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martes, 13 de marzo de 2007

Mis vivencias y pensamientos

Era una mañana triste para mí.
Cuando aún no habían sonado las cinco en el reloj, se presentaron en casa los taxis de Cuesta para trasladarnos a la Estación de Sevilla.
Nos marchábamos a Cataluña, en busca quizás de una mejor vida y un mejor porvenir, pues en un pueblo pequeño en aquellos años no se vislumbraban buenas perspectivas.
Éramos en casa seis hembras y yo el único varón. La única aportación económica que entraba en casa desde hacía tres meses, eran las mil pesetas que yo podía entregar a mi madre cada semana, de mi sueldo en los Astilleros de Cádiz.
Mi padre se había marchado unos meses antes con unos paisanos para la provincia de Alicante, pero por circunstancias aún desconocidas para mí, le llevaron a Badalona. Un día él viajó a Manresa para visitar a unos paisanos, los cuales le convencieron para quedarse por estos lugares.

Durante el trayecto de Alcalá de los Gazules, mi ciudad natal, hasta Sevilla, fueron muchas las dudas que rondaron por la cabeza. Nos enfrentábamos a una aventura nueva que teníamos que afrontar y unas lágrimas rodaron por mi mejilla al tener que abandonar para siempre aquel pueblo que me vio nacer.
Recordaba a los amigos, los paseos por “el control” (carretera de Algeciras), las partidas de dominó y alguna otra persona que por aquellos tiempos ocupaba mi corazón.
Recuerdo las tardes de los sábados y los domingos jugando al dominó o al tute en el bar La Florida, todos mis amigos más íntimos: Kiko el de Lola, Juan Caballero el barbero, Paco Gil, Pepe Sánchez… y tantos otros que sería imposible acordarme de todos, para jugarnos un café, que nunca sabíamos quien se la tenía que beber y pagar, pues las partidas duraban hasta cuatro horas, el que ganaba se la jugaba con otro y éste con otro que se incorporaba y así sucesivamente. Julio Vázquez, propietario del bar, siempre decía: “qué suerte tengo con ésta clientela, siempre tengo el local lleno, pero nadie consume.”

La llegada a la estación de Sevilla fue para mí deplorable: ver tantas gentes teniendo que abandonar su tierra, familias enteras con los colchones, baúles y demás utensilios del hogar para poder hacer frente a las primeras necesidades, los pequeños llorando por el cansancio, las caras de los padres entristecidas por tener que abandonar su casa que, posiblemente algunos, nunca volverían a ver y, quizás recordando lo mucho que le había costado conseguir lo poco que tenían y con la facilidad con que abandonaban todo por circunstancias de la vida y soñando un mejor porvenir para ellos y su familia.
Aún recuerdo a mi madre chantajeando con cinco pesetas al revisor del tren, para poder llevar consigo la máquina de coser y evitar facturarla, temiendo que se perdiera o se estropeara, quizás era su única propiedad.
Cuando por los altavoces de la estación se anunció la salida del tren, las escenas que detectaron mis ojos, me recordaron la serie radiofónica “Ama Rosa”, por el serial que allí creí detectar, donde las lágrimas y llantos de los familiares que fueron a la despedida de sus allegados, era patente y se veía por doquier besos, abrazos, saludos y apretones de manos y todo para sobrevivir, las miradas fijas y el agitar de los pañuelos cuando el tren se perdía en la lejanía, todo era un poema.
Recuerdo a un señor mayor que iba en el pasillo mirando por la ventanilla, que le comentó a otro: “no se si podré volver, aunque dejo esposa y tres hijos, prefiero que ellos vayan a Barcelona antes de volver a vivir lo que he pasado, pues el señorito del cortijo abusa demasiado, no paga y encima se lo gasta en mujeres y nosotros sólo con pan y queso y porque lo hacíamos nosotros. No hay derecho ni justicia”. Y después de una pausa, sacándose el pañuelo del bolsillo, dice con lágrimas en los ojos: “Adiós mi Sevilla, quizás no te vuelva a ver”. Eso quedó grabado en mi retina para siempre, eso duele para el emigrante.


Durante el trayecto, nunca pude dejar de pensar el motivo que nos hizo emigrar. El aval que hizo mi padre a una persona que abusó de su buena fe, avalando un préstamo que él sabía que no pagaría, actuando con maldad y alevosía, pues sus propiedades cambiaron de nombre y él era insolvente, y a pagar el mismo de siempre, el inocente, la persona de buena fe y tuvo en mi padre al pagano, pues tuvieron que mal vender la casa donde vivíamos, ya que con el sueldo de mi padre era imposible hacer frente al pago del préstamo o aval, siendo Guardia Municipal. Raro era el mes que cobraba a su debido tiempo y que casi siempre había un atraso de un par de meses y teníamos que comer.

Así me sucedió y así lo ví
Diego Puerto Lozano
Septiembre de 1966

Algunas de las fotos utilizadas para ilustrar el texto pertenecen a Manuel Ferrol, fotógrafo gallego que murió en 2003. Sú página se encuentre en http://www.manuelferrol.com. Te recomiendo su visita.

3 comentarios:

Antonio Casado dijo...

Vaya, no es que me alegre saber despues de tantos años que nosostros no fuimos los únicos en emigrar por ese mismo motivo, pero leyendo tus recuerdos parece que era yo el que escribía.
Aunque nosotros tuvimos más "suerte" y fuimos a caer más cerca, los efectos en un niño son iguales.
En fin, así es la vida y a nosotros nos tocó la nuestra.
Peor lo tienen las personas que actualmente tienen al primer mundo como meta y que se desplazan miles de kilómetros sin un destino claro.

fina dijo...

Yo como mi hermano, me acuerdo de mis amgas del beaterio de la hermana Lurdes,de la señorita Pepa,la hermana San Jose etc.etc.
tambien teniamos al padre Mañé y las niñas del coro,un dia fuimos a cantar a casa de la Marquesa por allá cerca del Torero por que los niños hacian la Comunión, las tardes de reunión en la Victoria tenia por monitora a la señorita Carmenchu (creo que así se llamaba).Mis becinas de la calle La Salá y las de la puerta farsa Maria Martinez sus hijos Ines Manolo Pedro Petra MªCarmen y los mellizos Jaime y Fº Javier (Jacob).
Los dias de television en casa de FªAlberto, para hacerle un HOMENAJE, aquella buena mujer tenia una habitación abajo en la entrada del patio toda llena de sillas para que nos pudieramos sentar todos y pasabamos toda la tarde del Sabado y del Domingo alli.Nosotros viviamos en frente al lado de la zapateria de Gerra.
Asi contaria muchisimas cosas que aun recuerdo con muchisimo cariño.La pozada de Juani Benitez, cuantas veces habiamos jugado en su patio a las chapas, las noches de verano todos nos juntabamos para jugar al tocadé se jugaba con una piedra que fuera plana y a la comba (desiamos a la soga) las madres en la puerta sentadas fueron los años mas maravillosos de mi vida, aunque no tengo por que quejarme Cataluña nos recibio muy bien y hoy me siento muy agradecida por que tengo una FAMILIA maravillosa y todos muy unidos gracias a la educción que recibimos de nuestros padres Diego Puerto y Rosalia Lozano
Si algien tiene fotos de esa epoca tambien megustaria que la publicaran como la de los hombres.
Un saludo para todos.

Anónimo dijo...

Por este motibo tuve que dejar mi tierra seguro que eta familia aun estan en alcala iran todos los domingo a MISA y lo llamran de DON o SEÑORITO que DIOS LO PERDONE

El tiempo que hará...