Al
atardecer del día cinco de mayo de 2014 se nos fue el médico que a casi a medio
pueblo trataba; al mismo tiempo que a él, el otro medio pueblo lo respetaba y
hablaba bien
de él. Por eso mismo entre unos y otros han sentido su “marcha”.
Él era
correcto, amable, educado, etc. La sonrisa la tenía siempre a flor de labios,
la palabra justa y el gesto amistoso. Al terminar con un paciente salía a la
mitad de la sala de espera y los dos se introducían en su despacho. Ya en él hacía
medicina, lo que a él le gustaba hacer.
Y se nos
ha ido. Y para siempre. Él ya no volverá jamás. Se marchó de una forma
inesperada en él, rápidamente, súbitamente; ese no era su estilo. Era un médico
de altura en el sentido metafórico de la palabra. Él ya era poseedor de un
virus maligno y actual. Y se nos fue
como dando a entender que el alejarse siempre duele, en este caso a las dos
partes. Su virus maligno es, en la actualidad, el de muchos otros. Su virus era
la velocidad. Todo aprisa, deprisa. Es el virus de tiempos modernos. A el lo
esperaban impacientes clientes apoyados sobre la misma puerta de su despacho
inquietos para que nadie pudiera quitarle el puesto.
Lo
metieron en una ambulancia, en una de esas ambulancias que él llamaría deprisa
para otros pacientes. A Residencia deprisa, pero ¿qué ganamos en esas dichosas
prisas? Al revés, a veces lo perdemos todo. Es el signo de los tiempos; el
minuto también hay que aprovecharlo. Él supo aprovecharlo por completo, no
solamente en su jornada diaria, también en las noches largas, solitarias e
intranquilas de guardia, que se hacían eternas. La noche, el alba, la madrugada
por si acudía alguien y debía atenderlo lo más rápidamente posible; incluso
salidas a domicilio. Eso se llama responsabilidad, no solamente la suya
sino también la de los demás compañeros suyos.
Cuantos
de vosotros, doctores responsables os habéis perdido una corrida de toros como
las de Madrid, Sevilla o Valencia con Jesulín, Morante de la Puebla o El Fandi
o esos interesantes partidos de Brasil con tan mala suerte para los nuestros.
Que más da. Un médico se considera médico en su despacho, en su mesa con un
paciente enfrente de él. Su ciencia y su experiencia está a disposición del
enfermo que lo necesita, esté en el lugar que sea. Eso es dedicación y entrega.
El médico y el sacerdote son dos vocaciones marcadas. ¡Que trío de ases,
sacerdote, médico y torero! Atienden al espíritu, al cuerpo y a la diversión.
Joselito, Ordoñez, Paquirri. Solo por citar a algunos.
Ya lo
cantaba “la más grande”, la inolvidable Rocío Jurado cuando con su poderosa voz e
inigualable estilo nos deleitaba a todo el que la escuchara:
Oro y plata, sombra y sol
el gentío y el clamor
tres monteras, tres capotes en el redondel,
y un clarín que rompe el viento
anunciando un toro negro que da miedo ver.
Chicuelinas de verdad
tres verónicas sin par,
y a caballo con nobleza lucha el picador,
y la música que suena
cuando el toro y la muleta van al mismo son.
Viva el pasodoble que hace alegre la tragedia,
Viva el pasodoble que hace alegre la tragedia,
viva lo español,
la bravura sin medida,
el valor y el temple de ésta vieja fiesta.
Viva el pasodoble, melodía de colores
garbo de ésta tierra,
queda en el recuerdo
cuando ya en el ruedo, la corrida terminó.
Antes lo
había cantado ese mismo pasodoble la romántica y sentimental Jeanette.
La
ruleta de la vida cumplió, una vez más, su trágico y dramático cometido. Unos
viven y otros se van. Y esto siempre ha sido, es y será. Esa ruleta no entiende
de miramientos y consideraciones humanas.
DON JESÚS SE MARCHÓ
Anoche se lo llevaron,
ni era día ni era noche,
anoche se lo llevaron
casi muerto, en un coche.
Coche que era ambulancia,
los kilómetros tragaba
como se traga el viento
los árboles de la “Playa”.
Y aquí, entre tanto altibajo
se dejó cosas tan bellas...
que, trabajando a destajo
fue en busca de una estrella.
Adiós por siempre, Jesús,
que arriba fuiste volando
también hubo otro JESÚS;
te llorará SAN FERNANDO
Alcalá de los Gazules,
27 de junio de 2014
José Arjona Atienza
1 comentarios:
Don José, merecido este su homenaje a Don Jesús que representa el sentir de nuestro pueblo alcalaíno a la figura de un gran profesional y una gran persona y al que recordaremos por mucho tiempo.
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