Fernando
Sabater
Carne gobernada: De política, amor y deseo
Barcelona,
Ariel,
En este ensayo autobiográfico Fernando
Sabater nos cuenta cómo, incluso durante la vejez, es posible seguir viviendo
humanamente, sintiendo con todos los sentidos, deseando, temiendo, imaginando,
soñando, pensando y, sobre todo, amando. Nos detalla cómo, a pesar de que, gracias
al fallecimiento de su mujer, Pelo Cohete, adquirió mayor consciencia de su
propia muerte e intensificó su convicción de que era ella quien le seguía
inyectando fuerzas y tutelando sus afanes, con K vive otra historia distinta y
una pasión nueva que ni sustituye ni borra la anterior.
A lo largo de este relato/reflexión nos
muestra cómo el amor está en el fondo de la mayoría de las alegrías que él disfruta
y en las raíces de sus sufrimientos como amante y como amado, y, sobre todo,
que el amor es el motor que sigue alentando sus diferentes y apasionadas aventuras.
Cuenta cómo, a pesar de las debilidades corporales y mentales que la edad le
están dejando como, por ejemplo, “aquella neumonía doble”, es posible seguir
viviendo, pensando, deseando, amando, imaginando y soñando.
En sus análisis de la situación social,
cultural y política española aplica los principios, los criterios y las pautas que
han orientado sus correrías y sus cambios, y asume que bastantes de sus
convicciones han sufrido una conmoción y un terremoto ideológicos. Confiesa,
por ejemplo, cómo, a pesar de creerse que había nacido con la misión de ser el
más indomable de los herejes, ha descubierto, por ejemplo, su alma de acólito
de Javier Praderas, y cómo, después de haber alardeado de chico malo,
comprendió que las mejores personas que ha conocido en su vida –sus padres y
abuelo- eran más bien de derechas, y que, por eso, “no está dispuesto a admitir
ni por un momento que la Pasionaria era mejor persona que su madre”.
Explica cómo su eslogan programático
“libres e iguales” le ha llevado a defender la unidad legal y social del país,
y a proclamar que la función del Estado es favorecer y proteger a los pobres de
las desventuras, y aplica el principio según el cual “para vivir en una
sociedad de “socios” e “iguales” es indispensable evitar las políticas
separatistas que pretendan imponer divisiones por razones religiosas,
culturales, lingüísticas o estéticas y, por supuesto, por raíces zoológicas o
biológicas. Defiende los contenidos críticos, concretos y razonados de sus
detalladas explicaciones éticas y políticas publicadas en El País, diario en el que colaboraba desde su fundación, en cuyos
artículos, además de aclarar su
modelo, libre de sumisiones partidistas, denuncia las crecientes y convergentes
opiniones que, en realidad buscan “mejorar el caché de los autores y a aumentar
la clientela de lectores”. A mi juicio, esta visión crítica de su propia
trayectoria como escritor y del curso de la vida española es una aportación
personal que completa, matiza y enriquece un panorama complejo, discutible y
discutido de la complicada contienda política y cultural actual.
José Antonio Hernández
Guerrero
Catedrático de Teoría
de la Literatura
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