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viernes, 6 de noviembre de 2009

EVOCACIONES ALCALAÍNAS

18.- El levante

Todos los años, invariablemente, hacía su aparición el levante. Llegaba de improviso, sin avisar, pero la gente decía que no se iba hasta después de varios días, siempre impar: uno, tres, cinco...No sabía en qué se apoyaba la teoría, pero no fallaba. Eran dichos de los mayores. El levante es el viento que sopla de Oriente, del Mediterráneo, por donde se levanta el sol cada mañana. Viene sorteando quebradas, valles, ríos, hasta chocar con los montes, con las altitudes y las cumbres. De ahí que llegaba enfurecido a los bastiones de Alcalá y Medina. Para las personas mayores era una lata, un desconcierto, un palizón. Para los chavales, una fiesta, una libertad, un juego con las fuerzas de la Naturaleza..

Cuando en la Escuela se oía el rugido del aire en las ventanas, sabían que ya estaba allí el levante. Al salir, se iban a través de los vericuetos empinados de las calles y se dirigían a jugar a la arcada de la plaza Alta. Dejaban los portalibros, se desabrochaban el babi y abrían los brazos en forma de cruz. El levante se ponía furioso en la bocana del Ayuntamiento viejo y se apostaban sin moverse retando al levante a ver quién podía más. Al final, siempre ganaba el levante arrastrándolos hasta la pared de enfrente..

Otro juego era el de la pelota contra el levante. Le daban patadas con toda la potencia, pero el levante las devolvía con más fuerza aún. Cada vez que el levante conseguía que la pelota atravesara la bocana, era un gol. A veces cogía la calle abajo a toda velocidad y llegaba casi hasta la Alameda. Sólo ha visto, después, una fuerza más poderosa que el levante, la del mar en el mar de la Atunara de La Línea. Se levantaban olas de siete y ocho metros de altura y arrastraban las naves amarradas de los pescadores. Grandes buques naufragaron allí sin remedio.

Otro juego era gritar y gritar para acallar el rugido del levante. Era imposible y quedaban afónicos sin haber conseguido que los sonidos fueran trasladados por las ondas hercianas. Volvían agotados, sin fuerzas, sin voz y muertos de hambre. Los padres ya sabían de dónde venían y no decían nada, como evocando tiempos mejores de la niñez. Cuando el levante duraba más de tres días, la gente se lamentaba porque la cabeza se ponía tarumba. Pero siempre había un niño jugando a la pelota con la calle.

Dicen que el levante está originado por una depresión que existe en el Mediterráneo. Entonces, las masas de aire húmedo y templadas alborotan el mar y provocan nubes negras que acaban en lluvias abundantes al chocar con las montañas. El ambiente que se crea es poco agradable para el hombre y para los sembrados, pues favorece plagas en el campo, como el pulgón, que se come las hojas y las partes tiernas de las plantas.

Una noche, el levante se puso más furioso que de costumbre. Era un sonido agudo en un principio, que terminaba en rugido amenazador. Las ventanas no resistían el embate y los cristales temblaban. Los niños se escondían bajo las mantas para no oír el rugido del aire y poder dormir. Pero los mayores se levantaban para asegurar las puertas y las maderas de las ventanas, porque sonaban inquietadas por la fuerza del aire. A la mañana siguiente, se comentaba que el levante había caído árboles, había arrasado los sembrados y la veleta de la Victoria se había derrumbado. A los tres días, se marchó. ¡Qué fuerza!



JUAN LEIVA

El tiempo que hará...