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miércoles, 9 de marzo de 2016

CLAVES DEL BIENESTAR - LA VIDA ES TAMBIÉN UN JUEGO


Sí –queridos amigos Juan y Luis- la vida humana, durante todo su recorrido y, especialmente, durante la infancia y durante la ancianidad posee un carácter lúdico: unos contenidos creativos y recreativos, y unas actividades gratuitas y gratificantes. Esta es una de las razones por las que hemos de someter nuestros comportamientos a unas “reglas” que han de ser conocidas, aceptadas y cumplidas con seriedad por todos los “jugadores”. Los juegos, como todos sabemos, activan y desarrollan nuestras facultades intelectivas, nuestras capacidades emocionales y nuestros recursos imaginativos, sobre todo, en las épocas vitales en las que más necesitamos sentirnos seguros y acompañados.

Los juegos constituyen la base de esas experiencias que están en el fondo de muchos de los comportamientos que nos relacionan con el mundo que nos rodea. Cuando jugamos desarrollamos la capacidad de situarnos en el lugar de las personas con las que convivimos y ampliamos las habilidades para entender sus sentimientos, sus deseos y sus temores. En mi opinión, las distracciones, los entretenimientos y las diversiones nos pueden ayudar, incluso, para asumir y para superar nuestras experiencias de vulnerabilidad.


Todas esas actividades lúdicas nos proporcionan, además, unos métodos notablemente eficaces para cultivar la comprensión y la empatía, nos pueden servir para que veamos el mundo a través de las miradas de los otros y para que imaginemos cómo pueden ser las experiencias de aquellos seres próximos con los que deseamos –necesitamos- conectarnos y comunicarnos. Es posible que,  mediante los juegos, también podamos adquirir conciencia de la propia debilidad, que comprobemos los niveles de tolerancia de frustración y, en consecuencia, constatemos la necesidad de contar con el apoyo de los otros. En resumen, los juegos, las fiestas, las juergas y las diversiones nos sirven para cultivar la amistad, para fortalecer los lazos familiares, para expresar el amor y, en general, para intensificar las relaciones humanas.


José Antonio Hernández Guerrero
Catedrático de Teoría de la Literatura
Universidad de Cádiz

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