Raquel Reyes Garrido o el arte de distinguir los sonidos y los ruidos
Raquel, autora
y actora de su vida, nos demuestra que la audiología es una ciencia, una
técnica y un arte. Por eso ella elabora e interpreta su guion profesional de
manera rigurosa y, al mismo tiempo, libre. Desde pequeña se percibió a sí misma
como un ser responsable de elaborar un proyecto vital propio y, aplicando su
clave personal, se esfuerza en cultivar una peculiar visión del mundo y una
interpretación inédita de la vida individual, familiar y profesional. Expresa y
transmite su concepción de la vida a través de su mirada, siempre alertas, y de
sus oídos, siempre atentos a los sonidos a los silencios todos ellos
imprescindibles para nutrir y paladear los jugos nutritivos de las experiencias
compartidas, el reflejo de un alma sencilla que disfruta cuando saborea la
vida.
Ella, que
está decidida a vivir su vida de una manera plena, es consciente de que vivir
es aprovechar una oportunidad única y una aventura personal dirigida hacia el
descubrimiento de un mundo más humano, más justo y más grato.
Inquieta,
emprendedora e impaciente, nos proyecta sus certeras reflexiones y nos formula
sus múltiples propuestas, que están elaboradas siempre tras análisis
minuciosos, desde una crítica incisiva y desde una serena autocrítica. Alentada
por el rigor y por el trabajo, es posible que una de las claves de su amable
escepticismo resida en su peculiar manera de escuchar los sonidos y los ruidos,
con el fin de examinar y digerir la vida, y de distinguir lo esencial de lo
accidental o, mejor dicho, de separar los valores auténticos de los envoltorios
ilusorios.
Estoy
convencido de que, en el fondo íntimo de esa manera lúcida, desenfadada y espontánea
de encarar la vida, late su convicción de que la mejor forma de resolver los
problemas es mezclando, con habilidad, una dosis de sentido común y otra de
cordialidad. Ella
demuestra con sus actitudes, mejor que con sus palabras, que muchos de los
problemas se solucionan por sí solos; otros, con un poco de imaginación, y, los
más difíciles, poniendo algo de corazón.
José
Antonio Hernández Guerrero
Catedrático
de Teoría de la Literatura
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