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sábado, 28 de mayo de 2011

EVOCACIONES ALCALAÍNAS II PARTE

1º.- El Barrio Sánchez Flores

El Barrio Sánchez Flores transcurre desde el Paseo de la Playa hasta la calle Maura y la de Alfonso el Onceno. Es un carril que asciende por los desniveles de la orografía alcalaína camino de la plaza Alta. Por esa zona, varias calles de Alcalá llevan el rótulo del apellido Sánchez. Eso no es de extrañar, porque fue un apellido clásico castellano que llegó a Alcalá con los caballeros de la conquista de Alfonso X el Sabio. Sánchez eran los “hijos e hijas de Sáncho”, como Fernández eran los “hijos e hijas de Fernando”, y Rodríguez, los de Rodrigo; es decir, los llamados nombres patronímicos, impuestos por la costumbre jurídica romana y que ha permanecido hasta hoy. Por cierto, que una ley esnobista, recién implantada, trata de suplantarla.

Tres calles llevan este primer apellido: Sánchez Agüayo, Sánchez Díaz y Sánchez de la Linde. Según Miguel Blanco Martos, una ascendiente de los Flores era abuela paterna suya. Sus antepasados eran de Cuevas de Almanzora (Almería). Miguel ha tenido la gentileza de aportarnos los datos sobre el origen del Barrio Sánchez Flores. Es un típico barrio de Alcalá, que transcurre desde el Paseo de la Playa hasta la calle Maura y calle de Alfonso el Onceno. El que da nombre a la calle es don Miguel Sánchez Flores, que reformó las casas viejas del carril y construyó nuevas viviendas en la zona.

Pues bien, siguiendo con la historia de la calle, en Cuevas de Almanzora vivían dos hermanos varones –Miguel y Francisco- de profesión canteros. Francisco se trasladó a Ubrique (Cádiz), mientras que Miguel se quedó en Cuevas de Almanzora. Por poco tiempo, porque Miguel es llamado a filas para realizar la milicia en Cuba durante ocho años. Antes de embarcarse, va a Ubrique a despedirse de su familia. Allí conoce a su prima hermana Isabel Flores Carretero, quince años más joven que él. Está varios días con su familia pero, al despedirse, dice a su tío: “Guárdame a mi prima porque, cuando regrese, me caso con ella.”

Después de ocho años de servicio militar en Cuba, vuelve a Almanzora y, a los pocos días, va a Ubrique y se casa con su prima Isabel. Ingresa en el cuartel de la Guardia Civil y es destinado a Algar (Cádiz). Después de algún tiempo, es trasladado al cuartel de la calle San Pedro de Alcalá de los Gazules. El matrimonio tuvo cinco hijas: Francisca, madre de los Valadés; María, madre de Josefa Vergara, mujer de Pepe Andrade, que con su hermano Juan, montaron la destilería de aguardiente de la calle “Enmedio”; Isabel, madre de Miguel Blanco Sánchez-Flores; Josefa, mujer de Curro Llaves, y Adela, que quedó soltera. Popularmente, le decían “Las Cinco Flores”.

Cuentan que Miguel Sánchez Flores se compró una casa en la calle San Pedro. Haciendo unas reformas, encontró un tesoro, aunque no se supo su cuantía ni si fue verdad el hallazgo. Lo cierto es que compró una viña en una barranca-muladar y una casita pequeña. En la barranca-muladar comenzó a hacer unas obras de cimentación para, posteriormente, con un maestro albañil, construir unas manzanas de casas. Comenzó la obra por la parte más alta, donde está la parte del aljibe, un patio más abajo del Patio Campanas.

Esa primera construcción fue destinada a cuartel de Carabineros. Siguió construyendo una fila de casas en dirección al callejón “Chamorro”, que da a la calle Real. La segunda manzana la construyó a continuación de la Plaza de Toros, pasando por el patio de los Valdivias, hoy propiedad de los Pizarro, y llegando hasta la esquina de la Fonda la Española. La tercera manzana cogía desde el bar “La Playa” hasta la tienda de Alfonso “El de la Colmena”, hoy oficina de “Bebidas” de Emilio Blanco.

Del resto de la propiedad, donó a Obras Públicas una franja de terrenos para la construcción de la carretera Cádiz-Ubrique. Pasó a llamarse “Paseo de Mochales” y, posteriormente, “Paseo de José Antonio”. En la actualidad es el “Paseo de la Playa”. El resto de la viña comprendía desde la esquina del “Cine Avenida” –hoy bazar de chinos- hasta el Sindicato –hoy Cafetería siglo XXI-, donde estaba un gran hoyo y, en él, la casita de la Viña.

La propiedad de la Viña era del padre de Miguel Blanco, a su vez nieto de Miguel Sánchez Flores, al que no llegó a conocer. Desconocía tal propiedad, pero un día, curioseando viejos documentos, se encontró con la sorpresa de la propiedad de la Viña, Llevó los documentos a la Notaría, pero le comunicaron que hacía año y medio que había prescrito, porque habían pasado cincuenta años sin que nadie lo reclamara.

El matrimonio Sánchez-Flores vivió desahogadamente, pues después del supuesto tesoro, se dedicó a la construcción con unas rentas considerables. Además, su mujer se dedicó a la compra y venta de oro y resultó ser muy inteligente para los negocios de economía. Miguel falleció en 1906, y su esposa Isabel en 1925. Su padre, que era nieto de Miguel, tenía trece años de edad.

El diario de la época, “El Programa”, con el titular “El hombre que dio ejemplo”, le dedicó una página elogiando a Miguel Sánchez Flores por su colaboración al progreso, por la iniciativa del barrio y por ser el tributario más importante de la ciudad. El diario resaltaba su pertenencia al benemérito cuerpo de la Guardia Civil, en cuyo instituto sirvió el tiempo reglamentario y mostró su honradez, actividad y disciplina. Relataba con entusiasmo el patrimonio que don Miguel Sánchez Flores había dejado a su pueblo, desterrando los grandes muladares que rodeaban a la población y las consiguientes enfermedades contagiosas.

Al tomar su licencia, se estableció en Alcalá y pudo, con su trabajo, acrecentar su pequeño capital hasta el punto de concebir la idea de edificar casas baratas para los más desprotegidos. Asimismo, proporcionó viviendas y habitaciones confortables a la clase obrera, ensanchando la población y quitando las casuchas poco ventiladas y peor acondicionadas, aportando con su contribución grandes beneficios a la ciudad.

(El artículo del periódico está firmado por Manuel Espinosa, en Alcalá de los Gazules, el 7 de enero de 1906, correspondiendo al nº 378.)

JUAN LEIVA

El tiempo que hará...