vez. De Cristina Gómez, María Sánchez, Marta Puerto, Lorena Ortega, María
José Aído, María Dolores López Trujillo, de la Señoritaaaaaa, entonando a
Gracita Morales, como me gusta denominar a ella, Eloísa Blanco.
Son muchos más los amigos que podría nominar, con vivencias en momentos
dispares, pues si algo abandero con orgullo es ser amigo de mis amigos, con mis
defectos y locuras. Os envío un toque al corazón a todos aquellos con los que
he vivido y he compartido momentos irrepetibles. Perdonadme que no os nomine,
de hacerlo os puedo asegurar que la última vaquilla del próximo domingo estaría
de vuelta en el Pradillo y yo estaría en este Altar rezando nombres y
acontecimientos.
Nací en el año ochenta, mi conciencia comienza a percibir la vida a
mediado y finales de esa década.
Fui de los que tuve una bicicleta Torroc y acudía cada vez que se me salía
la cadena o vaciaba la rueda a las Peñas del Corral, al taller que tenía D.
Manuel Gutiérrez “El Coco”.
Fui monaguillo con el Rvdo. Padre D. Manuel Hermida, superé los
objetivos de matemática de D. Manuel Chica. Aprendí sintaxis y morfología con
D. José Gutiérrez Domínguez, Pepe “El Bigonia”, geografía e historia con D.
Jaime Guerra Martínez y matemáticas con María Dolores García Cohucelo.
Vestí atuendos de Tejidos Alcalá, desde aquí envío un beso fuerte al
cielo para mi querido amigo Falín.
Lucí Jaskis verdes de rombos, de la tienda de Alfonso Perales, que con
cariño y esmero, a través de una caña los descolgaba de la puerta D. José
Romero, “Pepe Perales”.
Me inspeccionó de algún que otro resfriado, bajo la luz tenue de una
bombilla roja, D. Manuel Quirell con su pantalla.
El agua caliente y la lumbre para cocinar la traía a mi casa, en una
botella naranja, Francisco Blanco “El Lute”.
Cuando el televisor no prendía o la señal de TVE o Canal Sur, a lo sumo,
no llegaba, nos visitaba D. Manuel Cabrera al que acompañaba un enorme maletín
dorado.
Si la plancha, la radio o el
tostador se averiaba, corriendo había que ingresarlo en el quirófano de mi
querido amigo Fernando El Bigonia, que bajo inspección ocular con un soldador
de estaño en la mano te decía: “Ésto, esto que le ha ocurrido al aparato es una
gran putada”.
Si la lavadora emitía un ruido raro, o la membrana del calentador se
ponía en huelga, en una vespa naranja con una caja de herramientas entre las
piernas acudía a mi casa D. Juan José Gómez Monroy. Creo que la lavadora lo
veía entrar y afinaba su ruido y la membrana del calentador desconvocaba la
huelga.
Gasté la suela de algún que otro Jhaiber azul y blanco de la zapatería
de Pedro Puerto y Pepi Mateo, Calzados Alameda, hasta que Manuel Lobato y Mari
Santo Delgado con su innovadora tienda de Deporte, nos trajeron la posibilidad
de calzar johns smith, Puma, Adidas o Reebok, entre otras marcas.
Degusté las papas fritas de
la barraca de Juan Romero, junto a las primeras hamburguesas y Sandwich que se
servían en Alcalá. En aquella época una hamburguesa simple era sin nada, carne
y pan. En su contra a la hamburguesa completa la acompañaba una rodaja de
tomate y cebolla. El hecho de aportar un huevo fue algo ya más innovador que
aportó D. Antonio Barrera con la apertura del Burguer Donald.
Hasta su jubilación, y entre Bitter
Kas y Bitter Kas, me cortó el pelo en su barbería, Melchor Domínguez. Una vez
atusado el pelo, me embadurnaba la cabeza con Barón Dandi, rebajada con un poco
de agua, porque decía que era muy intenso su olor. Siempre pensé que el agua
era más barata que la colonia.
Soy cofrade y nazareno, todo comenzó en el olor de unos caramelitos de
anís de la mano de Don José Gallego.
Formé parte activa del Centro Juvenil “Cristo Vive”, cuántas mañanas,
tardes y noche pasamos en el patio de la Victoria.
Inolvidables aquellas vigilias pascuales en el santuario de Ntra. Sra.
de los Santos, donde estuve hasta tres días sin ducharme, pero palpaba en el
ambiente un olor fraternal.
Aquellos mosquitos, ciegos, aladín, toreros, ciclistas, flamencas, súper
párrocos, romeras y monaguillos, hicieron que compartiera diez años de
carnaval, cargados de amistad y vivencias.
Con un envase retornable de un litro de casera acudía al colmado de D.
Miguel Puerto, he hecho cola en la librería de “Jeromín” para adquirir los
nuevos libros de textos cada vez que comenzaba un nuevo curso escolar, mientras
media los tiempos con un casio del Refino de Isabelita y Simón.
He bajado y subido la cuesta de la Salá, infinidad de días calurosos de
verano, para acudir a la piscina municipal, he pasado mañanas y tardes a
caballo en un lugar emblemático, Rocinejo. Tardes y tardes en el videoclub
Chaplin con Antonio Lozano o en la administración de loterías con Curro Cohucelo.
Diez años de mi vida viví en el interior del claustro del antiguo
convento de las Clarisas, en las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia.
Con la Señorita Paqui Loli, aprendí rimas y acordes a través de ese canto que
decía: Un pirulí, un calcetín y un cuacua. Mientras nuestra imaginación iba en
busca de un león y nuestro deseo era coger el más grande.
Con la Señorita Manoli tuve mis primeros contactos con las letras, en mi
memoria perdura las fichas, colgadas con dos pinzas de ropa, sobre una cuerda
que atravesaba la clase que decía: PIPO, PITO Y BOLA, entre otras.
Pronto se acabó el juego, por la puerta del aula aparecía el género
masculino como mentor en mi aprendizaje. Señor barbudo y con semblante serio,
D. Francisco López Cuadrado, al que desde aquí envío un beso fuerte al cielo,
me enseñó la disciplina y constancia. Me partió mil hojas, me hizo cambiar la
letra, corregir la ortografía, cantar los verbos, las tablas de multiplicar y
los números romanos.
Recuerdo el día que me dijo: Pereira, lucha siempre por lo que creas,
que las críticas no te hagan cambiar tu lucha, nunca.
Comenzó la segunda etapa, cambios de clases y varios maestros. Comenzaba
la semana con Don Jaime Cordero y preguntaba, ¿quién estuvo en misa este fin de
semana? Si el Barcelona había tenido una jornada airosa, no tenía mayor
repercusión la pregunta.
Don Carlos Medina, a través de su expresión de “imberbes” me adentró en
un nuevo idioma, en el Renacimiento y el Barroco. Don Manuel Chica, empolvado
en tiza blanca, me enseñó que los números también tenían primos y una raíz
cuadrada.
Terminé la Enseñanza General Básica, mi madre me dejó que me afeitara el
bigote y comencé mis estudios en la Instituto “Sainz de Andino”. Ahí
experimenté mis primeros contactos en clase con el género femenino, tras muchos
momentos en lo que siempre había algo que celebrar. Para lo cual mi amigo Diego
Pizarro siempre estaba disponible, con una moneda de quinientas pesetas
organizaba un festín de tres días, con la salvedad que a la fiesta había que
acudir comido. De esas nuevas relaciones, emanaron nuevas amistades de las que
presumo de mantener a la fecha.
Para comenzar mis estudios universitarios con lágrimas en los ojos me
tuve que retirar de Alcalá. Junto a cuatro ilusos compañeros y amigos, me fui
para Algeciras. Hoy en día se dice fácil, pero por aquellos entonces se trataba
de realizar un trayecto largo y arduo, tanto por el tráfico rodado como
sentimentalmente hablando.
Contábamos los días para volver, para Alcalá. Recuerdo la primera semana
que pasé en Algeciras.
El viernes por la mañana, cuando junto a Juan Pahino me disponía a
acudir a la universidad, al salir de la casa nos topamos con Kiko el de Lola,
que junto a su hijo Juanmi acudía para dejar algo en el piso y volverse para
Alcalá.
Kiko nos dijo: no os puedo esperar a que terminéis las clases, pero si
queréis venirse ya. Íbamos para clases
de matemáticas financieras, recuerdo que miré a Juan y le dije: Que mejor forma
de aprender finanzas que con Kiko de vuelta para Alcalá.
Aún recuerdo el pellizco que atrapó mi cuerpo, cuando mis ojos chocaron
con La Palmosa y el color blanco radiante que desprendía Alcalá. Hacía cinco
días que lo habíamos abandonado y parecía que lo habían estado pintando toda la
noche Manolo “El Pichi”, Juan Soto y Manolo “El Laneto”.
Podría continuar y continuar
contando anécdotas, historias y vivencias, pero una diana floreada suena de
fondo y embiste mi oído, se aproxima el día de nuestro patrón y con él una de
nuestras fiestas grandes y debemos estar preparados: VAMOS ALLÁ.
Es San Jorge la narración de sucesos del pasado, del conjunto de
nuestras tradiciones y costumbres, transcritas por nuestros vecinos versados a
un mamotreto que llamamos Apuntes Históricos.
Es San Jorge una Santa Eucaristía donde nuestro párroco, actualmente
Rvdo. Padre Don Tomás Díaz Artola y el que durante muchos años lo fuera, Rvdo.
Padre. D. Manuel Hermida Rabel consagra el pan y el vino, la divinidad del
cuerpo y la sangre de Cristo, en honor y gloria a nuestro Santo Patrón.
Es San Jorge un mogollón de personas, con dorsales numéricos, los que
realizan una prueba atlética mientras avanzan por nuestras calles y plazas,
donde D. José Barrera siempre merecía el trofeo de ganador.
Es San Jorge un estruendo de luz, música y alegría; la voz de mi
compañero Salvador Sánchez “El Tarugo”, en confluencia con la orquesta Game
Rock, mientras jugamos a moros y cristianos o bailamos Paquito el chocolatero.
Es San Jorge la amistad en estado puro, en unión a una caldereta o a un
dornillo de gazpacho caliente, y por guarnición fraternales saludos y
fortísimos besos y abrazos.
Es San Jorge la manera natural que tenemos los alcalaínos de celebrar
los años que cumplimos, cargándolos de energía, para concluir una avanzada
primavera, encarar un sofocante verano, disfrutar del fresco agradable del
otoño y del helor de un blanco invierno; para volver a comenzar la cuenta atrás
y contar los días que nos faltan para volver a vivir de nuevo las fiestas de
nuestro Patrón, San Jorge.
Comenzada la primavera y pasada la Pascua de Resurrección, mi cuerpo
comienza a desprender felicidad y mi estrés diario comienza a aliviarse, mi
teléfono móvil comienza a sonar. Llamadas y whatssapp de mis compadres y amigos
me anticipan próximos encuentros, días de desenfrenos cargados de recuerdos,
anécdotas e historias; magníficos días de convivencia nos esperan.
Elevamos plegarias para que no
nos azote el levante, para que no nos embista la loca lluvia de primavera y
para que un sol radiante nos acompañe todo el fin de semana.
Tachando los días en las hojas del cuarto mes del año nos vamos
acercando al 23 de abril, señalado en rojo en nuestro calendario alcalaíno. En
cualquier zona del mundo, allí donde resida un alcalaíno, el 23 de abril viene
marcado en rojo y es festivo, sí o sí.
Desempolvo los polos de mangas cortas y preparo mi maleta, reposto mi
vehículo y vísperas del comienzo de la fiesta, acelero dirección al mejor
pueblo del mundo. Las ganas de llegar son inmensas, tener ya el vehículo
estacionado y la maleta deshecha, para acercarme a la alameda. Mientras pienso:
tómatelo con calma que hasta mañana no empieza la fiesta.
No hay mejor despertador que los ecos que emiten las calles de mi
pueblo, esparciendo los sones de una alegre y festiva Diana Floreada. De un
salto me levanto, con fuerza abro la ventana de mis aposentos de soltero y tras
percibir el olor y la luz de mi calle Real, espero impaciente a que pasen los
componentes de la Agrupación Musical Ntro. Padre Jesús Nazareno, los que
emitiendo alegres melodías avanzan por la puerta de mi casa. Mi amigo José
Almagro me saluda levantando la corneta, le tiro un beso a mi amiga Carolina, a
su prima Elena y a mi comadre Ana Mari.
Cuando el sonido se pierde entre los adoquines, piedras y cal, corriendo
me preparo para dar los buenos días a Don Pedro Sainz de Andino e ingerir un
calórico desayuno en lo de Diego Mateo.
Mientras la cafetera del Bar Dominguito sirve un café americano, me da
tiempo a leer un artículo de prensa que referido a San Jorge y sus fiestas
patronales decía:
“(...)”
El patronazgo de San Jorge tiene su origen tras la entrada de Alfonso X
a nuestro pueblo y su conquista cristiana. Remitiéndonos a tiempos pretéritos,
las primeras anotaciones de las fiestas en honor a San Jorge las encontramos a
finales del siglo XVI, donde se crea una fiesta en semejanza a como se venía
festejando el Corpus Christi, con suelta de ganado por las calles. Años más
tardes, a las fiestas se les incluyó un sermón y una procesión. Casi cinco
siglos han pasado y tampoco difieren tanto de las fiestas actuales; el corazón
de la verbena sigue siendo la Plaza Alta, seguimos disfrutando de las capeas,
de juegos, de bailes y de diversión
Mientras cae el aceite de oliva virgen sobre una rebanada de pan de una
boba elaborada por mi amigo Adriano Cuesta, recuerdo aquellas primeras
corporaciones democráticas, las que gracias a su esfuerzo, dedicación y
constancia, hoy podemos disfrutar de unos magníficos días de fiestas. A mi
cabeza llegan muchísimos nombres de munícipes que trabajaron para lograrlo,
entre otros: Luis Romero Acedo, Juan García Macía, Gabriel Almagro Montes de
Oca, Francisco Sanchez, Arsenio Cordero, Miguel Tardio y como no Gabriela
Salazar.
Ya con mis amigos Fran Cordero, los políticos, el chico y el grande,
Barea, el Micri, el Tofi, Juan Pahíno, Iván, Santi, Emilio, Gregorio, entre
otros, compartimos unos olorosos, antesala de un magnífico largo y dulce día.
Bajos unos originales alumbrados de Tomás Celi, banderolas de González
Byass y farolillos azules y granates, avanzamos por un vallado de barras,
tuercas y tornillos montados con precisión y esmero por la Delegación de Vías y
Obras, con Juan Diego, Chano, Fernando Barrio, Curro “el Tronco”, entre otros y
siempre mi amigo Manuel Moreno “El Regalí” en mi memoria.
Mil paradas con amigos y conocidos, brindis, besos y abrazos. Mientras
tanto, desde la esquina del guardia a la plazuela, mi amigo Santi vende tres
talonarios de papeletas de la rifa de septiembre de la peña caballista. En la
Gloria pronto estaremos, amigo mío.
Realizo un receso en el número 29 de la calle Real, para coger algo de
abrigo porque a la vuelta seguro que ya caerá algo de humedad.
Entre bromas, recuerdos, risas y alegrías avanzamos en dirección a la
cima.
Cuando el Estudio de Foto Emilio, la droguería de Vicente Díaz, la
Frutería de Barreno y la papelería de Marujita Maura habíamos dejado atrás y
mientras recordaba el sonido que desprendía la máquina de escribir olivetti de
mi tío Juan Río, donde aprendí a mecanografiar en la Cámara Agraria y un olor a
bolsitas de romero, orégano y laurel procedente de casa de Cabecita, junto a
los vinos de Palomino Vergara, eclosionan en mi recuerdo, un pitido
ensordecedor, cada vez más próximo y cercano, acata nuestra atención.
Corriendo vamos todos a la acera, el camión del Maera nos deja atrás.
Saludo a mis amigos Juan, Diego y Francisca Romero que desde la cabina o caja
del camión velan por el buen estado de su res tras el recorrido desde su casa
“El Pradillo” hasta que comience la capea.
Pienso en introducirme en la cabina de teléfono o detrás del buzón de
correos, ya que un miedo recorre mi cuerpo, quizás sería capaz de todo, menos
de torear. Así que me detengo y pienso que mejor burlaero que la casa de mis
amigos Jaime Cordero y Marina para ver a la vaca pasar. Un gran ambiente
familiar, por capote un catavinos y por estoque torero un tenedor, para poder
pinchar. Entre brindis y brindis con
nuestro querido Tío Pepe, escuchamos un murmullo de carreras y zancadas; la
vaquilla acaba de pasar, la sigue una muchedumbre alegre y risueña, junto al
personal de organización y seguridad.
El camión aparece ya, detrás el
patrullero de la policía local y la ambulancia. Con valentía al asfalto
adoquinado me vuelvo a tirar.
Continúo mi trayecto, en dirección
al enclave más alto de nuestro pueblo. En el embudo natural que se forma una
vez abandonada la calle Ildefonso Romero y entre el trasiego de los que bajan y
suben, un olor a nostalgia, de manteca, chorizo y morcilla atrapa mi nariz; me
ocupa la memoria aquella carnicería de Francisca Pahíno, antesala al salón de
su casa, donde con mi padre acudía religiosamente todos los primeros de mes
para abonar el aparcamiento donde dormía aquel Renault 5 al que en sus últimos
años de vida tanta utilidad le saqué. Encaro la acera contraria y recuerdo
aquel quiosco improvisado que montaba Juana Toro en el salón de su casa, y de
donde alguna que otra golosina pude degustar.
Por un momento dudé por dónde continuar la subida, quizás sea más llano
y cómodo caminar por el Paseo San Juan de Rivera, pero es una zona por la que
deambulamos a lo largo del año con nuestros vehículos, en su contra pensé que
por la Antigua Puerta de la Villa hacía ya algún tiempo que no pasaba.
Mientras superaba los peldaños
que conforman la escalera, me acordaba de la foto que me tiró mi madre el
primer día que acudía al colegio, o aquellas mañanas y tardes que iba a visitar
a mis abuelos maternos.
Mientras los espacios entre escalones se hacían más grandes,
conformándose grandes mesetas, sentí que la voz se me ponía temblorosa y los
ojos me los notaba humedecidos de pavor, el fin de la escalera estaba próximo y
el llanete, antesala a la Antigua Puerta de la Villa, se apreciaba. Por un
momento recordé a Pistón un gran perro que siempre estaba allí tumbado y que
tanto respeto me daba.
La imagen de dos mujeres mayores, una vestida de negro creo recordarla,
agarraban al perro mientras yo pasaba. Eran María y Catalina, madre y tía de mi
amigo Andrés Moreno Camacho, muy buenas amigas de mi abuela Ángeles.
Superado el trance, olores a unos dulces que llamaban “alpargatas” y
unos polos de casera y agua con anís que fabricados artesanalmente me
alimentaban. Recuerdo el ultramarino del Pedrero y el colmado de Antonio
Pacheco.
Un poco más arriba un corral, la carpintería de Joaquín, un portón
grande de color azul, un patio enlosado y dos escalones grandes que dan a otro
patio y le siguen una veintena de peldaños: mi primera residencia, la casa de
mis abuelos Juan y Ángeles, y por vecinos Antonio y María la Dorá. De frente un
habitáculo donde hacía trabajos mi pariente como él me llamaba, Antonio el
Rana, por la misma puerta, María la Hinojota, asomaba.
La Plaza Collado acabo de atravesar, el ruido de una olla exprés
anunciaba ese magnífico caldo de puchero que Bernarda, madre de mis amigos los
Tofí, elaboraba y que durante algunos días de fiestas tuve el gran honor de
poder degustar.
Música, banderolas y farolillos; desde la caja de resonancia de una
guitarra flamenca nace la silueta de Alcalá: La Peña Flamenca de mi primo
Antonio Vela acabo de recordar. Me atrevo a manifestar que marcó un antes y un
después en las formas de las fiestas patronales poder disfrutar.
Una plazoleta repleta de jóvenes,
una valla natural de personas opacaba el tesoro natural que se nos abre a la
vista desde la balaustrada del San José; la segunda vaquilla a la plaza alta
acaba de llegar. Corriendo me vuelvo a tirar a un ruedo de adoquines para un
buen burlaero volver a encontrar.
La valla de bajada al cementerio me ofrece la más tranquila y amplia
seguridad. Mis ojos apuntan a unos azulejos color azul con letras blancas donde
reza Bar Muleta y mis mejillas húmedas se encuentran ya. Recordaba aquella
balaustrada repleta de gente y esos bafles que nos alquilaba Rogelio Chica y
José Almagro esparciendo compás.
En la plancha mi hermano José Ramón, filetes no nos pueden faltar. Mi
hermano Fran Cordero con la tiza blanca en la mano, que nadie se vaya sin
pagar. Yo loco buscando a mi hermano y compare Barea que por la puerta del
chiringuito acaba de asomar. Dice que había subido a la Plaza Alta para
clientes buscar. Continúa de relaciones públicas y desde fuera de la barra
cervezas se pone a echar.
Recuerdo a Fran Cordero con un casco de obrero diciendo que a Cipriano
iba a buscar, al Político con un barreño de papas “aliñás” y al Barea
vendiéndolas a “cuchará”. Esas eran nuestras locuras cuando del chiringuito
estábamos hartos ya, cerrábamos la puerta y a la Plaza Alta nos íbamos a
disfrutar.
Embobado en el recuerdo estaba yo, cuando a Fran Cordero se le ocurrió
que la vaca íbamos a torear. Me agarró del brazo y de un salto la valla me hizo
dejar atrás. Se le ocurrió que nos refugiáramos en el callejón del beaterio
donde la ambulancia municipal, Andresito dejaba “aparcá”. Para salir corriendo
al lado de la vaca cuando el petardo volviera a sonar. Se abrió la valla de la
plaza y corriendo tras la vaca nos fuimos ya. Nuestra carrera fue corta porque
la balaustrada del San José la vaca se atrevió a saltar. No sé si pase más
miedo al lado del animal o de ver a mi amigo Fran Codero que detrás de la vaca
por poco no se va. Fue mi alternativa de
torero con la que igualmente me retiré de los ruedos para siempre ya.
Colmado de mis nervios estoy,
ahora sin vacas es cuando la fiesta va a comenzar. Se convierte la plaza de San
Jorge en una inmensa red social, donde nuestros me gustas son manifestados con
fortísimos besos y abrazos.
Cuando mis pies pisan el albero de la plaza, recuerdo aquel palo de
grasa y aquel jamón colgado. Los comienzos de la cafetería Luna nos enseñó que
durante los días de fiestas se podían consumir algo más que montaditos de
filetes, tortillas y carné mechá.
Recuerdo cuando Roque Gallego abrió aquel chiringuito con arte, cuando
mi padre y mi tío Gonzalo abrieron las puertas del almacén de materiales de
construcción de Juan Tenería, y cuando más tarde traspasaron a ese lugar mis
amigos Miguel y José Almagro, el “Ecúxame”, lo que marcó una gran revolución a
la Fiesta. Por fin un gran territorio flamenco se consolidó bajo la dirección
de mi gran amigo Jorge el Pavo, y donde se apilaban sacos de cemento, espuertas
de arena; ahora se encuentran guitarras y percusiones que derrochan bellas
melodías.
Visualizo aquellos chiringuitos primitivos que se instalaban en la
plaza. Por tordos, unas lonas improvisadas, que si llovía se desmontaban.
Fueron el génesis de las actuales carpas, donde padres y madres, vecinos
altruistas, recaudan el montante necesario para poder mantener las Escuelas
Deportivas Municipales.
Aquellos primeros servicios instalados en la plaza,
aledaños al beaterio, para poder miccionar con tranquilidad. Con ellos dejamos
de coger frío y despeinarnos en las planadas de los depósitos, el que aguantaba
y llegaba hasta allí, claro está.
Mientras pensaba y pensaba, la plaza había cruzado en diagonal, encaraba
la calle Sánchez Aguayo, a nuestro cuartel improvisado de guardia y punto de
encuentro durante los días de fiestas, me disponía a entrar. Ya estaba en la
casa de mi compadre el Micri, de la ropa de abrigo me había desprendido ya. Con
una copa de cerveza en la mano me encuentro, mientras me quedo embobado al ver
las preciosas vistas que se desprenden de Alcalá. Tras unos aperitivos, para
energías cargar, a la plaza volvemos a bailar.
Mientras nuestro cuerpo interacciona con el ritmo que va marcando la
orquesta, y con una pegatina de los cachimbas en nuestro dorso, y un pañuelo de
Eva la Taquillera, que nos cubre el cuello, visitamos a nuestros amigos del
Alchoyano, del Club Baloncesto, de la Hermandad de la Columna; a la hermana de
mi amigo Emilio visitamos, Eloisa, a lo del Pavo acudimos y hasta el Covirán
nos acercamos.
Entre esperados y deseados reencuentros de familiares y amigos, con la
confluencia de abrazos, besos, anécdotas y el tintineo de los hielos, y la
digestión realizada, de ese magnífico gazpacho caliente, va decayendo el día.
Como si en un plis plas hubiera ocurrido, ya iluminan la plaza esas guirnaldas
de luces entrelazadas con farolillos de colores azul y granate, bajo la
majestuosa presidencia de la enorme bandera de nuestro pueblo desplegada de ese
esbelto y centenario campanario, que marca la silueta de nuestro querido
pueblo.
Cuando me doy cuenta la música se va quedando atrás, la puerta de la
Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia acabo de pasar. Revirada a la
izquierda y posterior revirada a la derecha me llevan a la calle Sánchez de la
Linde, en tensión me encuentro ya, nervioso estoy, vaya a aparecer “Moro” el
perro del taxista “Pepe El Alemán”.
Olor a piel y ritmos del tres por cuatro, la zapatería de Pedrocho y la
peña el Cuplé dejo atrás, para volver a girar en el llanete de Manuela Vela,
dirección a la taberna del Tronco voy ya.
Dejando el Cuartel Viejo a la izquierda, la calle Fernando de Casa
comienzo a bajar. Recuerdo la primitiva gestoría de Moisés y Mansilla, la peña
del Butano, hasta que un olor a chicharrones elaborados por mi padre en el Bar
Florida, me anticipa que en la calle Real ya estoy. Dirección a la casa de Pepe
“El Jefe” y alojado en aquel cuarto donde dormía su cuñado Paco Pérez, acostado
estoy ya.
Mientras mis músculos y extremidades tienden
a no moverse, en mi cabeza se constituye una Asociación Parroquial, dónde se
dignificaba a nuestro Santo Patrón, con Cultos, Actos y hasta un gran cortejo
procesional, que preparaba su salida, bajo las bóvedas centenarias de nuestra
parroquia.
Se consumaban obras sociales, de caridad y asistencias parroquiales.
Eventos deportivos y culturales; nuestro pueblo se engalanaba y con orgullo
sobre nuestro cuello colgaba un cordón con la medalla de San Jorge Mártir,
nuestro patrón.
No recuerdo si nos llamábamos hermanos, hermanas, caballeros o damas. Si
percibo un olor a incienso, notas musicales y un ambiente agradable y
fraternal, donde como viene siendo nuestra costumbre, heredada desde tiempo
inmemorial, se dejaba de manifiesto la magnífica armonía entre la Santa Iglesia
y el Cabildo Municipal.
Las partituras musicales sonaban, cada vez las notaba más cerca,
mientras nuestro patrón San Jorge por nuestra angostas y empedradas calles
procesionaba.
La música se alejaba y su ya fugaz sinfonía, como señales externas, mi
cerebro activaba. Una nueva diana floreada me había despertado de un sueño, no
imposible y muy loable de realizar.
Hermanos, hermanas, caballeros o damas, JORGINOS DE LOS SANTOS, TODOS,
pongámonos a trabajar, para este Santo Patrón poder procesionar.
La fiesta ha concluido, con un sabor agridulce me vuelvo para Algeciras
ya. Con la energía, alegría y buenas vibraciones de una diana floreada que
nunca me abandona y no para de sonar.
Vuelvo a mi Casa de Hermandad, a la Iglesia de la Palma y a certificar
acuerdos de gobiernos de la Casa Consistorial.
A convivir con mis hermanos y amigos de corazón especial, para continuar
siempre pregonando a San Jorge Mártir y el Mejor pueblo del mundo que se llama
Alcalá de los Gazules.
VIVA SAN JORGE Y VIVA ALCALÁ
He dicho.
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