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lunes, 18 de junio de 2012

EL OJO EN LA MIRADA




UNA MIRADA FUGAZ DE LA CANTANTE JEANETTE

Sobre la fugacidad del tiempo se ha pensado y escrito ríos y mares. Todo se va  en un suspiro. En un abrir y cerrar de ojos. Certeros son los tópicos.  No es igual contar por años que pasan, que por años que quedan. El tiempo que marca el reloj y el calendario son complementos que solo miden y trocean al contrario que el tiempo interno o personal. Los días que pasan no son la cuenta de la vieja –con los dedos–, una vulgar operación aritmética. Lo suyo es contar por fechas e impresiones con toda su intensidad. Además de cronología solar y numeral  somos espíritu. Los hechos y las cosas que se graban en la memoria.
A veces un simple gesto, una instantánea o una mirada fugaz siempre queda. Ya no hay tiempo que la borre de la mente.
El relator de éstos renglones, se cruzó un día en un semáforo en el centro de Sevilla, –entre la Campana y Laraña por más señas– con una mujer menudita, con ojos y mirar de tonalidades marinas entre verde y azul. Nos miramos por unos segundos. La reconocí pero ella a mí no. Natural que así fuera. Se trataba de un icono de mi juventud. Era la cantante Jeanette. Aquella niña rebelde eterna adolescente que a pesar de las arrugas de su faz todavía aguantaba bien el retrato de su imborrable mirada de inocencia y eso que  los días y las noches había trabajado por su historia. Con aquella fugaz mirada le di manivela al tiempo hacia atrás. De cuando allá por el último tercio de los años sesenta, tanto aliento insufló aquella niña a una juventud que se movía en el pequeño mapa blanquinegro –con algunas vetas luminosas– de un pueblo: Alcalá de los Gazules.
En realidad Jeanette se llama Anne Dimech, siendo inglesa como es siempre la creímos francesa, formaba parte del  grupo  Pic-Nic, que hacía una música muy próxima al indie de hoy por su sello independiente, aunque tributaria del pop convencional.. Luego se disolvieron y Jeanette prosiguió en solitario con gran éxito. La canción Cállate Niña, a pesar de su mensaje dramático, era muy solicitada para el baile agarrado, ya que propiciaba jugosos acercamientos corporales. Se acortaba el aire y las distancias en el cuerpo a cuerpo lo mismo que iba ocurriendo con la libertad. Aquella voz entre inocente y sensual incitaba al amor declarado y furtivo y alguna que otra obscenidad. Se calló el silencio y la gente empezaba a hablar, a expresarse y a protestar. Por los menos  se empezaba a quitar las telarañas y el óxido a las alas de los sueños. Los años del hambre se habían muerto de hambre. Todo iba rápido. Un tobogán multicolor. El año 1967 que Jeanette y los Pic-Nic canta  Cállate Niña, va creciendo cada vez más el descontento con Franco. Los estudiantes en algarada con los “grises” (policía) pisándole los talones era foto corriente. El búnker inmobilista enseñaba las garras y los dientes. El lavado de cara de la Ley Orgánica del Estado un fiasco. Hambruna y  muerte en Biafra. La imagen  del negrillo todo ojos, huesos y barriga helaba el alma. La muerte alevosa en Bolivia de un mito de los mitos: El Che Guevara. La minifalda aireando piernas más o menos largas. Los pantalones campanas. También titulaba los periódicos la llegada del gorila blanco Copito de Nieve al zoo de Barcelona. Los Beatles cambiaron el bombín por  montera y sombrero cordobés al llegar a España en sus dos actuaciones en Madrid y Barcelona y sus “parientes” Los Brincos con capa española. Al otro lado de estos chicos modositos estaban los Rollings y Los Salvajes. Los Chiripitifláuticos alegrando las pajarillas a la chiquillería y a algún Peterpan rezagado. La psicodelia un estado sensorial inspirado en los alucinógenos. El punto y contrapunto negro de la droga estragando la juventud.  El cine español poniéndose al día con Nueve cartas a Berta (Martín Patino) y Pipermint Frappé (Carlos Saura). Mientras que Carrasco y Legrá se llevan la palma a puñetazos en los rings. El Real Madrid dándole sopas con honda a los demás equipos.
Algo rompió aquel día la atmósfera tranquila de Alcalá de los Gazules. La gente quiere ver de cerca al nuevo fenómeno: Un conjunto músico vocal. Acostumbrados a las orquesta de bongos, contrabajo, acordeón y viento con mangotas caribeñas, aquello era una rareza. Lo menos pulidos pregonaban: “vamos a ver a los músico mariquitas”. Lo decían por la pelambrera y camisas floreadas que gastaban los muchachos.  Punteaban  con palanca de vibrator –una innovación–  el tema Apache de los Shadows con un público poco afectivo con las excentricidades. Miguel Ríos comentaba que en muchos pueblos cuando iban a actuar los gárrulos lo apedreaban y muchas veces tuvieron que salir de naja. Hasta que surgió en Alcalá  el grupo musical Los Rangers (The Rangers Black) y la gente empezó a acostumbrarse. Ya escribiré sobre ellos.
Costó salí de unos tiempos oscuros donde se le temía al color. Imperaba la grisalla. De modo que cuando me encuentro hace unos años con aquella mujer de mirada verdeazul en el semáforo, se me vino a las mientes, sin el morbo de la nostalgia, aquella juventud vivida en el pueblo. Poco a poco fuimos saliendo del globo aislado. Los mass-media iban informando de los avatares del mundo. La aldea global de Mac Luham se palpaba. Soplaban vientos de cambio. De Juanito Valderrama se pasó a Bob Dylan, de Antonio Machin a  Aretha Franklyn. De los discos dedicados al Gran Musical, al Hit Parade. De los tonos pardos ( gama de tierras, grises y discretos azules) se pasó a las camisas chillonas con floripondios, muchas veces bermellonas y de mal gusto. Había en el pueblo varios puntos de encuentro y sobre todo dos de referencia. Uno era el patio de Curro Reyes, un lugar reducido –diez o doce parejas bailando,– lo que no fue óbice para esparcimiento y desfogue de toda una juventud ávida de nuevas sensaciones, roces apetitosos o apreturas eróticas. A veces había overbooking. No se cabía. El patio atestado de macetones de geranios, aspidistras, hortensias, colios, buganvilias, esparragueras trepantes era un anticipo doméstico de la discoteca. Inolvidable la estampa de Curro en su silla de ruedas –por mor de maldito accidente– ejerciendo de pinchadiscos con “pikú” de baquelita echando el ojo a la concurrencia desmadrada en medio de una humareda de tabaco rubinegro. Su artista preferida: Jeanette. En su fajo de discos de vinilo (todos singles). Había lugar lo mismo para la música lenta que para la estridente según soplara y reclamara el ambiente. Todo consistía en tener buen ojo y buena mano. Lo mismo sonaba  Moody Blues en Nights in white saten (Noches de blanco satén), ideal para el “agarrado” ya que duraba mucho. Un rato a tope si la chica –apercibida– con los antebrazos  hacía la temida “tranca”, y la faena quedaba sin rematar. Que el ritmo marchoso  Black is black de los Bravos. Dentro de las posibilidades y exigua discografía disponible. Y buena voluntad.
Otro lugar que marcó fue mi primer estudio de la Pila del Granadillo en Alcalá. Donde se congregaba una juventud heteróclita y heterodoxa. Con diversos afanes pero con idéntica vocación de libertad. Bailongos entre velas y ginebra perruna de garrafa. Entre el olor a pintura fresca y aguarrás y las paredes empapeladas de pósters de los mitos del momento. Era lugar para el debate y para comentar sotto vocce  las heridas de la dictadura y los últimos libros y discos prohibidos. Hasta el Caudillo, viendo el frenesí de los tiempos, quiso dar una imagen –falsamente–  de modernidad  con pintores abstractos, bikinis y grupos musicales greñudos, siempre, eso si, siempre que no molestaran. Y hasta hoy. Aunque no se pueda decir que vivamos en miel sobre hojuelas. Hay desencanto y descontento. Los hechos cantan. Hay muchas personas pasándolo mal por mor de la “dichosa” crisis. Tenemos la libertad conseguida. Ahora nos hace falta más trabajo. Con bienestar la libertad se disfruta mejor. ¿Llegará el día que todo el mundo viva libre y contento? Con esa ilusión escuchamos el gallo cada mañana.
Aquella diáfana mirada de Jeanette, que se reflejó en la mía como la otra mirada fugaz del tiempo. Todo en la vida  tarda el tiempo en que se cruza un semáforo en verde. Una simple mirada puede traspasar los ojos de la memoria.
Siglos ha lo dijo bien claro Quevedo: “Solamente lo fugitivo permanece y dura”. Seguiremos alimentando miradas fugaces. Seguiremos.

Jesús Cuesta Arana

                                                      …....

(De la serie de artículos publicados en el periódico TRAFALGAR con el encabezamiento El OJO EN LA MIRADA)

El tiempo que hará...