El jardín, un espacio privilegiado para la escritura
Damon Young
Filosofía en el jardín. La naturaleza como invitación al
pensamiento y a la escritura
Barcelona.
Ariel. 2023
De igual manera que algunos de nosotros
elegimos los tiempos oportunos y los lugares privilegiados para leer, abundan
los escritores que prefieren sus momentos y sus espacios favoritos para
elaborar sus composiciones. En mi opinión, esta decisión es acertada porque,
como es sabido, las palabras, no sólo resuenan de maneras diferentes en cada
una de las situaciones y en los distintos escenarios, sino que, a veces, se
llenan de nuevos significados.
En esta obra el filósofo Damon Young
nos proporciona uno análisis oportunos, claros y, al mismo tiempo, profundos,
de las razones determinantes por las que algunos escritores tan influyentes en
la actualidad como Jane Austen, Marcel Proust, Leonard Woolf Friedrich
Nietzsche, Colette o Jean-Jacques Rouseau y Jean-Paul Sartre eligieron el
jardín como el lugar favorable –para algunos
indispensable- para escribir de una manera original, interesante y bella.
En su luminosa introducción Damon Young
nos explica cómo el jardín no es un simple retiro, sino también una fuente de
ejercicios psicofísicos que generan permanentes estímulos para que, creando y
recreándonos, conjuguemos –“fusionemos”- dos principios filosóficos
fundamentales para la escritura: el jardín es la imagen más elocuente de la
manera que los escritores, poniendo límites a la naturaleza, la transforman en
creaciones humanas. Explica con claridad
cómo el jardín es una fusión armoniosa, una conjunción equilibrada que hace
realidad que realidades naturales pasen a ser obras artísticas. Recuerda cómo
Aristóteles reconocía que los seres humanos somos unas criaturas corpóreas
cuyas ideas se inspiran y se expresan “físicamente” dotándolas de forma
orgánicas como las de las plantas e, incluso, sólidas como las de las piedras.
Esta riqueza intelectual y sensorial es
el motivo por el que los jardines aún poseen cierto aire de sacralidad. A Jane
Austen, por ejemplo, los paseos cotidianos por el jardín, sus sonidos y sus silencios
eran el entorno que facilitaba su vida interior y el trabajo de la imaginación.
Para Proust la presencia de aquellos tres Bonsáis, unos “pobres arbolillos
japoneses horrendos” fueron estímulos fundamentales para su peculiar visión de
la vida y del arte.
El motivo por el que Leonard Woolf
luchó por un jardín conflictivo y, al mismo tiempo amado, era trabajar y luchar
por una vida más clara, más sensata y más honesta, y una manera de enfrentarse
a la ambivalencia de la existencia humana. Nietzsche declara que su edificio
ideal había de tener claustros desde los que se estuviera cerca de las piedras,
de las flores y de los árboles que lo acercaran a sí mismo. Está claro que,
para sobrevivir, debemos cultivar las patatas, el trigo y las coles, pero a
condición de que también reservemos un espacio y un tiempo para sembrar flores
olorosas y bellas, y, por supuesto, para crear y recrearnos con la poesía.
José Antonio Hernández
Guerrero
Catedrático de Teoría
de la Literatura
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