Joselito también ha querido disfrazarse este año.
La Parroquia de San Jorge de Alcalá de los Gazules (VI)
Hace 1 semana
Ahora la fuente ha sido trasladada más arriba en el mismo cerro de la Coracha y ha dejado los depósitos romanos del manantial al descubierto. La evocación de la “Fuente la Salá” me produce la sensación de un castillo romano de piedra, de agua y de recuerdos. Abandonado durante siglos a su suerte, sigue fiel a su compromiso de dar de beber a su pueblo. Así, durante dos mil años. Pero no te olvidaron los pajarillos, ni los perros, ni los mulos, ni los platerillos. No sabemos quién la olvidó, pero los niños, desde luego, no. Aquellos que son hoy de la tercera edad y que ven cómo se secan sus vidas, contemplan el agua de la “Fuente la Salá” como un canto de voces de plata, de oro, de esperanza.
28.- El exvoto
Entonces la leyenda del cuadro acabó expresada aproximadamente así: “El niño, Juan Leiva Sánchez, que había naufragado en las aguas de Sanlúcar con otros nueve compañeros, se encomendó a la Virgen del Carmen y pudo salvar la vida. Su familia quiso agradecer el prodigio colocando este exvoto en el Santuario de la Virgen de los Santos de Alcalá.” Quiere recordar que el exvoto estaba hecho sobre un papel en forma de pergamino, pero la humedad y los insectos lo apolillaron. Quedó tan deteriorado que la Hermandad lo retiró con el fin de restaurarlo. No volvió a verlo más, suponiendo que el material era de vida efímera.
Tres años de idas y venidas, de bucear en los archivos y la abundante bibliografía que existe sobre la ciudad, pero sobre todo, tres años de recorrer las calles de El Puerto una y otra vez en busca de sus secretos, del detalle escondido, de las historias que guardan los nombres de sus calles, de escuchar el consejo y los recuerdos provenientes de la sabiduría popular. Muchos meses de trabajo de los que ha salido el libro 'El Puerto de Santa María a través de sus gentes, sus calles, sus tierras, sus playas...'. Una obra que Juan Leiva, profesor, periodista y escritor nacido en Alcalá de los Gazules y afincado en El Puerto desde hace una década, ha puesto en pie no para una minoría de especialistas, sino para que los ciudadanos se reconozcan en las calles por las que cada día transitan y de las que no siempre conocen las anécdotas e historias que entre sus aceras y edificios han transcurrido, casi borradas por el paso del tiempo. "La historia de las calles nos da una pista de lo que realmente ha sido el pasado de El Puerto, de sus políticos, de la ironía ciudadana a la hora de adjudicar nombres. Como dice Pilar Paz, es uno de los municipios de la provincia con una nomenclatura más bonita, el lugar que mejor ha sabido encontrar la denominación".En sus páginas no solo se remonta al origen de las calles, sino que indaga en su cultura, en sus tradiciones, en sus edificios más notables y en sus comercios de ayer y hoy, dando como resultado un mosaico lleno de anécdotas, curiosidades y descripciones de zonas de la ciudad a cargo de ilustres dramaturgos que la visitaron, como Baroja, o que la incluyeron en sus páginas, como Miguel de Cervantes en su relato 'Las dos doncellas'. Junto a ellos hay referencias a personajes como Rafael Alberti "que ha elevado todo lo que es popular en El Puerto a una categoría clásica". Entre los momentos vividos durante su investigación, que le hizo departir y compartir recuerdos y denominaciones populares con muchos ciudadanos, Leiva recuerda especialmente su visita a una zapatería en la barriada de los Toreros, en la que al preguntar al zapatero sobre su conocimiento de la zona y de la ciudad, éste pasó un momento al interior para volver cargado de libros, pinturas y fotografías, un hecho que le desconcertó. "No me imaginaba que hubiera gente sencilla que tuviera ese olfato para descubrir lo que es El Puerto". Un material que además le fue de ayuda y que hizo que el citado zapatero aparezca en una de las fotografías del libro, que han corrido a cargo de Cristóbal Leiva. El director del Archivo Histórico, José Ignacio Buhigas, ha sido también activo colaborador de Leiva.Otro momento que guarda de sus andares por la ciudad transcurrió en plena Feria en el Barrio Alto, cuando aprovechando la masiva asistencia a la celebraciónse lanzó a pasear por las calles desiertas con tranquilidad antes de toparse en una casapuerta con una niña que bailaba sevillanas junto a una radio. "Le hablé y no me echaba cuenta porque bailaba, y dentro del patio le tocaban las palmas. Les pregunté por qué no iban a la Feria y me respondieron que solo podían ir un día como corresponde, ya que no tenían para más, era un cuadro costumbrista precioso que no olvidaré", cuenta Leiva.Después de recorrer las calles de El Puerto con tanto ahínco, el escritor se queda con Larga, Palacios, Luna, y sobre todo Federico Rubio, por la que siente especial predilección. "Es preciosa desde que se coge casi en el río hasta terminar en el Barrio Alto y avenida de Sanlúcar, contiene todos los elementos clásicos del XVIII, de la ciudad renovada de El Puerto, balconaje, portadas, patios recónditos, nobleza...".Una obra en la que se saborea a fondo una ciudad que con sus virtudes y defectos, es la nuestra, y que Leiva nos hace redescubrir desde su primera página, que comienza con la frase: "Cuando visitamos por primera vez El Puerto, aún éramos niños".El día 3 de Febrero en el Centro Cultural Santo Domingo, de Alcalá de los Gazules, ha tenido lugar el 2º Foro Provincial de Participación Ciudadana, destinado al personal político y técnico de los Ayuntamientos menores, Asociaciones y Ciudadanía en general.
Temática: El Reglamento de Participación Ciudadana de la Excelentísima Diputación Provincial de Cádiz.
Objetivos: Los objetivos del 2º Foro de Participación Ciudadana son los siguientes:
27.- La despedida de Alcalá
El chofer del taxi rompió el hielo gastándoles bromas inocentes. Con tono serio les dijo: “¿Dónde hay que dejar a los viajeros?”. Aquello vino a empeorar la situación, porque se miraron unos a otros sin saber a dónde iban. El hombre se dio cuenta y dijo: “No os preocupéis. Ya lo averiguaremos.” Al rato hizo otra pregunta: “¿Este viaje quién lo paga?”. De nuevo quedaron perplejos. Ninguno se atrevió a contestar. No llevaban ni un céntimo. Otra vez el hombre intervino con humor: “No se preocupen, ya lo averiguaremos al llegar a Jerez.”
A los pocos días, el padre llevó a Pepe y a él a la Escuela de la Salle del Mundo Nuevo. Y a Santos y a Lourdes, al Colegio del Santo Ángel. Su padre los presentó al director del Colegio, Hermano Ginés de María, el cual le preguntó: “¿De dónde sois?”. “De Alcalá” –contestaron los dos con cierto orgullo-. “Pero, ¿de qué Alcalá?, porque Alcalá hay muchos: Alcalá del Valle, Alcalá del Río, Alcalá de Guadaira, Alcalá la Real, Alcalá de Henares...” Pues de Alcalá de los Gazules” –respondió él con timidez.
A sus 11 años, aún no había traspasado los límites de la provincia de Cádiz. Había oído hablar de otros Alcalá, pero para él, el más importante era, sin duda, Alcalá de los Gazules, y el más bonito, y el más blanco, y el más alto, y el más natural, y el más querido. Al poco tiempo, mandaron en su clase hacer una redacción que se titulaba “Mi pueblo”, en menos de diez líneas. Y él recuerda aún que dijo cosas como éstas: “Mi pueblo es bonito, completamente blanco. Está situado en lo alto de un monte, junto a un castillo y una iglesia.
La torre de mi pueblo se asoma a todas las casas. Las casas están colocadas unas sobre otras. A veces parece que los burros andan por los tejados. Mi pueblo tiene muchos ríos, pero el que tiene más agua es el Barbate. Y las bandadas de pájaros parecen prendidas de los cielos de mi pueblo. También tiene una ermita y una romería, la de la Virgen de los Santos. Su nombre es un octosílabo espléndido: “Alcalá de los Gazules”.
Se ha dicho que Alcalá es un pueblo esencialmente andaluz: su arquitectura, sus desniveles, sus espacios abiertos, sus riachuelos, sus calles, sus montes, su parque natural de “Los Alcornocales”, su gente... Lo han declarado “Conjunto Histórico Artístico”, debido a sus templos y a sus casas neoclásicas y a su arquitectura popular.
En Alcalá no había dos casas iguales, porque las casas las hacía el pueblo y el pueblo no se repite. Pero llegaron las inmobiliarias y colocaron un horroroso cinturón de barriadas de casas sin identidad, miméticas, alineadas, de mal gusto...A los alcalaínos de fuera nos gustaría que se respetara el patrimonio heredado y la arquitectura se acomodara a la orografía del terreno, no al capricho de las inmobiliarias. Hay tres pueblos en la provincia que compiten por su belleza: Arcos de la Frontera, Vejer de la Frontera y Alcalá de los Gazules. Nadie debería atentar contra su arquitectura.