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domingo, 15 de noviembre de 2015

CLAVES DEL BIENESTAR HUMANO - LA IMPORTANCIA DEL CUERPO

El bienestar humano depende, en cierta medida, de la forma de sentir, de entender y de amar a nuestro propio cuerpo. Hemos de tener en cuenta que el cuerpo humano no es sólo un conjunto ordenado de tejidos, de vísceras, de vasos o de órganos, sino también la presentación de nuestra persona en la sociedad y el lenguaje con el que hablamos a los otros y con el que nos hablamos a nosotros mismos. Por estas razones hemos de comprender que nuestro cuerpo juega un papel importante positivo o negativo en nuestro bienestar. ¿Os habéis fijado cómo algunos, por no haber identificado y valorado sus propios atractivos, experimentan un miedo patológico a ser rechazados? Otros, por el contrario, invierten tantas energías en aparecer aceptables para los demás que se pierden a sí mismos y tropiezan con serias dificultades para ser auténticos, para mostrarse como realmente son. Todos conocemos a personas que, por haber interpretado mal la imagen que nos devuelve el espejo de las miradas de los otros, han llegado a desarrollar unas conductas peligrosas para su salud como, por ejemplo, la anorexia y la bulimia.

Hemos de tener en cuenta que el trato inadecuado a nuestro cuerpo puede original una débil autoestima, una actitud recelosa hacia nosotros mismos: hacia lo que pensamos, hacia lo que sentimos y hacia lo que hacemos. Es posible que cierto menosprecio del cuerpo y algunos prejuicios contra el disfrute sensorial y, sobre todo, contra el goce sensual estén determinados por aquella interpretación errónea de la ascética cristiana ampliamente predicada durante los tres últimos siglos o, quizás, por una reacción generalizada provocada por la ubicua y agresiva publicidad consumista actual, pero el hecho cierto es que, en algunos ambientes religiosos, existe –o existía- una seria resistencia a valorar positivamente el disfrute de los sentidos. Quizás por eso, cuando nos referimos a  la sensibilidad, solemos definirla como una facultad despojada de sus sustanciales dimensiones corporales. A veces no tenemos en cuenta que, hasta las melodías más sublimes y los cuadros más nobles, están ejecutados con sonidos y con colores que impresionando directamente nuestros oídos y nuestra vista, afectan al olfato, al gusto y al tacto, y, a través de todos ellos, generan emociones intensas y placenteras.


Por eso, si pretendemos pasar lo mejor posible la vida, a pesar de sus inevitables amarguras, deberíamos esforzarnos para educar nuestros sentidos –todos los sentidos- con el fin de disfrutar más con las cosas saboreándolas y degustándolas. 



José Antonio Hernández Guerrero
Catedrático de Teoría de la Literatura
Universidad de Cádiz

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