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lunes, 23 de agosto de 2010

EVOCACIONES ALCALAÍNAS



49.- La noche de la Sagrada Familia


La autovía de Jerez-Los Barrios es un remanso de paz esta noche sabatina de agosto. Los automovilistas se apresuran a llegar a la cita antes de las once. Es una noche típicamente alcalaína: noche de levante, un manto plúmbeo sobre la ciudad y temperaturas sofocantes. Hay luceros en el cielo y luces titilantes por todas partes. Son los molinos del dios Eolo que despliegan sus brazos para producir energía.

Dejamos el coche en San Antonio, para quitar los obstáculos que impidan disfrutar de los recovecos de sus calles, discretamente alumbradas, e iniciamos la escalada por la cuesta de la calle Diego Centeno. La luna está llena e inunda de plata las calles de siempre: Las Brozas, Cádiz, Ildefonso Romero, Alonso el Sabio, San Vicente, Plaza de San Jorge y Callejón de las Monjas. Por cualquier rincón se asoma un trozo de muralla para recordarnos la hidalguía de nuestro pueblo. Al entrar en el Colegio, una lápida que dice: “A la memoria de Dña.María Gutiérrez de la Jara, D. Pedro Mariscal Recio y D. Manuel Barberá Saborido y demás personas y protectores que hicieron posible la creación de este centro. Alcalá, 1953-1990”

Desde finales de agosto de 1988, allá en las alturas del convento de las Clarisas Concepcionistas de Alcalá, donde actualmente se acoge el Centro de Formación y Estudio de la Sagrada Familia (SA-FA), se reúnen los antiguos alumnos para evocar los mejores años de su vida. El de éste fue el pasado sábado, día 21 de agosto de 2010. Acudieron 120 personas, antiguos alumnos y amigos de todos los puntos de España: Puerto Real, Martos, Alcalá, Cádiz, Vaciamadrid, Jaén, Los Barrios, Marbella, Algeciras, Madrid, Fuengirola, Conil de la Frontera, Chiclana de la Frontera, Huelva, Chipiona, San Fernando, Móstoles, El Puerto de Santa María, Ceuta, Mijas-Costa y Sevilla.

Es todo un rito: quitar los lastres que nos ha dejado la vida, dar la cara, pasar al claustro del antiguo convento, saludar a los compañeros y amigos, traer el pasado al presente, evocar las aventuras estudiantiles de la infancia, adolescencia y juventud, y comentar con humildad los logros que hemos conseguido. El acto cumbre es la comida con la gran familia, hablar y contar las alegrías y las preocupaciones a los que sabemos que siempre nos oirán. Andrés, el anfitrión, es incansable. Cada año envía cartas y correos a todos para recordar la cita. Es la tradición histórica de unas vidas y de un pueblo, donde se hace la llamada para que todo continúe vivo.

Lo primero que se echa de menos es la antigua capilla y el retablo churrigueresco del altar mayor. Mi padre me llevaba algunos domingos a la “misa de alba” de las monjas, a eso de las seis de la mañana. Me pasaba casi toda la celebración mirando las imágenes: la Purísima Concepción que presidía el retablo y, a sus lados, San Francisco y Santa Clara. En el lateral del Evangelio, otro retablo dedicado a San José; y en el de la Epístola, el dedicado a San Antonio de Padua. Al irse las monjas, la capilla se derrumbó de nostalgia, pero se transformó en un formidable local de usos múltiples para que los alumnos y alumnas de SAFA pudieran crecer físicamente, en sabiduría y en valores humanos.

El campanario de la desaparecida capilla queda incólume, mostrando sus cuatro cantones con firmeza. De él han quedado prendidos los sonidos a golpe de los badajos sobre los bronces. Por los arcos del claustro alto, permanecen engarzados infinidad de plegarias, de cánticos, de sublimes anhelos de aquellas vírgenes entregadas a la vida contemplativa. Por los del claustro bajo, se renuevan cada mañana las risas y las ilusiones de los jóvenes y las jóvenes que se preparan para salir a la palestra de la vida. Ya hay varias generaciones formadas en Alcalá trabajando por muchos puntos de España.

Sentados alrededor del claustro, oímos al presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos, nuestro entrañable Andrés Moreno Camacho, adelantar la memoria del encuentro del 2010, recordar la presencia de los congregados, entregar los trofeos de fútbol, rifar dos entradas para el concierto de Alejandro Sanz y ceder el pódium al Dúo Azahar, para que inundara de música el claustro. La luna se ha plantado sobre el campanario para presenciar la alegre convivencia y los bailes de los más decididos. De vez en cuando se oculta detrás de la torre, pero vuelve a asomarse de nuevo.

Eran las cuatro de la mañana cuando bajábamos los desniveles de las deslizantes cuestas. Alcalá dormía, pero en San Antonio pululaban jóvenes que se resistían a retirarse. Por el cielo de la autovía, las luces de los molinos eólicos se confundían con una legión de luceros que brillaban en el cielo de Alcalá. El alma se sentía henchida de amistad, de afecto, de evocaciones de la niñez. Andrés, no te canses. Continúa convocando a esos hombres y mujeres que aún siguen creyendo en los valores humanos y cristianos.



JUAN LEIVA

El tiempo que hará...