Esbozos
sobre la teoría de la Cultura
Zygmunt Bauman
Barcelona, Paidós, 2024
Por escasa atención que prestemos,
todos podemos advertir que, por ejemplo, un equipo de fútbol, de baloncesto o de
cualquier otro deporte son soportes de la identificación “enfervorizada” de un
grupo de personas. Es comprensible, por lo tanto, que las camisetas, las bufandas
o las insignias sean lenguajes con los que se proclama la “comunión” con unas
ideas y con unos valores, y que, sobre todo, expresen la cohesión afectiva de
un grupo de personas. Estos Esbozos sobre
la Teoría de la Cultura, cuyo manuscrito estuvo perdido durante años, nos proporcionan
claves para que interpretemos las obras posteriores de Zygmunt Bauman y
valiosos datos para que valoremos sus análisis sobre los comportamientos
humanos, esos que son objetos de estudio de la Ciencia de la Cultura. A mi
juicio, estos planteamientos nos brindan razones válidas para que aceptemos que
–“inevitablemente”- las Ciencias Humanas son pluri- e inter-disciplinares.
El punto de partida de esta afirmación es
la constatación de que la cultura está configurada por un sistema de signos que
explican y que organizan a las sociedades. Tras rastrear los caminos
divergentes del pensamiento etnográfico europeo y la crisis de la Antropología,
Bauman propone que la comprensión de los comportamientos humanos se sitúe en el
ámbito de la Psicología. Él está de acuerdo con la reivindicación de la
distinción metodológica entre los estudios naturalistas y los de las
humanidades, pero también defiende que se apliquen unos procedimientos y unas
técnicas de análisis que sean tan rigurosos como los que emplean las Ciencias
Naturales. En su explicación de la teoría semiótica de la cultura señala la
conexión que existe entre los logros de la teoría de la información y la
percepción comúnmente aceptada de que la cultura es un sistema de signos que organiza
las relaciones de los seres humanos porque “la cultura – afirma- es una
creación humana que existe en las personas y a través de ellas”.
Sus análisis de las relaciones que se
establecen entre los signos y los comportamientos culturales, su propuesta de
una teoría semiótica de la cultura, apoyada en la conocida afirmación de los
sofistas griegos –“el hombre es la medida de todas las cosas”-, sus reflexiones
sobre la organización cultural de las sociedades y sus observaciones acerca de
los problemas de la educación contemporánea son, a mi juicio, especialmente
oportunas. En mi opinión, esta obra puede iluminar las tareas docentes y los
trabajos de investigación de los profesionales de las diferentes Ciencias Humanas
y, en especial puede orientar a los filósofos, lingüistas, teóricos, críticos e
historiadores literarios, psicólogos, pedagogos y, por supuesto, a los
sociólogos y antropólogos tanto en sus explicaciones docentes como en sus
investigaciones interdisciplinares.
José Antonio Hernández
Guerrero
Catedrático de Teoría
de la Literatura
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