Páginas

jueves, 28 de agosto de 2008

XXXIV PREGÓN DE LA ROMERÍA 2008

XXXIV PREGON DE LA ROMERIA EN HONOR DE LA SANTISIMA VIRGEN DE LOS SANTOS PATRONA DE ALCALA DE LOS GAZULES.


Francisco Peláez Torres.
Alcalá de los Gazules, 23 de agosto de 2008.

AVE MARIA
GRATIA PLENA
EL SEÑOR ESTA CONTIGO
BENDITA TU ERES ENTRE TODAS LAS MUJERES
Y BENDITO ES EL FRUTO DE TU VIENTRE: JESUS




Sepan todos los que este Pregón viesen, escuchasen o leyesen, que el próximo día 7 de Septiembre del presente año de 2008 tendrá lugar la Romería a su Santuario en honor de la Santísima Virgen de los Santos, Patrona de Alcalá de los Gazules.

.Reverendo P. Marco, Cura Párroco y Director Espiritual de la Hermandad de la Virgen de los Santos.
.Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Hermandad.
.Hermana Mayor y hermanas de la Comunidad del Beaterio de Jesús, María y José.
.Ilustrísimo Sr. Alcalde y miembros de la Ilustrísima Corporación Municipal de Alcalá de los Gazules.
.Ilustrísimo Sr. Delegado Provincial de la Vivienda.
.Autoridades civiles y militares.
.Hermanos Mayores y representantes de las distintas cofradías, hermandades, asociaciones, peñas marianas y grupos parroquiales que nos acompañan.
.Señoras y Señores, amigos todos.
Con el transcurso de los años, el ser humano se suele ir volviendo más sereno, más ecuánime y equilibrado, menos fundamentalista; pero también más blando y más sentimental; por eso, yo que fui educado, como casi todos los hombres de mi generación en aquello de que “los hombres no lloran”, ”las emociones hay que dominarlas”, y valores de dureza, fortaleza aparente y rocosidad, pido de antemano perdón porque sé que esta noche los sentimientos me saldrán a flor de piel y quizá más de una vez no logre contenerlos, como no lo logré cuando se comunicó públicamente mi designación como Pregonero de la Virgen de los Santos y de su Romería.
Pero es que este Pregonero quiere hablar esta noche de SENTIMIENTOS y de CREENCIAS, aun con el riesgo de que se le quiebre la voz o se le escape alguna lágrima delatora.
Y el primer sentimiento que quiero expresar en este marco incomparable de los Santos es el de agradecimiento.
Agradecimiento, en primer lugar, a todas las personas responsables de mi nombramiento como pregonero de la Virgen de los Santos: Antonio Mansilla Romero, Hermano Mayor, cuyos apellidos tienen para mi recuerdos inolvidables de amistad, compañerismo, consejo, tesón y fe; P. Marco, con quien en el poco tiempo neto que hemos estado en contacto, ha nacido, al menos por mi parte, una relación de cariño, respeto y comunión, imposible de explicar sin acudir a Aquel que todo lo puede y cuya providencia cuida hasta del último pelo de nuestra cabeza; y Vocales de la Junta de Gobierno de la Hermandad, a cuya mayoría me une una amistad fraternal, aunque con algunos, y por razones de edad (Yolanda, Paqui, Jaime…) esta relación debiera ser más de tío que de hermano.
Este agradecimiento no es ciego; está muy fundado: Primero me habéis obligado a hacerme patente a mí mismo, aspectos importantísimos de mi fe, de mi historia y de mi devoción a la Virgen de los Santos, que de otra forma hubieran quedado encerrados en lo más recóndito de mi ser, en ese cofre que algunos de mis colegas psicólogos llaman “subconsciente”, otros “engramas borrados” o con algún otro nombre, pero que designan a aquellas vivencias que sin estar conscientes de una manera clara en nuestra memoria, determinan y explican muchos de nuestros comportamientos. Y segundo, porque aunque os hayáis equivocado, como estoy seguro que os habéis equivocado con mi elección; y aunque yo por mi torpeza no fuera capaz de dar con el tono justo, ni acertara ni en el fondo ni en la forma con el nivel adecuado a este Pregón, el honor y el orgullo de haber sido PREGONERO DE LA VIRGEN DE LOS SANTOS, DE SU ROMERIA Y DE ALCALA DE LOS GAZULES que me habéis concedido, eso ya nadie me lo puede quitar. Ese es un título para toda la eternidad.
En segundo lugar quiero dejar constancia de mi agradecimiento a mi presentador, amigo y maestro en muchas facetas de la vida: Pepe Sánchez Romero. Las cosas que has dicho de mí, en su aspecto puramente biográfico, en sus datos objetivos, son ciertas; pero el cariño y la belleza con que las has dicho hacen que parezcan que son verdad en su total magnificencia. Te pasa como a nuestro ilustre paisano Antonio Millán Puelles del que cuentan que uno de sus más encarnizados rivales en sus teorías filosóficas, al salir de una conferencia que dio, decía “este Antonio dice las cosas tan bien que a uno le gustaría que fueran ciertas”.
Te lo agradezco, Pepe, porque dices las cosas tan bien, porque las cosas que cuentas de los demás, al pasar por el filtro de tu bondad, de tu amistad y de tu pluma, se realzan de tal manera, que toman apariencia de realidad y se convierten en objetivos a lograr y fuerzan a este Pregonero a intentar ser mucho mejor para aproximarse a la altura del perfil que de mi has dibujado.
Y en tercer lugar, pero primero en importancia, quiero mostrar públicamente mi agradecimiento al Espíritu Santo y a su Madre la Virgen de los Santos, que utilizando los instrumentos necesarios (Hermandad, Párroco, amigos…) han propiciado este momento, que para mí, es una responsabilidad enorme pero también un timbre de gloria y un aval de valor incalculable. ¿Os imagináis cuando, acabada mi misión aquí en la tierra, yo me presente a S. Pedro y le diga que fui el Pregonero en 2008 de la Virgen de los Santos, de la Madre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, la cara de complicidad que me va a poner?, ¿la indulgencia con que me va a tratar? Porque él seguro que sabe lo que esto significa.
Finalmente quiero mostrar mi agradecimiento a todos y cada uno de Uds., especialmente los venidos de fuera, para acompañarnos en este acto; y pedir su comprensión y benevolencia.
Como diría un popular y afamado radiofonista: “Corría el otoño de 1964”, hace casi 44 años, cuando fuimos destinados al Colegio de la Safa de Alcalá de los Gazules un grupo de profesores jóvenes, que acabábamos de culminar nuestros estudios de Magisterio en las Escuelas de la Sagrada Familia de Úbeda. Veníamos alguno a cubrir la vacante de un profesor ejemplar (Ernesto Hinojosa, que pasaba a Osuna), y otros a puestos de nueva creación del Centro que iba creciendo paulatinamente.
A fuer de ser sincero, he de decir que a mí no me hizo demasiado feliz que me destinasen a Alcalá de los Gazules, pues me hubiera gustado que me propusieran para una plaza del Centro de Granada, que se inauguraba aquel año bajo la dirección de una persona que había trabajado mucho en Alcalá de los Gazules, D. Francisco Requena. Quería ir a Granada porque era seguir en mi tierra, con mi familia, y porque tenía intención de estudiar Medicina, carrera que exigía, al no poder estudiarse por libre, vivir en las proximidades de la Facultad. Por lo cual mi ánimo era pasar aquellos nueve meses del curso en Alcalá de los Gazules, aprobar las Oposiciones e intentar volver a Granada. ¡Ingenuo de mí!, que creía que las decisiones de los hombres dependían únicamente de los hombres, sin sospechar que Dios, a través de la Virgen de los Santos, tenía otros planes por los cuales mi vida iba a quedar ligada definitivamente a Alcalá de los Gazules.
Mientras avanzaba el curso, el color y la alegría de Alcalá, el compañerismo y la amistad de los Maestros “veteranos” (Juan Lozano, Juan Coca, Manolo Mansilla, Pepe Luis Fernández, Pepe Arjona….), la hospitalidad de los alcalaínos, y la belleza de las alcalaínas, iban minando la firmeza de mis propósitos; aunque cada vez se consolidaba más la intención de los dirigentes de la Safa de enviarme el año siguiente no a Granada, donde no había ya vacantes, pero sí a Cádiz, donde también había Facultad de Medicina.
En febrero de ese curso de 1965, con motivo de la celebración del X aniversario de la inauguración del Colegio, el Patronato, presidido en aquel momento por Pedro Mariscal, a su vez, Hermano Mayor de la Hermandad, organizó, entre otros actos, una visita de acción de gracias al Santuario, una comida en un afamado restaurante de Cádiz y una visita al antiguo Párroco P. Barberá, que cuidaba sus achaques en el Hospital, al mismo tiempo que ejercía allí su labor pastoral como capellán.
En la visita al Santuario, al que ya había venido otras veces, ocurrió el hecho que el Destino tenía preparado para cambiar mi vida: Lutgarda Romero se empeñó en que me metiera a rezar debajo del manto de la Virgen; advirtiéndome que quien lo hacía, se quedaba ya de por vida vinculado a Ella. En parte por su insistencia, en parte por mi incredulidad, en parte por curiosidad, pero sobre todo porque Dios así lo tenía previsto para mí, me metí, recé y se consumó el cambio, aún sin yo darme cuenta en aquel momento. Baste decir que tres meses después la Virgen de los Santos me había ayudado a aprobar las Oposiciones, a declarar mi amor perpetuo a una alcalaína, tocaya suya, que sin ella saberlo había sido instrumento de la Virgen, y a avisar a los jesuitas que quería permanecer en Alcalá y ya habría oportunidad, si Dios lo quería, de iniciar los estudios superiores.
A partir de ese momento he sido alcalaíno y de la Virgen de los Santos, allí donde la providencia me ha ido llevando.
Hay un personaje español, muy famoso en el campo de la Psiquiatría y la Psicopatología, que en los últimos años de su vida visitó con mucha frecuencia y pasó largos ratos en este Santuario; se trata del eminente Profesor Juan Antonio Vallejo Nájera, al que su afición por la pintura naif lo llevó al estudio de los Exvotos y a través de ellos a la Virgen de los Santos.
El Dr. Vallejo Nájera, mantiene en sus obras y explicaciones de cátedra la teoría de que la personalidad del ser humano, está formada por un entramado de vivencias y valores, que forman lo que él llama la “urdimbre primaria” de nuestra personalidad y que al reaccionar ante los distintos acontecimientos de nuestra vida, va en gran parte determinando nuestro comportamiento.
Pues tiene Alcalá dos instituciones que se han metido en la sangre de su gente, y sin las cuales sería muy difícil entender la idiosincrasia de nuestro pueblo, su urdimbre primaria: la devoción a la Virgen de los Santos, con su manifestación formal a través de su Hermandad y su Santuario, y la educación de sus mujeres propiciada por el Beaterio de Jesús María y José.
Del papel que ha jugado la Fundación del Beato Diego Ángel de Viera en la manera de ser de los alcalaínos, de los valores religiosos que sus mujeres han sabido transmitir generación tras generación, del apego a la lectura y a la cultura que han inculcado en las mujeres, en épocas históricas en que en el resto de España el analfabetismo femenino doblaba al masculino y rondaba porcentajes escandalosos, todos somos conscientes y ha sido suficientemente historiado y ponderado. De lo que quizá seamos menos conscientes es de la importancia que ese conjunto de valores que ha ido rebosando en forma de benéfica cascada de madres a hijas, renovados por el Beaterio en cada generación, durante varios siglos, ha impregnado el modo de ser y estar de los alcalaínos: su naturalidad, su alegría, su elegancia, su sociabilidad y su generosidad, a veces incluso en situaciones poco favorables.
Mi relación con el Beaterio, confirmando el designio de Dios de vincularme a Alcalá y sus cosas desde siempre, aún sin sospecharlo yo, data de mis once años cuando fui al internado de los jesuitas en Úbeda, y las monjas que llevaban la logística de aquel Centro de unos quinientos chavales internos de entre 10 y 20 años, eran ¡oh casualidad! cuatro monjas del Beaterio de Alcalá de los Gazules, cuyos nombres no conocíamos siquiera porque eran “la hermana de la enfermería”, “la hermana de la cocina”, “la hermana de los comedores” y “la hermana de la ropería”. Las queríamos a rabiar, porque eran las sustitutas de nuestras madres y nos daban el cariño que añorábamos de nuestras casas. Queríamos incluso a la hermana enfermera, de la que corría el rumor que cuando alguien se fingía enfermo para librarse de algún examen mal preparado y se refugiaba en la enfermería, ella, que tenía un ojo clínico excepcional, le hacía pagar la travesura poniéndole el supositorio por lo ancho, o poniendo inyecciones intramusculares que dolían más que el examen. No sé si era verdad o bulo, lo cierto es que el rumor que ella misma alentaba, disuadía a los malos estudiantes. Cuando de verdad te ponías malo, te cuidaba y mimaba como una madraza. Para mi, la preferida era la hermana Santa Margarita, que tenía una mirada inteligente, bondadosa y limpia, un cutis blanco y fúlgido y derrochaba serenidad y cariño con todos, pero tenía la virtud de hacernos creer a cada uno su niño único.
Mi relación con el Beaterio, pasó luego a ser profesional; la Safa desde su nacimiento, como no podía ser de otra forma compartiendo ideales educativos, estuvo siempre en verdadera conjunción y coordinación con las monjas. Y siempre ha sido y lo será eternamente relación de agradecimiento por su labor asistencial hacia los más pobres y desfavorecidos de su entorno, por su papel de preservación y de difusión de la cultura, y por la labor educativa y transmisora de valores sociales y religiosos realizada durante casi tres siglos, y que ha llegado hasta mis hijos a través de su madre.
No quiero terminar de hablar del Beaterio, sin hacer una alusión, aunque injusta por su necesaria brevedad, a su Hermana Mayor y Pregonera María del Amor, Julia Romero, cuya memoria está en la mente y en el corazón de cuantos la trataron, la mayoría de los cuales tuvimos la sensación y la dicha de estar conviviendo con una Santa. Desde la Casa del Padre, ruega por nosotros y por tus Hijas.
La otra y principal institución que conforma el patrimonio cultural y espiritual de Alcalá de los Gazules, y que forma la urdimbre primaria de todo alcalaíno, es la Virgen de los Santos.
La Virgen de los Santos es para todo alcalaíno que se precie, sea cual sea su sexo o condición, su poder adquisitivo o su nivel cultural o intelectual, una referencia vital que va más allá de lo puramente teológico, religioso o moral. Es algo tan propio, tan interiorizado, como es para cada uno de nosotros nuestro padre, nuestra madre o nuestros hijos: somos capaces hasta de enfadarnos con ellos, pero que nadie nos los “toque”, nos los critique o los ofenda.
Para un alcalaíno, si la Virgen de los Santos es una advocación de la Virgen que hace referencia al Sanctus, Sanctus, Sanctus (y con ello al patronazgo de María sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, o sea sobre todo Dios en su Santísima Trinidad), o se refiere a la Reina de todos los Santos, puede ser un tema de discusión de los teólogos, historiadores y teóricos de cualquier disciplina; pero para nosotros es un tema secundario que no resta ni un ápice de lo esencial de nuestra relación con Ella, que es nuestro amor por Ella y nuestro sentimiento de su protección; somos como niños que vamos cogidos de su mano y nos sentimos seguros en los problemas porque la Madre los resolverá, y dichosos y relajados cuando las circunstancias son favorables porque Ella está a nuestro lado.
¿A quién de nosotros, cuando ha tenido una noticia impactante, de alegría o de dolor, no se le ha escapado una invocación a la Virgen de los Santos? Y esa invocación no sale de la boca o de la razón, es una petición que sale del corazón, que sale del alma: ¡Madre mía de los Santos!
En el momento más duro de nuestra ya larga vida, cuando a mi mujer y a mí nos dieron la noticia más trágica que unos padres pueden recibir, caímos de rodillas en un gesto automático y al unísono sonó en aquella habitación de Hospital un ¡Virgen de los Santos, sálvalo! Seguido de un ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
Era lo único que podíamos hacer, y la única mano que, pasara lo que pasara, podía suponer una garantía de intermediación para darnos serenidad ante los designios de Dios.
Muchas veces después me he imaginado a la Virgen de los Santos mirándonos en aquellos momentos con inmenso dolor compartido, pero con la serenidad, la paz y el cariño de quien sabe que aunque nosotros no lo entendamos e incluso nos rebelemos ante los designios de su Hijo, Ella nos va a dar aliento y fuerza para soportarlo, para aceptarlo e incluso para, sin poder todavía saber por qué, sospechar que habrá que agradecerlo.
Para los alcalaínos nuestra Virgen de los Santos es nuestra Madre, nuestra Protectora y nuestra Confesora. ¡Cuántas veces le hemos pedido o contado cosas que no seriamos capaces de hablar con nadie! Y ¿os habéis dado cuenta de que su expresión la vamos viendo distinta unos días de otros? Hay días que le vemos un semblante más alegre, casi como sonriendo; otros la vemos preocupada, casi triste. Los físicos o los incrédulos dirán que eso no puede ser, o que dependerá del ángulo de la refracción de la luz, o de no sé qué razones técnicas. Yo estoy seguro que es verdad, yo lo he percibido muchas veces y sé que la vemos de una forma u otra, dependiendo de nuestro estado de ánimo y de nuestros sentimientos más profundos en cada momento.
Hace año y medio tuve la gracia de visitar en Tierra Santa los lugares reales donde vivió la Virgen: Nazareth, Ain-Karim, Belén, Canaán, Jerusalén… y es indescriptible las sensaciones y emociones que se tienen. Pero hay un sitio especialmente impactante y que en mí ha producido un cambio, una transformación, en la manera de ver y entender el papel de la Virgen; se trata de Nazareth. En Nazareth, debajo de la Basílica de la Anunciación, destruida y reconstruida varias veces a lo largo de veinte siglos, sigue existiendo lo que debió ser el hogar (mitad cueva, mitad patio) de los padres de María, San Joaquín y Santa Ana. Allí uno percibe nítidamente, como si lo estuvieras viviendo, el SI de María al arcángel San Gabriel. SI por el que entró Dios en este mundo y por el que fue redimida toda la Humanidad. SI dicho con valentía, fe y amor por una muchacha de poco más de quince años, que se jugaba, a través de un posible repudio, su fama, su matrimonio y su vida. Era un SI del que estaba pendiente toda la creación y que hacía que una muchacha aparentemente insignificante, que hacía poco que había empezado a ser mujer, le daba permiso al Todopoderoso para inaugurar una nueva creación, una nueva alianza, una historia de amor definitiva y eterna con un pueblo, la iglesia, donde cupieran todos los hombres.
Esa vivencia ha hecho una mella tremenda en mí y cuando vengo aquí a su Santuario a verla en cada viaje, o cuando la visito en otros santuarios bajo otras advocaciones (de las Angustias en Granada, del Rosario en Cádiz, de Candelaria en Canarias, de Loreto, de Fátima….) sigo mostrando mi agradecimiento por aquel su primer gesto de entrega que permitió el hecho real e histórico de la entrada en el mundo de Jesucristo, todo Dios hecho hombre, y su encuentro con los hombres.
Los alcalaínos sabemos que si Ella dio aquel Si en Nazareth, nosotros sólo podemos decirle Si también. Y nuestro Si lleva nuestro cariño, nuestra devoción y nuestros sentimientos más profundos: nuestras alegrías y tristezas, nuestras realidades y esperanzas, nuestros desvelos y preocupaciones; en suma nuestra vida entera.
Ese cariño y devoción se vive en Alcalá todo el año, pero como ocurre con nuestros familiares más próximos a los que queremos siempre pero recordamos de una manera especial en determinadas fechas como su santo o su cumpleaños, con la Virgen de los Santos pasa lo mismo y hay días en que esas manifestaciones de amor se hacen más patentes, nos contagian y nos hacen vibrar al unísono a todos los alcalaínos. La fecha más emblemática es, qué duda cabe, la Romería, en las proximidades de su día y que este año será el 7 de septiembre, a la que me referiré después. Pero como nos sabe a poco, se han ido creando una serie de celebraciones, que no hacen sino satisfacer nuestra necesidad de homenajear a Nuestra Madre. Son casi excusas para poder decirle de forma colectiva que la queremos, que nos ponemos bajo su protección, que le estamos agradecidos y que repetimos su Sí.
La Virgen de los Santos forma parte natural de nuestra vida diaria: nos acordamos de Ella cada vez que algo nos sorprende o nos ocurre algo imprevisto, la citamos cada vez que llamamos o hablamos con alguna de las muchas personas que en Alcalá llevan su nombre, la saludamos mentalmente cada vez que pasamos por la autovía a la altura del Santuario o por la calle de la Salá en su capilla, le rezamos el Ángelus a medio día o las tres Avemarías al acostarnos… Pero podríamos decir que esto forma parte de nuestra relación privada con Ella. Hay, sin embargo, otra relación pública, formal, que culmina en la Romería y su Octava y que además se manifiesta a lo largo de todo el año un sábado cada mes en que corporativamente la Hermandad le ofrece la misa y que termina con un cántico-salutación, la Salve, en que entre otras muchas peticiones y alabanzas, le decimos que únicamente en el Cielo la aman mejor que en Alcalá de los Gazules.
De todas formas hay dos meses en el año en los que los alcalaínos disfrutamos especialmente de nuestra Patrona: Mayo y Septiembre.
El mes de Mayo, toda España y toda Andalucía, pero especialmente Alcalá, “huele” y “sabe” a María. Desde las ofrendas organizadas por los Colegios en las que nuestros pequeños, con ingenuidad, con candor y con sus flores rinden homenaje, muestran su cariño y hacen sus peticiones a la Virgen, hasta las Primeras Comuniones, cuyas celebraciones litúrgicas están también impregnadas de amor mariano. Desde las Misas ofrecidas a la Virgen por cada Hermandad, Cofradía o Peña Mariana, hasta las peregrinaciones al Santuario de las Canasteras o la Peña de Amigos del Camino, o la popular del último sábado del mes organizada por la Hermandad en que el rezo del rosario, el paso del río, el olor a primavera rebosante del Camino de la Virgen, o el esfuerzo del último tramo hasta la visión del Santuario, van despertando sentimientos de afecto, de unidad, de deseos de ser mejores, a imitación de Ella, y van preparando el ánimo para la apoteosis final de la Romería.
Este pregonero, por motivos laborales, no ha podido participar en estos acontecimientos de Mayo hasta estos dos últimos años. Pero ¡cómo los he vivido y los he disfrutado! Agradezco a Dios la gracia que me ha dispensado de poder participar en ellos y saborearlos junto a vosotros.
Sería una inmodestia por mi parte, en un pregón de la Virgen de los Santos y su Romería, perder tiempo en manifestar pormenorizadamente lo que he sentido este mes de Mayo pasado en cada uno de los actos que se han organizado en honor de Ella; pero no puedo resistirme a confesar públicamente que no me he perdido ni uno y he saboreado la religiosidad que provoca nuestra Virgen, en sus calles, al recorrerlas en la procesión de los niños; o en el campo en la misa al aire libre en el Santuario. Desde aquí, como corresponde a un pregonero, os invito a todos a degustar estas emociones el próximo año, porque son emociones que enriquecen, que ensanchan el alma, que hacen que quieras más a la Virgen y a la gente y te sientas más querido, que estés mejor y quieras ser mejor; te sientas, en suma, más humano, más arropado por Ella, más participando en alguna forma de Su gloria y del contacto con lo sagrado, con la divinidad.
Decíamos que la relación de Alcalá de los Gazules con su Madre, la Virgen de los Santos, culmina con la Romería y su Octava.
¿Qué podría decir yo de la Romería y su Octava que no se haya dicho por voces más autorizadas, más doctas y quizá más devotas que la mía? Nada.
Por ello sólo quiero pregonar dos momentos del día de la Romería que en mí todos los años provocan una especial impresión: Son el final de la procesión por el Olivar, cuando hasta los caballos le han rendido ya pleitesía y el capataz, en la explanada de arriba, da las órdenes justas para ir dando la vuelta junto a la escalera que sube al camarín. Antes de empezar a quitar los adornos y las flores del Trono para subirla, hay un momento mágico en que la Virgen mira a sus hijos alrededor de Ella. Las miradas de la gente a su Virgen son el mejor relato de sus angustias, deseos, ilusiones, temores…. Y Ella, como la mejor terapeuta, va devolviendo esos sentimientos filtrados, purificados, resignados… Se ve en la cara de cada uno de los presentes un clamor silencioso de peticiones de los que tienen algo gordo pendiente, o de los que sospechan que es la última vez que la acompañan, o una acción de gracias por lo concedido o simplemente por haber permitido otro año más estar allí con Ella y con los suyos…
De pronto ese silencio clamoroso se rompe con un ¡VIVA LA VIRGEN DE LOS SANTOS! Que nos saca de nuestro ensimismamiento y que contestamos con todas nuestra ganas con un ¡VIVA! Que más que un Viva es la rúbrica de nuestra charla íntima con Ella.
El otro momento de la Romería, que para mí tiene una especial significación, se produce por la tarde, al caer el día, cuando después de haber vivido en las Cuartos y en el Patio nuestra fe de otra manera (porque la fe no es mojigatería; la fe también es alegría, es esperanza, es vida. Y la alegría y la vida llevan cante y baile, y amistad y solidaridad y compartir el vino y los alimentos). Cuando se han marchado la mayoría de los forasteros por la necesidad de prepararse para los deberes y las obligaciones del lunes, de pronto, sin saber quien lo inicia ni cómo discurre, corre un rumor por los cuartos y el patio: ¡La Salve!, ¡La Salve! Y todo el mundo sin haber sido convocado formalmente, nos reunimos en la Iglesia a despedirnos de nuestra Virgen de los Santos con una Salve, que normalmente entona una voz anónima femenina y que todos cantamos con concentración y con devoción, que sale más del corazón que de la garganta, y que tras decirle lo que la queremos, termina pidiendo que aunque nos olvidáramos de Ella, Ella no se olvide de nosotros. El ¡VIVA LA VIRGEN DE LOS SANTOS! con que se termina es una promesa de amor diario, pero sobre todo, una petición de que nos proteja hasta poder volver a pedirlo otra vez la Romería siguiente.
No puedo terminar este Pregón sin dirigir un recuerdo y unas palabras al otro auditorio que sé que en este momento tengo: Los he estado viendo todo el rato allá arriba en los balcones del Cielo. Allí están mi hijo Agustín, que le han dejado un lugar de privilegio para que escuche a su padre, rodeado de sus abuelos, sus dos tíos y sus primos Enrique y Jorgito. Igualmente están también en lugar de honor los Hermanos Mayores Pedro Mariscal y Juan Romero; los Pregoneros: Bartolo, Juan, Miguel y Julia; y todo el resto de alcalaínos que ya disfrutan de la presencia real de la Virgen, y no simbólica y en deseo como nosotros, y que hoy han tenido el trabajo especial de presentar a su amigo Manolo Jara y familiarizarlo con las estancias celestiales. En esta Fiesta del Cielo quiero pediros, a vosotros que ya veis a la Virgen cara a cara y que la tenéis a mano, y cuya influencia es máxima ante Ella, que le pidáis por Alcalá, que seamos una comunidad unida y compactada con la argamasa del amor a Dios y a la Virgen de los Santos; que no deje fructificar entre nosotros la semilla de las rencillas o la desunión; que nos sintamos todos hermanos al compartir una misma Madre, y seamos capaces de supeditar a su amor los legítimos deseos de llevar razón, o de querer que se hagan las cosas como nosotros las vemos, sin ser capaces de comprender que hay otras formas igualmente buenas de hacerlas; que nos hagamos una piña alrededor de Jesucristo, La Iglesia y sus instituciones.
Pedirle por la prosperidad de Alcalá de los Gazules y de su gente, especialmente en estos momentos de prueba y de crisis.
Pedirle por los jóvenes, que por su mediación, perduren en los valores tradicionales de religiosidad y laboriosidad de nuestro pueblo.
Y, sobre todo, pedirle por todos y cada uno de nosotros para que por su intercesión seamos capaces de perseverar bajo su Manto, siendo cada día mejores, y haciendo méritos, para que cuando seamos llamados a la Casa del Padre, como vosotros lo fuisteis, seamos acogidos en su seno para disfrutar con vosotros eternamente del Destino para el que todos hemos sido hechos…
Amén.


He dicho.

El tiempo que hará...