Páginas

jueves, 13 de diciembre de 2012

PEQUEÑAS HISTORIAS



“Fue en navidad”
Toda persona, científico, artista, clérigo o militar, tienen su propia historia. Las instituciones, igualmente, poseen algo de lo mismo, sea una real academia, una universidad, una cofradía o una plaza de toros. Nosotros, hombres sencillo, vulgares, seres de a pie, nos sucede otro tanto.
En Alcalá existen varias instituciones y muchas personas; tanto entidades como vecinos, tienen su historia particular, su biografía propia. Tú también, tú eres uno de ellos.
Pero tanto las historias como las biografías no se fraguan de pronto, no suceden de repente. Se hacen poco a poco, día a día, episodio a episodio. A Napoleón no podemos considerarlo como famoso solo por el hecho de entrar en España y querer apoderarse de ella. Hizo muchas cosas más llegando hasta Rusia.
En adelante pues, aquí estoy lector, comprometido conmigo mismo, en una empresa que, aunque no merezca mucho la pena, se trata de algunas de vuestras cosas de nuestro pueblo que por no comentadas, puede se que estén ya olvidadas. Cosas que, es posible, algunos de los que esto estáis leyendo ahora mismo, en su tiempo fueseis los protagonistas en alguna de sus variadas facetas.
En Alcalá ocurren historias, con minúscula; cada día, cada mes, cada año. Habrá pues, muchos sucesos a lo largo, digamos, de medio siglo o más.
No tengo nada escrito de todo lo ocurrido en este tiempo, pero, sí tengo la impresión que guardo la mayoría en mi memoria. Creo que casi todo lo que cuente es, pues, verídico, salvo cuatro lagunas que puedan surgir. De algo podréis gozar, con algo podréis alegraros, de alguien podréis sufrir y entristeceros. Pero sucedió y forma parte de nuestra historia de Alcalá. En adelante lo que podáis leer en el blog, llevará como título genérico el de “Pequeñas historias”.
Quisiera creer que puedan ser acogidos estos escritos, con el mismo interés, al menos, con las que este pobre escritor os lo escribe. Son cosas vuestras y os la iré presentando poco apoco para que podáis recordarlas. Vuestras son y a vosotros os las entrego como propietarios que sois de ellas.
Mi admirada escritora Carmen Posadas de nacionalidad paraguaya, nacida en Montevideo, aunque lleva viviendo varios años en España, llegando a estar casada durante un tiempo con el que fuera presidente del Banco de España, Mariano Rubio, le pone el título a una de sus famosas novelas, el del “Pequeñas infamias”, que fue “Premio Planeta” en el año 1.998. Yo, lejos de imitarla en una de sus palabras, para mí nada más lamentable y deprimente que el de copiar, le he puesto como ya dije más arriba, el de “Pequeñas historias”.
Es natural; Alcalá es más pequeño, sus gentes de otra condición y sus hechos, lógicamente, deben ser más pequeños y de menor trascendencia. Y que, aunque es la primera de estas pequeñas historias, os contaré una que, sin proponérmelo, el protagonista  parece ser el que esto escribe; no hay nada preconcebido ni afán de protagonismo, aunque fuese pasivo; solo que ocurrió al comienzo de una navidad de hace cincuenta y cuatro años. Podría titularla algo así como “Un ciclón en Alcalá”. Éramos entonces jóvenes, nos disponíamos a celebrar con entusiasmo la conmemoración de la navidad, cuando de pronto ocurrió algo inesperado, terrible y angustioso; era de índole natural. En la media noche del día veintidós de diciembre, sería en 1.958, se desató, un vendaval, un huracán o como el público le dio en llamar un ciclón. Ni que decir tiene  sus lamentables consecuencias. Nadie sabe qué pudo enfurecerle esa noche al dios del viento Eolo, para que soplara con tal furia sobre nuestro pueblo. ¡Y vaya como sopló! Tiró tejados, pequeñas habitaciones de las azoteas, derribó árboles, tumbó postes de la luz, etc.
En aquella época yo dormía en la SAFA solo, en la habitación que hay al final de la galería de la primera planta, justamente debajo de la torre del “Convento”. Que fuerza no tendría aquel tornado o lo que fuese que llegó a tirar trozos de parte de la torre, con el correspondiente escándalo, ruido y peligro, romper los cables de la decena de televisores que pudieran existir en Alcalá, cuyos aparatos disfrutaban familias de la calle Real y la Alameda, natural, pero cuyas antenas se situaban por la Plaza Alta y alrededores, llegando a tener los cables de cada “tele” trescientos a cuatrocientos metros, de caída libre en el espacio. Con tan nefasto motivo, estuvimos en el pueblo entero sin luz eléctrica desde el veintidós de diciembre, hasta el siete de enero del siguiente año. Así como a esos días hay quien los titula como “Navidades Blancas”, bien podríamos titular aquellas fechas como el del “Navidades negras”; y fue así.
Yo, no obstante, no me enteré de nada hasta el siguiente día. Así era, entonces mi sueño.

 José Arjona Atienza
Cádiz, 10 de diciembre de 2012

1 comentarios:

Paco Gil dijo...

Gracias, Don José, por sus "Pequeñas historias", por sus "Reflexiones", por su "Tiene arreglo", por sus "Palabras" por magníficos Sonetos... en fin, por todo cuanto escribe con su buen estilo y sencillez. Felicidades por todo ello de lo que soy un fiel seguidor.

El tiempo que hará...