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domingo, 6 de octubre de 2013

EVOCACIONES ALCALAÍNAS



LA CAZA EN ALCALÁ

Ayer, domingo, amaneció un día de otoño espléndido, casi primaveral. Y nos fuimos por Alcalá y Benalup, por la presa del Barbate y por los montes y las colinas de   la autovía y las carreteras que llevan a los cotos. La afluencia de vehículos experimentaba una animación inusitada. Era el primer día de la temporada de caza y se levantaba la veda. Desde muy de mañana, se veían coches todo-terreno, con sus jaulas y perreras, en los bares y  ventas de las carreteras. Los caminos y las trochas de la provincia estaban abarrotadas y el tema estrella en los bares de cazadores, la cacería.

En la época de los 40, una de las actividades principales de muchos alcalaínos era la caza menor. Eran años de hambre, de espárragos, de caracoles y tagarninas. El fenómeno de la cacería furtiva era un reto. Venía a constituir una clase auroleada y heroica, que se exponía con el furtivismo a ir a la cárcel, pero aquellos hombres no tenían otro medio para alimentar a la familia en los períodos más difíciles del año. Los adolescentes imitaban a los mayores y se iniciaban en la cacería de pajarillos comestibles con perchas y liria. Los domingos nos levantábamos temprano, íbamos a las monjas de arriba a misa de alba y nos marchábamos al “Prao” a poner perchas y liria. Eran otros tiempos.

Pero, actualmente, la cinegética tiene un peso extraordinario en la economía del Parque Natural de los Alcornocales. Y no es sólo la caza mayor, con 80 cotos en la provincia, sino también la caza menor con otros tantos espacios gaditanos. Hoy, el 70 % del Parque Natural es en su mayoría coto de caza mayor.

En los años 60, la caza irrumpió en los Alcornocales desplazando a otras actividades arraigadas, más tradicionales. En los noventa, se hace un saneamiento de la especie cervuna y una configuración en el futuro del corzo, más respetuoso con el medio. Así, la densidad de ciervos dentro del territorio se estima ya en gran número y parece que se recomienda una reducción del mismo. Por otro lado, el gamo en Jimena, Alcalá y Los Barrios, a veces se hace superior a los ciervos. Fuentes del sector indican que la caza mayor genera en toda la provincia un movimiento cercano a cuatro millones de euros.

La caza menor en la provincia alcanza, igualmente, un gran peso económico en la economía de los Alcornocales, equiparable al de la caza mayor. Los cotos del entorno del Parque están, preferentemente, en zonas abiertas, junto a las dehesas, a los cultivos y a zonas alomadas. La perdiz roja y el conejo son las piezas más cobradas. Como consecuencia, las ventas y los restaurantes de toda la comarca se han convertido en especialistas de cocina de carne de caza mayor y menor. Su fama atrae a muchos cultivadores de la buena gastronomía.

El otoño del triángulo interior de la provincia ha sido una de las épocas más beneficiosas para el futuro de la flora y la fauna de los pueblos de la comarca. Dicen los estudiosos del Parque Natural de los Alcornocales, que el período de mayor actividad se centra en los meses que van desde final de octubre hasta mediados de febrero, para el gamo, el muflón y el jabalí. Para el corzo, se habilitan dos períodos comprendidos entre julio-agosto y marzo-abril. Afortunadamente, Los Alcornocales sigue siendo una de las riquezas naturales más espléndidas de la provincia.


JUAN LEIVA
  

El tiempo que hará...