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martes, 2 de julio de 2013

ANÁLISIS DEL DOMINGO


“Julio, el más caluroso”

Ya se nota la desbandada de las ciudades y la invasión de las playas: Valdelagrana es una continuación de Jerez, donde nos conocemos todos;  Sanlúcar y Chipiona, la playa de Sevilla; y Cádiz y provincia, la de toda España. Millones de personas se movilizan, como huyendo de la calina de la ciudad y buscando la paz, el sosiego y el mar.

En julio, las lluvias son escasas y los campos se tornan  secos, marchitos, muertos.…Tras los matojos y los arbustos , se esconde el dios del fuego, azote de los bosques y, a veces, la indiferencia de los pueblos. El cáncer de los incendios forestales revienta cada año en julio y agosto.

Los días son largos, el sol calienta la tierra y los montes se vuelven pardos. Se siega el trigo, se bebe agua a todas horas y, en la era, se trilla el trigo. Los braceros hacen su agosto, trabajan de sol a sol y cantan de noche bajo la luna. A veces les sorprende una tormenta despistada, desgajada de una nube o escapada  de algún embalse serrano.

El canto de la cigarra, la gran tabarra; no para. Durante el día, la cigarra macho entona un canto rechinante para atraer a la hembra. El sonido es constante a cualquier hora del día, pero más intenso al amanecer y al anochecer. Mientras cantan, la sandía en la explanada coge color; y los melones, sabor. La comida será cada día ajo blanco, gazpacho y sandía o melón. El pueblo andaluz es pobre, pero sabio –decía Pemán.

En julio, hay tiempo para todo, porque el día tiene quince horas de sol y eso hace los días largos. Las calores introducen la costumbre de echar la siesta después de comer, aunque algunos duermen la del carnero, antes de la comida. Las viñas se visten de verde -claro y la uva comienza a coger azúcar y zumo. Después, poco a poco, los racimos de se vuelven perlas cultivadas y tentación de los caminantes.

Los refranes describen a julio así: “En julio, ¿dónde están los mozos? En la acequia o en el pozo.” “Para julio te espero, amigo” –dice el labrador al trigo.” “El que en julio no trilla, en agosto no gavilla.” Y es que, en julio, se resuelve la riqueza o la pobreza del año. Ahora, los agricultores se curan en salud asegurando las cosechas. De todas formas, siempre se seguirán quejando y diciendo que “la cosecha de este año no es la que esperaban.”

Las calores de julio son la mejor garantía de una buena cosecha. Lo de quejarse es la costumbre. “Si en julio llueve, renace la hierba y el trigo se pierde.” En cambio, “Julio triguero, septiembre uvero.” La sabiduría popular de los refranes es muy antigua, tan antigua como el homo sapiens. Nació de la observación de los hombres sobre el flujo y reflujo de los fenómenos naturales.

Los pueblos que no tienen mar, como Jerez o Alcalá; huyen a las playas o buscan el agua en los ríos, como el Guadalete o el Barbate. Hoy, la política del bienestar resuelve la carencia de playas con formidables piscinas. Es el verano modesto.
                                                                                                                  

JUAN LEIVA




El tiempo que hará...