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lunes, 4 de julio de 2011

EVOCACIONES ALCALAÍNAS


II.3.- “OSORIO, UN CALLEJÓN ENTRAÑABLE”

Para nosotros, los que nacimos y vivimos en el callejón Osorio, era un rincón entrañable. Su configuración no tenía nada especial, cada vecino había resuelto su fachada de la manera más sencilla y bella. No hace mucho tiempo, fuimos a evocar recuerdos Francisco Almagro, Andrés Moreno y yo. El callejón ha experimentado una transformación total. Nadie sabe el origen del nombre, pero puede que se deba a un vecino o a una persona, que mereció ostentar el rótulo del callejón por su quehacer a favor del pueblo. No hemos conseguido dar con ese personaje anónimo, para que nos confirme esta aventurada hipótesis. No obstante, entre la antigua nobleza alcalaína de los duques de Tarifa, aparece doña Urraca Osorio de Lara, señora de Sanlúcar de Barrameda por su matrimonio con Alonso I Pérez de Guzmán, hijo de Guzmán el Bueno. Doña Urraca fue objeto de las iras de Pedro I el Cruel, que la mandó quemar viva en Sevilla en 1368, aunque fue dama de excelentes cualidades humanas y virtudes cristianas.

Cuentan “Las Leyendas de Sevilla” que “Juan Alonso Pérez de Guzmán, hijo de “Guzmán el Bueno”, fue uno de los defensores de Enrique de Trastámara frente al rey Pedro I “el Cruel”. En 1367, se originaron unas revueltas en las que fue apresada doña Urraca Osorio de Lara, esposa del de Guzmán, siendo acusada como principal instigadora de una conspiración contra el rey. En el proceso subsiguiente fue condenada a muerte. La ejecución se llevó a cabo en la laguna de Ferias o de Cañavería, lugar donde hoy se encuentra la Alameda de Hércules en Sevilla. Cuando se dio la orden de encender la pira, cuenta la leyenda que el aire caliente de la hoguera levantó la falda de la ajusticiada ante la mirada de la chusma que presenciaba la ejecución. Quedó desnuda ante la masa popular que con diversión acogió el hecho. Sin embargo, todos quedaron mudos cuando una muchacha salió entre la multitud y se arrojó a la hoguera para tapar las vergüenzas de doña Urraca, pereciendo junto a la condenada. Esa joven era doña Leonor Dávalos, criada y protegida de doña Urraca y fiel a ella hasta la muerte. El gentío quedó mudo de asombro. Ambas fueron enterradas juntas en el Monasterio de San Isidoro del Campo (Santiponce, Sevilla).En el lugar se colocó una cruz en cuya base aparecía una tinaja”, que dio nombre a la calle, Calle Cruz de la Tinaja. (Publicado por Pepe Becerra)

El apellido Osorio, con una sola “S”, es muy común en España, aunque parece oriundo de Galicia y Portugal. En Cádiz y Jerez, hubo militares Osorio. En Algeciras abunda este apellido y fue célebre la familia de don Manuel Ossorio y Bernard, saga de famosos periodistas del siglo XIX. Parecen oriundos de Cataluña, pero existen asimismo en Cádiz, Jerez y Algeciras. Sin embargo, en Alcalá de los Gazules no existe, actualmente, ninguno de los descendientes de los Osorio.

El callejón “Osorio” se asoma al corazón de Alcalá; es decir, a la plaza de la Cruz. Inmediatamente, en su inicio a la derecha, conforme se viene de la Alameda a la calle Real, se encontraba el bar Vicente. Vicente era un hombre soltero, sencillo, serio y formal, hecho al gusto de tres mujeres, sus hermanas María Dolores, Francisca y Margarita. Vicente servía a la clientela con equidad, sin excesos pero sin descuidos. Al entrar en la calle la Amiga, se olía siempre a café y a anís, cuyos aromas salían de su Bar. Tenía una clientela fiel al café mañanero y al vespertino después de la siesta. Entre esos clientes estaba nuestro padre. Se sentaba cada tarde en verano a tomar café hasta que se hacía de noche. Aquel aroma de café con anís aún no se ha desprendido de mis fosas nasales.

Aneja al bar Vicente, una o dos puertas más arriba, estaba la tienda de Manuel Romero. Era un despacho pequeño donde se compraban alimentos de primera necesidad: pan, aceite, vino, vinagre, arroz, garbanzos, leche, azúcar, café y excelentes conservas que traían de Barbate. Pero lo mejor eran los productos de chacina de la matanza que Manuel hacía con bastante frecuencia. Cuando exponía sus productos, la calle se llenaba de aromas inefables, de chicharrones deliciosos, de tocinos en sal, de asadura adobada, de chorizo en manteca, de morcilla fresca, de morcones rojos. Manuel tenía una mano de santo para la chacina y era un hombre bueno en el mejor sentido de la palabra. Su mujer Trinidad le llamaba “Papa Dios”.

Su vivienda estaba varias puertas más arriba que la nuestra y teníamos gran amistad con ellos. Su esposa, una mujer hermosa, alegre y dicharachera, tenía palabras y alegría para todo el mundo. El matrimonio tuvo tres hijos: Manolo, Francisca y Petra. Manolo se casó con Inés, una joven que se había criado en el Beaterio, y tuvieron dos hijas y un hijo. Ambos cónyuges murieron. hace un par de años en Sevilla donde vivían. Francisca vive también en Sevilla y Petra en Los Palacios. Cuando murió Manolo e Inés, nuestro hermano Rafael, Padre Carmelita, celebró las dos exequias y nos reunimos varias familias alcalaínas.

En la esquina de la calle la Amiga con el callejón Osorio, estaba la casa de María Pizarro Sánchez. Era viuda y tenía cuatro hijos: Francisco, Rafael, Juan y José Almagro Pizarro. La casa tenía un balcón desde donde se veía la calle la Amiga, el callejón Osorio, el costado del corral y de la casa de los Leiva y parte de la Alameda. María Pizarro se sentaba a coser y a hacer cuentas en el balcón y, desde allí llamaba a sus hijos. Era una de las familias clásicas del callejón Osorio y de la calle la Amiga. Francisco Almagro y Gaspar Leiva eran muy amigos. Protagonizaron una curiosa anécdota de vecinos. Los dos iban los domingos a misa de alba a las monjas y, a continuación, se iban al Prao a poner liria para cazar pajarillos. La misa en el convento de las clarisas era muy temprano, sobre las seis de la mañana. Para no quedarse dormido, Gaspar se ataba una cuerda al pie y Francisco tiraba de la cuerda hasta que Gaspar despertaba.

En la misma acera del callejón Osorio, antes de iniciar el repecho, estaba la casa de los Muñoz. Era otra familia numerosa formada por Joaquina Muñoz Fernández y su marido, al que no conocimos porque había muerto. Después estaba una tía, Carmen Caballero Pérez. Y un hijo y cinco hijas: Juan, Joaquina, Rosa, María, Carmen y Catalina Muñoz Caballero. La casa tenía un sótano y allí fue donde los niños pasamos la célebre noche de la bomba sobre Alcalá. La familia Muñoz era otra de las familias clásicas del callejón. Cuando estudiábamos en Sevilla, nos veíamos con alguna frecuencia Bartolo Visglerio, Manolo Romero, Juan Muñoz y yo.

El callejón Osorio no tenía salida. El final de la calle estaba cerrado por la casa de los González Benítez. Nadie los reconocía por los apellidos Todo el mundo los llamaba “Los Colones”. Yo creo que el sobrenombre vino por el padre, pues todo el mundo lo llamaba “Cristóbal Colón”. Era otra familia numerosa formada por el matrimonio Cristóbal González Mejías e Isabel Benítez Macho. Sus hijos eran Francisco, Juana, Cristobalina, Antonio, Patricio, Juan de Dios, Rocío, Esperanza, Ángel y José María. Una hermana nuestra decía que al último le pusieron Patricio porque nuestro padre fue su padrino de bautismo. Por cierto que a este niño le decíamos los demás chavales “El Boyao”, porque tuvo un accidente grave y quedó marcada su cabeza para toda la vida. Nos reuníamos todos los chavales del callejón a jugar cada tarde.. No hace mucho tiempo, fui por Alcalá y estuvimos –Andrés Moreno y yo- saludando a una de las hijas de los Colones, Nina, que vive actualmente en la calle Real. Tuvimos una deliciosa charla evocadora de aquellos tiempos inefables. Casi todas aquellas familias han emigrado o han desaparecido. Pero en el callejón Osorio ha quedado un hálito de gritos y chillidos infantiles, de risas de las de Jiménez, de voces de María Pizarro, de las de Muñoz con la puerta abierta y del estruendo de una bomba mortífera de la guerra civil.

Los vecinos referidos son los que yo más frecuenté y viví cerca de ellos. Pero en la relación que Francisco Almagro ha hecho de los vecinos que tuvo el callejón Osorio y que ha tenido la gentileza de facilitármela, aparecen otras familias que han vivido en el callejón.. Entre ellas, puedo recordar a Vicenta Casas Mansilla, Antonio, Manuel y Ángel García Casas. Otras son Francisco Sánchez Madrid y Juan Durán Gago. Antonia Luna Correro. José Cuello de Oro Trujillo. Diego Sánchez González. Josefa Cabral Robles y Evaristo Maira Cabral. Y otra familia numerosa: Gabriel Piñero Hidalgo y Josefa Belmaño y José Cabrera Coca, con sus hijos José, María Josefa, Yolanda y María Cabrera Piñero. Otros vecinos fueron Eugenia Cruz Bueno, Gabriel Ramírez Cruz y Amparo Ramírez Cruz. Asimismo, Pedro Sánchez Lago y Carlos Sánchez Martínez. Y, finalmente, otra familia, la de Guillermo Castillo Orellana y Francisca Barranco Jiménez, con sus hijos María Francisca, Guillermo, Raúl y Marta Castillo Barranco.

¡Entrañable callejón Osorio, cargado de niños, de adolescentes, de jóvenes y de adultos que nunca te pueden olvidar!

JUAN LEIVA.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

La familia Gonzalez Benitez estaba formada ademas del matrimonio formado por Cristobal e Isabel por los hijos Francisco,Juana,Cristobalina,Antonio,Patricio,Juan de Dios,Rocio,Esperanza,Angel y Jose Maria (cronologicamente).
Gracias por el articulo y un saludo de un familiar.

El tiempo que hará...