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miércoles, 25 de noviembre de 2015

"EL ISLAM, AL-ANDALUS Y EL ARABISMO"

                                         
Para nosotros los andaluces, todo comenzó cuando un árabe, llamado Tárif, con un grupo de africanos, pusieron sus pies en un lugar de Andalucía que, desde entonces, se llamó “Tarifa”. Un año después, otro árabe casi con el mismo nombre-Táriq-desembarcó con otro grupo en el Peñón y se afincó en la roca, denominándola “Gibral-Táriq-“, es decir, Gibraltar, tal como la seguimos pronunciando hoy. Ahí comenzamos a tomar contacto con los musulmanes y con sus costumbres islámicas. Hoy, después de ocho siglos, a todo el que haya nacido aquí se le sigue llamando con el sobrenombre de andaluz (andalusí). Mientras tanto, un grupo de mahometanos  y de otras razas siguen viviendo en el Peñón.

El nombre de Islam, sin embargo, no significa haber sido sometido por los árabes, sino por el Dios Único, “Allan”. La invasión no quiere significar una colonia sometida a la voluntad de los invasores, sino a la voluntad de Dios. La religión no sería la de los judíos, sino la predicada por  Mahoma, con una única fuente, “El Corán”, y mediante una sola tradición, la oral. Un Dios Único ha creado de la nada el mundo y de antemano lo determina todo, incluso las acciones del hombre, el cual, a pesar de todo, es libre.

En distintas épocas del mundo, Dios envía a sus profetas pero, para el Islam,  el último y el más grande es Mahoma, que promete que el que cae luchando por el Islam entra inmediatamente en el Paraíso. Es la predestinación y, por esto, la sumisión o abandono a la voluntad de Dios,  lo que significa “Islam”, culto sin imágenes. Pero los árabes nos dejaron, además, una riqueza cultural importante con un vocabulario riquísimo. Aún conservamos en nuestro vocabulario miles de raíces árabes, como alcazaba (alcázar, castillo, fortaleza); Medina (ciudad grande); Alcalá (alcazaba) y un largo etcétera de 4.000 palabras.

Las obligaciones principales del islam son: confesión de la fe; oración cinco veces al día con pureza ritual por medio de la ablución; ayuno de todo el día en el mes del Ramadán; limosnas para alcanzar el perdón de los pecados; peregrinación a la Meca, al menos una vez en la vida; prohibición de beber vino y comer carne de cerdo; asimismo, prohibición de los juegos de azar; amor al prójimo entre los correlegionarios o de la misma religión; se permite la poligamia; la ley regula minuciosamente la vida religioso-política; no hay sacerdocio, las órdenes mendicantes son los maestros de la mística; la suprema autoridad espiritual es el Califa.

La lengua árabe propagada a otro idioma se llama arabismo. Después del latín, ningún idioma ha ejercido tanto influjo en el español como el árabe. Su influencia es abundantísima en el léxico, pasando de cuatro mil las palabras españolas de este origen. 

En las luchas por la sucesión de Mahoma, hay dos corrientes: los sunnitas y los chiítas. Las más de las veces se impuso por la fuerza de las armas desde Arabia, penetrando en el siglo VII en Siria, Persia y Egipto; y en el siglo VIII llega al África del Norte, España y parte de la India. Hoy, -dicen muchos mahometanos-, que la guerra santa  no fue mandato de Mahoma, sino de algunos de sus sucesores, que quisieron someter aún más a los seguidores del Islam. Por eso, las misiones cristianas han podido poco para convencer a los islamistas. Actualmente, el islamismo tiene unos 260 millones de adeptos, pero el cristianismo tiene más del doble.  Las religiones del mundo  deberían unirse, si realmente  quieren hacer un mundo mejor. Lo que está pasando no nos lleva a ninguna parte. Dios es creador de vida, no de muerte.   


Juan Leiva








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