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martes, 17 de diciembre de 2013

RECUERDOS DE MI HERMANO CARLOS EN ALCALÁ DE LOS GAZULES


Recuerdos de mi hermano
Carlos en Alcalá de los Gazules

Dedicado a mi prima-cuñada Petra, a mis sobrinos: Lola,  Carlos e Isabel, Quique, Trini y Alberto y a los pequeños de la  familia.

   Carlos:
   Recuerdo un día de primavera del año 2012, Semana Santa en Guadalupe, en el zaguán de tu casa contándote cosas de nuestra familia; yo creía que tú las sabías y me pediste que te las escribiera y te las mandara. No me dio tiempo y ahora te las cuento. Muchas son tuyas; otras son de nuestros padres.
   Todo empezó en Madrid, en la “mili “de papá. Allí conoció a Don Norberto Rivera, quien le informó de la plaza de organista que había en la parroquia del Mártir San Jorge de Alcalá de los Gazules.
   Allá que se fue. La primera persona que conoció fue a Juan Barroso Pérez; los dos eran de la misma quinta y eso les unió. Se colocó de organista y posteriormente en el Ayuntamiento.
   Vivió en varias casas, pero dónde tenemos recuerdos fotográficos son de casa de los Pachecos. Allí había piano y se reunían en tertulias y  cantaban. Mientras, había echado el ojo a una hija de Bartolo Barroso Fernández y con el achaque de alquilarle una “jaca” se presentó en la casa. Y alquiló la jaca y vio a Dolores, que sería nuestra madre. La empezó a pretender y como a ella le gustaban los vestidos cortos y las flores en la solapa, él era celosillo y la hacía sufrir. Pero ella tenía una madre muy inteligente y buena, nuestra abuela Mamá Josefa, la mandó a los baños a San Fernando y él pensó que la perdía, decidió casarse. Rechazó que le acompañaran sus amigos los Montes de Oca a pedir la mano, dijo: Voy sólo. A ella le dijo: ¿Tú tendrás bastante con cinco pesetas? Más lo de organista?  Y ella dijo sí.
   En el comprobante que tengo de la parroquia de enero, del año 1922, cobraba sesenta pesetas. Está la nómina firmada por todos los trabajadores de la Parroquia.
   Anteriormente, tía Guadalupe y tío Ruperto fueron en un viaje relámpago a informarse de quién era esa niña que hacía que nuestro padre olvidara otros amores. Se informaron, la vieron de lejos y volvieron a Guadalupe. Cuando ella vino, desde la primera vez, es cierto que la quisieron los allegados y los lejanos.
   Nació Manolito ”el corderito” por excelencia; nuestro padre asistió al parto; algo inusual para aquellos tiempos y aquí comienza tu historia de Alcalá. Papá le dijo a mamá: “Nunca más te veré sufrir de esta manera, ya no tendremos más hijos”…y por poco no nacemos el resto.
    A los siete años, se le olvidó un poco esta promesa. ¿Te acuerdas cuándo te conté las confidencias de mamá? Él no la besaba delante de nadie, pues corriendo, si lo hacía, quería estar más íntimamente con ella. Naciste tú. El año 1934. Te pusieron Carlos por un primo y porque papá era monárquico hasta la médula.
   Eras muy bueno, como has seguido hasta tu partida al Cielo. Tan bueno que sólo comías y dormías y como en casa despertar a un bebé estaba mal visto, no te conocieron muchas personas hasta que cumpliste varios meses.
   A papá se le olvidó otra vez la promesa y con la euforia del Alzamiento Nacional, encargaron a Jaimito, que vino al mundo en abril del año 37. Se conoce que desde que nació le querías para ti y un día nuestro padre  desde el patio de nuestra casa de Santo Domingo, vio como ibas hacia ellos con Jaimito en brazos; lo habías sacado del moisés. Papá le dijo a mamá: “No grites, pero mira quién viene por ahí”, para que no le tiraras. 
   Se le había olvidado a papá otra vez su promesa, o por complacer a mamá que quería una niña, nací yo. Era el año 1946. Tengo que decir que fui una niña muy querida por mis padres y por mis hermanos. Siempre lo sentí. Y lo siento.  
    Una de tus pasiones desde chico eran los TBOS, fueron un problema para ti. Nosotros no teníamos dinero para comprar tanto cuento y te los prestaban… pero ¡Ay! Abuelo Bartolo se los llevaba al wáter y desaparecían y luego los niños se enfadaban contigo y tú triste con papá Bartolo.
   Comienzas en el Beaterio tus clases de infantil y después a lo de tío Antonio. Un día hiciste rabona y mamá te llevó y allí mismo te pegó y tío Antonio dijo que de eso nada. Que sólo pegaba él. Tú mientras te hacías grande, jugabas muy bien al fútbol, otra pasión; Los partidos al principio eran en el hoyo que había donde hoy está el parque, luego pasasteis al Prao. Allí ocurrió la anécdota que me contaste poco antes de irte al Cielo. Un suplente que no despejó bien y fuisteis a por él diciéndole de todo y visteis como se arrodillaba en el campo y se escupía en una mano y se la llevaba a un ojo…¡es que tenía un ojo de cristal y lo había perdido…!
   Hacías pancartas para el fútbol con tus preciosos dibujos y tu hermosa letra. Papá y Manolito iban a los partidos de guardaespaldas.
   Me enseñaste a forrar los libros y en un santiamén me dibujabas a doña Urraca la de los TBOS. En la escuela, como tu otra pasión era cantar, cuando tío Antonio te mandaba por un vaso de agua, le decías a Anita Salgado, nuestra tía, que cantase y así desde clase la oías.
   Te levantabas temprano a estudiar y lo que hacías era cantar zarzuelas y cantos parecidos y mamá quería que papá te riñese y él le decía: “Pero, ¿no ves lo bien que canta?”
   Con Jaimito hacías batallas de almohadas y de noche “radio macuto”. Jaimito se reía sin poder aguantar la risa, como la noche que llegó del cine, entró con su vaso de café con leche y al encender la luz de su cuarto te encontró encima de la cama, vestido. Por alforjas una manta de cuadros, el sombrero de papá y el bastón y ¡Jaime tiró el café con leche por la nariz! Nos reíamos mucho con tus cosas. Hasta los últimos días, has dicho bromas simpáticas y amables. Hacías muñecos de papel para el 28 de diciembre y los colgabas en la espalda de la gente y muchos papelillos para los carnavales. Otra de tus aficiones.  
   Unos Reyes que yo esperaba una muñeca andadora, encargaste a los reyes, para mí, un muñeco súper feo y cuando ya estaba llorando viniste corriendo a consolarme y a decirme que mirara para el sitio donde estaba la muñeca. Después quise mucho a aquel feo muñeco. De mayor me regalaste por Reyes un misal que sigo usando y un libro de San Josemaría Escrivá, “Camino”, que no lo tengo, una de tus sobrinas lo ha debido prestar…
   Todos los días recortabas dos o tres páginas del ABC y las guardabas. Las más interesantes. Después con los carteles de toros o de feria, encuadernabas todas las hojas, cosidas con una aguja de zapatero y cuerda, con su fecha anual…Un día mamá los tiró todos y cuando volviste y te enteraste te disgustaste, pero la querías tanto, que no te enfadaste con ella.
   El año 1953, actúas en el teatro representando la obra de los Quinteros, “Sangre gorda”.
   Como los exámenes orales eran insoportables para ti, te ponías enfermo, decidiste que te ibas a Madrid. Todos lo pasamos mal. Recuerdo dos cosas: Una, que papá te dio permiso para fumar en el taxi que te llevaba a coger el tren y otra, que traías turrón de Madrid.
   Voy a hacer un alto, pues el hecho se lo merece:
Siendo aún un niño, en un Jubileo o Romería en Los Santos, ocurrió un hecho muy triste. Desde aquella Romería, papá iba, tocaba el armonio en la Misa Mayor y se volvía a Alcalá en el primer medio de transporte que encontraba. Mamá se quedaba, disfrutaba debajo de un olivo o montándose en un burro, o bailando el gazpacho con su amiga María Montes de Oca. Papá, era muy sentimental y dentro de su seriedad nos quería con locura. Ocurrió que, tú te habías ido con otros niños por los alrededores y fuisteis al pozo que va a la salida del Santuario y te arrodillaste como los borricos a abrevar y otro te empujó y te sacaron vivo de milagro. Sin zapatos y medio muerto. Creo que no está ese exvoto. Gracias a la sabiduría de tío Manolo Barroso, que era mancebo en la farmacia de Galán con una fórmula magistral, pudiste deshacerte de todos los parásitos que tenías a causa del agua con cieno que habías tragado. Y ese miedo que pasaste, que según decías habías visto el infierno, no se te quitó en la vida. Eras el más miedica de todos, el más sentimental; hacías como papá,  quitarte de en medio si ponían una inyección a tus hijos. No lo confundamos con cobardía. No eras cobarde. Prudente y sentimental, sí.
   En el año 1953 vinimos a Guadalupe. A mamá le tocó la vaca de la Romería y aprovechó bien el dinero. Estuvimos unos días, suficientes para que Pedro Cordero me operara y para que tú y la prima Petra os enamoraseis. Después te fuiste a la mili a Jerez, allí representaste una zarzuela y te cortaron el pelo al cero por irte con otros a un campo a coger melones. También te llevó un jefe en una avioneta a Logroño. En Logroño también estuviste un tiempo. Luego Petra, en Madrid se propuso que los dos ibais a hacer oposiciones para maestro y así fue, gracias a  Dios y a ella. Ya te quedaste para siempre en esta tierra de nuestro querido padre. Pero no olvidaste jamás tu amado Alcalá de los Gazules. Sus gentes, su alegría, sus momentos importantes. Por eso fuiste Pregonero de la Virgen María, bajo la advocación de Los Santos. Lo titulaste: “Al aire de Alcalá”. Era el seis  de septiembre del año 1980. Comienzas recordando a otro gran pregonero: Luís Berenguer. Mi pregonero, por eso, en mi pregón de feria también yo lo nombré. Guardo, como todo, tu escrito deseando que me saliera bien el pregón de feria. ¡Gracias, otra vez! 
   El 23 de abril del año 1996, eres pregonero de otra  gran pasión: San Jorge. También hace la presentación nuestro hermano Jaime. A este pregón pudo asistir tu ahijada Pilar, mi hija. Creo que no exagero si digo que casi todos los San Jorges  has llevado estampas, almanaques y todo lo que se te ocurría conmemorando al Santo.
   En el año 1988, el 16 de abril  pregonas para celebrar el bicentenario del beaterio. También escribes sobre el beaterio en el Diario de Cádiz.
   Escribes una carta en el ABC de Madrid protestando por una noticia dada a cuenta de la vuelta ciclista que pasó por nuestros alrededores y llamaron a Andalucía “inhóspita”…
   Escribes muy bonito dedicado a Manolito Jara, sobre Joaquín el de los churros.
   Escribes el año 1980, cuando la Virgen se vuelve a los Santos, El adiós de la “Malagueña”. Un escrito precioso, que lo tienes publicado en tu libro “Mi corazón dividido”.
   Escribes en el ABC, día 23 de marzo de 1987 (cumpleaños de nuestro padre), una carta contando la aceptación de SM el Rey de la presidencia de honor del homenaje que se iba a celebrar en Alcalá de los Gazules con motivo del bicentenario del nacimiento de Don Pedro Sainz de Andino. Personaje importantísimo de la vida española.
   El año 1981 escribes para el primer día de los Barrosos. Allí supimos de dónde procedía abuelo Bartolo y mamá Josefa, con su apellido italiano.
   El año 1986, escribes “Pensando en la cena del pregonero” por si no podías asistir.
   Escribes para celebrar los cien años de mamá. Y cuatro años más tarde escribes para celebrar los cien años de tía Juana, con una foto preciosa.
   El 22 de diciembre del año 2000 nos mandas una lotería que tu hijo Carlos compró  en su viaje de novios en la localidad de BARROSO.
   Escribes en el ABC, el veintiuno de julio de 2013, la necrológica de nuestro hermano Jaime; bajo el título “Hijo ilustre de Alcalá de los Gazules”.
   Quiero contar esto que tú no escribiste pero para que recordemos cómo eras. Un día en el Diario de Cádiz venía la receta de los pestiños. Una receta judía y otra mora. Cuando acabaste de leer me preguntaste: ¿Cómo los hacía mamá? Y te lo conté. Y me dijiste: “Anda, mamá los cristianizó”. Pues la receta de ella era una mezcla de las dos. Guardo esta hoja del diario. Junto con todo lo que has escrito y publicado.
   El 20 de noviembre de 2012, gracias a ti apareció en el ABC de Madrid la crónica de la boda de tu sobrina Miriam. Que por estar tan cerca la fecha de la boda, de tu Premio “Guadalupe-Hispanidad”, ninguno de casa pudimos asistir y tú tampoco quisiste que viniésemos por ese motivo. Pero te volcaste en mi hija, tu sobrina, viniendo  a la boda, pues considerabas que al faltarle su padre, al que tú tanto querías, tenías que estar con ella y hacerle esa muestra de cariño.
   Por eso y tantas cosas, de detalles con Alcalá y con todos, te mereces la poesía que te dedicó el año 1980 Delgado Valhondo: “Dime tú, amigo Carlos, si ese Cordero, de tu apellido es Cristo que yo lo quiero. Que yo lo quiero Carlos, a ver si pace en la yerba del alma que me combate. Amigo mío, hoy vienes entero y vero con tu libro de Vírgenes el abrazo sincero: es como yo te busco Carlos Cordero”.

   Y yo te digo, es como yo te quiero.
   Tu hermana, Petra.


                                                  Valencia, diecisiete de noviembre, de 2013.








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