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miércoles, 28 de agosto de 2013

LA OTRA ALCALÁ


Si en el centro de la Alameda se pudiera trazar una línea recta imaginaria, que ascendiera quinientos o mil metros de altura y desde un helicóptero, parado allí arriba se decidiera hacer una fotografía que abarcara todo el pueblo, desde el ”Parque” a San Antonio y desde el Prado hasta el “Lario”, podríamos contemplar lo que es todo Alcalá. Eso sería magnífico y tendríamos una idea adecuada y exacta del lugar en que vivimos. Se podría localizar nuestra casa o piso y veríamos casas, calles, plazas, tejados, torres, la Parroquia, la Victoria, el Castillo, el parque con sus árboles y jardines, el Polideportivo, la “Playa”, la Alameda, etc. Pero esta foto no estaría completa aunque recogiera en ella todos esos detalles. Todo eso nos resultaría complaciente, gozoso y plancentero. Incluso se podría ver en esa hipotética fotografía algo así como puntitos negros pequeñitos que se mueven como hormiguitas; esos seríamos, naturalmente, nosotros mismos andando por sus calles, aunque irreconocibles, dado su diminuto tamaño, absolutamente pequeño.
Eso que estamos describiendo y que lo estáis contemplando con vuestra imaginación y vuestra fantasía, sería y no sería Alcalá. ¿Algo contradictorio? No. Solamente que siendo eso que ves, tu pueblo, no es eso todo tu pueblo. Es algo más. Es como si vemos un coche de Fórmula uno, es un coche, pero no como el tuyo o el mío. El verdadero valor de ese coche está en su interior, su motor, su potencia, sus piezas, su calidad, sus materiales, etc. O también como si vemos por la calle a personajes famosos por sus grandes cualidades; un artista de cine, un escritor, un gran científico, un deportista, futbolista o torero. Si vemos a Rafael Nadal en persona veremos en él a un hombre como a todos los demás, como a otro ser cualquiera. Pero su verdadero valor no se ve, el verdadero Nadal está en su interior con su fuerza de voluntad, su esfuerzo, su constancia, su ilusión, sus ansias de triunfo … Ese es el verdadero hombre, el verdadero Nadal; su valía, su talla, está pues en su interior, es invisible, no lo notamos.
A Alcalá, la otra Alcalá, le pasa lo mismo; su verdadero valor está en sus gentes - aquellas hormiguitas…- sus personalidades, antiguas y actuales, sus inteligencias sobresalientes, sus famosillos. Todas en el interior de sus casas, invisibles a la foto del helicóptero. El turista que aquí llega y ve nuestro pueblo, lo contempla por su aspecto, sus rincones, su blancura, su atractivo, pero no puede ver la verdadera Alcalá con sus virtudes y defectos, su interior, sus gentes, su historia, su pasado, la psicología de sus moradores.
No reconocerían ni saldría en esa inmensa foto a D. Diego de Viera, ni Sainz de Andino, ni Fernando Toscano, ni Jesús Cuesta Arana, que, precisamente en estos días, está disfrutando de las mieles de su éxito, de su triunfo, de su arte, de su nombramiento como hijo predilecto de Alcalá.
La verdadera semilla que es lo que vale, está escondida bajo tierra; más tarde se verá su efecto, su resultado, se verán sus frutos; serán árboles, trigales, campos de girasoles, serán bosques. Oímos decir que “los árboles no dejan ver el bosque” siendo que esos mismos ya forman parte del ansiado bosque. En nuestro caso de Alcalá, sus casas, cerradas por el calor sus puertas, o por el frío, por el peligro que padecemos no dejan ver del todo a sus gentes, que llegan a ser algo así como las semillas que más tarde producirán artistas, científicos, deportistas, escritores, etc.
Hay pues, según creo dos Alcalá, la que se ve casi desde el Santuario o la carretera de Benalup, desde lejos, y dentro de ella misma, desde la Playa, la Alameda o la Plaza Alta. Yo diría que esas dos Alcalá se delimitan las de puertas afuera y puertas adentro, donde germina la semilla y más tarde surgirán las personalidades.
Supongo que a todos los pueblos o ciudades les ocurrirá algo parecido; pero yo debo hablar del mío y desde su interior. Pueblo físico pueblo personal. Pueblo cal y blancura y pueblo personajes e inteligencias, pueblo castillo y torres y pueblo artista, pintores, escultores, músicos, escritores y poetas. Nuestro pueblo es distinto y diferente. Pueblo en altura y personajes de altura. Tiene encanto, tiene atractivo, tiene gentes que poseen todo el abanico del quehacer y el saber humano. Debemos alegrarnos de ser así y tener lo que tenemos, y que, por eso titulo que hay otra Alcalá, la verdadera, la auténtica, en la que existen muchos estudiantes de bachillerato, en la universidad, ocupando cargos y puestos en la capital, etc.
Tú, alcalaíno y alcalaína, siendo de Alcalá eres también Alcalá. Y eso debe ser para ti motivo de orgullo, sabiendo que estando en Alcalá formas parte de “la otra Alcalá”, de la verdadera y auténtica Alcalá.
No renuncies de tu pueblo, como la rama, por su cuenta, no se desprende nunca de su árbol. Somos árbol y somos bosque, aunque la Alameda no tenga álamos.
Para mí, pues, hay una doble Alcalá y no sé a cual de las dos preferir. Creo que me quedo con la segunda.


José Arjona Atienza
Alcalá, 3 de julio de 2013


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