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viernes, 22 de marzo de 2013

AMARGURA


Ya no escuchas las voces ni los gritos,
ni el tumulto de crueles amenazas
que te siguen por calles y por plazas
y te acusan de faltas y delitos.

No verás ya jamás rostros malditos
de judíos, también de muchas razas,
de soldados romanos con corazas
que te insultan con odios infinitos.

Ya no sientes el peso de la Cruz
que te lleva a sufrir duras caídas,
ya tus ojos perdieron brillo y luz.

Tanto horror hace huir despavoridas unas gentes que
ayer curó al Maestro
y hoy lo cuelgan de un modo tan siniestro.



José Arjona Atienza


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