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lunes, 16 de septiembre de 2013

LA PRIMERA TELE DE ALCALÁ DE LOS GAZULES


En el atardecer un día cualquiera, de cualquier mes, de cualquier estación y del año 1958, probablemente nos reunimos unos cuantos en el lugar más alto del pueblo. Este no podía ser otro sino la pequeña terraza del “Convento”, o sea las escuelas de la SAFA. La finalidad de dicho encuentro consistía en hacer una prueba para intentar de conseguir si desde Alcalá se podía ver la televisión. El sitio era el más idóneo, pues no solo se dominaba todo el pueblo sino también una extensión de terreno de muchos kilómetros a la redonda ya que incluso de noche se podían divisar algunas lucecitas de Medina y Vejer de la Frontera. Para ello se necesitaban varios artilugios que se subieron hasta allí arriba y que consistían en una barra metálica, una antena adosada en lo alto, unos cables, unos aparatos eléctricos y, naturalmente, un televisor. El poste metálico iba introducido en un boquete que se colocó en el suelo. Este agujero iba en el centro de un gran disco de plomo, a modo de mollete, de un grosor considerable y de un gran peso.
Nuestra impaciencia era infinita, nuestra expectación mayúscula y nuestro interés creciente, pues la tele ya funcionaba en gran parte de España y en media Andalucía. Alcalá no quería ser menos y pretendía subirse también al tren de la modernidad y del progreso, y aquel grupo reducido de alcalaínos iba a constituirse en el promotor de aquella gran idea. Pero, quién formaba parte de aquel minúsculo grupo; pues era Diego Romero, su hermano Juanito “Narciso”, Manolo Mansilla, Jaime Cordero, Juan Coca, Martín Delgado y el que esto escribe en estos momentos.
Se conectaron los correspondientes cables eléctricos, también el cable de la antena, se giró un botón de un primitivo televisor y ¡oh milagro! la pantalla empieza a funcionar, en ella se ve algo difuso, desdibujado, de líneas imprecisas y sobre todo muchos puntitos oscilantes y movedizos. Imagen clara, no. Pero ahora podíamos decir como el 19 de julio de 1969, un americano intrépido llamado Armstrong, pronunció cuando llegó a la Luna y comenzó a andar. “Este es un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad”; en nuestro caso para Alcalá. Martín giraba la antena en varias direcciones; sobre todo Sevilla, que emitía desde Guadalcanal, Lisboa y Gibraltar. Algo se llegó a ver desde lugares tan diferentes y sobre todo con mucha “agüilla” como se decía entonces. Nuestro nerviosismo, nuestra expectación se fue diluyendo poco a poco, porque aunque no había sido un éxito tampoco había constituido un gran fracaso.
Los siete allí presentes, con nuestras dudas y nuestras inquietudes, habíamos sido testigos directos de presenciar aquello que podría catalogarse como uno de los grandes inventos del siglo XX.
Mas tarde, con nuestro pequeño orgullo y nuestra pizca de vanidad fuimos divulgando “lo que habíamos visto y oído”, como dice el Evangelio.
Rápidamente se multiplicaron en Alcalá los televisores. En los días de la Navidad que llegaría después, Diego Romero puso a funcionar uno de estos aparatos en un pequeño escaparate de una tienda pequeña que ya poseía en la calle Real. Se aglomeraba los paseantes para ver aquel “milagro” de la tecnología, y en las principales casas de la misma calle Real ya comenzaron a adquirir aquel invento fascinante. Las antenas se colocaban en la plaza Alta y alrededores y se dirigían hacia el cerro de San Cristóbal, cerca de Jerez, donde colocaron un gran poste repetidor que cubría gran parte de la Bahía Gaditana.
Este fue el largo camino del comienzo, que la “tele” había de recorrer en nuestro pueblo. Hoy, ese aparato tan codiciado, ya generalizado es imprescindible, ocupa el centro de atención del salón de cada vivienda, sin el cual, quizás, no podríamos vivir. El fútbol, los toros, los concursos, la copla, las variedades, las entrevistas, el teatro, el cine, la información, la meteorología, la economía, las aventuras y animales de la selva, todo eso y mucho más contiene y está dentro de “la caja tonta”, para que nosotros podamos disfrutar, recrearnos y tener una vida algo mejor.


José Arjona Atienza
Alcalá, 31 de Agosto de 2013




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