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lunes, 20 de mayo de 2013

PASANDO EL PUERTO LEVANTE


        
        
           Los  alcalaínos, cuando  estamos  mucho  tiempo  fuera  de  Alcalá de los Gazules, nos  acordamos  de  unas  cosas  del  pueblo,  en  las  que  todos  coincidimos  casi  siempre. Estas  cositas, estas ensoñaciones, en horas de desvelo cargadas de nostalgia, son las siguientes: primero. la  silueta del  pueblo, enmarcada  en  su  intenso  cielo  azul, con  la  preciosa  torre  de  San Jorge de corona, vigilando los valles, los ríos y la sierra, también nos acordamos de la  Virgen  de  los  Santos, reinando en los olivos, y después contemplarla, ya en su camerino, con  su cara luminosa y sonriente, tras pasear con sus hijos por el campo. Y como tercer recuerdo, nos  afirmamos en el impacto emocional que nos produce (siempre) traspasar el Puerto Levante y  encararte, de pronto, con esa mágica estampa, llena de luz y de misterio, que es Alcalá de los  Gazules; la ciudad del precioso nombre que dijo Alberti;  y a la que también cantó con su enorme  sensibilidad, subyugado por el embrujo de la Coracha y su regusto moro, el  gran poeta andaluz  Federico García Lorca. 
        Creo que la mayoría de alcalaínos que vivimos lejos de nuestro querido rincón gaditano, estamos de acuerdo en lo referente a estas tres imágenes que conservamos del pueblo en el que  tuvimos la suerte de nacer y que vive en nuestros sueños. Después cada uno tiene lógicamente  recuerdos de su familia, sus amigos, de su niñez, de sus primeros amores y de otras cosas; pero  en estas tres (la silueta de Alcalá, la Virgen y  la  vista de  Alcalá tras pasar el Puerto Levante) coincidimos todos en que son recuerdos comunes.
        Basándome en la tercera imagen (ese portal mágico desde el  Puerto Levante), he  escrito  este  soneto, que “ajolá” sea de vuestro agrado, para  vosotros  lo  he  escrito.   

PASANDO  EL  PUERTO  LEVANTE

El  Señor  quiso  un  día  ver  Andalucía
y  al  subir  la  cuesta  del  Puerto  Levante
se  paró  en  la  cima, que  el  viento  barría,
mirando asombrado lo que había delante.

¡Qué  vista  tan  bella, cual  la  Gloria  mía,
mimaré  a  este  pueblo  tan  blanco  y  radiante!
Y  pidió  a  su  Madre, la  Virgen  María,
que  lo  fuera  nuestra  desde  aquel  instante.

La  Señora  dijo: “¡María  de  los  Santos
clamarán  mis  hijos  de  Alcalá  bendita!
Y  vendrán  a  verme  entre  alegres  cantos,
el  mes  de  septiembre Romería  a  mi  ermita,
donde por los siglos, debajo  del  manto,
tendrán el consuelo de su Madrecita”.


Francisco  Teodoro  Sánchez  Vera
Mayo  2013

  

 

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