viernes, 2 de febrero de 2024

UN AMOR DE CUENTOS

 

Un amor de cuentos     

                       

 

Era una noche fría, algo tenebrosa, donde los árboles

se movían con el vigoroso viento, haciendo vibrar

las hojas cuál silbido llegaba con voces de ultratumba,

para despertarme aquella noche en la que yo me acosté

pronto por encontrarme cansado y desperté a media noche

con el sueño desvelado, quedando envuelto entre las mantas,

resguardándome del inmenso frío que hacía y entonces  

empecé a soñar despierto  ¡Qué cosas son los sueño cuando

se tienen despierto! parece más real que cuando duermes,

hablándote sobre cosas que son recuerdos del pasado,

que fueron almacenándose en la memoria y en las noches

taciturna, una voz de ultratumba refresca esa memoria,

despertándolos de donde están guardados como reliquias

y someterlo al más extenso de los interrogatorios,

cuyo objetivo no sería otro que el de hallar algún fallo

en las respuestas que ellos esperan de su investigación.

Ya me había pasado en otras ocasiones, no como esta

noche, así nunca me había ocurrido.

Tenía los ojos como platos, se me había ido el sueño

totalmente y en el silencio de mi habitación, se oían

voces que solo yo percibía y a las que  respondía

sin mover mis labios, ni oír mi voz.

Fue una sensación muy extraña, nunca había sucedido,

[Mira que soñaba por las noches] pero soñar despierto,

de esa forma nunca me sucedió.

 

Aquella noche, me había acostado temprano, cansado,

después de un día agotador, por lo que a media madrugada

desperté y, sin ya poder conciliar el sueño nuevamente,

pensaba y pensaba en cosas banales, hasta que de pronto

me encontré inmerso en una conversación casi interminable,

sin poder ver a mi interlocutor, solo su silenciosa

voz que hablaba en medio de aquella tenebrosa habitación.                                                               

¿Cómo podía saber tantísimas cosas de mi vida,

esa voz sin rostro?                    

Me repuse a tal alucinación y mantuve sigilo

en la oscura y lóbrega  habitación donde yo me encontraba,

escuchando aquella voz de ultratumba que me decía.

¿Qué pasó para tener que llamar con tanta obstinación?

¿Acaso no sabes que mi presencia, es final de la vida

 y no la salvación de la muerte?

¡Sí que lo sé! [Le contesté tenuemente],  y por eso llamo;

quiero renunciar a la vida que aquí tengo, pues en ella

no me hallo feliz ni contento y para estar de esta manera,

yo prefiero mejor la muerte y no la vida que  aquí llevo.

Qué fuerza tan poderosa es la que hace pedirme  tal cosa,

si a mi vienen a pedirme la vida y lloran ante la muerte.

Háblame tú sobre esa fuerza para mi desconocida,

que te dejó ella tal  herida rompiendo con la promesa

de seguir aquí con vida, llamándome para la muerte

que aún no tienes merecida.

Cadenas…

Las cadenas que cubren mi cuerpo las llevo arrastrando

y me están martirizando, por un amor infranqueable

que me está dando esta cárcel, en donde cumplo la condena,

de la que ella es ajena y yo no soy culpable.

Esta triste condena de amor me está manteniendo preso

sin que yo le haya dado un beso ni en mis suspiros de amor

y me llena de dolor que me haya llevado hasta el olvido

por tanto haberla  querido, sin que sepa de mí dolor.                                                            

Locuras…

¿Me estás contando  locuras, diciéndome no tiene cura

cuando la puedes sanar, tratándola con dulzura en ésta

noche taciturna para que cure tus llagas y acabe

con tal locura?¿ Tú haces llamarme en la madrugada para

poderte ayudar pidiéndome tal locura?.

¿Me estas pidiendo la muerte diciéndome es la que te cura?. 

¡Para eso me llamaste!, ¡Mira si eres loco de remate!,

Pedirme que yo te mate por ese tú amor de locura,

cuando el amor tiene cura sin cometer tal disparate.

¡Disparate!

Sangrando tengo mi corazón y lo llama un disparate,   

cuánto sufro de amor y me ignora cuando voy por la calle       

y por eso te pedí que vinieras a buscarme, para

llevarme de aquí que no quiero más sufrir, y no te ocurre

otra cosa sino decirme tú a mí, ¡Esto es un disparate!.

Qué sabe tú del amor, ni del querer que te da la muerte

cuando se tuerce la suerte con la llegada del dolor.

Solo te estoy implorando tengas conmigo compasión 

al encontrarme tan solo y abandonado, y sin amor.

 

José Ares Mateos

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