HISTORIA DE NUESTRAS RUTINAS DIARIAS
Miguel A.
Delgado
La costumbre ensordece
Barcelona,
Ariel, 2023
Tradicionalmente, en los diferentes
niveles de la enseñanza se ha concebido y explicado la historia como la ciencia
que trata de los acontecimientos importantes de la humanidad. En la práctica
sus objetos han sido los comportamientos de los personajes políticos,
militares, sociales, religiosos y culturales que han determinado el curso de la
vida en nuestro mundo. Una de las consecuencias de esta concepción y de esta
práctica ha sido la generalizada convicción de que muchos de nuestros hábitos
de conducta cotidiana son “naturales” o, en otras palabras, que nacen y se
desarrollan como las verduras y las frutas, o como las cabras, los gorriones o
los salmones.
Miguel A. Delgado, en un alarde de
destrezas pedagógicas y comunicativas, identifica sus orígenes y nos explica
esa sucesión de comportamientos humanos cotidianos que cualquiera de nosotros
realizamos de manera casi automatizada, y nos descubre el origen y la evolución
permanente de una manera tan clara, amena e interesante que, a veces, nos da la
ingenua impresión de que, más que un ensayo, estamos leyendo una creación
literaria.
Sus preguntas iniciales sobre los
cambios de algunos comportamientos cotidianos como, por ejemplo, por qué
comemos lo que comemos y por qué lo comemos como lo comemos, por qué nuestras
casas y nuestras ciudades son como son y no de otras maneras nos proporcionan
la oportunidad conocer muchas de nuestras convenciones y convicciones sobre
nuestras diferentes y habituales maneras de medir los tiempos, las estaciones,
las pisadas y hasta las respiraciones.
Nos explica cómo las carreras, que inicialmente
servían para reducir los tiempos y acortar las distancias, después fueron
ejercicios deportivos, más tarde, competiciones y, en la actualidad hasta los
médicos afirman que los ejercicios corporales son buenos para combatir el paso
del tiempo. Incluso en los tiempos, en los que nuestra existencia era mucho más
azarosa que ahora, había otra razón aparentemente sin beneficio alguno para
correr y, por tanto, ajena a cualquier lógica como el juego.
Nos sorprenden aún más esos cambios que
experimentamos de manera permanente en nuestras rutinas cotidianas como, por
ejemplo, lavarnos las manos, desayunar, llevar y recoger a los niños del
colegio, llegar a la oficina, sufrir accidentes, almorzar, celebrar reuniones,
divertirnos, regresar a casa, cenar y volver a dormir. Su estimulante
conclusión es que esos hábitos, costumbres y rutinas son ritos en los que se
han cristalizado muchos cambios e innovaciones que ponen de manifiesto nuestra
capacidad humana de imaginación y de creación. Y es que –afirma
categóricamente- somos nosotros quienes hemos configurado ese mundo cuyos
hábitos hoy nos sirven para facilitar nuestras vidas: “para enfrentarnos a los
retos de un futuro que parece precipitarse hacia un cambio desbocado solo
porque nos falta perspectiva para ver que nunca ha dejado de cambiar, ni nosotros
con él”
José Antonio Hernández
Guerrero
Catedrático de Teoría
de la Literatura
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