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miércoles, 14 de marzo de 2007

Iglesias alcalaínas desaparecidas




Entre el fin de la Conquista Romana y el comienzo del Siglo III de nuestra era los pueblos prerromanos acabarán pensando, hablando y sintiendo como romanos (Romanización).
Alcalá de los Gazules cuenta con numerosos vestigios que recogen la tradición que legó el cristianismo a nuestra zona. Un cristianismo generalizado y oficializado a partir del año 313, cuando Constantino lo declaró oficial poniendo fin a siglos de persecuciones. Salió la Religión de la Cruz de las catacumbas y la clandestinidad para comenzar a celebrar sus cultos en las basílicas. De ésta época, aunque tenemos núcleo de población, no hay constancia ni escrita ni arqueológica de edificios religiosos. Los primeros restos arqueológicos de iglesia se corresponden con el posterior periodo, el Visigodo, momento en el que de nuevo, tras la invasión bárbara, se oficializa de nuevo el cristianismo al convertirse el Rey Visigodo Recaredo en el III Concilio de Toledo en el año 589.
Es precisamente a esta época a la que pertenecen los testimonios arqueológicos de basílicas cristianas encontradas en Alcalá. Se tratan de las iglesias de los Santos Nuevos y del Cortijo de la Higuera. Ambas corresponden al periodo del Obispo asidonense Pimenio, encontrándose próximas al núcleo de población de la Mesa del Esparragal.
Con la llegada de los musulmanes se abre un paréntesis en el desarrollo del cristianismo, relegado a un segundo plano, hasta que el proceso de Reconquista alcanza nuestros límites geográficos y empieza a incrementar su presencia de la mano de las Órdenes Militares y de los Reyes Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio.
A partir del año 1263, fecha definitiva de la Conquista, Alcalá se convierte definitivamente en pueblo de cristianos. Comienzan entonces a aparecer numerosas advocaciones religiosas que se traducen con los años en la creación de ermitas e iglesias dentro y fuera de las murallas. Unas serán coetáneas, otras irán apareciendo conforme desaparecen las anteriores, pero todas son muestras del sentido religioso, del desarrollo urbanístico y del incremento demográfico, acoplándose en los distintos barrios que iban creándose o bien siendo la primera piedra que da lugar a un asentamiento en torno a ellas.
Un estado misional como el de los Reyes Católicos y los Austrias imponían una presencia permanente de la Iglesia en la vida cotidiana y una proximidad evidente entre el pueblo y su iglesia.
Surgen así multitud de ermitas, iglesias, monasterios, de los que conservamos hoy sólo: La Parroquia de San Jorge, la Victoria, La Capilla del Beaterio y la Ermita de Nuestra Señora de los Santos. Los restantes han ido desapareciendo, algunas sin dejar huellas arqueológicas, sólo algunas referencias escritas, en ocasiones indirectas, que nos han permitido saber de su existencia. En ocasiones nos muestran sus ruinas, carcomidas por el tiempo y el abandono, mientras en otros casos han quedado incluidas en las construcciones que las rodean y secularizadas han pasado a particulares.

SAN ILDEFONSO

Siguiendo la costumbre tradicional de todo el proceso de la Reconquista, una vez tomada Alcalá por las huestes cristianas, hasta entonces en poder de los musulmanes, debió levantarse una ermita dedicada a la Virgen María, máxime conociendo la vocación mariana del Rey Castellano.
Esta ermita recibió el nombre de San Ildefonso en honor de Alfonso X el Sabio, que fue quien tomó definitivamente Alcalá de los Gazules en el año 1264 pasando entonces a ser pueblo de cristianos.
En dicha Iglesia debieron de existir las imágenes de la Virgen y San Ildefonso, o quién sabe, si algún cuadro o mural que representara a la Virgen colocando a San Ildefonso la casulla, pues esta es una iconografía que se reproduce en el Altar Mayor de la Parroquia cuando en 1607 Pedro Bautista realiza el Retablo Mayor, hoy desaparecido, y que estaba formado por siete tablas pintadas.
Hoy conservamos una imagen de San Ildefonso en el Altar Mayor de la Iglesia de San Francisco de Paula (La Victoria).
Estaba situada próxima al Castillo, dentro del primitivo recinto amurallado frente a la confluencia de Miguel Tizón y Atahona Alta. Se tiene constancia de su existencia al menos hasta 1787, aunque es probable que a efectos litúrgicos hubiese dejado de funcionar muchísimo antes.
Recientemente y a instancias de don Fernando Toscano he centrado mi atención en un saliente de la actual muralla que cerca el Beaterio por la Coracha, dando a la confluencia de Miguel Tizón y Atahona Alta, donde existen evidentes signos de una antigua construcción, pues sus contrafuertes, rematados artísticamente en su parte superior así lo atestiguan. Estamos en los orígenes del estudio y por tanto lejos de relacionarlo directamente con el solar que ocupara San Ildefonso. No obstante, es una hipótesis por la que seguiremos apostando hasta su resolución definitiva.

SAN VICENTE

La fundación de esta iglesia podemos ponerla en relación con la dominación visigoda de la antigua Torre Lascutana, en torno al siglo VIII, que ocupaba la cima del cerro de La Coracha desde la época de dominación romana, siendo uno de los dos núcleos de población de la época. El otro estaba en torno a la zona del Palmitoso, cuyos restos arquitectónicos demuestran la existencia de dos iglesias visigodas en los Santos Nuevos y en el Cortijo de la Higuera.
Estaba situada frente a un postigo que se abría en la muralla frente a la actual calle de San Vicente, a la izquierda del camino que conduce al cementerio.
En 1350 se veló en ella el cadáver del rey Alfonso XI el Justiciero (1312-1350), muerto en el sitio de Gibraltar víctima de la epidemia de peste.
Ejerció como Parroquia, con collación propia, hasta que en 1520 por Bula de Clemente VII quedó refundida junto con San Ildefonso y San Jorge en la actual Parroquia de San Jorge. Ello no acabó con la iglesia que siguió abierta en sus proximidades, el último consignado data de 1787. Sin embargo, su deterioro y abandono fue progresivo. En 1790 ante su grave situación el Visitador Huarte mandó se trasladara la enseñanza de la Doctrina desde San Vicente a la iglesia de San José, iniciando a partir de entonces su declive definitivo, estando convertida ya en 1825 en una ruina, aunque sin perder el carácter de iglesia, pues Madoz la sigue nombrando en 1848 y a fines del siglo XIX también se menciona.
De sus imágenes y objetos de cultos no tenemos referencias y sólo existe un San Vicente que en 1919 se nombra en la iglesia de Santo Domingo, que en 1962 estaba en una hornacina en la Parroquia y que actualmente se encuentra tras el Altar Mayor.

SANTA CATALINA

La única referencia que conocemos correspondiente a esta ermita nos la proporciona el Visitador General diocesano don Felipe de Obregón (26 de marzo de 1558 o 1588) quien al inspeccionar las iglesias alcalaínas la nombra.
Al parecer esta ermita debió estar situada dentro del Convento de las Clarisas (antigua casa de los Ribera) y pudo ser levantada por el Adelantado Don Francisco de Ribera en honor de su tía Catalina, muerta en 1505, señora devotísima y bienhechora.
Esta iglesia pudo ser la que en sus comienzos utilizaron las monjas clarisas en sus oficios religiosos hasta que se levantó la iglesia de Santa Clara.

SANTA ÁGUEDA

El 31 de diciembre de 1443 Diego de Aguayo recibía de forma afectiva la donación que Juan II había hecho de la villa de Alcalá de los Gazules a Per Afán II de Ribera según carta de merced otorgada el 27 de octubre de 1441.
El escribano que redactó el acta notarial narro con todo detalle las distintas fases de la toma de posesión del castillo. En esa descripción recoge como los miembros del Cabildo Municipal y junto a ellos muchos vecinos se reúnen en el corral de la Iglesia de Santa Águeda, “que es en la yglesia de San Jorge de la dicha villa, onde diz que se acostumbran ayuntar a consejo”.
Tenemos que plantearnos, a la vista de lo cual, el siguiente interrogante: ¿Era Santa Águeda una iglesia como tal, situada junto a la de San Jorge, o era una capilla dentro de la Parroquia?
De los datos manejados podemos concluir que en un principio en 1443 era una iglesia anexa a la de San Jorge, que debió desaparecer como tal cuando se amplió la Parroquia a fines del siglo XV, formándose entonces en el espacio las capillas que actualmente ocupan Las Ánimas y el Cristo Atado a la Columna, cuyos muros lindaban con la desaparecida casa rectoral, donde existía un patio que se llamaba de Santa Águeda, hasta la desaparición de la casa rectoral, había una puerta desde este patio a la iglesia de San Jorge, que se denominaba Puerta de Santa Águeda.
Actualmente conservamos en la Parroquia un cuadro de Santa Águeda, que forma conjunto con otros tres, y que pudo estar colgado en el patio de la casa rectoral en un amplio descansillo cubierto que daba acceso al piso superior.
Evidentemente, mientras no aparezcan más datos, no podremos concretar totalmente todo lo referente a esta iglesia, pero lo que sí podemos afirmar es su existencia, formando parte del elenco de edificios religiosos católicos de nuestra historia local.




LA IGLESIA DEL HOSPITAL DE LA MISERICORDIA

Estaba situada en la Plaza de San Jorge, entre la Puerta del Sol, antiguo Ayuntamiento y un Hospital de cuyo conjunto formaba parte y que se denominaba Hospital e Iglesia de la Santa Caridad y Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo.
La referencia más antigua que conocemos de dicho Hospital se encuentra en el testamento de doña Francisca Martín Ortega en 1507. Sin embargo el establecimiento primitivo se hizo insuficiente siendo necesaria su ampliación. En este proceso intervino don Bartolomé Sánchez que funda un nuevo edificio en enero de 1514, posteriormente ampliado con un solar de doña Catalina Agüayo en 1516.
A la iglesia se accedía por unas gradas de cinco escalones que desembocaban en una portada de alto dintel, sobre el que existía un segundo cuerpo presidido por un elegante balcón. Toda la fachada estaba rematada por una airosa espadaña con campanil.
Tenía una superficie de 73 metros cuadrados y carecía de especial mérito artístico. Estaba presidida por un crucificado, el Santísimo Cristo de la Misericordia, de hermosa factura.
El conjunto (Hospital e Iglesia) estaba dirigido por la Hermadad de la Santa Caridad y fue sede de las Hijuelas de expósitos, depósito de transeúntes, escuela de acólitos, cámara de autopsias, etc. repartido en los tres pisos de sus dependencias. Normalmente estuvo dotado de 12 camas. La obligación de esta hermandad era dar sepultura a los difuntos desamparados que pereciesen dentro y fuera de la localidad. Tenía la aprobación episcopal.
A consecuencia de la enajenación de todos los bienes raíces de hospitales, hospicios, casas de misericordia, de huérfanos y expósitos, en 1798 por el ministro Urquijo, se agravó la situación del Hospital y por ende de la Iglesia que entró en rápido declive. Ello se vio acentuado por la constitución de 1812 y por la Desamortización. El Ayuntamiento de Alcalá cubrió el déficit durante mucho tiempo hasta su cierre definitivo a mediados del siglo XX. El Hospital ha terminado transformándose en viviendas.
Hoy quedan como recuerdo unas fotos, su imagen en un exvoto del Santuario y posiblemente el que pudiera ser el Cristo de la Misericordia en la Parroquia (Crucifijo de altar de la Escuela sevillana del siglo XVII).




ALTAR DE LA PUERTA DEL SOL

Que el viento de Levante es testigo presencial de todos los grandes acontecimientos que se desarrollaban en Alcalá de los Gazules, es algo a lo que los vecinos están acostumbrados. Sin embargo, no por ello dejan de suceder hechos relacionados con su proceder, que a veces nos cogen por sorpresa provocando en ocasiones más de una desgracia. Tal fue el caso que le aconteció al Escribano Mayor del Cabildo de Alcalá don Francisco Fernández Diosdado.
El Sr. Diosdado vivía en la calle San Francisco, por tanto era obligado el paso por la Puerta Nueva o del Sol para acudir a su trabajo en el Ayuntamiento. Un día en que realizaba el paso bajo el arco se vio sorprendido por un fuerte golpe de levante que lo arrojó contra el suelo y envuelto en su capa se vio arrastrado y golpeado con gran riesgo para su integridad física. Don Francisco se encomendó a Nuestra Señora de los Santos y cuando pudo librarse del golpe de viento y recuperar su posición vertical, a cubierto del peligro pudo comprobar que, a pesar del grave percance, había salido completamente ileso. La Virgen de los Santos le había salvado de un grave desenlace. Lo entendió así don Francisco y se aprestó a pagar su deuda de gratuidad con un “exvoto” que recordará a todos la grandiosidad de la Virgen.
Pero su exvoto consistió en algo muy especial. Puesto que el acontecimiento se había producido en la Puerta del Sol, decidió levantar hacia 1790, en dicho arco, una tribuna alta en la que se colocó un altar presidido por un cuadro con la imagen de la Virgen de los Santos. Bajo la barandilla el rótulo de Sanctus, Sanctus, Sanctus.
“Su viuda doña Juana de Casa, otorga testamento en 12 de octubre de 1797 y en él lega una caballería de tierra en el sitio llamado El Bodegón, a sus sobrinos –y al fallecer estos a la Parroquia-, con la pensión de alumbrar todas las noches a la Imagen de María Santísima de los Santos que está colocada en la Plaza Mayor y San Jorge de esta villa y Puerta que nombran del Sol, con una luz. En las festividades de Nuestra Señora, Jueves y Viernes Santos y Domingo de Resurrección se alumbrará con dos luces, el día de su muerte se repartirán dos fanegas de harina hechas panes de a libra a los pobres, rezándose una Salve a María Santísima de los Santos, nuestra Señora y Patrona, por mi alma, ante la Imagen que está colocada en dicha Puerta del Sol, donde se ha de repartir la referida limosna”.
Desde ese momento el altar se convirtió en lugar de visitas y promesas cuando no se podía acudir al Santuario, y es probable que ante él hiciesen votos los concejales del Ayuntamiento, como era costumbre cuando se toma posesión del cargo, desde el año 1800, en que la peste asoló Alcalá y el pueblo en general hizo el voto de considerar a la Virgen de los Santos como Patrona de la Ciudad, aunque lo era para todos desde muchos antes.

SANTA CLARA

Formaba parte del Convento de la Purísima Concepción, correspondiente a las “Hijas de las Primitivas Damas Pobres de Santa Clara” de la orden Franciscana, fundada por voluntad y dotación de don Preafán de Ribera con la anuencia de sus sucesores y con la ejecución y protectorado práctico de San Juan de Ribera, que será quien definitivamente readapte la Casa Señorial de los Duques para Convento. Su estructura gira en torno al siglo XVI.
El Convento mantuvo su vitalidad religiosa hasta la entrada en vigor de las Desamortizaciones del siglo XIX. Vio entonces reducidas sus propiedades y, por tanto, sus posibilidades de mantener este recinto de clausura. Sin embargo, gracias a las limosnas, trabajos de repostería y bordado, malvivieron casi un siglo hasta que definitivamente, en 1949, se ven obligadas a abandonar Alcalá de los Gazules y trasladarse a Bornos.
Es lógico, por tanto, de suponer que desde la construcción del Convento debió existir una pequeña capilla u oratorio donde se desarrollaban los actos litúrgicos. No obstante, consta que en 1588 existía el monasterio pero no la iglesia.
Algo entrado el siglo XVI se abordaría la construcción de la iglesia con sus necesarios complementos de coro alto y bajo, con la supervisión general de la clarisa Sor Isabel de la Candelaria y la dirección del maestro Gabriel del Valle. Fue bendecida el 24 de diciembre de 1628. Su estilo general era churrigueresco y seguía la tipología habitual de las iglesias conventuales, conocidas con “iglesia de cajón” con una sola nave de 15 metros de largo por 8,80 de ancho, algo ensanchada en el Presbiterio, techada a dos aguas, de madera sin adornos, salvo en la parte posterior, y con coro cubierto con bóveda.
El Convento, pero no la Iglesia, fue adquirido por el Patronato de Nuestra Señora de los Santos y San Antonio en 1951 y destinado a la implantación de la SA.FA. en Alcalá. La iglesia, de titularidad eclesiástica, la usó desde 1958 el colegio para la celebración de algunos actos religiosos, hasta que en 1977 fue adquirida por las Escuelas Profesionales, siendo ese mismo año desmantelada y los altares desmontados repartidos a otras iglesias.



LA CAPILLA DEL CEMENTERIO DE SAN VICENTE

Era costumbre ancestral en las villas y ciudades cristianas medievales y modernas que los enterramientos se realizasen en los panteones, corrales, huertos…que rodeaban las ermitas e iglesias. Por supuesto, cuando se trata de un bienhechor, sí tenía derecho de enterramiento, se hacía en el interior, en un panteón al efecto, en el suelo de alguna capilla o a los pies de algún altar. Pero en general, los habitantes se enterraban en sus respectivas collaciones, pues cada ermita o iglesia abarcaba un barrio más o menos delimitado.
Alcalá de los Gazules tuvo como primitivo lugar de enterramiento el corral anexo a la Parroquia, próximo a San Ildefonso y San Vicente. Posteriormente el pueblo fue saliendo de las murallas, levantándose nuevas ermitas en cuyas proximidades era frecuente la inhumación de cadáveres. Las Ordenanzas del Marqués de Tarifa reglamentan estos enterramientos.
Tal situación se mantuvo hasta que Carlos III, por Real Cédula del 3 de Abril de 1787, prohibía los enterramientos en las iglesias. La decisión se enmarcaba en el conjunto de medidas del Despotismo Ilustrado por mejorar la salubridad de los recintos.
Por estas fechas el lugar principal de enterramientos era el huerto de la ermita de San Antón Abad (La Victoria Vieja). Sin embargo, la epidemia de 1800, la invasión francesa, el deterioro progresivo del lugar, hicieron necesario buscar un nuevo emplazamiento para Camposanto. El lugar fue la proximidad de la Iglesia de San Vicente, en la solana del Cerro de la Coracha, sobre la que no era previsible asentamiento de población. Lugar aislado, aireado y a espaldas del pueblo. Así en torno a 1820 comienza la construcción del cementerio que se denominó de San Vicente. Posteriormente, se fue ampliando con sucesivas cuarteladas laterales y centrales hasta que fue necesario ensancharlo a mediados del siglo XX, construyéndose el “patio nuevo”.
En dicho patio se levantó entonces una Capilla que recibió el nombre de Capilla del Cementerio de San Vicente. Según manifestó el Padre Barberá en varias ocasiones, la capilla además de lugar de culto, debería servir de panteón para los sacerdotes locales, incluso él manifestó su deseo de ser enterrado allí. La capilla sobre cuya fachada exterior hay colocado un azulejo de la Virgen de los Santos, contaba con un altar con una pintura sobre las Ánimas Benditas, y dos esculturas, una del Corazón de Jesús y la otra de San José, patrón de la buena muerte. Hoy está en desuso.



LA ERMITA DE SAN JOSÉ


La construcción de esta ermita debió estar vinculada al desarrollo del pueblo a lo largo del siglo XVII que es cuando comienza a desbordarse por los caminos naturales que conducían a las distintas puertas de la ciudad.
En este caso, la iglesia estaba situada frente a la Puerta Principal de la Villa (Antigua Puerta de la Villa), seguramente donde existía una cruz sobre pedestal que presidía todos los recintos cristianos. Se transforma por tanto la Cruz en Ermita creándose un recinto cerrado para el culto.
Su situación se correspondería con la parte superior de la calle Cádiz, en su confluencia con San Juan de Ribera y San José, y sus posibles restos están incluidos en las construcciones posteriores, no quedando hoy ninguna huelle exterior.
Parece ser que hasta el siglo IX el culto a San José fue privado y sólo se generalizó en el siglo XV, siendo el Papa Gregorio XV, en el año 1621 quien consagró la festividad del 19 de marzo. Más tarde, en 1870, el Papa Pío XI lo declaró patrón de la Iglesia Universal.
La Iglesia tuvo su momento de mayor esplendor en el siglo XVIII. En 1790 un Visitador manda que se traslade la Enseñanza de la Doctrina desde San Vicente, que estaba en malas condiciones, a la iglesia de San Jorge. En los inicios del siglo XIX se comenzó a labrar su ruina. En las Actas Capitulares de 1815 se indicaba que “la plazuela en que está la ermita y su huerto y el camino han quedado inutilizados, siendo necesaria su reparación”. Sin embargo, la iglesia debería estar ya bastante mal porque en el libro de visita de 1817 ya no se hace alusión a ella.
A lo largo del siglo XX hemos podido constatar numerosas imágenes dedicadas a San José en Alcalá de los Gazules (Santa Clara, Parroquia, San Francisco de Paula, Santuario, Capilla del Cementerio y Beaterio) sin que podamos precisar si alguna es la titular de la Ermita de San José.

SAN ANTONIO

Lo que hoy conocemos como barrio de San Antonio fue asiento desde al menos el siglo XVI de una de las numerosas ermitas que a comienzo de la Edad Moderna existían en Alcalá de los Gazules, que en su origen se denominó de Nuestra Señora de la Consolación. En ella a partir del año 1550 se instalaron los Padres Mínimos de San Francisco de Paula.
Sobre el pequeño recinto realizaron diversas construcciones para adaptarlo a sus necesidades, uniendo a la primitiva iglesia de la Consolación, un pequeño y sencillo convento. Sus frailes se autodenominaban “Mínimos”, es decir, tan poquita cosa que no habrá nada que lo fuera menos. Por ello se presentaban sencillos, austeros y serviciales, condiciones todas ellas suficientes para robar los corazones. En Alcalá de los Gazules no fueron pocos los que quedaron prendados con su ejemplo cristiano. Uno de ellos fue el Beneficiado de la Parroquia de San Jorge, don Alonso Cárdeno, quien en 1585 estableció con estos religiosos de San Francisco, el acuerdo fundacional del nuevo convento. Posteriormente se establecerían en la actual Alameda de la Cruz. El traslado lo hicieron los Mínimos unos 100 años después, alrededor de 1682. Con ellos se llevaron la Imagen Titular de la Iglesia, Nuestra Señora de la Consolación que contaba en esta fecha con Hermandad propia.
Tras la marcha de los Mínimos, le ermita pasó a denominarse de San Antonio, aunque algunos la recordaban como la Victoria Vieja. A partir de entonces se honró como santo titular a San Antonio. Dice la tradición que en cualquier hogar, por humilde que sea, donde se cuide un animal, nunca faltará un pedazo de pan si se invoca la ayuda de San Antonio Abad (251-356). Ello se debe al cariño y protección que mostró siempre a los animales. La imagen del santo que titulaba la iglesia se encuentra actualmente en una hornacina de la capilla del Sagrario de la Parroquia de San Jorge. Es de buena factura, estofado y policromado, fechado al menos en el siglo XVII y acompañada, como corresponde, de su cerdito negro.
Durante todo el siglo XVIII mantuvo sus cultos, predicación y catequesis, aunque bien es verdad que el resto del recinto se empleó para diversos usos, conservando los frailes victorios los derechos sobre la antigua casa, que en enero de 1716, por ejemplo, era cuartel, pagándose su arrendamiento al Padre Corrector. Sin embargo, su uso principal fue el servir de cementerio, no solo el recinto de la iglesia, sino su huerto y campo anejo. Con la llegada de los franceses el edificio sufriría un deterioro bastante grande, haciéndose progresiva y definitiva su ruina hasta el punto que en 1817 no se cita la iglesia, sólo el cementerio ruinoso que se trataba de cerrar para levantar uno nuevo donde hoy, a partir de 1821, queda como recuerdo el barrio que lleva su nombre.

SANTO DOMINGO
CONVENTO DE LAS SAGRADAS LLAGAS Y SANTO DOMINGO

El origen inicial del convento se basa en la Bula de Fundación de 26 de julio de 1498 obtenida por el V Adelantado Mayor de Andalucía y Señor de Alcalá, don Francisco Enriquez de Ribera. Sin embargo, no es hasta el 22 de septiembre de 1511 cuando se firma un convenio entre el heredero de don Francisco, Fadrique Enriquez de Ribera, I Marqués de Tarifa, con la comunidad de Santo Domingo, para la fundación de un convento en Alcalá de los Gazules. El autor del proyecto y director de las obras fue Fray Alberto Aguayo, quien traduce aquí en 1516 la Filosofía de Boecio. El convento con su cerca ocupaba una superficie de 896 varas y con otros anejos 18948 pies en total.
En los primeros años del siglo XVII se convierte en “Studia Generalia” o casa noviciado para la formación de futuros frailes. Fue también centro de estudios superiores (en el que se cursaba gramática, latín y moral) sirviendo para que muchos seglares de la comarca aprovecharan la oportunidad de aprender y acceder a la cultura. Aquí es donde aprende las primeras letras el joven Juan de Ribera, que años más tarde sería Beneficiado de la Parroquia y Arzobispo de Valencia y que acabaría subiendo a los altares.
Consta también que fue lugar de castigo. Aquí estuvo preso hasta su muerte en 1868 Fray Domingo de Valtanás, condenado por la Inquisición; fue cárcel para los dragones franceses apresados por los alcalaínos durante la guerra de la Independencia, y en 1819 sería el Coronel Quiroga quien estuvo preso por su participación en la conspiración del Palmar del Puerto. Aquí se reunió Quiroga con Vallesa, Alcalá-Galiano y Mendizábal, con los que preparó el Levantamiento de Riego, que dio origen al Trienio Liberal (1820-1823).
La Desamortización de Mendizábal en 1836 acabó con la vida del Convento. Prácticamente todo es vendido a particulares, salvo la iglesia, que pasó a manos de la iglesia diocesana, que ocasionalmente la abre al culto hasta aproximadamente 1925, en que dejaron de celebrarse actos litúrgicos, y el templo comienza a utilizarse para catequesis. En 1933 hubo conversaciones entre el Ayuntamiento y el Obispado para montar en el edificio un grupo escolar, que no cuajó. En los años de la posguerra se inicia el desmantelamiento del templo, y sus altares e imágenes se dispersan. A partir de entonces el edificio se utiliza como silo por el Servicio Nacional del Trigo hasta que en 1978 se vende a un particular, pasando definitivamente a manos del Ayuntamiento de Alcalá de los Gazules, que ha iniciado el proceso de restauración, declarándolo Bien de Interés Cultural y proyectándose para su futuro la adaptación para centro de cultura, fin que junto con el religioso compartió siempre.
El convento debió contar con iglesia, claustro, instalaciones generales, celda para los monjes, cementerio, huerto…hoy sólo se conserva parte de la iglesia.




LA VERA CRUZ

Situada en la actual Alameda de la Cruz, ocupó el vértice de una encrucijada de caminos que descendiendo desde la Antigua Puerta de la Villa se bifurcaba hacia el Prado y los Pozos.
La fecha de su construcción debe remontarse al menos al último tercio del siglo XVI, pues a comienzo del siglo XVII se tiene constancia fechada de la imagen de la Soledad, y la iglesia ya existía funcionando plenamente.
El título inicial era de la Vera Cruz y con la incorporación de la Virgen de la Soledad se amplió con carácter popular transformándose en Ermita de la Vera Cruz y Nuestra Señra de la Soledad.
Era planta de salón, amplia, bien ventilada y cerrada con cubierta a dos aguas, tenía 228 metros cuadrados.
A partir del siglo XIX la iglesia, igual que la mayoría de los establecimientos eclesiásticos se vieron afectados por las diversas medidas anticlericales de los invasores franceses, el trienio liberal y la Desamortización. La marcha de los Mínimos del Convento de San Francisco de Paula debió contribuir al abandono progresivo de la Ermita, que debió de venir arrastrando ya una situación difícil pues en el inventario de 1835 no aparece la Vera Cruz. Además para colmo en 1889 se produjo un incendio en la Iglesia que afectó a la Virgen de la Soledad, a San Juan y La Verónica, que hayamos podido saber. Seguramente el edificio se vio gravemente dañado pues en el Elenco de 1919 aparece ya como capilla cerrado al culto.
En ella se localizaba la Cofradía de la Vera Cruz, la más antigua de Alcalá. La Cruz, de mediado tamaño, era llevada en las manos por un sacerdote en su salida procesional, que se producía en la anochecida del Jueves al Viernes Santo. Este Cristo gozaba de una veneración especial en el pueblo y su culto antecedía a la venida de la Virgen de los Santos a Alcalá de los Gazules.

SAN SEBASTIÁN

“Del hambre, la peste y la guerra, líbranos, Señor” era la oración más frecuente en los labios de nuestros antepasados medievales y de la Edad Moderna.
En lo tocante a las epidemias, el Santo invocado es San Sebastián. Por ello era frecuente que en las afueras de las murallas de las ciudades y pueblos, y en lugares altos y aireados, se establecieran lazaretos donde eran destinadas las personas afectadas por algunas de las múltiples enfermedades infecto-contagiosas imposibles de controlar en aquellas épocas, salvo con el aislamiento de los afectados.
En Alcalá de los Gazules, el lugar tiene un cerro situado hacia el este de la localidad, en el camino de Los Pozos y conocido hoy como barrio de San Sebastián. Allí, bajo la protección del Santo, se levantó una ermita, ya desaparecida, que sirvió de auxilio y consuelo a los alcalaínos.
Actualmente se conserva en el Altar Mayor de la Parroquia de San Jorge una imagen de San Sebastián, desnudo, atado a una columna y atravesado el cuerpo con las flechas, símbolos de su martirio.
Posiblemente, como señores primero y duques después, los Riberas intervendrían en su construcción, máxime cuando algún miembro de la familia tuvo especial devoción al santo, como el I Duque de Alcalá, Preafán de Ribera, que trajo desde Italia (fue Virrey de Nápoles) una tabla pintada con la imagen de San Sebastián, según se recoge del Libro primero de mandato de Visitas, con fecha 26 de marzo de 1588. Esta tabla, situada en el Altar de la Merced de la Parroquia, es de gran valor artístico y representa la primera imagen en la que aparece la flecha como símbolo del martirio, aunque vestido con traje militar a la moda bizantina. A partir del cuatrocento el santo aparecerá desnudo y asaeteado, como este de la Parroquia, este cuadro parece ser el punto de unión entre las representaciones más antiguas vestidas y con la corona como símbolo del martirio y las posteriores, desnudas y asaeteadas.

LA BASÍLICA VISIGODA DEL CARACOL (LOS SANTOS NUEVOS)

El año 1800 vio desarrollarse en Alcalá de los Gazules una de esas graves epidemias que diezmaban la población y hacían a muchos de sus habitantes buscar la inmunidad en el campo. En este ambiente de temor, cualquier novedad representaba una esperanza.
En los primeros días de Octubre de 1800 un labrador llamado “Tío Zarco”, encontró una piedra con unos signos que no pudo entender en el “Cerro de la caballería del Caracol”. El 13 de octubre el padre dominico Fray José de Ayala observó los signos que estaban visibles y organizó al día siguiente una excavación que dejaron a la luz un pedestal cuya inscripción es:
+ IN NOMINE DNI HIC
SUNT RECONDITE RELIQUE
SCOR SERVAND GERMANI
SATVRNINI IUSTE TUFINE
MARTIR ET IOANI BABTISTE
SUB D NNA. IYNLAS
ANNO XXXIII DOMNI
PIMENI PONFITICIS
ERA JCC
AERA 700
P.C. 662

En el nombre del Señor aquí están depositadas las reliquias de los Santos Servando, Germán, Saturnino, Justa, Rufina Mártires y Juan Bautista en el día noveno de las calendas de junio del año XXXIII del señor pimenio como pontífice en el año DCC de la Era.
Se trata del epígrafe más reciente entre los encontrados de este obispo Pimenio que ocupó la sede de Medina Sidonia en la segunda mitad del siglo VII de nuestra era, y que es bien conocido por dedicaciones similares realizadas en Salpensa (Cortijo de Facialcázar, cerca de Utrera), Medina Sidonia y Vejer (ermita de San Ambrosio). Parece que su actividad fundacional consistió en muchos casos en la colocación de reliquias de santos en edificios ya existentes, dejando grabada la inscripción en cualquier pieza romana en desuso; así ocurre en Medina y Vejer, y parece que es el mismo caso que de Alcalá, aunque aquí las descripciones del edificio y las tumbras parecen indicar un edificio levantado en esas fechas.
El fraile envió avisos a las autoridades civiles y eclesiásticas que se presentaron a los pocos días acompañados por el arquitecto don Pedro Albisu que andaba por allí en otros encargos. Éste reconoció la importancia y antigüedad del pedestal de los que trasladó los informes oportunos, y se dedicó a iniciar a sus expensas la excavación completa de las mismas.
La inscripción que recoge el pedestal y los personajes que movieron el proyecto, hace pensar, no con mucha fantasía, que las excavaciones se llevaron a efecto, no con la intención de dar a conocer un retazo de nuestra historia, sino con la pretensión religiosa, no por ello menos valedera, de descubrir las sepulturas de los santos patronos de Cádiz. Ello condujo a la paralización de la obra, cuando se comprobó que de ser así, cosa que no del todo probable, estarían allí sepultados también todos los demás santos que recoge la inscripción. A pesar de todo, el esfuerzo sirvió para darnos a conocer la basílica y la existencia de un cementerio romano-visigodo, de cuya memoria algo queda y mucho por descubrir.
La basílica de Alcalá de los Gazules fue consagrada, según reza la inscripción, en el año 662 por el obispo Pimenio. De la iglesia se conservan dos planos. Uno figura en la sección de planos del Archivo Histórico Nacional, realizado por Albisu y el otro fue realizado por el Semanario Pintoresco Español en un artículo sobre la citada iglesia; datos recogidos por Helmut Shlunk artículo “La Basílica de Alcalá de los Gazules”, de la que trascribo los datos arquitectónicos siguientes:
Se trata de una diminuta basílica de tres naves. Una central de 2,20 metros y dos laterales de 1,10 metros. La longitud de las naves es de 6,30 metros. La anchura total es en el interior de 5,50 metros, de modo que corresponden 1,10 cimientos de los paredones, que están insertados en la nave central y laterales para servir de basamento a las columnas o pilares de éstas.
La absoluta igualdad de las medidas de las naves laterales –cuya anchura corresponde exactamente a la mitad de la nave central- hacen probable que se trate de una construcción independiente sobre la que se han adosado las construcciones, que terminan en un ábside llano y los recintos que constituyen ampliaciones posteriores.
La basílica era empleada como sepulcro. Tenemos, pues, una diminuta iglesia de tres naves que casi corresponden a un cuadrado (5,50 x 6,30), un ábside relativamente grande (2,20 x 2,30). Llama la atención lo extraordinariamente estrecho de la entrada del ábside que sólo tiene 50 centímetros de anchura. Nada sabemos acerca de la construcción de la basílica, aunque sería lícito suponer que algunos soportes –columnas o pilares-, separaban la nave central de las laterales. Probablemente habría que suponer dos de tales soportes en cada lado.
La excavación de Albisu dio comienzo en el lugar en el que anteriormente apareció el altar con su inscripción, fechada el 5 de junio del 662 y el lugar del hallazgo autoriza a suponer que pertenece a la basílica, con lo que adquiere así una fecha fija. Con ello aumenta considerablemente la importancia de la modesta planta.
El anejo lateral –que probablemente podemos situar en fecha posterior, es decir, después del año 662-, acaso pueda considerarse como segunda pequeña basílica, que fue construida junto a la primera.
El ábside –no nos dice el plano en qué anchura se abre hacia la nave- termina por dentro y por fuera en un segmento de arco, de lo cual no se han encontrado precedentes o paralelos en la arquitectura visigoda.
En todo caso, puede decirse que estas dos partes sirvieron de sepultura en la segunda mitad del siglo VII. Aunque nada se haya conservado de los objetos encontrados en las excavaciones, el arquitecto menciona una serie de redomas de barro, restos de hierro, y, en un caso, una pequeña cruz que fueron colocados como ofrendas funerarias.
Las medidas de nuestra basílica son extraordinariamente reducidas, probablemente las más pequeñas de todas las iglesias visigodas hasta ahora conocidas. El hecho de que fuera empleado un cipo romano como altar, permite deducir que tampoco fue muy rico el resto de la decoración, y que para ésta se empleó, posiblemente, material ya utilizado.
Los restos humanos aparecidos en las fosas que parecen inmediatas a la cabecera de la iglesia, llamaron poderosamente la atención a sus descubridores por su aparente relación con la nómina de mártires contenida en el pedestal. La del lado del evangelio contenía dos cadáveres de adultos, la central dos de pequeño tamaño, que entonces se interpretaron como de mujeres, por tener los dientes gastados, y la del lado de la epístola los restos incompletos de un adulto de gran tamaño. Junto a los cadáveres había algunas piezas de cerámica y una copa de vidrio conteniendo una extraña sustancia que se interpretó como sangre de los mártires. Todo esto se guarda en el relicario de la parroquia y puede identificarse con facilidad. Faltan otros restos como los de la tumba número 12 donde se halló una cruz pectoral que hizo pensar que se tratase de la tumba del propio obispo Pimenio, y los de las tumbas siguientes que fueron excavadas por Albisu tras el abandono de la corporación municipal, así como una extraña pieza de la que dice Albisu: “Un suntuoso pedestal que indicaba el triunfo de algún pueblo”, y de la que se han perdido las pistas.
Para los excavadores estaba claro que en la primera tumba estaban los huesos de San Servando y San Germán, en la segunda los de Santa Justa y Santa Rufina y en la tercera los de San Saturnino, por parecer demasiado arriesgado pensar que hubiera llegado aquí el cadáver completo de San Juan Bautista. Para cualquier religioso o conocedor de las tradiciones cristianas, esta teoría resultaba difícil de admitir, puesto que el lugar normal de las reliquias habría sido la pequeña cavidad de la parte superior del pedestal, y difícilmente habría conseguido Pimenio arrebatar a la sede sevillana los cadáveres completos de mártires tan señalados. Pero hay un argumento que resultó decisivo para la opinión de muchos, aunque se olvidara bien pronto, y es que uno de los cráneos encontrados en la primera tumba presenta claramente las señales de haber sido decapitado. Los estudios antropológicos realizados recientemente permiten identificar a un hombre de unos sesenta o más años, que ya había sufrido una fuerte contusión en el cráneo, de la que había sanado, y que fue objeto de dos profundos cortes sucesivos en el cráneo producidos por un instrumento de ancho filo, quizás un hacha, que podrían corresponder a una decapitación.
La interpretación de 1800 tenía por tanto una base aceptable, sobre todo si se piensa que el hombre se había enterrado en el lugar preferente de la iglesia, ocupando posiblemente el primer enterramiento posterior a la fundación. Los datos antropológicos coinciden bien con lo que conocemos de la vida de San Servando y San Germán, dos santos varones emeritenses, perseguidos y torturados en su juventud, que fueron decapitados, siendo ya adultos, en el traslado desde Mérida hacia la Tingitania, es decir, el Norte de África. Independientemente de la autenticidad de las reliquias hay que pensar que la decapitación de los santos debió realizarse más bien en el camino de Sevilla al puerto de Barbate, donde se encuentran las inscripciones con sus reliquias, que cerca de Cádiz, ya que este puerto había perdido mucha de su importancia en la baja romanizad. Que el obispo Pimenio hubiera logrado trasladar al lugar del martirio los restos de San Servando, que en tiempos de San Isidoro se conservaban en Sevilla, es hasta cierto punto aceptable, y esto equivaldría a localizar en los Santos Nuevos el “pago ursiniano” que sin mayor base se ha situado desde el siglo XVII en el Cerro de los Mártires, de San Fernando.
Aunque difícilmente se podrán comprobar estas teorías, parece conveniente reinvidicar lo razonable de las conclusiones de Albisu, especialmente porque el cráneo conservado en Alcalá puede ser actualmente la reliquia de un mártir cristiano más segura que se conserve en todas las iglesias de España. Corresponda o no a San Servando, se trata de un personaje muerto con violencia y al que se reservó el lugar preferente en una iglesia edificada a los pocos siglos del fallecimiento de estos mártires, cuando la tradición ininterrumpida de los cristianos de entonces aún podía señalar con exactitud tanto los auténticos restos como el lugar exacto del martirio.

LA IGLESIA VISIGODA DEL CORTIJO DE LA HIGUERA

Huebner en su obra Inscripciones Hispaniae Chistianiae, cita la iglesia cristiana más antigua localizada en Alcalá de los Gazules hasta este momento.
Se trata de una ermita visigoda, situada en el Cortijo de La Higuera, consagrada por el obispo Pimenio hacia el 657 p.C. Según reza la inscripción encontrada:

RELIQUIAE SCORUM
JOANNI BABTISTE
EULALIE JUSTE RUFINA
ET FELICI.
MARTIRIUM. DEDICATA EST HEC
BASILICA-A PIMENI AUTISTITE
SUB D VIII KAL DAS JUNIAS
ERA DCLXXXXV

Reliquias de los santos Juan el Bautista, Eulalia, Justa, Rufina y Felix. Mártires. Dedicada esta iglesia por el obispo Pimenio en día octavo de las Kalendas de junio, era 695.
Esta basílica se encontraba situada a unos cuantos kilómeteros al este de los Santos Nuevos, donde en 1800 se descubrió la segunda iglesia visigoda de Alcalá.






Jaime Guerra Martínez
Apuntes Históricos y de Nuestro Patrimonio
Alcalá de los Gazules, año 2001

El tiempo que hará...