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lunes, 16 de mayo de 2016

CLAVES DEL BIENESTAR - NI NEGAR NI SER VENCIDOS POR LA REALIDAD


Algunos calvos, con pelucas o con hábiles peinados, no sólo disimulan la carencia de pelos sino que, además, tratan de convencerse a sí mismos de que gozan de una poblada cabellera. No caen en la cuenta de que el disimulo aumenta los defectos ni tampoco advierten que los engaños suelen ser traicioneros. Una cosa es esforzarnos por mejorar el aspecto y otra muy distinta aparentar lo que no somos. ¡Hay que ver la frecuencia con la que los ignorantes fingimos ciencia, los torpes simulamos talento, los "malages" aparentamos gracia, los feos presumimos de elegancia, los perversos alardeamos de bondad, los cobardes nos jactamos de valentía y los orgullosos nos vanagloriamos de humildad! No somos conscientes de que las falsedades y las falsificaciones producen risa, pena y lástima.

Hemos de reconocer, además, que, si el optimismo y el pesimismo deforman la realidad, el excesivo realismo puede impedir el conocimiento de las dimensiones reales de los objetos y la importancia de los sucesos ocurridos a nuestro alrededor. Cuando nos acercamos excesivamente a las cosas, perdemos de vista sus verdaderas dimensiones  y nos resulta difícil interpretar sus significados, sus valores, sus defectos y sus consecuencias; cuando sólo aplicamos los sentidos, sin añadir unas gotas de imaginación, de ilusiones, de fe, de esperanza y sobre todo, de amor, es inevitable que sintamos desinterés, aburrimiento y hastío.


Para evitar estas amargas sensaciones, sería conveniente que dedicáramos algún tiempo a fortalecer nuestro mundo interior, a descubrir los valores que realmente nos gratifican, a recordar experiencias positivas, a proyectar actividades que nos distraigan, y, sobre todo, a elaborar unos proyectos que nos sirvan para que, desde nuevas perspectivas, modifiquemos la realidad integrando los objetos y las acciones en un proyecto global atractivo que nos proporcione unidad y coherencia, que nos trascienda y nos descubra lo maravilloso en lo cotidiano. 


José Antonio Hernández Guerrero
Catedrático de Teoría de la Literatura
Universidad de Cádiz

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