Páginas

viernes, 11 de septiembre de 2009

PREGÓN DE LA FERIA DE ALCALÁ DE LOS GAZULES 2009



26.08.09
PREGÓN FERIA ALCALÁ DE LOS GAZULES
BIBIANA AÍDO. MINISTRA DE IGUALDAD

Querido Alcalde, Consejero, Presidente de la Diputación, Romera Mayor, Romeras de honor, Autoridades, Amigas y Amigos.

Podría comenzar esta noche agradeciendo el honor que supone para mi haber sido invitada a pronunciar este pregón, podría comenzar dedicando frases elogiosas a nuestro pueblo, hablando del más de siglo y medio de historia que tiene nuestra feria, podría comenzar con la famosa frase de Lorca o con algún verso prestado, pero de todas las formas que se me ocurren, quiero comenzar esta noche dando las gracias a quienes me escucháis, a las alcalaínas y alcalaínos.

Gracias por ser gente noble, gente auténtica, sencilla, tenaz… buena gente. Gracias por estar siempre. Porque aunque yo nunca he dejado Alcalá, lo que puedo comprobar a diario es que Alcalá tampoco me ha dejado a mí. Lo noto cada día en la distancia y en la cercanía, y es que mi vida, ha ido cruzándose con mis paisanas y paisanos, sea donde sea, en cualquier lugar al que me hayan llevado mis pasos.

Siempre tengo a alguien de Alcalá cerca. Y cuando la vida me hiere o me roza la melancolía, mi memoria siempre vuelve aquí, a Alcalá, para unirme a la memoria de los míos.

Para unirme a la memoria de los míos, a esa historia que lleva de la Laja de los Hierros y los grabados prehistóricos, a la época de los turdetanos o a la primera inscripción romana de España, que se encontró en la mesa del Esparragal y que hoy se conserva en el museo del Louvre. En el rompecabezas de mis recuerdos, encajan como un guante iglesias visigodas ya desaparecidas o los dos centinelas que siguen vigilando nuestro pueblo: el castillo y la parroquia

Pregonar una fiesta o una feria cualquiera supone una enorme responsabilidad por lo que tiene de bienvenida y de invitación a disfrutar de unos días de encuentros y abrazos compartidos, pero si además, se trata de pregonar la feria que marcó parte de tus anhelos e inquietudes de infancia y de juventud, te obliga a realizar un ejercicio de encuentro con tus recuerdos, a pasear por la memoria, a regresar al pasado, te obliga a sentarte para contemplar parte de tu propia vida y también a reconocer los vacíos selectivos de la memoria.

En esa mirada atrás comenzaron a aflorar las primeras nostalgias, voces lejanas se hicieron presentes, lugares que ya no frecuento volvieron a ser familiares.

He vuelto al patio del Beaterio durante el recreo y he tratado nuevamente de zafarme de la mirada atenta de Hermanas y profesoras para escaparme a jugar a la cerca. He vuelto otro sábado por la tarde a este parque que otra vez tenía muros, y hemos vueltos a escondernos de Angelito cuando apagaba las luces y daba el toque de queda. He vuelto a comer el pan del Puerto la Pará y he montado otra vez a caballo en Las Porquerizas, he pasado una tarde de lluvia tomando café de pucherete en la venta de “Patriste”, y he vuelto a hacer las cuentas, y me siguen faltando dedos para contar las personas queridas que sigo teniendo en mi pueblo.

He podido, además, pasearme por las ferias que llenaban de ilusión mi vida cada septiembre como ocaso de un verano que se resistía a acabar. Y me he visto con traje nuevo en el chalé, en casa de mi abuela Pepa que me daba 20 duros para subirme en los “cacharritos”, me he visto esperando turno para comprar un algodón dulce mientras pensaba que tenía que haber algo de magia para hacer aquella nube rosa que se podía comer, me he visto muerta de miedo en el tren de los escobazos y me he visto de la mano de mis padres para subir a esa noria que yo veía enorme y majestuosa.

Yo era muy pequeña y recuerdo que quería crecer para poder subir sola en una de sus cunitas, para volar alto, para dar vueltas sin parar, para descubrir “qué” se sentía sola ahí arriba, y para volver siempre al mismo lugar.

Volver, siempre volver, reencontrarnos con quienes se alegran de vernos y nos alegramos de ver, llegar al punto de partida, saber que no estamos solos, eso sigue siendo la feria hoy para mi y para la mayoría de quienes tuvieron que irse en busca de un futuro mejor.

Que fueron muchos, que siguen siendo demasiados. Porque es mucha la gente de Alcalá que está repartida por el mundo. Estamos por todas partes. Pero con cada alcalaíno o alcalaína que vive fuera tenemos una embajada de nuestro pueblo, ampliamos nuestros límites geográficos, nuestros espacios vitales, porque nadie nos quita el amor por nuestras raíces, por nuestra gente y hacemos gala de ello contagiando a muchas otras personas que también empiezan a sentirse un poco nuestros.

Y es que Alcalá sigue dando la bienvenida a nuevos hijos adoptivos de esta tierra, como Mathew Coman, componente de uno de los mejores conjuntos musicales de Reino Unido y uno de los artífices del Festival Internacional de Música 'Al-kalat', hoy consolidado como una de las citas culturales imprescindibles del verano de la provincia.

O como, en el pasado, María Francisca Ulloa La Partera, la comadrona que vino desde Utrera para ayudar a nacer a tres generaciones de alcalaínos y cuyo nombre sigue presente en una de nuestras calles.

He podido también volver a mi adolescencia, cuando una ficha amarilla de los coches de choque era un tesoro que nos daba un enorme y efímero poder. He pasado del “Alambique”, del “Luca” y de la discoteca “Paco Nono” a la caseta municipal, a la peña taurina y a la de Amigos del camino cuando llegaban los ansiados días de Septiembre. He vuelto a la primera subasta en la que conseguimos un “cuarto” en Los Santos, aquel que llamaban el “ropero” por sus reducidas dimensiones, y a la de unos años después, en la que pasamos a tener el “comedor”, el más grande y deseado de todos. He vuelto a bailar sevillanas y a hacer el camino, un rato en la carreta, otro rato a caballo o andando y a tomar un caldo en la “pará” del cortijo para coger fuerzas hasta llegar a los Santos.

Llegar a Los Santos, y verla, porque como dice el estribillo de esa sevillana popular: “Todos somos felices bajo tu manto”. Y ésa es la mayor grandeza, que todos la queremos. Como le escuché una vez a nuestro universal Alejandro Sanz, en Alcalá podrá haber ateos, pero a la Virgen de los Santos que no nos la toquen. Podrá haber quien no crea en dioses ni en religiones, pero sí en la Virgen de los Santos, sí en esa vieja señora que aguarda en un recodo a que cualquiera deje un exvoto, una oración o un guiño cómplice.

Recuerdo lo orgullosa que me sentí, cuando, como delegada provincial de Cultura, pude contribuir a la restauración de las pinturas de la cúpula del santuario. En el fondo, aquí entre nosotros, me sentí tan contenta como si estuviese contribuyendo a la restauración de la casa de una vieja amiga.

A cuanta gente has visto nacer!! Cuánto talento bajo este cielo!! Podría hablar de filósofos como Antonio Millán Puelles o Fernando Casas. De escritores como Juan Leiva, que desde Jerez sigue evocando la vieja escuela de don Manuel Marchante y sus escapadas por los cerros alcalaínos.

Podría hablar de flamencos como Joaquín Herrera, y recordar que incluso Camarón tenía raíces flamencas en Alcalá según decía un hijo de esta tierra, Juan Romero, que se casó con la poetisa algecireña Lola Peche, quien nos regaló uno de los textos más hermosos sobre nuestro pueblo:

“Alcalá de los Gazules… la presencia sin orden de tus casas, se cuelga entre el verdor alegre, blanca y arracimada, o desplegada al viento, igual que una bandera victoriosa, bordada de perennes laureles. Dame la bienvenida, bajo tu azul rotundo que yo he de recordarte con gozo, siempre… siempre…”

Podría hablar también de políticos, muchos, y de entre todos uno: Alfonso Perales, cuyo nombre sigo sin poder conjugar en pretérito imperfecto.

Podría hablar de Sainz de Andino, que llegó a fundar la Bolsa de Madrid pero cuyas ideas liberales lo llevaron a exiliarse a Francia en dos ocasiones. El se oponía al retorno del absolutismo de Fernando VII, como muchos y muchas nos seguimos oponiendo a cualquier tipo de absolutismo, sobre todo al de aquellos que creen tener toda la razón durante todo el tiempo.
Podría hablar de Juan Lobón y su mundo, que es el de la aventura, el de la emoción del bosque, esa selva de alcornocales que nos rodea y que nos sigue diciendo que el ser humano no es el rey de la creación sino una parte frágil y cargada de dudas de ese maravilloso espectáculo al que llamamos naturaleza.

Podría hablar de algunos otros de nuestros personajes legendarios, recuperar a Batata o a Potoco. Podría hablar de los corcheros, de los agricultores, y en general, del esfuerzo de los trabajadores para sacar adelante nuestra tierra.
Pero además de todo eso, a mi me gustaría también hoy, poder recuperar la memoria y expresar mi reconocimiento y gratitud a todas las mujeres alcalaínas. A las recordadas y a las anónimas, a las de ayer y a las de hoy. A las que se enfrentan a las tareas cotidianas, al día a día. A las jóvenes, que luchan, que se forman y trabajan para tener un futuro mejor. A las abuelas, a todas esas mujeres que han renunciado a su descanso y a su ocio, para dedicarse a la crianza de nuevo, esta vez de sus nietas y de sus nietos. A ellas, porque están soportando estos años de cambio entre la realidad que tenemos y la que aspiramos a construir.

A sus hijas, madres a su vez, que no quieren renunciar a sus sueños, a sus carreras profesionales, a sus vidas propias. Mujeres que hacen equilibrios con los tiempos, con las presencias, las ausencias, con las dobles y con la triples jornadas…Y a todas las demás, a las que se fueron, a las que vuelven, a las que vienen por primera vez. A las que quieren saber y van al centro de adultos para estudiar lo que antes no pudieron. A las que suman, a las que no llegan a fin de mes, a las viudas, a las que viven solas, a las que no se desalientan, a las solidarias, a las que sufren en silencio, a las que deciden hablar, a las que resisten, a las que sueñan… A las muchas que hacen de este pueblo, cada día, un lugar mejor donde vivir.

Uno de los mejores lugares para vivir, para compartir. Un lugar de marineros en tierra, de sirenas varadas a orillas de La Janda, y quizás sea por eso, quizás porque añoremos el aire fresco de los puertos, por lo que tengamos tanto nombre marino a nuestro alrededor, que siguen llevando a la confusión a algunos de los que se acercan a visitarnos.

Y es que los nombres no importan aquí, como bien sabe la Calle Real, que ha tenido tantos, que ella sigue orgullosamente llamándose Calle Real. Como la Plaza de la Cruz se llama La Alameda.

“Una caprichosa construcción de naipes, frágil y blanquísima, sobre una colina que brota de entre la esmeralda de los campos”. Así se refería a Alcalá, Manuel Pérez Regordán desde Arcos de la Frontera.

Para mí, esa baraja de naipes toma cuerpo como si formara parte del cuento de Alicia en el país de las maravillas. Y es, en cualquier caso, un póker de corazones, donde cabe el gazpacho, la coracha, el picacho o el fervor por nuestra patrona.

Pero sobre todo, donde cabe ese legítimo orgullo de sentirnos hermanos de este paisaje, testigos de sus siglos, cómplices de todos los Gazules, que seguimos intentando evitar que las cornadas de la vida empitonen a nuestro pueblo. Como dice la letra de nuestras contradicciones, Alcalá tiene playa, tiene puerto y tiene minas de sal. Pero antes que nada, tiene un corazón solidario y colectivo que palpita con más fuerza que nunca cuando llega la feria.

Hace unos años, tuve el honor de pregonar las fiestas de San Jorge y le pedí a nuestro patrón que se convirtiese en mensajero de la paz. Le pedí que la cordialidad y la convivencia fuesen las reinas de la fiesta y la tolerancia y el respeto nuestros compañeros de baile. Le imploré que derrotase al dragón de la ignorancia, la maldad y la injusticia, y que siguiera luchando cada día por un futuro lleno de esperanza y de amor.

Hoy me dirijo a nuestra patrona, nuestra virgen de los Santos, la de los que creen y la de los que no creen. Y le pido que destierre el mal y lo mezquino. Que no se nos olvide el oficio de vivir. Ni el noble oficio de trabajar cada día con energía y en confianza de mejorar el mañana. Que nos libre de los ataques del fanatismo. También del rencor, la crispación y los enfrentamientos: “siempre es más lo que nos une que lo que nos separa”. Que construyamos una cultura de paz donde no tenga cabida el desprecio hacia la dignidad de los demás. Que la prosperidad y el bienestar imperen en nuestro pueblo.

Y que el tiempo se detenga en estos días de feria, que no pasen las horas. Que sigamos estando juntos y que siga sin sobrar nadie.

Dicen que el futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños. Yo hoy me vuelvo a ver como la niña que fui, como aquella que soñaba y que deseaba poder subir sola a la noria para ver qué se sentía, y les puedo asegurar, que nada me habría gustado más, entonces, que verme aquí, en este momento, gritando:

VIVA LA FERIA!!!
VIVA ALCALÁ!!!

1 comentarios:

Un asiduo lector dijo...

Crítica: sabiendo que este blog no se caracteriza por tratar temas políticos ¿por qué se promociona el blog de Bibiana Aído "Amanece en Cádiz" (publicación del enlace), blog personal que refleja su ideología política? En mi opinión, esta referencia sobra en la entrada del blog, menoscabando el carácter apolítico del mismo. Rectifique/n el autor/es o de lo contrario algunos lectores pensarán que este blog es solamente otro medio controlado por los de siempre para su propaganda política.

El tiempo que hará...