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lunes, 28 de junio de 2010

EVOCACIONES ALCALAÍNAS

43.- CLÁSICOS ALCALAINOS MEMORABLES

Una de las aureolas de Alcalá, que no podemos pasar por alto, es la de haber sido cuna de un elenco de hombres y mujeres esclarecidas. La enumeración de todas ellas sería imposible de reseñar en un trabajo como el nuestro. Tampoco queremos hacer mención de los que aún viven, para no herir modestias. Nos limitamos, por tanto, a aquellos alcalaínos y alcalaínas que ya han muerto y son dignas de mención por su dimensión humana, profesional o espiritual. No obstante, dejamos abierta la nominación, para poder rememorar a otros que irán apareciendo en el futuro.
Es oportuno aclarar que, siendo nuestra ciudad tan reducida en el número de habitantes, cuente con un elenco tan amplio de personas que han dejado una estela luminosa en el aspecto humano, religioso, político y profesional. Debe servir para que nuestros jóvenes emulen biografías tan esclarecidas como las que hemos reseñado y las que, más adelante, seguiremos insertando.
San Juan de Ribera.- Juan de Ribera (1532-1611) nació, probablemente, en Sevilla, aunque su niñez y adolescencia las vivió en Alcalá de los Gazules (Cádiz). Fue hijo natural de Per Afán de Ribera, primer duque de Alcalá, reconocido por su padre y encomendado a los Padres Dominicos del convento de Alcalá, para su educación y formación. Vivió en el palacio que tenían los duques en la calle que hoy ostenta el nombre del santo, frente al antiguo convento de las Clarisas Concepcionistas (SAFA).
Hizo sus estudios en la Universidad de Salamanca, donde fue ordenado de sacerdote y se le encargó de una cátedra de Teología. En 1592, se le designó obispo de Badajoz y, en 1568, fue nombrado arzobispo de Valencia y patriarca de Antioquia, debido al interés que tenía el rey Felipe II de enviarle a resolver el problema de los moriscos valencianos. En 1602, se le nombra virrey de Valencia, pero la oposición de algunas familias aristocráticas del reino le obligó a renunciar.Tras unos treinta años de frustrados intentos de atracción y conversión de los moriscos, el patriarca se convirtió en uno de los más firmes abogados de su expulsión ante Felipe III, pese a la ruina que padecería el reino. Interesado por la reforma de la Universidad de Valencia, fundó el Colegio del Corpus Christi, al que dotó de códices, antigüedades y obras de arte de gran valor. Escribió numerosas obras de carácter catequético y religioso. Fue beatificado en 1796, y canonizado en 1960.
Una lápida colocada en la calle Sánchez-Aguayo, 1 y 3, muestra la siguiente leyenda: “Este edificio se halla en la calle Real. Entrada del pueblo y su primera calle formada entre el camino de Ronda y la casa-solar del Señorío jurisdiccional (donde vivió el niño San Juan de Ribera y luego Convento de Clarisas y hoy SAFA, Centro de Formación Profesional de la Sagrada Familia y junto al desaparecido Hospital de Hombres Fundación Sánchez-Aguayo.”
Bartolomé Palma de Mesa.- (s. XVI) Era jurisperito y ejerció como oidor o juez. Este organismo de la curia regia castellana estaba formado en España por siete oidores desde 1371 (tres prelados y cuatro jurisperitos como jueces permanentes). Fue nombrado Oidor en Nueva España (México), es decir, juez permanente que ostentaba la representación del monarca para la administración de justicia. Formaban el Consejo asesor del virrey, gobernador o capitán general.Sánchez del Arco y las anotaciones de Gabriel Almagro, con las investigaciones sobre pasajeros a Indias realizadas por el vejeriego Francisco Basallote, nos han aportado nuevos datos sobre el personaje. Tenía el grado de Doctor y ejerció su magistratura en Guadalajara (México). En junio de 1597 hizo su traslado al país mexicano, acompañado de su esposa –María de Ortega Monsalve- , 6 hijos y 7 criados. Consta que no todos los hijos fueron con él, pues en Alcalá quedó su hijo Alfonso, quien años más tarde (1607) se embarcó para Perú con su esposa y dos hijos.
Bartolomé de Mesa y Palma
(s. XVI).- Según Sánchez del Arco, Bartolomé de Mesa y Palma fue Teniente General, una de las altas graduaciones del Ejército. El dato lo toma de Fray Jerónimo de la Concepción, quien en 1960 publicó su “Cádiz, emporio del Orbe”, y lo cita entre los hijos ilustres de Alcalá. Sin embargo, no recoge otros datos aportados por el fraile, como que fue Sargento Mayor en Nueva Galicia (México).
Este dato y los recientes estudios de Basallote en el Archivo de Indias, nos permiten afirmar que es uno de los hijos de Bartolomé de Palma fue con su padre a México. Para diferenciarse del nombre de su padre, aparece consignado como “Bartolomé de Palma” hijo de Bartolomé de Palma y Mesa y María Ortega.
Dr. D. Luis Cisneros Estrada (s. XVI y XVII).- Es el mismo al que Sánchez del Arco cita como don Luis Alonso de los Cameros Alfaro, beneficiado de la iglesia parroquial, Arzobispo de Monreal (Sicilia), Juez de la Monarquía y Arzobispo de Valencia. Nació en Alcalá a finales del s. XVI o principios del XVII, hijo del Alcaide Ambrosio de los Cameros y de Isabel de Estrada Butrón. En 1622 era beneficiado de la parroquia de San Jorge y, en 1652, cura de la misma iglesia. De Alcalá pasó a Arcediano de Zamora y después a Italia, donde primero fue chantre en la Capilla Real de Palermo y, en 1652, Obispo de Patti (Sicilia). De allí pasó a Arzobispo de Valencia, donde sustituyó a San Juan de Ribera. Falleció en esta ciudad en 1672. Obra suya es el retablo funerario existente en el lado de la epístola del altar mayor de la iglesia de San Jorge, erigido en memoria de los suyos. Según Fernando Toscano, el retablo se orla con su propio blasón usado en Valencia.
Don Pedro de Mirabal Ayllón (s. XVII). Nació en Alcalá de los Gazules y fue Obispo de Nápoles. Sus padres fueron Juan Ruiz Aillón, natural de Alcalá, y Beatriz de Mirabal, natural de Jerez de la Frontera. Vivió temporalmente en Jaén, donde en 1631 dictó testamento y fundó un patronato, aunque nunca fue obispo de aquella diócesis, como le atribuyó Fray Jerónimo de la Concepción en su obra “Cádiz, emporio del Orbe”.
Sánchez del Arco nos lo cita como obispo de Monreal en Sicilia. Sin embargo, el Vicario Martínez en su obra sobre Medina Sidonia, lo consigna como obispo de Nápoles y cita haber tenido en sus manos el Archivo del citado Mirabal, entonces en poder de D. Alonso Montes de Oca, sobrino de Mirabal y residente en Medina.
Diego Ángel de Viera.- (1726-1800) El venerable siervo de Dios, Diego Ángel de Viera y Márquez, fundador del Beaterio de Jesús, María y José, nació en Alcalá de los Gazules en 1726 y fue hijo de Juan Ángel de Viera y María Bernarda Márquez de Arjona, casados el 27 de enero de 1715 en la iglesia parroquial. Diego Ángel fue sacerdote, beneficiado de la parroquia de San Jorge de Alcalá y heredero de los bienes de sus padres; entre éstos, dos viviendas holgadas: una en el callejón Osorio de la calle la Amiga y otra en la plaza de la Cruz.
Vio la necesidad que tenía la ciudad de un centro hospitalario para personas mayores, de un centro educativo para niñas y jóvenes del pueblo y otros fines benéficos. A estas obras caritativas destinó sus bienes en 1788, con el nombre de Beaterio de Jesús, María y José. Presentó el proyecto al obispo de Cádiz en 1793, quien aprobó las constituciones de la fundación femenina, confirmadas años después por la Santa Sede.El fundador falleció el año 1800, contagiado por la epidemia de fiebre amarilla que asoló a Andalucía, en los últimos años del siglo XVIII y finales del siglo XIX. Desde entonces, las religiosas del Beaterio de Jesús, María y José de Alcalá, han venido ejerciendo en la ciudad y en otras localidades de la provincia una labor educativa y docente, siendo reconocida por todos los estamentos de la localidad y de la provincia.
En el patio de entrada del edificio del Beaterio, un busto del fundador, don Diego Ángel Viera, le recuerda en el II Centenario de su fundación, con las fechas de 1768-1968. Actualmente, las religiosas rigen el Colegio dedicado a las niñas y niños de la ciudad, y un Asilo de Ancianos destinado a mayores.Pedro Sainz de Andino.- (1786-1863) En la Alameda de la Cruz de Alcalá, había una estatua dedicada a un hijo del pueblo, llamado Pedro Sainz de Andino. Una calle, que nace frente a la del Arcipreste Roa y desemboca en la Plazuela ostenta este mismo nombre. Se trata de uno de los hombres más ilustres del pueblo. Era un erudito en las Ciencias Jurídicas y dejó una obra muy importante, el primer Código Español de Comercio.
Nació en Alcalá de los Gazules en 1786 y murió en Madrid en 1863. Era abogado de los Reales Consejos del claustro y gremio de la Universidad de Sevilla en 1807. En 1820 se trasladó a Tortosa, donde ejerció como promotor fiscal y, de allí, a Tarrasa, con el mismo cargo, durante los años 1822-1823. Fue exiliado algunos años por sus ideas liberales, pero se convirtió en colaborador del régimen absolutista, bajo la protección del ministro de Hacienda, López Ballesteros. En 1827 presentó al rey su proyecto de Código de Comercio, que fue promulgado en 1929. En 1830 el rey le encargó la redacción de un Código Penal (1834), que no llegó a promulgarse.
También preparó la ley de Enjuiciamiento Comercial, sancionada en 1830. Fue elegido presidente de la comisión revisora de leyes y reglamentos, fiscal del real y supremo consejo de Hacienda y ministro del consejo y cámara de Castilla. En 1844 fue nombrado agregado permanente del ministerio de Hacienda; en 1845, consejero real y presidente de contabilidad y miembro de la comisión de la sección de fomento de dicho consejo. En 1849, fue presidente de dictamen de la jurisdicción de Hacienda y Delitos en materia de contrabando y defraudaciones.
Don Fernando de Casas.- (s. XIX) Según Sánchez del Arco, Fernando de Casas fue un sabio humanista traductor de Marco Tulio, el célebre orador y estadista romano (106-43 a.C.) Entre estas obras del célebre Marco Tulio Cicerón destacan “Discursos”, “Tusculanas”, “Epistolario”, “Los deberes”, etc. Introdujo en Roma la filosofía estoica y siguió influyendo en la cultura cristiana.
Marcos Ramos, en su Monografía sobre “Alcalá de los Gazules”, nos dice que su reconocimiento le viene por haber publicado en 1831 la primera obra médica sobre el cólera morbo. El cólera morbo o Cólera Asiático fue una enfermedad producida por el vibrión colérico, caracterizada por la producción de graves lesiones intestinales de pronóstico mortal con frecuencia. En la India es una enfermedad endémica que, desde esta parte del mundo, se fue extendiendo por grandes zonas del orbe.
Antonio Millán Puelles (1921-2005) Había por aquellas fechas en Alcalá un joven estudiante que llamaba la atención por su tipo desgarbado, sus finas bromas de humor y la superación de la sociedad violenta de aquellos años. Los niños lo veíamos pasar cuando aparecía por Alcalá y nos reíamos de su tipo un tanto original. Era de la generación de mi hermano Patricio, Fernando Toscano y Pepe Puerto. Sus amigos echaban a broma sus ingeniosas ocurrencias, pero se abstraía con facilidad y estaba por encima de su entorno. Después de algunos años, nos fuimos enterando de que era uno de los filósofos más preclaros de España. El nombre de Antonio Millán Puelles aparecía en todos los diccionarios filosóficos.
Nació en Alcalá el 11 de febrero de 1921. Hizo sus estudios superiores en la Universidad de Sevilla y en la Central de Madrid. Destacó por su brillante carrera y muy pronto se dedicó a la enseñanza universitaria en Madrid. Desde 1975 regentó la cátedra de Metafísica en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid, tras haber desempeñado la de Fundamentos de Filosofía, Historia de los Sistemas Filosóficos y Filosofía de la Educación. Obtuvo el Premio Nacional de Ensayo y el de la Fundación March. Desde 1961, fue miembro de número de la Real Academia de Ciencias morales y Políticas.
Ha publicado muchas obras filosóficas, sociales y de Ciencias de la Educación. Su obra constituye una contribución al propósito de reelaborar la filosofía tradicional en España sin perder de vista el pensamiento contemporáneo. Se trata de un filósofo de rigor absoluto, al que le interesan principalmente aquellas cuestiones antropológicas y sociales que pueden ser aplicadas al estudio de la persona, sobre la que piensa que posee más capacidad de configurar a la sociedad que de ser configurada por ella. Murió no hace muchos años.
Alfonso Perales Pizarro (Alcalá, 10/7/1954- Conil, 23/12/2006) Historiador y político. Profesor de la Universidad de Cádiz. Se incorporó al PSOE (Partido Socialista Obrero Español), durante la clandestinidad en 1972. Fue miembro de la dirección de las Juventudes Socialistas, Secretario General del PSOE de Cádiz, Secretario de Organización del PSOE de Andalucía, de Política Municipal y de Relaciones Institucionales Autonómicas en la Comisión Ejecutiva Federal. Estuvo en el Congreso de Suresnes en 1974 y ayudó a recomponer el PSOE en Cádiz y en Andalucía. Su última gran aportación al PSOE fue la negociación en el Congreso de los Diputados de la reforma del Estatuto de Andalucía con amplio consenso en las Cortes Generales. Fue concejal del Ayuntamiento de Cádiz de 1983 a 1987, presidente de la Diputación Provincial de 1987 a 1996, diputado al Congreso y consejero de Gobernación en la Junta de Andalucía.
Su muerte se produjo tras una rápida enfermedad y significó la pérdida de uno de los políticos más integro y querido del momento, tanto por sus correligionarios de ideología como por los de los bandos opuestos. A los pocos minutos de su fallecimiento, llegaron mensajes de los Reyes don Juan Carlos y doña Sofía, de los Príncipes don Felipe y doña Leticia y del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y del expresidente Felipe González Márquez. Aparte de estos dignatarios políticos, sindicalistas y personas de todas clases se sumaron al pesar de la familia por la pérdida de un hombre comprometido con la paz, la justicia y la libertad.
El Ayuntamiento de la ciudad declaró tres días de luto por la muerte del insigne alcalaíno. El alcalde de la ciudad, Arsenio Cordero, lo calificó como “una persona muy querida”, porque era “buena gente”.
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Nota.- Queremos advertir que, además de estos diez alcalaínos notables, hay otros muchos que reseñaremos en posteriores evocaciones.


Juan Leiva

El tiempo que hará...